VISITANDO LA TRADICIÓN

Por: Valentina Mora Trujillo

Fotos tomadas de la empresa Fabricato en la ciudad de Medellín y su planta principal en el Municipio de Bello.

Las grandes empresas se han forjado desde la tenacidad, desde el diálogo con las circunstancias, incluso desde la adversidad. Comencemos mencionando que 1919 fue un año cualquier para muchos, pero no fue así para los descendientes de Carlos Mejía, Antonio Navarro y Alberto Echavarría, quienes abonaron el terreno para lo que hoy se conoce como Fabricato, una empresa de tradición colombiana que hasta la fecha sigue vigente en sus labores.  El 7 de agosto de 2019, Pedro Nel Ospina —presidente de Colombia— cortaba la cinta inaugural. Hoy me encuentro yo, años después, como una observadora de lo que es la fábrica en la actualidad, como una cámara que observa y describe imágenes y al ver una gigantesca estructura que se ha fusionado como Fabricato y Tejicondor, palabras ambas muy reconocidas en la tradicionalidad empresarial antioqueña, pues más allá de la inversión amplia en dinero y su impacto en el mercado de las telas, es hoy en día referente de progreso. 

Visité la planta principal en Bello, un gran despliegue de arquitectura e infraestructura al servicio de las telas; una planta grandísima que converge con sus gentes y diversos rostros. Me recibió un hombre de buen ánimo que me contó no solo numerosas experiencias desde la historia. Su recorrido amable dio paso por oficinas. Caminamos por una gran planta con máquinas tan grandes que podrían ser comparadas con impresoras 3D pero más enormes, con colores diversos. Los cubículos de algunas oficinas eran eso, cubículos, escritorios y computadores con colores sobrios. De un lado a otro pasaban contendores y estibas. Observé también en algunos rincones escaleras que llevaban a segundos pisos que parecían ocultos.

Fotos tomadas de la empresa Fabricato en la ciudad de Medellín y su planta principal en el Municipio de Bello.

Es difícil recordar el nombre de las máquinas y sus funciones técnicamente detalladas. Vi a las personas que hacen todo posible, sus rostros alegres y cómodos, sus miles de cuentos sobre innovación e ingeniería. Entre ellos estaba David, un operario de una máquina enorme que contó que tras su trabajo de años pudo conseguir una vivienda. Como cámara subjetiva, pasé a un salón, me dijeron que allí muchos desayunaban o almorzaban, me senté un rato y tomé un poco de agua. Pude observar a un costado otras máquinas de tamaño menor a las anteriores que juntas producían un ruido ordenado. Estas máquinas tenían hilos un poco más delgados, brillaban algunos tubos que parecían de metal, y finamente trazaban un recorrido para los hilos que a su vez se cruzaban entre si y bajaban a una especie de mesón movible que las llevaba por otro camino. 

Continuamos el recorrido, ingresé a muchas otras oficinas con personas trabajando en sus computadoras, me recibían con un saludo, miraban por encima del monitor y volvían a sus labores. “Aquí somos de tradiciones”, decía don José, un operario de una máquina blanca y grande, que enrollaba finamente grandes líneas de tela, en un movimiento horizontal y constante. El operario mencionó que estaba muy contento pues había recibido un ascenso, antes estaba en otra planta, en otro proceso, y que para el era algo bonito: “Le reconocen el trabajo a uno y eso es importante”. Esta máquina tenía unos pliegues grandes de forma cóncava que hacían pasar las telas de un lado a otro en movimientos finos. El operario observaba con detenimiento cada movimiento y repetía con sus manos una y otra vez la labor de cruzar una palanca grande para cambiar el movimiento de las telas. 

Fotos tomadas de la empresa Fabricato en la ciudad de Medellín y su planta principal en el Municipio de Bello.

“Tenemos una hilatura moderna, muy reconocida en América latina”, me mencionó la persona que me acompañó en el recorrido, mientras yo veía los colores rojos y azules de botones en las máquinas que sostenían grandes hilos, que hacían de tal cosa una experiencia estética agradable para la vista, pues no es lo mismo mirarlas de frente que voltear un poco y observar con profundidad, así se ven más imponentes y organizadas con colores por todas partes. Todas tienen nombres anglosajones o chinos. Más oficinas y más máquinas, más procesos y nombres, sería imposible hilar una conversación en torno a semejante proceso. 

Proyecto del énfasis en periodismo digital de la Universidad Eafit

Autoras:

Camila Ortiz

Mariana Bernal

Valentina Mora

Isabella Restrepo

María José Cuartas