Coldplay, una experiencia única 

Juan Pablo Rodríguez Torres

Juan Pablo estaba sentado con su buso de Coldplay en la sala de cine del Tesoro y cerró los ojos, viendo la transmisión en vivo del concierto de Argentina y recordó todos los momentos que pasó en el concierto de Coldplay el 16 de septiembre cuando se presentaron en Colombia.

 

 

Todo se remonta al viernes cuando se estaba poniendo el buso negro que mandó a diseñar para el concierto, con un mandala formado por gran parte de los álbumes de Coldplay. Era un diagrama simbólico lleno de colores, planetas e imágenes que en el centro tenía en letra blanca, en mayúscula, el nombre de la banda.

Su madre, Sandra; su padre, Galo; y su hermana Mariana también tenían sus propios busos. Los mandaron a hacer para ir uniformados. Distintos en su diseño y estilo, pero con algo en común: en la parte trasera tenían las letras de Coldplay con una variedad de colores.

Su vuelo desde Medellín era a las 11 de la mañana de ese viernes 16 de septiembre. Se dirigieron al aeropuerto José María Córdoba en su Renault Scala rojo. Allí, los busos se robaron las miradas, tanto que un desconocido se acercó a Sandra:

–Perdona, ¿dónde los conseguiste? Están hermosos.

–Los mandamos a hacer con alguien que conocemos.

El hombre quedó perplejo, con ganas de comprarle uno. En la zona de abordaje, Juan revisó su boleto y vio que tenía el puesto 3A, totalmente alejado de su familia. Subió al avión, se colocó sus audífonos Xiaomi y se sentó en su silla.

Miraba por la ventana mientras grababa el despegue. Cuando el azafato terminó de hablar dijo que “en Viva Air somos fanáticos de la música, así que levanten la mano quienes van al concierto de Coldplay y Dualipa”.

Juan, junto a un gran grupo de personas, alzó la mano. El asistente de cabina se aproximó al dispositivo que se reproducían audios para el vuelo, oprimió un botón y empezó a sonar Sky full of stars. Juan, sorprendido, se bajó el audífono derecho y empezó a disfrutar la canción.

 

La parte difícil

Tenían que estar antes de las 4 de la tarde para hacer fila. Llegaron en taxi a la carrera 30, a la parte donde supuestamente ingresaban quienes tenían boletas de norte alta. Empezaron a caminar y encontraron la fila. Caminaban y caminaban y la hilera no paraba de alargarse, había demasiada gente.

Sandra, Juan y Mariana agilizaron el paso y en sus rostros se empezó a reflejar preocupación y angustia por ver ese montón de personas que no acababa. La fila terminaba en la calle 53b y daba inicio en la carrera 30. La entrada al concierto daba con el Movistar Arena, es decir, era una fila de aproximadamente de 5 a 6 cuadras.

Mientras estaban en la fila, pasaban rostros maquillados, con escarcha en los parpados y pestañas, con camisetas y gorras, en su mayoría de color blanco y negro, alusivas a la banda inglesa.

Después de dos horas se movieron muy poco. Para relajar su ansiedad y controlar el frío, Galo se compró una cajita de aguardiente que compartió con su esposa. La compró en una tienda al frente de la fila que olía a guaro, grasa y masa horneada. Allí, una buena cantidad de policías comían empanada con salsa rosada o limón.

Empezaba a oscurecer. Juan rezaba: “No va a llover”. Los vendedores ambulantes ofrecían busos, camisas, gorras, bebidas, alimentos e impermeables.

Comenzó a oscurecer y Juan y su familia giraron sus cabezas mirando hacia arriba, buscando un cielo lleno de estrellas y se encontraron con uno lleno de nubes negras.

–¿A cómo me deja 4 impermeables? –preguntaron a un vendedor.

–Vea, los 4 impermeables se los dejo en 20.

Galo los compró y se los repartió a la familia.

Pasó el tiempo y empezó a caer una ligera llovizna. Eran las 6:30 y ya, por lo menos, iban más adelante. Estaba oscuro y había gente que se trataba de pasar al otro lado de la acera donde estaba la fila, rompiendo la hilera.

Juan y su hermana percibieron a cuatro mujeres que se veían sospechosas, miraban a quienes estaban haciendo la fila, posiblemente para robar a alguno. Cuando se dieron cuenta que las empezaron a mirar, llegó la Policía y se fueron.

Nadie dijo que era fácil, pero tampoco dijeron que sería tan duro

Al frente de la fila, otra hilera era la continuidad de la que estaban. Avanzaron más y se empezó a generar el desorden y el caos. La fila llegó a un punto en que se unía con otra y formaba un embudo.

En ese punto no había una sola persona de logística y la fila se movía y unos corrían para que otros no se les metieran. Los agentes de policía cumplieron el rol de logística, ya que comenzaba una disputa entre los colados y los que respetaban la cola.

Al otro lado de la reja del estadio El Campín, alguien de logística miraba y discutía con los de la fila que estaban furiosos y reclamaban por el desorden. Ella no daba respuesta a ningún reclamo.

