Cuando falla una relación

María Victoria Avendaño

Reconozco la complejidad de ver en los malos momentos una oportunidad para adentrarnos en el mundo del crecimiento personal; y lo es aún más cuando nos sentimos desgraciados y entonces decidimos preocuparnos por nosotros mismos; ¿realmente creen que durante las situaciones de extrema felicidad queremos cambiar algo de nuestro interior?

A Edwin lo conocí en una fiesta durante mis vacaciones en Montería; recuerdo que bailamos juntos la mayor parte de la noche y unos minutos antes de irme me pidió mi número. Solíamos vernos una o dos veces por semana; no eran planes extravagantes ni los más interesantes del mundo, solo nos dedicábamos a hablar de cosas sin sentido y a besarnos. En tres ocasiones nos vimos en un lugar diferente a su habitación: un bar, un puesto de comida rápida y mi casa. Estuvimos hablando por un poco más de un mes, las cosas terminaron cuando un día se le dio por aplicarme el famoso ghosting (cuando alguien corta comunicación con otra persona de manera repentina y sin explicación).

Por varios días lloré a causa de la absurda y rebuscada justificación que él me ofreció para respaldar su extraño comportamiento: “nunca te dije vamos a ser novios, a casarnos y tener una familia”; luego de eso me bloqueó en WhatsApp. Por más de una noche me pregunté una y otra y otra y otra vez qué había hecho mal, qué me faltaba para ser suficiente y poder seguir a su lado, de qué manera pude haber actuado para evitar esas palabras, únicamente le dije que sentía una ligera atracción hacia él… ni siquiera que me gustaba. 

 

Debieron haber pasado dos semanas desde ese suceso cuando un día me levanté, me miré al espejo y me di cuenta de lo hermosa y espectacular que soy ¡Dios, es que parezco toda una reina! No tardé en escribirles a mis amigas para contarles lo bien que me sentía —aun cuando seguía con un poco de tristeza por el alejamiento de Edwin—; a lo que ellas respondieron con comentarios tipo “ese hombre es de lo peor”, “horror con él”, “para lo único que sirvió fue para sacarte lágrimas”, “andar con él fue perder el tiempo”; sé que buscaban animarme, pero ¿cuál es la necesidad de catalogarlo como una mala persona solo porque las cosas no resultaron conmigo?, ¿acaso nuestro fallo amoroso lo convierte en un hombre indigno e incapaz de tener una relación? Y en cuanto a mí, ¿debo considerar como un mal gasto de mi tiempo el haber salido con alguien que me provocó cierto sufrimiento?

En la mayoría de las relaciones terminadas se tiende a pensar que la otra persona es la culpable del fracaso y que no tiene aspectos positivos que rescatarle; muchos sacan a relucir los defectos y malas manías que tiene la expareja y dejan en el olvido las razones por las que en más de una vez le dedicaron tantos pensamientos. Hacer eso está mal, el sometimiento a la creencia de que no se puede tener buenas ideas limita la posibilidad de entrar en la que puede ser la siguiente experiencia enriquecedora y de autodescubrimiento; también se le debe agregar una dosis de amor propio que no puede faltar.

¿Por qué mirar el lado malo de la situación cuando podemos hacer una lista de las enseñanzas más significativas que nos han quedado?, ¿acaso de eso no se trata la vida? Apuesto a que sí, debemos enfocarnos en ver cada momento como el ideal para aprender algo nuevo o reforzar un sentimiento que se veía debilitado, porque solo así podremos hallar paz mental, recordar el pasado como un viejo amigo al que no se le guarda rencor y finalmente encontrar nuestro yo interior.

Sé que parece imposible hacer todo lo anterior, sin embargo, la sensación de saber que se está trabajando para la mejora personal es una cosa de otro mundo. Tenemos que ser capaces de encontrar oportunidades donde solo parece haber un nido de pestes; aquello que más nos asusta es precisamente lo que tiene el poder de amenazar nuestra tranquilidad y obligarnos a encontrar algo real.

Tuve que salir con varios hombres para poder entender esto y la magnitud de lo que significa fallar y aprender. La ruptura con Edwin me enseñó a quererme siempre y no a ratos, como él lo hacía conmigo, además me mostró lo independiente y altruista que puedo llegar a ser; como dijo mi podcaster favorito una vez: “El sufrimiento de hoy construirá la satisfacción del mañana”.

Posts Recomendados