Vallenato entre pantallas, un festival que resiste a la pandemia. Un proyecto realizado por estudiantes de la Universidad EAFIT del énfasis en Periodismo Digital que busca exponer los cambios y la transformación que sufrió el Festival de la Leyenda Vallenata en tiempos de pandemia.

Además, resalta el folclor nacional y Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad. Este espacio es dedicado al talento colombiano y a aquellas expresiones artísticas que hacen de esta fiesta una de las más emblemáticas en Colombia que, aún respetando el distanciamiento social o el abrazo al prójimo, cobró vida en el corazón de miles de colombianos.
El acordeón, es un instrumento musical portátil de lengüeta libre, que consiste en una carcasa de agudos con teclas o botones externos de estilo piano, que están conectados por un fuelle plegable y una carcasa de bajo fijada a los lados opuestos de un fuelle accionado a mano. Todo amante del vallenato es fundamental que conozcas las partes del acordeón. Por ello te mostramos este infográfico para que conozcas más de esta cultura vallenata. El acordeón se divide básicamente en tres partes: armónica y teclado, fuelle o abanico y armónicas bajo.

Aunque dicen que el nuevo coronavirus ataca de manera más agresiva a los más viejos, el Festival Vallenato parece ser inmune. Con sus 53 años, en lugar de confinarse y fallecer, ha sobrevivido al año de la pandemia y seguirá vivito y parrandeando cada año sin falta. No da indicios de que se haya contagiado ni de que vaya a ser internado en una UCI, al contrario, con cada nueva edición, esta música, que es patrimonio inmaterial de la humanidad, gana fuerza y se expande como un bicho alegre y bullicioso por todo el mundo.

El Festival de la Leyenda Vallenata vio la luz por primera vez en medio de una parranda a la sombra de un palo de mango en la plaza Alfonso López Michelsen, en Valledupar, por allá en los sesenta, según cuentan los más antiguos en el oficio de representar el folclor que nació con esta música.

En su quincuagésima tercera edición realizada en 2020, casi no se escucharon los silbidos, vítores y aplausos que lo caracterizan. Tampoco se vivió el mismo ambiente festivo de esos cinco días, en los que el acordeón es rey y la caja y la guacharaca son dueñas y señoras de los sonidos que llenan el aire. La pandemia le ha quitado a todo y a todos un poquito de su esencia.

Hay algo de la cultura de esta ciudad que facilita la realización de eventos como el Festival Vallenato: la gente es jovial, amable, recochera y disfruta del caluroso clima, que es casi un combustible para el ánimo de los habitantes de estas tierras. Ñeco Montenegro, por ejemplo, tocaba el rayador a los nueve años, como si fuera una guacharaca, y desde entonces, este instrumento y la vena musical que ha heredado de sus mayores, lo han llevado a participar de muchos eventos. Se ha ganado el Festival en más de cinco oportunidades y ha viajado a países como Perú para mantener en alto lo que él llama “el folclor vallenato auténtico”.

Personajes como él se cuentan por centenares, y no porque sea alguien del común, sino porque esta música ruidosa y alegre tiene algo poderoso que encarreta hasta al más simplón. Esto se hizo notar desde los primeros años del Festival, cuando poco a poco se iba expandiendo y atrayendo a gente de todos los rincones del departamento del Cesar. Lo que empezó debajo de aquel palo de mango en la plaza Alfonso López, pronto se volvió un acontecimiento regional, luego nacional y ahora, más de cincuenta años después, hay incluso participantes de otros países que vienen a demostrar su amor por los aires vallenatos.

El chiste de todo el evento es ofrecer un homenaje a la música de esta tierra, y cómo no podía ser de otro modo, dado el espíritu competitivo de los cesarenses, concursar para demostrar quién es el más tocado, el acordeón, la caja o la guacharaca. Así, el Festival añadió concursos y categorías a medida que crecía, y se expandió hacia otras locaciones dentro de la ciudad: la Feria Ganadera, la Casa de la Cultura, el Parque La Provincia, solo por mencionar algunos.
En cada uno de estos lugares, se lleva a cabo una de las

competencias de piquería, canción inédita y acordeoneros, todascon sus diferentes categorías, y hacia el final del Festival, se elige al Rey Vallenato. El paso del tiempo ha traído cambios al Festival, y la ejecución de la fiesta muestra también la adaptabilidad y amplitud del folclor vallenato. Desde hace algunos años se incluyeron categorías femeninas en todos los concursos.

