Aumentan feminicidios en Antioquia con respecto al 2020

El confinamiento por la pandemia de Covid-19 pudo contribuir a que cayera el número de feminicidios sexuales perpetrados por agresores desconocidos para las víctimas, a la vez que aumentaban los feminicidios íntimos, en los que el agresor es un miembro de la familia o la pareja sentimental.

Antioquia encabeza la lista de los departamentos del país con mayor número de casos de feminicidios. Entre enero y agosto de este año (los datos corresponden al año 2021), la Policía Nacional reportó 116 asesinatos de mujeres en Antioquia. Esto representa un aumento del 18% con respecto al mismo periodo de 2020, según el Observatorio de Asuntos de Mujer y Género de la Secretaría de Mujeres de la Gobernación de Antioquia.

 Este incremento es superior al de los homicidios en general, que ha sido del 6%. Del total de asesinatos a mujeres este año, la Policía registró 18 como feminicidios. Las cifras de septiembre no habían sido publicadas al momento de escribir esta noticia.

 Los datos oficiales no coinciden con los de organizaciones no gubernamentales que se encargan de velar por los derechos de las mujeres, como la Red Feminista Antimilitarista, que ha registrado 39 feminicidios en lo corrido del año solamente en el Valle de Aburrá.

 Valeria Acosta Isaza, profesional social del Observatorio de Asuntos de Mujer y Género, reconoce que existe un subregistro importante y que “la impunidad en los casos de feminicidios es absurda”. Explica que no hay suficiente rigurosidad en el estudio de los casos de homicidios a mujeres, lo que impide que muchos de estos puedan ser tipificados como feminicidios. 

 La Ley Rosa Elvira Cely establece las circunstancias que pueden determinar que un delito sea clasificado como feminicidio. Entre ellas están: haber tenido una relación familiar o de convivencia con la víctima en la que se hayan dado casos de violencia; aprovechar relaciones de poder; agredir sexualmente a la víctima, o cometer el delito para causar terror o humillación a quien se considere enemigo.

 Acosta dice que “si las personas encargadas de llegar al lugar de los hechos no hacen un análisis riguroso de contexto, sobre cómo encontraron el cuerpo, qué había alrededor, qué relación había entre el agresor y la víctima, cómo la abordó, la mayoría de los casos se van a quedar sin tipificar”.

No todas las mujeres pueden denunciar

No solo hay subregistro en los casos de feminicidio, sino también en los de violencia contra la mujer. Omaira López Vélez, coordinadora del proyecto “Sororas y empoderadas tejemos paz territorial con otros y otras” de la organización Vamos Mujer, atribuye esto a la dificultad de las víctimas para denunciar, especialmente en zonas rurales o de conflicto armado.

 Hay veredas que no tienen comisarías de familia, inspecciones de policía o CAIVAS. “El acceso a estos lugares no siempre les es fácil a las mujeres”, dice López. Añade que incluso cuando llegan a estos sitios, a veces les dicen que vayan a otros porque ahí no cuentan con las condiciones para realizar la denuncia. 

 López reconoce que en el departamento existe una notable oferta institucional y que Medellín es pionera en políticas públicas, pero señala que, con frecuencia, las mujeres que viven lejos de los centros urbanos no se ven beneficiadas. 

 Valeria Acosta también expresa preocupación por la falta de estas instituciones en varios municipios y la dificultad de las mujeres rurales para acceder a las rutas de atención. Además, dice que en la mayoría de los municipios de Antioquia no existen programas dirigidos para proteger específicamente a la mujer. Todo esto, según la analista, contribuye a que las mujeres no reciban ayuda oportunamente y permanezcan en contacto con su agresor. De esta manera corren más riesgo de ser víctimas de un feminicidio.

Gobernación mejoró rutas de atención en pandemia

Durante la pandemia de Covid-19, las dificultades para denunciar se agudizaron. Varias mujeres quedaron confinadas con sus agresores. A pesar de esto, en 2020 hubo una disminución del 12% en los homicidios a mujeres en comparación con 2019, menor que la reducción en los homicidios en general, que fue del 17%, según el Observatorio de Mujer y Género. 

