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Rosa Elvira Cely: el crimen que cambió los derechos de protección de las mujeres en la ley colombiana

Por: María del Pilar García, María José Rivas, Daniela Posada, Valentina Cardona, María Alejandra Barbosa y Nelsón Cardona.

Según el Consejo General de Psicología de España: "Para comprender mejor la etiología de este crimen es necesario determinar qué clases de feminicidas existen, bajo qué circunstancias perpetran el crimen, y hasta qué punto las alteraciones mentales que en ocasiones sufren estos hombres imposibilitan que puedan controlar su conducta y comprender lo que hacen."

Rosa Elvira, o más conocida en su familia como “la gorda”, así la llamaban dulcemente desde que nació, fue una niña que llegó a transformar la tristeza de su hogar en alegría; en el momento de su nacimiento su familia atravesaba por momentos difíciles. Por ser esa luz en la oscuridad, su madre la consintió demasiado, hasta el punto de sobreprotegerla, con el objetivo, según ella, de alejarla de cualquier mal. Su madre fue una mujer valiente, fuerte y cabeza de familia, una inspiración para ella. Tuvo a su cargo cuatro hijos, Rosa Elvira era la tercera de dos hombres y dos mujeres, quienes siempre estaban juntas; Rosa y Adriana, quien era su hermana mayor, eran muy apegadas a su madre, cuando esta no se encontraba, Adriana estaba a cargo, ella era la mayor y debía cuidar a su hermanita, cercanía que fue creando un lazo inquebrantable. Desde niña, Rosa Elvira mostró un carácter fuerte y frentero, decía la verdad en la cara sin importar a quién ni las consecuencias que esta trajera, nunca hizo algo que no quería, su voluntad prevalecía por encima de cualquier cosa. Su hermana Adriana siempre le admiró esa capacidad para decir no sin temor. Con el pasar de los años se volvió una mujer de mucho más carácter, forma de ser que a veces se convertía en mal genio, pero aún así tenía un gran corazón, era espontánea y amiguera; contaba con la cualidad de hacer nuevos amigos con facilidad y, por su amabilidad, carisma y espontaneidad, le caía bien a todos, siempre dispuesta a ayudar y hacer lo posible para que todos a su alrededor se sintieran bienvenidos, características que heredó de su madre.   Una de sus pasiones era la música, la llevaba en la sangre; tenía gran facilidad para aprenderse la letra de las canciones, escuchaba música a todas horas: cuando hacía tareas, haciendo oficio o haciendo nada en particular, la música representó siempre felicidad para ella. No solo contaba con la facilidad de aprenderse la letra de canciones, también se aprendía la de sus novelas y series favoritas, una particularidad que siempre divirtió en las reuniones con sus familiares y allegados. Rosa tuvo que ponerles una pausa a sus estudios, cuando se enteró de que sería madre por primera vez y que Juliana Estefanía iba a llegar a su vida a cambiarla por completo; tuvo que desempeñarse en trabajos informales, porque no contaba con un título profesional, pero sí con las ganas de sacar a su hija adelante. Su hija era su prioridad, y aunque contaba con poco tiempo libre por sus largas jornadas laborales, siempre estuvo para ella, sacaba un rato para recogerla y llevarla al colegio, la aconsejaba, consentía y cumplía el rol de padre y madre, ya que el papá de Juliana no estuvo presente. Rosa Elvira se alejó de él poco después de su nacimiento, ya que era un hombre violento que amenazaba su seguridad y la de su hija, pero esto no significó que estuvieran solas, Juliana era como dice su tía Adriana: “La niña cuidada por todos”, toda la familia giraba a su alrededor. La Gorda fue una gran madre, veló siempre por el bienestar de Juliana, al punto de volverse sobreprotectora, imitando la manera en que su madre la cuidó durante su infancia. Una particularidad de los hechos narrados es que Rosa siempre le advirtió a su hija que nunca se fuera sola del colegio. “Si no es conmigo, tus tíos o tu abuelita no te vas’’, le decía. Ella sabía que había maldad en este mundo y no quería que llegara alguna vez a golpear a su hija, pero los azares del destino hicieron que Juliana igual se viera golpeada en el punto más doloroso: su madre. Rosa Elvira se fue de este mundo dejando sueños sin cumplir. Se encontraba validando bachillerato con un objetivo claro, estudiar Psicología. Este siempre fue su sueño, en todos los “jueguitos” Rosa asumió el papel de psicóloga, fue una profesión que desde la infancia causó un impacto en ella. Cuenta Adriana Cely, su hermana: “Cuando pequeñas tuvimos un acompañamiento psicológico, y en un momento dado en el colegio le sugirieron a mi mamá que la llevara al psicólogo, porque ella era temerosa y lloraba mucho, esta terapia la marcó”. Aunque no logró muchos de sus sueños, Adriana describe a Rosa como una mujer que fue feliz, le sonrió a la vida, trató de dar lo mejor de sí y dejó un buen recuerdo en todos los que la conocían, la bondad la caracterizó. Entre tantos sueños sin cumplir, hay algo que Rosa logró con la ayuda de su hermana Adriana, sin haberlo pedido y sin haberlo imaginado: cambiar los derechos de protección de las mujeres ante la ley colombiana; un fin que hoy resignifica su muerte, pero que tuvo un medio atroz. Rosa Elvira Cely, la mujer cuyo caso inspiró la Ley 1764, fue víctima de un feminicidio marcado por un brutal abuso. Su nombre apareció en todos los noticieros, emisoras de radio y periódicos del país, Rosa Elvira, de tan solo 35 años, había sido brutalmente violada y empalada por Javier Velasco Valenzuela, un compañero de estudio del colegio donde se encontraba validando sus últimos años de bachillerato. Luchó por su vida durante cuatro días, pero ya era demasiado tarde, su pelvis y su útero se encontraban completamente rotos, como consecuencia del empalamiento al que fue sometida por su agresor la noche del jueves 24 de mayo de 2012. Las negligencias del Estado causaron su muerte, Velasco Valenzuela, quien había pagado una condena por homicidio, tenía una orden de captura vigente desde el 2 de mayo de 2012 por el delito de acceso carnal violento; en su contra cursaba una investigación en la Fiscalía 254 seccional por este delito, denuncia que fue instaurada por su ex pareja, quien señaló que Velasco abusó de sus dos hijastras. En 2015, la familia de Rosa interpuso una demanda contra el Estado colombiano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a causa de la negligencia previa al ataque en lo que concierne a la situación jurídica de Velasco, quien debió haberse encontrado tras las rejas en consecuencia de sus otros delitos; así mismo, posterior al ataque, debido a la negligencia en la atención a Rosa Elvira por parte de las entidades responsables de su protección; y luego de su fallecimiento, por las deficiencias en el proceso jurídico-penal contra Velasco. La Corte falló a favor de la familia Cely, y gracias a este fallo se exigió el reconocimiento de los derechos de las mujeres ante la ley colombiana, una lucha que logró la tipificación del feminicidio y cambió el rumbo de los casos de miles de mujeres asesinadas, pero que, desafortunadamente, no ayudó a Rosa Elvira a cambiar el propio.   Aquí conocerás la lucha de Adriana Cely posterior al feminicidio de su hermana, Rosa Elvira Cely. Su empeño por buscar justicia, el cómo se convirtió en una activista y promotora de la sororidad, apoyo entre mujeres, en Colombia.