EL CORAZÓN DE MAAJI

Por: Mariana Bernal 

Era 2002, era la casa de infancia de Amalia y Manuela Sierra, donde crecieron rodeadas de telas, retazos y máquinas de coser. Así, simple, fue el inicio de Maaji, la empresa de estas dos hermanas apasionadas por la moda y el mar, que hoy crean diseños innovadores y coloridos de ropa de playa inspirados en los viajes y en una profunda preocupación por el planeta. En esta conexión entre el mar y el deseo por retribuir al mundo, nació una versión antioqueña de la cultura del cuidado y la retribución.

Maaji tiene más de 300 empleados y sus prendas llenan vitrinas en más de 50 países alrededor del mundo. Pero su retribución parece mucho más ambiciosa: va desde plantar más de cien mil árboles hasta realizar limpiezas de playas, apoyando a los pobladores locales y diferentes causas sociales.

La sede de Maaji está en Sabaneta, conviviendo con otras bodegas donde pueden crear zapatos, máquinas, partes de automóviles, pero la sede de Maaji parece diferente. Desde la recepción hasta las salas de juntas, se ve la identidad de Maaji: el color y la inspiración playera están en todas las superficies, desde los muebles que parecen arcoíris hasta las paredes un poco más sobrias.

En realidad todo se rige por el caos, o por el orden que sólo los que aquí trabajan conocen, se trata de un código secreto que pocos pueden entender. Detrás de la recepción hay un salón grande y amplio con ventanas altas por donde entra la luz de la mañana. Alrededor de las paredes hay estanterías con rollos de tela que no están ordenados bajo ningún patrón, sólo se trata de paredes llenas de estampados coloridos, con retazos y telas por doquier. Entre tanto color, cada persona que trabaja en Maaji tiene su lugar definido por fronteras invisibles.

Imagen tomada de Maaji

En el extremo derecho del salón están las diseñadoras, rodeadas de bosquejos y maniquíes; se pasan el día planeado el futuro de la marca, que comenzó de vender unos cuantos vestidos de baño en un salón de universidad a estar en innumerables países alrededor del mundo llegando a eventos como Miami Swim Week. En los escritorios hay tazas de café, morrales de gimnasio, revistas de moda y tendencias, pistas de la vida millennial.

En el otro extremo del salón hay tres mesas largas con máquinas de coser —por lo menos veinte—, todas trabajando a la vez, con un zumbido casi unísono. Aquí las ideas toman vocación de realidad. Las confeccionistas trabajan muy concentradas creando líneas perfectas, uniendo los patrones que las diseñadoras han creado. Ellas confeccionan los modelos que serán aprobados para llegar a la producción en serie, en sus manos está que las bosquejos de las diseñadoras pasen por los ojos críticos de los que toman la decisión final.

Imagen tomada de Maaji

Más allá del ruido de las máquinas de coser, hay un espacio de esparcimiento, donde todos los empleados van a tomar algo, a relajarse y despejar la mente. Una cafetería como cualquier otra, pero al observarla con detalle se ve la identidad de Maaji por doquier. Las mesas estilo picnic con colores vivos, los remos en las paredes, y los cuadros con frases inspiradoras cómo “beach more”, “worry less”. En el proceso de transformación hacia la sostenibilidad que lleva la marca, se involucra el día a día de los empleados. Este espacio, que normalmente estaría lleno de vasos, platos y cubiertos desechables, invita a sus empleados a pensar un poco en el planeta, todos lo utensilios de cocina son compartidos y usados por la comunidad, hay un botellón de agua y canecas para separar los desperdicios. 

En el segundo piso de las oficinas está toda la sección administrativa, un espacio abierto en el que todos los equipos trabajan como uno, sus pisos de madera dan una sensación de hogar, y los escritorios de los empleados están dispuestos de una forma que invita a la colaboración. Cada equipo tiene su espacio: mercadeo, comunicación, servicio al cliente, ventas y contabilidad, pero se ven como uno solo. Cada escritorio tiene su personalidad individual, algunos más ordenados que otros, pero en todos se encontrará algún objeto de la marca: calendarios, loncheras, morrales coloridos estampados por todas partes. En las paredes hay cuadros con imágenes de campañas pasadas, recordando su camino en el mundo de la moda, también se ven algunas portadas de revistas donde modelos como Alessandra Ambrossio o Adriana Lima han usado sus diseños, llevándolos a expandirse alrededor del mundo. Maaji vende más del 80% de sus productos fuera del país, en boutiques de Nueva York o Australia.

Imagen tomada de Maaji

Al final de la oficina hay una sala de juntas, desde afuera parece un espacio común, pero allí están todos los catálogos de la marca, las revistas, maniquíes y telas. Allí se reúnen los equipos, las diseñadoras a idear las colecciones, el equipo de ventas a exponer los informes, todas las decisiones pasan por ese espacio donde se respira creatividad y color. Todas las personas que trabajan en Maaji parecen representantes de su marca, miembros de una religión multicolor.

Imagen tomada de Maaji

Proyecto del énfasis en periodismo digital de la Universidad Eafit

Autoras:

Camila Ortiz

Mariana Bernal

Valentina Mora

Isabella Restrepo

María José Cuartas