Libertad de expresión, ¿un privilegio?

Isabella Galeano Blandón & Paulina Paffen López

Los periodistas que nos brindan información sin ataduras continúan siendo silenciados.

Desde que somos unas niñas nos han hablado de la importancia de expresar lo que sentimos y pensamos, de hecho en nuestras memorias sigue vívido el recuerdo de la profesora en el salón de clases repitiéndonos una y otra vez que no debemos quedarnos calladas. Por mucho tiempo nos han dicho que la libertad de expresión es   un derecho y que debemos hacerlo respetar, pero con el pasar de los años hemos adquirido la madurez y el criterio suficiente para darnos cuenta de que lamentablemente al hacerlo, podemos estar en peligro.

Y cómo no sentir miedo, si en los medios abundan titulares sobre la cantidad abismal de injurias y asesinatos que les ocurren a los periodistas que deciden alzar la voz, opinar y dar a conocer las verdaderas injusticias que suceden día tras día en el país. Cuando un    periodista es asesinado se está silenciando una voz que documenta, reporta, informa, pero en especial que denuncia todo tipo de atropellos, sea en el ámbito religioso, social, político, etc.

La gravedad de este tipo de situaciones va más allá, pues al acabar con la vida de un periodista no solo se le está arrebatando el derecho a la libertad de expresión y a la vida, sino que a nosotros como sociedad nos están privando del derecho a estar informados.

Garantizar la libertad de expresión es tan importante como asegurarse de que todas las  opiniones sean escuchadas. En el ámbito de las ideas nada es seguro y solo la crítica, el contraste de argumentos y la escucha de planteamientos diferentes nos

acercan a la verdad. Una a la que como ciudadanos podemos llegar si el periodista nos  ofrece investigaciones y análisis desde una posición de independencia, creando así espacios de discusión entre las personas, haciendo que sepamos interpretar y tomar decisiones desde la libertad.

Desgraciadamente, hoy por hoy, este no es el mayor denominador del periodismo. Por el contrario, se ha vuelto amañado según los poderes  económicos y políticos que oprimen y sesgan las posturas informativas, que muchas veces terminan siendo todo lo contrario, desinformantes. Por este motivo muchas personas empezamos a recurrir a quienes intentan informar verazmente: los periodistas independientes, que aunque también tienen intereses, no son los mismos que motivan a los medios del establecimiento; por lo tanto pueden entregarle a la sociedad una información más fiel y transparente de lo que realmente es el hecho o la noticia.

Otro aspecto que se ve afectado por la falta de libertad de expresión es la democracia. ¿Realmente vivimos en un país democrático? Este concepto poco a poco se va esfumando. Al no contar con la libertad de prensa, la democracia que se debe tener en Colombia tambalea, por el simple hecho de que la primera es proporcional a la segunda; a más libertad, mayor democracia.

Los medios están manejando la información a la conveniencia e intereses de sus dueños, obligando a muchos periodistas a asumir una posición que en ocasiones no los representa, de la cual si estos no se  ciñen a esos intereses, son despedidos de sus trabajos. Por eso nos encontramos con el mismo tipo de información, no hay diversidad de contenidos en las noticias. Esto termina por limitar los datos que podríamos estar recibiendo de cada hecho, debido a que ese tipo de periodistas dejan a un lado su principio de la imparcialidad para informar, haciendo que en cambio, se conviertan en voceros de los dueños del medio de comunicación al cual que pertenecen.

Quienes nos damos cuenta de la censura hacia los periodistas independientes, nos preguntamos verdaderamente qué sucederá si continúan silenciándolos, pues no existe una sociedad libre sin una prensa libre.

Si no dejan de matarlos como si fueran una plaga necesaria de exterminar, seguiremos siendo víctimas de ese silencio informativo, desconociendo las verdaderas causas del por qué los callan, padeciendo la impunidad de sus asesinatos y de lo que han querido y a quienes han querido denunciar.

Es triste y doloroso darnos cuenta cómo el derecho de la libertad de expresión está siendo gravemente vulnerado, hasta el punto de concluir que empieza a ser un privilegio para muy pocos, puesto que en Colombia es una fortuna dar tu opinión y que esta sea respetada. En efecto vemos que nuestro país se disputa con México el deshonroso primer lugar en muertes a periodistas y para más desprestigio, la muerte de líderes sociales.

La lista de periodistas asesinados sigue aumentando año tras año y el Estado parece no hacer nada al respecto; además, en muchas de las ocasiones cuando no acaban con sus vidas,  terminan por destruir su carrera de una u otra forma. Una profesión tan importante que debe continuar construyendo comunidades de intérpretes que a partir del debate formen una  red de discursos para hacer visibles las diferentes perspectivas sobre la actualidad y la  realidad del país y del mundo.

Consideramos entonces, que como sociedad, debemos continuar luchando por la voz de los periodistas que buscan dar información sin ataduras, con la cual podamos construir  interpretaciones desde la independencia, para así estar en la capacidad de llevar a cabo un debate plural y abierto con el resto de la sociedad.

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