En ediciones anteriores, cuando no había que llevar mascarilla, ni desinfectarse las manos, ni hablar de lejitos con todo el mundo, en el mes de abril el ambiente de esta fiesta llenaba los hoteles de Valledupar con turistas de todo el país y las esquinas se poblaban más que de costumbre con gente que se rebuscaba vendiendo; el chuzo de carne asada, la empanada caliente o la arepa de huevo, las cervezas y gaseosas, sombreros y toda clase de souvenirs. En cambio, la edición del 2020, que se llevó a cabo entre el 29 de septiembre y el 3 de octubre, se vivió a puerta cerrada.

Aunque la reactivación económica iniciada por el Gobierno Nacional permitió la asistencia de público reducido, los participantes de los concursos tuvieron que presentarse remotamente, a través de videos para evitar al máximo las aglomeraciones. Así, los quince de cada categoría preseleccionados por los jueces para competir en los escenarios, exceptuando las categorías infantiles, que se suprimieron por causa de la pandemia, tuvieron que mantener los ánimos, aunque su público expectante solo fuese el personal de logística. Es una diferencia enorme, claro, pero el amor por la cultura vallenata todo lo soporta.

 

Para la Fundación que organiza el Festival es claro que la virtualidad a la que se tuvieron que someter este año tiene también sus ventajas. Sergio López Gómez, periodista oficial del Festival Vallenato, cuenta que los comentarios que se recibieron sobre los eventos emitidos vía streaming fueron en general positivos, y que gracias a esta nueva modalidad, el Festival cumplió con un cometido importante: reunir a las familias.

Ñeco concuerda. Cuando se le pregunta por el antes y el después del Festival, marcado por las circunstancias actuales, dice que todo tiene sus ventajas: “Hay gente a la que le gusta el calorcito y disfrutarse los eventos con una cervecita o con cualquier gaseosa, pero hay otros que se lo gozan más desde la casa”, porque, dice él, la boleta que esta vez costaba 35 mil pesos y que le daba acceso a todos los de la familia, en un Festival presencial no baja de 60 mil.

 

Los costos reducidos por la virtualidad les abren cancha a los eventos y llevan el vallenato a instancias que antes no se alcanzaban. “Esta vez nos escucharon hasta en la China”, dice Ñeco con una sonrisa.

Para López, como miembro del equipo organizador, la edición de este año supuso una rareza, tanto para él como para el público en general. Los afanes de madrugar para cubrir todo lo que pasa entorno al evento, el trasnocho típico de cuando hay que terminar montañas de trabajo, el afán de los colegas por recibir información de lo que se está haciendo y el “roce con la gente”, prácticamente desaparecieron. Se trabajó menos y más cómodamente, pero siempre con la misma pasión. De aquí en adelante el Festival no será el mismo y, probablemente, a diferencia de esta edición, las que están por venir continuarán con el crecimiento natural de los años previos, porque la virtualidad llegó para quedarse, así que habrá que desarrollar tanto los eventos presenciales como su parte digital.

Las circunstancias impuestas por la COVID-19 obligaron a cambiar muchas cosas, pero uno de los cambios más importantes para el Festival es el que tiene que ver con las herramientas disponibles para ensanchar los alcances del mismo. Las plataformas de difusión que esta vez se utilizaron por obligación, habían sido ignoradas durante mucho tiempo, pero, ahora que están presentes, seguramente se añadirán al Festival de manera permanente.

“Tal vez, lo que nunca imaginaron esos creadores del Festival, es que, alguna vez, por cuenta de una pandemia que llegó a acorralar al mundo entero, llegaríamos a realizar una versión virtual”.

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, viene realizando una serie de acciones, con el ánimo de acompañar a los amantes del folclor de este género, representativo del folclore nacional, en esta temporada de aislamiento, dado que el máximo evento de acordeones, cantos, versos y piloneras, tuvo que adaptarse a las medidas de bioseguridad que la realidad de hoy exige.

