LUGARES CON SENTIDO

Por: María José Cuartas

 

Justo en la avenida Las Vegas, al sur del Valle del Aburra, hay un complejo de oficinas de color blanco, con un aspecto viejo y gastado, allí se encuentra Saraxy, una compañía que cambia la confección del país. Llegar al lugar es fácil, pues se encuentra sobre una vía principal de la ciudad, pero es inimaginable que esta innovación sucede en un lugar como este. A la llegada me recibe Juan Fernando Jaramillo, uno de los fundadores de la iniciativa que produce prendas de manera sostenible. Con su larga barba, camisa corta y pantalón entubado tiene un aire de típico hipster. Juan es ingeniero mecánico de la Universidad Pontificia Bolivariana, vivió 12 años en Londres, hizo una maestría en negocios internacionales, energías renovables y nuevas tecnologías, en el proceso de aprendizaje obtuvo las bases para planear una oportunidad de negocio.

Imagen tomadas de la página oficial de Saraxy.

Saraxy existe hace diez años y fue fundada por Marcelo Calle, entonces brindaba un servicio de estampación y tejeduría de telas convencionales, pero hace dos años de la mano de Juan empezó con el desarrollo de un nuevo proyecto que permitiera implementar el mismo modelo de negocio, pero bajo un concepto de sostenibilidad sin tener que renunciar a la calidad.

La entrada a la empresa es muy sencilla, un complejo de oficinas que parece más una bodega, en esta primera sede sucede todo el proceso creativo, allí se ingenian el uso de nuevos materiales, procesos y se crean los diseños que prometen ser tendencia en los próximos meses.

La empresa, de acuerdo con Juan, nació porque querían aportar a solucionar la crisis ambiental del planeta, contribuir a la disminución del desperdicio del agua. Además, sabían que allí estaba el negocio del futuro.

“Se viene realizando un trabajo muy fuerte con Enka de Colombia, ya que ellos desarrollaron un nuevo tipo de fibra que permite fabricar telas, producida a partir del reciclaje de las botellas pet, ellos cuentan con una eco red en varios lugares de Colombia en donde trabajan un grupo de familias recicladoras quienes son las que entregan la materia prima a Enka para la fabricación de las fibras”, dice Juan Fernando.

Mientras Juan Fernando cuenta cómo es el proceso, es imposible no notar que el tema en el que trabaja lo apasiona, continúa: “Una vez nosotros recibimos las fibras de Enka, procedemos a fabricar telas que tengan muy buen tacto y que tengan el mayor contenido de material reciclado posible, y sean telas que puedan ser utilizadas para la confección de vestidos de baño”.

Juan Fernando dice que todo este proceso tiene impactos económicos, ambientales y sociales. Al utilizar esta fibra de material reciclado la empresa logra una reducción de cerca del 90% en emisiones de CO2, una reducción de uso de energía del 57% y una reducción del 50% del agua

utilizada con respecto a los productos y fibras convencionales. Además hay un impacto social al generar empleo en sectores olvidados como el de los recicladores.

La oficina donde sucede la entrevista está llena de muestras de tela, rollos, computadores e impresoras de última tecnología para imprimir el diseño de lo que será el producto final.

Fernando continúa explicando el proceso de fabricación de sus telas terminadas: “Luego del proceso de fabricación de la tela, es necesario hacer el proceso de estampación que permite plasmar nuestros diseños en la tela. El proceso que utilizamos permite tener una mejor calidad en el color y en la durabilidad versus un proceso convencional, pues se utilizan tintas certificadas que como valor agregado no son tóxicas y no contaminan el medio ambiente”.

Imágenes tomadas de la página oficial de Saraxy.

La planta de producción queda a unos cinco minutos de donde ocurre todo el proceso creativo. Fernando resalta la importancia que juegan las empresas en el desarrollo de procesos sostenibles, pues son actores trascendentales en la manera en cómo se desarrolla el mundo, él está consciente de que es muy importante reducir la huella de carbono que generan los seres humanos y el gasto de los recursos que la tierra provee.

Al llegar al lugar, que estaba bastante cerca, me encuentro con una puerta pequeña como de un edificio, pero al entrar es del tamaño del auditorio de EAFIT, amplio caluroso, con un mínimo de luz y apariencia de obra negra, en donde hay hombres jóvenes y mayores trabajando. Lo primero que se ve son cajas llenas de fibras fabricadas por Enka que están repletas de hilos de colores, pero a la vez de color marfil, es en este lugar en donde todo toma forma, aquí se pueden ver las enormes máquinas que parecen danzando mientras van tejiendo los grandes rollos de tela con la composición requerida. En el segundo piso se encuentra una mole de metal con una forma extraña pero atractiva, llena de botones que alumbran de color rojo y se mueve como una bicicleta, esta es la que transfiere esos diseños exclusivos a la tela que es procesada por una tintorería para que aguante el calor de la estampación y poder así darle origen a el producto final, este es el lugar donde todo lo que cuenta Juan se vuelve realidad.

Imágenes tomadas de la página oficial de Saraxy.

Si bien todo el proceso desde las palabras de Juan se veían complejos, lo son mucho más cuando se logra dimensionar todo lo que se requiere para que una pequeña botella Pet se convierta en lo que se considera una de los mayores avances de la industria textil, prendas fabricadas con conciencia ambiental y social.

Proyecto del énfasis en periodismo digital de la Universidad Eafit

Autoras:

Camila Ortiz

Mariana Bernal

Valentina Mora

Isabella Restrepo

María José Cuartas