Compañeros que nos cambian la vida

Por : Manuela Vanegas – Luisa Ochoa 

María Inés Londoño asegura con decepción que lo más difícil que ha vivido en su etapa de directora de la fundación Alma Perruna ha sido la pandemia. Los procesos de adopción de mascotas se dispararon durante la cuarentena, sin embargo, la mayor sorpresa que se ha llevado es que la mayoría de las personas las están devolviendo al refugio, ya que no dimensionaban la responsabilidad que implica tener un animal que depende completamente de su cuidador, además, de ser una decisión que cambia cualquier estilo de vida. “Me entristece pensar que las personas creen que adoptar una mascota es como tener un juguete, que cuando te aburres, simplemente lo dejas a un lado o como lo que me está pasando a mí, lo devuelves. Este es un proceso muy responsable, y las personas en ocasiones no entienden su transcendencia, que es cambiar la vida de un ser vivo y tener toda la responsabilidad de cuidarlo, ya que ellos dependen completamente de nosotros”, afirma María Inés.

La vida le dio un giro hace cinco años. Sentía que su vida era perfecta, había tenido relaciones amorosas pasajeras y se sentía cómoda con eso, tenía un excelente trabajo en una agencia publicitaria y todo en su vida giraba en torno a este trabajo, lo que le generaba gran satisfacción. Un día, María Inés decidió adoptar una mascota, su objetivo principal era salirse de la rutina y hacer planes diferentes, como salir a caminar y tener una compañía diaria. Así fue como conoció y adoptó a Nereo, un labrador chocolate. 

 

Su vida dio un giro de 360 grados. Además de su trabajo, se preocupaba por relacionar a su perro con otros animales y, por lo tanto, un día decidió asistir a una jornada de esterilización que se llevaba a cabo en su barrio. La sorprendió el amor con que cada voluntario realizaba las labores de ayuda a diferentes animales como rescates, esto la impactó tanto que tomó la decisión de convertirse en voluntaria de la fundación.

Fue en ese momento que conoció a Carolina Fernandez, fundadora de Alma Perruna y se convirtió en su gran ayudante, comenzó a conocer todo el tema de abandono de mascotas y esto la impresionó profundamente, por lo tanto, en la fundación comenzaron a impulsar el proceso de apadrinaje de perritos abandonados. Al mismo tiempo, María Inés continuaba con su trabajo como comunicadora, ya que esto era lo que le permitía sostenerse, sin embargo, con el tiempo se fue dando cuenta de que este nuevo proyecto demandaba todo su tiempo. Además, Carolina quedó en embarazo y quiso dedicarse de lleno a su hogar; por eso, tomó la decisión de entregar la fundación a María Inés, así fue como la pasión incubada por cuidar a los animales se convirtió en un trabajo de tiempo completo que le demandaba toda su atención.

Sin esperarlo, hoy en día es la directora de la fundación. “Hace dos años me dedico de lleno a esto, me siento completamente feliz y plena, porque encontré un sentido diferente a mi vida, las mascotas son seres llenos demagia y me parte el alma ver que están en situación de calle, desde que esté enmis manos haré todo por ayudarlos”. 

María Inés afirma que nunca se imaginó ser una animalista, respetaba mucho sus causas, pero también creía que eran personas que no tenían nada que hacer o que no tenían claro a qué se querían dedicar, pero la vida da muchas vueltas y cambia todos los pensamientos. “Hoy todo a mi alrededor gira en torno a las mascotas y me siento más feliz que nunca, aunque tenemos personas que nos ayudan y muchos voluntarios, la fundación demanda todo mi tiempo”.

El confinamiento ha despertado varios sentimientos y preocupaciones en María Inés, como que cada mascota que pase por su fundación reciba una gran familia, que le brinde el amor y la atención que ellos necesitan, ya que en cada uno de ellos ve reflejado a su perro, Nereo. Así como ella misma lo expresa: “Se vuelven como una extensión de mí, son como hijos y siempre quiero la mejor familia o persona para cada uno de ellos, este siempre es mi objetivo, que se dé un amor correspondido”, cuenta María Inés.

El proceso de adopción en la fundación inicia diligenciando un formulario minucioso, en el cual la pregunta más importante es por qué desea adoptar una mascota. En esta pregunta se puede deducir inmediatamente cuál es la intención de cada persona con los perros. Otro parámetro que se tiene en Alma Perruna es que personas menores de 26 años no pueden adoptar, ya que los menores a esta edad han presentado inestabilidad en las adopciones, dado que sus prioridades de vida son otras.

amor a los animales
creadora fundación alma perruna
jornadas de alimentación a perritos abandonados

Luego de llenar el formulario y pasar la prueba de aceptación, se llena un contrato, el cual entre sus reglas estipula una primera semana de prueba en la que se mira la adaptación, tanto del perro como de la familia, después se lleva un control mensual fotográfico, en el que se muestra el estado de la mascota y, por último, y si las personas por algún motivo deciden no tener más al perro, se hace la devolución nuevamente de la mascota.

Las mascotas que son devueltas vuelven a ser protegidas en el refugio e inician nuevamente el proceso de apadrinaje o adopción. Es por esto que encontrar cuál familia es merecedora de la gran responsabilidad de una mascota se ha convertido en una lucha diaria para María Inés, ya que por más perros que logre rescatar y darles un hogar, el crecimiento del abandono de los perros sigue en aumento en Colombia. Se estima que en el país hay cerca de un millón de animales en situación de abandono y esta cifra cada día sigue creciendo, pero esto no rompe sus esperanzas de ayudar a cada perrito que llegue a Alma Perruna.

En las siguientes imágenes se evidenciaran los resultados de una encuesta realizada aleatoriamente a cerca de la opinan sobre adopción de mascotas en cuarentena.