“Hemos venido implementando estrategias digitales en nuestras redes sociales, con gran acogida. Aunque se siente la ausencia de todos los protagonistas, la apuesta es el vivo recuento de lo que se ha venido haciendo para conservar este Patrimonio Cultural e Inmaterial de la humanidad”, afirma Rodolfo Molina Araújo, presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata. Igualmente, dice que el proceso fue una mezcla entre nostalgias y compromisos asumidos.

No obstante, la virtualidad nos tomó por sorpresa como sociedad y la mayoría de los sectores económicos que normalmente reciben un lucro por las actividades presenciales del Festival Vallenato, en esta ocasión, no obtuvieron ganancias”, dice Mora Ustariz.
Sin duda alguna, la pandemia marcó un antes y un después para el Festival. A sus organizadores les enseñó a ser recursivos y a hacer uso de las herramientas tecnológicas que tenían a la mano, inclusive, aplicarlas para llegar más allá, a rincones donde quizás no han podido llegar.

Cuenta Iván Andrés Mora que la pandemia los sacudió de tal forma, que “nos hizo dar cuenta de que estamos en un mundo moderno que nos está brindando herramientas y posibilidades, y que, a partir del cambio, se presentó un impulso y dinamización de nuevos sectores que en condiciones presenciales no habían sido requeridos, presentando un apoyo e impacto positivos en esos sectores, como es el sector de producción audiovisual y medios digitales”.

Manuela Correa Puerta, comunicadora de Bancolombia de Bogotá, este año tenía planeado asistir con sus hermanas y amigos, pero con el tema de la pandemia no pudo. “Ha sido casi un sueño ir a disfrutar de toda esta variedad de eventos, además de que amo el vallenato, me gusta mucho conocer culturas distintas a la mía”. Además, añade que “es inevitable que con la pandemia las condiciones cambien, nunca va a ser igual estar en una pantalla a estar allá, recorriendo las calles del Parque de la Leyenda Vallenata y ver un montón de acordeoneros tocando, niños tocando, estar en los conciertos y ver los artistas más profesionales del vallenato”.

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, viene realizando una serie de acciones, con el ánimo de acompañar a los amantes del folclor de este género, representativo del folclore nacional, en esta temporada de aislamiento, dado que el máximo evento de acordeones, cantos, versos y piloneras, tuvo que adaptarse a las medidas de bioseguridad que la realidad de hoy exige.

“Hemos venido implementando estrategias digitales en nuestras redes sociales, con gran acogida. Aunque se siente la ausencia de todos los protagonistas, la apuesta es el vivo recuento de lo que se ha venido haciendo para conservar este Patrimonio Cultural e Inmaterial de la humanidad”, afirma Rodolfo Molina Araújo, presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata. Igualmente, dice que el proceso fue una mezcla entre nostalgias y compromisos asumidos.

“Tal vez, lo que nunca imaginaron esos creadores del Festival, es que, alguna vez, por cuenta de una pandemia que llegó a acorralar al mundo entero, llegaríamos a realizar una versión virtual”.

El Festival de la Leyenda Vallenata no solo es el evento folclórico y cultural más importante de este departamento, sino también el gran impulsor de la economía regional. Durante la fecha de realización del Festival en ediciones anteriores, el número de visitantes a la ciudad se incrementa notablemente, trayendo consigo un aumento en el comercio, en la ocupación hotelera y de transporte y las demás actividades económicas. Muchos sectores se ven beneficiados con la realización de este magno acontecimiento.

La falta de turistas impactó fuertemente en la parte económica del Festival y a sus habitantes. Sin embargo, Iván Andrés Mora Ustariz, representante legal de la empresa de producción audiovisual aliada del Festival Vallenato, considera que el impacto económico fue notablemente inferior en comparación con las ediciones pasadas. “La rentabilidad del evento como tal fue buena, se trató de una situación adversa abordada de la mejor manera posible, mediante el trabajo duro y la unión de esfuerzos.

María José Ortega López, ingeniera administrativa de Medellín, quien disfruta de la cultura vallenata, pues su pareja es valduparense, afirma que “la pandemia hizo sentir un Festival muy diferente, porque el contacto físico, el estar presente en los conciertos el ambiente en el Festival, encontrarse con otras personas que son de otras culturas y se reúnen gracias a este gusto por el género vallenato, se extrañaron”.

