RELATOS DE PANDEMIA

La única pandemia que le ganó a la barbería Restrepo Hermanos

Autor: Maria Camila Vergara

En los 60 años de historia de la Barbería Restrepo Hermanos se cuentan tantas anécdotas como tipos de cortes, sin embargo, la pandemia fue el corte que le puso fin a tantos años de historia.

 

Con apenas 16 años, Álvaro Restrepo llegó desde Fredonia, municipio del suroeste Antioqueño, a la Calle Colombia, en pleno corazón de Medellín, para darle inicio al proyecto al que le dedicaría su vida y donde esperaba terminar sus últimos días

 

Según la Asociación Colombiana de Barberos, por cada 213 hogares existe una barbería en un lugar de Medellín; ante tanta oferta y competencia, la ubicación es fundamental.

 

Alvaro Restrepo- propietario

Una cuadra de distancia separaba la Barbería Restrepo Hermanos del Palacio Nacional de Justicia de Medellín en esos primeros años de la década de los 60 del siglo pasado, – hoy el Centro Comercial Palacio Nacional- desde entonces los mejores abogados y jueces de la ciudad le pusieron la cabeza a Don Álvaro y a tres de sus hermanos. Bernardo Trujillo Calle, ex alcalde de Medellín, y Jesús María Valle, reconocido abogado del momento, son algunos de los clientes estrella que recuerda su propietario.

Ésta no solo fue la época dorada de la barbería, por conocer personas políticamente importantes, sino por batir su récord de cortes en un día. “Una vez, el 17 de diciembre de 1965, motilé 56 personas, a tres pesos cada una”, cuenta Álvaro Restrepo. Hoy por hoy, un corte tiene el valor de 10.000 pesos.

En un país de tiendas, peluquerías y barberías, la Restrepo Hermanos nos cuenta, por medio de los objetos tradicionales, la historia de estos negocios, que por muchos años eran desinfectados con formol y las cuchillas afiladas con correas de cuero. Los cortes se realizaban en su totalidad con barbera y tijera, la que actualmente es reemplazada por una cuchilla.

La silla tradicional, aparatosa y pesada, es el único recuerdo que guarda Álvaro después del cierre de la barbería, fue fabricada en Chicago a principios del siglo XX, hoy tiene un valor de diez millones de pesos aproximadamente, asegura su dueño. Pese a su gran valor monetario, éste irónicamente no supera el valor emocional y será guardada y utilizada para uso familiar.

Sin embargo, después de esos años de gloria, apareció la primera “pandemia” que afectaría el negocio, pero esta vez cultural. La llegada del movimiento hippie, a finales de los años 60, hizo que las personas llevaran un estilo de vida descomplicado y un poco vago,  y que en consecuencia no se quisieran cortar el cabello. Las largas melenas amenazaron con ser el fin de las barberías. Aunque con los años sobrevivieron al virus del pelo largo.

Más adelante, la llegada del virus de las afeitadoras a los supermercados hizo que el fácil contagio a estos implementos personales les disminuyeran una parte las ganancias, debido a que antes de su llegada todos los cortes de cabello incluían la barba, pues nadie sabía cómo cortarla.

Álvaro no solo supo adaptarse ante las embestidas sucesivos de las modas, sino también a la ausencia que con los años fueron dejando sus tres socios y hermanos. Los cuatro hermanos llegaban a las 5:30 de la mañana, hora a la que ya había personas esperando para ser atendidas, y cerraban a las nueve de la noche, de lunes a lunes. Su propietario asegura que fue éste compromiso el  hizo posible comprar una casa y educar bien a sus hijos.

“Fue un punto de encuentro de la familia, veníamos con mi mamá, con todos los hermanitos desde pequeños y esperábamos a que mi papá terminara de trabajar y nos seguíamos, digamos, si era diciembre, a ver alumbrados por acá por los parques cerquita”, cuenta Luis Carlos Restrepo, sobrino de Álvaro. Juntos recuerdan que, al finalizar la jornada, los últimos clientes y quienes visitaban a los hermanos Restrepo acostumbraban a jugar dominó. 

Con la llegada de la pandemia del COVID-19, el último cliente fue atendido el 19 de marzo del 2020. A sus 76 años, el barbero estrella y propietario tenía como única opción mantenerla cerrada. “Nunca me imaginé que iba a entregar, yo pensé que me iba a quedar hasta que me muriera, pero ya, ya tocó y da nostalgia”, dice Álvaro.

Especial realizado por los estudiantes del Énfasis en periodismo digital del pregrado en Comunicación Social.

2020 / 2