Secuestro exprés

Ella llega a la una de la tarde, tal y como se lo había señalado aquel hombre dos horas antes en su oficina. Despelucada, agitada, sudorosa y con el corazón acelerado, solo quiere que ese fin de semana termine pronto. Él, no muy sereno, la espera sentado en una de las mesas del Centro Comercial Obelisco.

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