“Es algo muy diferente a verlo detrás de una pantalla”. Así mismo, Catalina Botero Orozco, periodista del Canal Caracol, asegura que para ella el Festival fue otro. “La experiencia de vivir el vallenato es estar ahí con amigos, familia, turistas. Es gozarse cada una de las canciones, vivir el show; y esas emociones que te transmite el artista de forma presencial se perdió este año”.

Siendo una seguidora del Festival, considera que su esencia es la presencialidad. Sin embargo, resalta que es una buena alternativa para que no se deje de realizar. “En este momento se crea la necesidad de buscar alternativas diferentes para poder desarrollar las actividades que se tienen programadas con anterioridad y que hacen parte de una cultura, entonces pienso que la virtualidad en este momento, fue una opción muy apropiada, porque en medio de todo no se canceló. Desde la virtualidad se pierde mucho el detalle de los conciertos, las reuniones, todo lo que hay para conocer y la experiencia”, concluye Manuela Correa.

Toda música tiene sus ritmos o aires, estos a su vez, su danza y la misma, una coreografía cuya planimetría debe ser evidente, lo que permite determinar: “no hay ritmo sin danza, cuando este no la tiene, es porque no existe”.

El Vallenato es un género musical autóctono de la costa caribe colombiana, es una riqueza cultural, histórica y musical, el cual goza de tener varios ritmos musicales dentro de su género, los cuales conocemos cómo aires vallenatos estos definen la canción según su ritmo.

La tristeza invadió por completo el alma de esta joven de 21 años que acababa de perder lo más sagrado de su vida, su madre. En ese momento, sabía que debía hacer algo para rendirle un tributo a su mamá, y entendió que estaba en el instante preciso, el Festival era la excusa perfecta para ella.
 
Sin más, con el corazón melancólico, pero con sed de victoria, Nataly subió al escenario mostrándose firme con la promesa hacia su mamá. Aquel viernes, ella avanzó de ronda y una mirada hacia el cielo, fue el gesto que hizo para agradecerle a ese ser que le iluminó la noche.
El Festival de la Leyenda Vallenata en su edición número 53, trajo cambios significativos para el evento más importante de Valledupar, y uno de los más emblemáticos del país.
 
La virtualidad permitió que se pudiera llevar a cabo, pese a las adversidades y la crisis por el nuevo virus.Sin embargo, las historias que deja esta nueva edición no son solo de acordeoneros o verseadores increíbles con carreras forjadas, o la difusión en otros países del evento, sino la superación y tenacidad de una de las acordeoneras que participó este año por la corona, Nataly Patiño Amaris, de 21 años.
El amor por su madre y el dolor por su partida le dieron las fuerzas para participar y cumplir su promesa de hacer el mejor show posible.
La acordeonera nació el 22 de octubre de 1999 en Valledupar, Cesar.      
        Lugar donde también han salido muchos artistas vallenatos.

Creció en el barrio Sicarare, en una casa humilde, junto a sus primos, tíos, padres y abuelos, rodeada desde muy pequeña de música vallenata. A los 7 años, Wilmar Patiño, su padre, le enseñó a tocar el acordeón.

No obstante, desde hace ocho años, el encargado de pulirla en este arte fue Jairo Suárez Reales, un valduparense de 64 años, acordeonero, cajero, guacharaquero, conguero, timbalero, cantante y compositor.

Desde muy joven, se evidenció el gusto de Nataly por este instrumento, pues la enseñanza de su padre fue clave en su vida, a tal punto, que rápido comenzó a ganar concursos, uno tras otro. En 2007, se impuso frente a los otros cuatro finalistas del Concurso de Acordeoneros Infantiles del 40º Festival de la Leyenda Vallenata, y obtuvo así la primera corona que se haya otorgado a una mujer en este Festival. A partir de allí, se ha sentido orgullosa al demostrar que las mujeres también pueden ser intérpretes de este género y sus diferentes aires.

