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Valeria Molina, una secretaria enfocada en la transformación cultural

Por: María del Pilar García, María José Rivas, Daniela Posada, Nelson Cardona, Valentina Cardona y María Alejandra Barbosa.

El paso de Valeria Molina por la Secretaría de las Mujeres, entre agosto de 2017 y enero de 2019, durante la alcaldía de Federico Gutiérrez, dejó huella: fue una secretaria de las mujeres con un enfoque fuera de lo ordinario. Su objetivo: conectar a los hombres con la realidad femenina para cortar el problema de raíz. La conversación fue el medio por el cual Molina aportó para normalizar las nuevas masculinidades, concepto que pretende contribuir a la erradicación de la idea de lo que debe ser un hombre “ideal”, arraigada en los imaginarios sociales.

 

El concepto de nuevas masculinidades, que promueve la exsecretaria, se basa en el hecho de que cuando los hombres se relacionan de una manera diferente, hablan de sus emociones y resuelven los problemas a través del diálogo, disminuye la violencia; Valeria no dejó a un lado la prevención por medio de programas con las mujeres, pero lo principal en su agenda siempre fue la transformación cultural, objetivo que solo se logra por medio de la educación.

 

Hoy, como consultora en diversidad, inclusión y género en Confluir, una S.A.S especializada en realizar consultoría en cuanto a inclusión de género a empresas y organizaciones sociales, sigue aportando a esta causa, ya no desde su papel de funcionaria del Estado, pero sí desde su papel de feminista y activista en pro de una transformación cultural que le apunta a atarcar el problema de la discriminación de las mujeres desde su transfondo cultural machista. 

 

¿Cada vez que empieza a regir una nueva secretaria se formula un nuevo plan de acción?

Cuando entra un nuevo gobierno, el nuevo alcalde tiene sus propios planes, durante el primer semestre se empieza a estructurar el Plan de Desarrollo, pero este debe ser aprobado por el Concejo de Medellín, lo que genera entonces demoras; generalmente los alcaldes, durante el primer semestre o incluso el primer año de su alcaldía, acaban de ejecutar el plan de gobierno del predecesor.

 

Yo llegué y ya existían unas metas, programas y proyectos en el Plan de Desarrollo, como secretaria, mi labor era agregarles mi sello personal. Desde mi punto de vista, era el cómo podía haber mayor interlocución con el movimiento social de mujeres, con las organizaciones de mujeres en el territorio, cómo nos conectabamos de una forma más oportuna en el tema de la transversalización del enfoque de género con las diferentes secretarías y uno de nuestros grandes énfasis: la actualización de la política pública de igualdad de género de Medellín.

 

¿Cuál es la tarea permanente de la Secretaría de las Mujeres en cuanto a la prevención del feminicidio en la ciudad?

 

A nivel nacional existe una política pública de prevención que las secretarías deben poner en práctica, en esta entran aspectos tales como la Línea 123, el acompañamiento, las duplas en el territorio y los hogares de acogida; esto sufre cambios leves de una administración a otra, pero en lo básico varias administraciones han sostenido esta línea, supervisando por medio del Consejo de Seguridad Pública que cada vez estos protocolos sean mejores.

 

¿Cómo fue el proceso de formación de prevención y atención a las violencia de género para no revictimizar a las mujeres?

Nos dimos cuenta de que debíamos comenzar con una formación de actores para la prevención de la violencia, se le metió empeño y amor para realizar este proceso en los juzgados, las comisarías de familia y la Fiscalía, que son los lugares a los que constantemente las víctimas acuden para recibir ayuda y acompañamiento, pero muchas veces son las mismas instancias institucionales las que hacen que las mujeres dejen a un lado los procesos de denuncia.

 

Durante la formación nos dimos cuenta de que hacía falta sensibilidad y empatía con los casos de las víctimas, por ejemplo, ocurrió un caso en el que una mujer que había sido víctima de violencia de género llegaba a la comisaría de familia por tercera vez, la secretaria en la entrada le decía: “Usted otra vez aquí, usted si es muy bruta”. Esto nos motivó a hacer conversaciones constantes para seguir sensibilizando y generando entendimiento de los ciclos de violencia para que así estas entidades puedan brindar un mejor acompañamiento. Las formaciones se hacían a través  del espacio específico de articulación, el cual era el Consejo de Seguridad Pública en donde también se hacía la transversalización.