Después, el reclamo fue contra los policías: “¡Ustedes son el orden y la ley, no pueden permitir que esto se salga de las manos!”. La situación empezó a tornarse incómoda y pesada, los de la fila empezaron a empujar, a sacar y a gritarles a los colados. Juan y su familia ya estaban cerca de entrar.

El Campin: un cielo lleno de estrellas

Cuando ingresaron al estadio eran las 8:30 y ya habían iniciado los teloneros Mabiland y la famosa cantante de Cuba, Camila Cabello. El ingreso fue un desastre por el afán y la incertidumbre de coger buenos puestos.

Una vez adentro, alguien estaba encargado de leer las boletas, pero con un artefacto que presentaba fallas, por lo cual cualquiera podía entrar con solo mostrar una entrada y un código QR cualquiera.

Juan y su familia entraron a un portón donde había un tumulto de gente subiendo de izquierda a derecha y viceversa, buscando sus asientos. Hacía rato Juan no veía a nadie de logística. Se incrementaba el volumen de la música, a medida que avanzaban, cuando llegaron a sus puestos.

Estaban en las gradas al frente del escenario y se podía ver dos pantallas grandes de muy alta resolución y a Camila cantando “Así es la vida” junto a sus bailarines. Seguido de esto, en un momento, intentó imitar el acento paisa.

A las 9 estaba estipulado que iniciaría Coldplay, pero tardó. En ese tiempo de espera los fans hicieron de las graderías un espectáculo que empezó por los extremos más cerca del escenario: prendieron las luces de las linternas, formando olas humanas.

Los fans, en su euforia, buscaban que todos hicieran parte de un todo. Se paraban y sentaban. Era un efecto increíble el que se formó entre el público y la espera.

De repente entró un silencio, luego empezó a sonar una melodía y aparecieron los integrantes de la banda en las pantallas, caminando hacia el escenario en blanco y negro.

El público “convirtiéndose en algo hermoso”

El público se enloquecía, al igual que las luces que formaban una melodía única entre todas, generadas por las pulseras que les dieron a todos al ingreso, aunque Juan y su familia no alcanzaron a tenerlas pues se habían agotado.

Sonó la canción Higher power y las luces formaron magia en las muñecas del público: prendían y apagaban luces rojas en un orden fantástico, mientras Chris Martin cantaba.

Después fue Adventure of a lifetime y los fanáticos gritaban la letra de la canción. Las luces en las manos formaron un arcoíris y Chris les empezó a decir a sus seguidores que se agacharan y comenzó a hacer un conteo: 1, 2, 3, 4… Cuando dijo 4, todos saltaron a la par de la canción y las luces explotaron en un color blanco. Se escuchaba el “woohoo” y Chris junto a ellos. Era algo mágico.

Después siguió The Scientist y todos entraron en lágrimas y llanto, cantando la misma letra al unísono.

Con Hym for the weekend el estadio estaba conmovido y alegre gritando hasta que la garganta no diera más. El estadio se tornó de una luz color azul rey con Up&Up, seguido de un momento único: Chris empezó a cantar un tema de reguetón de J Balvin junto a Bad Bunny, La canción, continuando con Paradise, para después llenarse el estadio de un amarillo por la canción Yellow.

Chris invitó al público a saludar a los que estaban atrás de ellos: “Salúdenlos, ven, ahora tenemos nuevos amigos”.

Siguió un tema que no tiene nombre común, sino que es representado por un corazón rojo. En las pantallas mostraban la letra.

Después llegó una melodía que enloquecería al público y llenaría el estadio del clap clap provocado por las palmas de los asistentes, para seguir con el piano de Clocks. En un principio Chris se equivoca, pide disculpas y vuelve e inicia. Un rayo verde envuelve el público y la gente se emociona.

Un final maravilloso

Siguió un remix de Midnight y la canción Something just like this que el grupo usa para acercarse a un grupo de niños mudos con los que Coldplay entona el tema junto a ellos a través del lenguaje de señas.

Antes cantaron My Universe y Sky full of stars. En esta última Chris le pide al público “apaguen las cámaras de teléfonos, nada electrónico, solo su cuerpo, su personalidad y sus corazones. Y vamos a disfrutar a cantar y a bailar juntos”.

E inicia la canción al ritmo de las palmas de las personas. Se apagan y se prenden las luces, cuando llega el momento explosivo con los juegos pirotécnicos.

Chris volvió a cantar para que las personas pudieran grabar el momento único con sus cámaras y teléfonos.

Después, todos los integrantes de la banda cantaron Don´t Panic, cambiando de lugar de escenario para estar más cerca del público general, y luego finalizar con la canción que todos exigían: Fix you. Lo que siguió fue llantos, gritos y cantos.

Coldplay es una experiencia que nunca se podría repetir. Es única desde la llegada hasta el final. Todo fue mágico. Salir es la parte difícil de estos espectáculos que se vuelven inolvidables.

Para cuando todo terminó, los asistentes, y entre los últimos estuvieron Juan y su familia, se pararon a buscar la salida para que las luces tras la fabulosa música los guiaran de nuevo a su hogar.

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