¿Un diagnóstico para una identidad?
Ser trans no significa estar mal de la cabeza, sino tenerla tan bien puesta que comprenden que ese no era su lugar en la vida y así hacer un cambio para sentirse bien consigo mismos. Esa es la verdadera valentía.

Las puertas de la primera clínica para personas transgénero se abrieron hace poco en la capital mexicana. La alcaldesa Claudia Sheinbaum cumplió con su promesa y les brindó esperanza a todas las personas trans que buscaban no solo tratamientos físicos y hormonales, sino también acompañamiento psicológico. La clínica cuenta con dos plantas y con 32 trabajadores de los cuales cuatro son médicos especialistas, dos son médicos generales y once son trans. La Clínica Trans de Ciudad de México ha sido un éxito, pues en menos de seis semanas ya cuenta con 200 personas registradas buscando acompañamiento.

 

Oyuki Martínez, asesora del centro de salud y activista trans, comentó en una entrevista que espera que el movimiento se replique en otros estados, por lo cual es válido preguntarse: ¿Qué está haciendo Colombia?

 

La respuesta es simple: muy poco. Solo una de cada 100 personas trans sigue los procesos de transición de género propuestos por el sistema de salud; las demás se automedican, realizan procedimientos quirúrgicos entre ellas, se suicidan o son asesinadas. Carolina Herrera, psicóloga de Liberarte (grupo de personas LGTBI+), explica que para tener acceso al sistema de salud deben pasar por dos momentos terroríficos: no ser identificados en la cédula y ser diagnosticados con disforia de género por un psiquiatra. Pero claro, dicho diagnóstico puede estar sujeto a pensamientos o creencias y, por tanto, ser subjetivo.

 

En la sentencia T-771 de 2013 la Corte Constitucional expuso: “(…) el diagnóstico es necesario para poder acceder a la atención médica toda vez que constituye la condición que precede la prescripción de procedimientos relacionados con la reafirmación sexual o de género”. En otras palabras, sin diagnóstico, no hay acceso al sistema de salud. Ahora se comprende por qué solo una de las personas trans logra el acceso, ¿no?

 

Sin embargo, hay cosas que ni con tener el visto bueno de un psiquiatra se pueden solucionar; como la aceptación social. Según las recomendaciones para la garantía del derecho a la salud de las personas trans, publicado por el Ministerio de Interior en 2018, “un número amplio de personas trans viven en contextos de vulnerabilidad, marginalidad y violencias. Esto se asocia al no reconocimiento pleno y digno de su identidad, así como a la patologización y criminalización que se ha hecho de sus identidades en ámbitos sociales, económicos, culturales, políticos y de participación ciudadana”.

 

Máximo, hombre trans entrevistado por Pacifista, sostiene que las intervenciones psiquiátricas deben existir como acompañamiento a la salud mental, no como un método de patologización. Ser trans no significa estar mal de la cabeza, sino tenerla tan bien puesta que comprenden que ese no era su lugar en la vida y así hacer un cambio para sentirse bien consigo mismos. Esa es la verdadera valentía.

 

No obstante, esa valentía retrocede cuando en tiempos de guerra y discriminación puede terminar costándole la vida. El promedio de vida de las personas cisgénero en América Latina es de 79 años, mientras que el de las trans es de 35 años. Sí, 35 años. El reporte de la Defensoría del Pueblo revela 388 casos de violencia contra personas LGTBI+ desde enero de 2020 (los datos de este artículo corresponden a 2020 y 2021); de los cuales 167 fueron contra personas transgénero; 58 contra mujeres lesbianas; 130 a hombres gais; 17 a bisexuales y 16 de otras identidades.

 

Sobre esto la Defensoría del Pueblo reconoce que la fuerza pública “contribuye en gran medida a la reproducción de patrones de discriminación y exclusión contra mujeres lesbianas, hombres gais, hombres y mujeres bisexuales y personas transgénero”. Sin embargo, es importante destacar la participación de la primera mujer trans en las filas de la Policía, Andrea Cortés. Si bien la Policía se cuelga ahora la medalla de la inclusión, no se pueden olvidar los casos en los cuales los mismos integrantes fueron los discriminadores e incluso agresores.

 

No le recrimino la exclusión social de personas trans únicamente a la fuerza pública, sino a toda la sociedad, pues cómo es posible que una persona que está debatiendo su identidad tenga que justificarla con millones de colombianos más. Para algunas cosas salimos por la tangente diciendo “cada uno con su cuento”, pero ¿y si el cuento es no sentirse a gusto con el cuerpo con el que nació?

 

La realidad es una y es que el actual sistema segregador de minorías debe cambiar. Deben existir espacios de inclusión social, clínicas (como la de México) que soporten los tratamientos médicos y apoyen los psicológicos, doctores capacitados para comprender que nacer en el cuerpo equivocado no es sinónimo de tener una enfermedad mental y una ciudadanía dispuesta a aceptar y respetar el “cuento” de cada uno



 

En este espacio va el pide de foto / Foto por Bitácora
Referencias

Recuperado 21 de noviembre de 2021, de https://www.defensoria.gov.co/es/nube/enlosmedios/9555/%C2%BFViven-o-sobreviven-Durante-2020-en-Colombia-ya-van-63-homicidios-contra-personas-LGBTI.htm

Recuperado 20 de noviembre de 2021, de https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/Mexico-abre-la-primera-clinica-publica-para-personas-trans-en-lucha-contra-discriminacion-20211110-0052.html

En la categoría Mejor Artículo de Opinión: el jurado fue Adolfo León Maya Salazar, sociólogo, profesor e investigador del Departamento de Ciencias Políticas y Gobierno de la Universidad EAFIT.

En este artículo está bien definida una problemática, se soporta en fuentes autorizadas, el nivel de argumentación es alto y nada evasivo, emplea una voz activa y crítica, es inclusivo en su tratamiento, pero para nada lastimero, caracteriza los contextos de vulnerabilidad por los que pasa una persona trans en procesos de transición de género. Parafrasea bien, cuando rescata la afirmación según la cual: “Ser trans no significa estar mal de la cabeza, sino tenerla tan bien puesta que comprenden que ese no era su lugar en la vida y así hacer un cambio para sentirse bien consigo mismos

Adolfo León Maya Salazar

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