 

¿Qué estrategia le sirvió para desarrollar su labor de secretaria de las Mujeres?

Todos los temas de género son asuntos de relacionamiento, reflexión y conversación constante. Me di cuenta de que no podía llegar a imponer nada, sino a crear una buena relación basada en la comunicación, en mantener conversaciones y reflexiones sin acusar o culpar.

 

¿Cuál fue la relación entre la Secretaría de las Mujeres y los movimientos feministas durante su administración?

 

Me sentaba con los movimientos de mujeres y les decía que ellas como movimientos feministas tenían unos roles y yo como Estado tenía otros, siempre respeté esos roles, les agradecí su aporte y las apoyaba en lo que podía. El Estado debe involucrarse en la transformación cultural, en erradicar esos problemas desde la raíz y ellas como movimientos sociales se encargan de protegerse entre mujeres, educarse entre ellas y mantienen una posición que asume que los hombres deben evaluar sus individualidades, por esto nuestros enfoques de trabajo son diferentes, sin embargo, creamos planes de trabajo conjunto, los movimientos y ONGs deben ser avalados por nosotros para recibir fondos internacionales, solo a aquellas que estaban dispuestas trabajar en conjunto, se les daba el aval.

 

¿Qué cambios significativos se realizaron durante su administración?

 

Hubo dos cambios fundamentales: el primero, relacionado con la comunicación pública y, el segundo, con la transversalización de las nuevas masculinidades, de la mano de la Secretaría de Cultura y de Juventud trabajamos estos temas. Los hombres son los autores de estas violencias contra las mujeres, entonces empezamos a trabajar directamente en concientizarlos sobre esto. La idea era que los hombres también hicieran reflexiones frente a su lugar en las violencias, por medio de conversaciones públicas en diferentes escenarios en las que pudiéramos obtener sus visiones sobre el tema.

 

En las fechas especiales, por ejemplo, el 8 de marzo y el 25 de noviembre, los días de conmemoración de los derechos de las mujeres y la eliminación de violencia contra ellas, yo volteé la comunicación pública: los hombres, los líderes y las familias eran los voceros del tema, ellos expresaban sus compromisos frente a las violencias contra las mujeres, el objetivo era concientizarlos en qué formas ellos habían ejercido violencia dentro del ambiente laboral, familiar o social desde la forma en que ellos se relacionan con su masculinidad.

 

¿Qué significa ese concepto de las nuevas masculinidades?

 

Las violencias contra las mujeres son causadas generalmente porque los hombres confunden su masculinidad con lo que culturalmente se les ha inculcado: que tienen que ser fuertes, ser los proveedores del hogar, que sus mujeres no pueden tener opinión, que esta debe estar cuidando la casa, entonces cuando una mujer se sale de los esquemas de lo que “deben ser”, porque culturalmente se los enseñaron, ahí es donde se dan las violencias con un enfoque “correctivo”. El objetivo con esto de las nuevas masculinidades es conectar a los hombres con lo femenino, con su empatía, con su sentido del cuidado del otro y del diálogo; cuando se conecta a los hombres con esto, las violencias bajan, porque tienen la capacidad de relacionarse diferente.

 

La transformación cultural es la mejor manera de prevención, por eso durante mi administración, transversalicé el tema de la conversación con los hombres en absolutamente todas las campañas y me esforcé porque se implementara también dentro de las otras secretarías de Medellín.  

 

¿Está de acuerdo con la posición de que los hogares de acogida son la medida más acertada para alejar a las mujeres de su entorno de riesgo, por encima de los albergues?

 

Los hogares de acogida son el mejor espacio para cuidar a la mujer, porque es un espacio privado, del que nadie sabe, están más seguras, aquí se conectan con otras formas de familia y con una realidad diferente, está en una familia que la protege y la hace sentir parte de esta; los albergues son una medida más costosa, un hogar es mucho más económico, porque es un espacio menos especializado.