 Acosta explica que el confinamiento pudo contribuir a que cayera el número de feminicidios sexuales perpetrados por agresores desconocidos para las víctimas, a la vez que aumentaban los feminicidios íntimos, en los que el agresor es un miembro de la familia o la pareja sentimental.

 Dice que las llamadas a la Policía para denunciar casos de violencia intrafamiliar se incrementaron, lo que impulsó a la Gobernación de Antioquia a crear la línea 123 Mujer Metropolitana, que permite activar alertas inmediatas y prevenir feminicidios. Sin embargo, este servicio tampoco llega al 100% de la población de mujeres rurales, pues solo funciona dentro del área metropolitana del Valle de Aburrá.

 Otra estrategia usada por el gobierno departamental para combatir la violencia de género durante la pandemia fue la creación de hogares de protección para mujeres sin redes de apoyo cuya vida estuviera en riesgo. Este programa funciona en todos los municipios y permite que las mujeres se muden temporalmente con su núcleo familiar a una casa ofrecida voluntariamente por otra familia, donde reciben apoyo psicológico, social y jurídico. 

 A pesar de que este programa funciona en todo el territorio antioqueño, tampoco tiene una cobertura para todas las mujeres. Para cuidar a las familias que prestan su casa para el programa, no se aceptan mujeres que sean víctimas de actores armados. 

 Las mujeres afectadas por el conflicto son atendidas por las oficinas de víctimas de cada municipio, por lo que, dice Acosta, la Secretaría de Mujeres ha buscado articular con ellas programas que se enfoquen en este grupo poblacional.

Lo que hay detrás de un feminicidio

Acerca de la violencia contra la mujer en el conflicto armado, la Corporación Vamos Mujer dice lo siguiente en su segundo boletín de 2019: “En contextos de disputa de territorios, es frecuente que las mujeres se vuelvan un territorio más en disputa, y su asesinato es una forma de atacar las posesiones de hombres rivales y de amenazarlos”.

 Omaira López dice que esta metáfora aplica también en otros contextos y habla del cuerpo como el primer territorio en el que la mujer puede ejercer autonomía. Para ella, es necesario explicar el feminicidio como la última consecuencia de un sistema de pensamiento que cosifica a la mujer y que la ve como un objeto del que un hombre se puede apropiar.

 De la misma manera, Vamos Mujer rechaza la descripción que se suele encontrar en medios de comunicación sobre los feminicidios catalogados como crímenes pasionales, así como el atenuante de la ira e intenso dolor. López explica que en la mayoría de los casos existe una historia de violencia y se evidencia un plan previo. 

 Un ejemplo de esto es el testimonio de Carmen*, que cuenta que su cuñada fue víctima de feminicidio hace 20 años.  “A Nelly la mató el esposo porque ella se iba a separar. Él la invitó a tomarse unos tragos, luego se fueron a la casa y ahí fue donde la mató. La degolló. Le echó seguro a la puerta y se escapó con las joyas y el carro. Ella murió desangrada en las escaleras, nunca pudo salir. Él fue capturado después de haber estado un tiempo prófugo. Solamente pagó siete años en la cárcel. Argumentó ante la justicia que había cometido el crimen bajo mucho dolor. Por eso, y contando el buen comportamiento, al final salió libre mucho antes de lo esperado”.

 Hoy en día, la ley brinda más garantías jurídicas a las potenciales víctimas de feminicidio o sus familias para actuar en contra de los agresores y hay más reconocimiento de otras formas de violencia de género. Aun así, falta mucho para que se garantice el derecho a la vida y a la autonomía corporal de las mujeres en el departamento.

 *Nombre cambiado para proteger la identidad de la fuente

En este espacio va el pide de foto / Foto por Bitácora

En la categoría Mejor Noticia el jurado fue Alejandro Gómez Valencia, periodista de la Universidad de Antioquia, editor de la Agencia de Noticias de la Universidad EAFIT y profesor de Periodismo informativo en el pregrado en Comunicación social de la misma institución.

La noticia va más allá de hablar del crecimiento de los feminicidios en el departamento y, con una amplia y diversa selección de fuentes y datos, muestra las brechas que existen en este tema en cuanto a lo rural y lo urbano, así como la necesidad de afinar conceptos que permitan saber qué pasa en realidad en cuanto al asesinato de mujeres en la región

Alejandro Gómez Valencia

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