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Lógica de un feminicida

Hombre capturado por feminicidio en Medellín. Foto tomada de Infobae.

Por: María del Pilar García, María José Rivas, Daniela Posada, Nelson Cardona, Valentina Cardona y María Alejandra Barbosa.

El Consejo General de Psicología de España afirma que: ”para comprender mejor la etiología de este crimen es necesario determinar qué clases de feminicidas existen, bajo qué circunstancias perpetran el crimen, y hasta qué punto las alteraciones mentales que en ocasiones estos hombres sufren imposibilitan que puedan controlar su conducta y comprender lo que hacen”

Según el filósofo Joan-Carles Mèlich, autor del libro Lógica de la crueldad: “La crueldad tiene que ser enseñada”, no surge por sí misma, es un aprendizaje. En el caso que nos concierne: el de la crueldad y violencia contra las mujeres se da por una formación cultural machista, un imaginario arraigado en la cultura, que justifica la perspectiva de los feminicidas, su lógica y su actuar. Un feminicida es aquel que mata una la mujer por hecho de ser mujer, en su concepto y forma de ver: una mujer no ideal; este crimen se relaciona con el prejuicio, la discriminación y un sesgo de género.

Es una cuestión de educación. El imaginario machista que se hace presente en la lógica de un feminicida no es empírico. Históricamente, generación tras generación, se ha transmitido la existencia de una pirámide, un status quo, del que el género masculino es cabecilla, es superior a la mujer, es el más fuerte, es el proveedor del hogar y tiene más derechos que una mujer. Estos son los roles de género, la mujer debe ser pasiva, debe estar a cargo de las labores del hogar, de la familia, debe cuidar a su hombre, debe ser complaciente, dulce y conforme con los derechos que posee; cuando ella se distancia de estos roles de género, cuando es la mujer no ideal, se justifican entonces acciones que a consideración del hombre son correctivas, para que se “enderece”, para que “afine”, por su propio bien.

Así trabaja la lógica de un feminicida cuando una mujer se aparta de los parámetros que según él debería cumplir, “hay que corregirla, se está yendo por mal camino”, estas correcciones son progresivas y acumulativas, empiezan por un insulto, una orden, una prohibición, hasta convertirse en un golpe, una violación, el aislamiento en la propia casa y el uso excesivo de la fuerza, suficiente como para acabar con la vida de esa mujer “no ideal”, intencional o inintencionalmente.

Según el psicólogo Renán López, la relación entre una víctima y su victimario es acumulativa, progresivamente el victimario va acumulando poder, ejerciendo sobre la víctima una manipulación sistemática y progresiva que genera e impone una actitud de sumisión y respeto en ella, lo suficiente para que cuando esta “falle” a los ojos del victimario, la mujer sienta culpa, hasta que un día toda esa acumulación de poder se manifiesta de otras formas: violencia verbal, sexual, económica o física. Cuando se ha llegado a este punto, no hay retorno, inicia entonces un círculo vicioso, basado en la manipulación, la “corrección” y la ilusión de cambio por parte de la víctima.

Está claro que un feminicida atenta contra la vida de una mujer por ser de dicho género, esto puede ser resultado de una crianza machista, por una cultura patriarcal, por vivenciar algunos sucesos de violencia en su infancia y adolescencia o simplemente por creerse superior a la mujer y, por ende, cree que puede tomar decisiones sobre ella, y hacer de ella lo que le plazca.

Un ejemplo de experiencias de sucesos de violencia en la infancia en los feminicidas lo muestra una investigación de la Universidad Católica Boliviana San Pablo, donde se realizó un estudio sobre un caso de feminicidio íntimo, en el cual un hombre atentó contra la vida de su pareja sentimental. Se estudió la vida del victimario, cómo había sido su niñez, su ambiente familiar y su personalidad, lo cual reflejó que había crecido en un entorno propicio a la violencia, su madre fue

víctima de abusos, agresiones y maltrato por parte de su padre, creció vivenciado la violencia contra una mujer; al pasar de los años, su madre formó una nueva familia, donde el futuro victimario hacía parte de ella, nuevamente este niño vivenció la violencia, pero esta vez no con su madre, ahora lo vivió en carne propia, su padrastro lo agredió física, verbal y psicológicamente durante muchos años, toda su niñez y parte de su adolescencia.

Este hombre creció con inseguridades y por los problemas que tuvo que afrontar desarrolló una personalidad obsesiva. La investigación concluyó que dichos sucesos de su infancia y adolescencia afectaron su desarrollo psicológico y emocional, la violencia que evidenció tanto en su madre como en él ocasionaron un gran trauma. Los autores afirman que: “Al mismo tiempo desarrolló un repertorio conductual y cognitivo, en el cual la presencia de violencia dentro de la familia era común”. Cuando inició su vida amorosa y formó un hogar replicó actitudes que evidenció en su infancia, quería ejercer autoridad sobre su pareja, tomar decisiones por ella y que fuera la mujer que él quería. Cometió actos violentos contra ella, hasta convertir su amor en una obsesión, controlándola a su manera. La violencia cada día fue aumentando hasta el día que la asesinó.

Sabemos que, aunque el entorno en el que creció el feminicida lo afectó psicológicamente, su pasado no justifica sus acciones, ya que permitió que su comportamiento empeora con el pasar de los años y no hizo nada para evitarlo. Su mala experiencia y la cultura patriarcal hicieron que el victimario visualizará a la víctima como un ser inferior a él.

Renán Darío López Gallón, psicólogo clínico, cuenta que a lo largo de su carrera encontró diferentes tipos y perfiles de hombres con tendencias feminicidas, y los describe de la siguiente manera:

El hombre duro es aquel que, en términos lógicos, por medio de la ruptura violenta demuestra el amor, es decir, antes de casarse rompe la relación con su propia madre, porque ella no deja serlo feliz, maltrata a su madre, se va de la casa y se olvida de ella, porque es la culpable de su propia tragedia. Ahí es cuando busca una mujer como su madre, a la cual somete y maltrata a su antojo.

Por otro lado, está el perfil de don Juan Tenorio, que es el típico hombre seductor, pica aquí y pica allá, pero conserva la relación con su novia u/o esposa, aunque su esencia es ser infiel por naturaleza, y su pareja debe aceptarlo, porque para él ese es el amor.

Un hombre no nace siendo un feminicida, la sociedad misma se encarga de moldearlo de acuerdo con sus experiencias de vida, su entorno familiar, sus amistades, relaciones, traumas, etc., que en un futuro cercano va a querer reflejar a través de su actuar, que en este caso sería totalmente negativo, pues demuestra un profundo odio contra las mujeres, y por eso decide acabar con la vida de estás cuando encuentra un detonante en el camino, y logra descargar su rabia y frustración con esa figura femenina, porque en su mente está claro que es un sexo débil, y podrá someterla sin importar cuándo, cómo ni dónde.