Al pasar el tiempo, Nataly comenzó a cumplir otro tipo de objetivos. Desde la época del colegio, ya era destacada entre las mujeres digitadoras, puesto que empezó a ganar madurez y a presentarse en concursos y festivales más exigentes. Uno de ellos es el Festival de la Leyenda Vallenata, al que se ha presentado en ocho oportunidades. Nunca ha logrado clasificar, pero se ha mantenido en su preparación para representar al género femenino dentro del folclor vallenato. Justamente ese era su objetivo este año, que resultó tan calaminoso. Por tal motivo, ensayó durante mucho tiempo para poder presentarse en una nueva oportunidad, pero esta vez, de una manera diferente. En esta edición, estaría de forma virtual, debido a la pandemia.

Entonces recibió una noticia que la devastó. Se trataba de su mamá, Karina Amaris Vega, quien había sido internada en una clínica por cuenta de un cáncer de seno, fue diagnosticada en 2018. Las cosas no fueron fáciles, no obstante, Nataly, a lo largo de su vida, ha demostrado valentía y fe, que la han llevado a salir victoriosa en muchas oportunidades. Para ella, iniciaba una nueva batalla.

Este año su participación no pasó en blanco. Tuvo que quedarse sin uno de sus acordeones para poder costear los gastos médicos de su madre. “El acordeón lo empeñé para pagar los servicios de salud de mi mamá, yo era la única persona con la que ella contaba, ya que a causa de la pandemia mi familia no había conseguido el dinero suficiente”, dice la acordeonera, y lo hizo con todo el gusto, porque como ella misma afirma; “Por la madre, uno hace lo que sea”. Y con su ser amado en la Clínica Cardiovascular de Valledupar, sacó fuerzas e inició su travesía en el Festival, para así cumplirle la promesa.
 
El jueves, 1 de octubre de 2020, Nataly avanzó de ronda, situación que llenó de orgullo a Karina. “Mi madre logró disfrutar mi primera presentación, me siento feliz de haberle dado la última satisfacción. Ella me apoyó desde los 10 años y fue testigo de mis alegrías en los 36 concursos en los que he participado en todo el país”, dice Nataly en medio de la tristeza.

El objetivo era ganarse la corona de Acordeonera Mayor, título que aún no estaba en la vitrina de trofeos de esta joven. Ella continuaba avanzando en el concurso, mientras que su madre seguía en la clínica viendo los videos que le enviaba su hija, su mayor orgullo. Pero, llegó el viernes y una situación cambió por completo el panorama de toda una familia. La participante fue notificada de que la salud de Karina, se había agravado. Por ello, abandonó sus ensayos y se dirigió hacia el centro médico donde estaba su mamá. Salió de aquella habitación con el alma destrozada al ver cómo su madre estaba agonizando, perdiendo la batalla contra el cáncer.

Al cabo de unas horas, hubo noticias no tan buenas de su madre, Nataly alcanzó a decirle que la amaba, pudo despedirse de ella y verla por última vez. Con 38 años, Karina, había fallecido. “Hija, tú eres grande, eres una guerrera, estoy orgullosa de ti y este año serás la reina de todos los vallenatos en el acordeón, Dios te bendiga siempre”, fueron las últimas palabras que escuchó a través de una llamada telefónica, luego de ver los videos de su presentación en la primera ronda del Festival donde tocó los aires paseo y merengue.
 
Al día siguiente, junto a su familia, tuvo que llenarse de valor para sepultar a Karina, aquella mujer que siempre la motivaba a avanzar. Pero, no había dinero, siendo así, de nuevo empeñó otro de sus acordeones para reunir los cinco millones de pesos para costear los gastos de la funeraria. Ese momento quedó grabado en su memoria, con una despedida sentida al canto de versos propios dirigidos a su madre.

 

Ese mismo día, con un nudo en la garganta y los ojos humedecidos, tuvo que continuar con su participación en el evento, tomó fuerte su acordeón, fijó su pisada y sollozando hizo sonar la puya “Comenzó el Festival”, seguido del son “El derecho de las mujeres”, piezas musicales a las que le impregnó toda su energía para hacerlas escuchar como el mejor de los sonidos, en honor a su madre.

Tuvo que sacar fuerzas de donde no las tenía, pero de algo sí estaba segura, que solo Dios y el alma de su madre le permitirían ofrecer una presentación impecable. “Pensé que no iba a poder, mis lágrimas rodaban por el acordeón, pero a la vez cerraba los ojos y me imaginaba la sonrisa de ella que siempre me acompañó en las presentaciones”.

El veredicto se dio a conocer minutos después. Jeimi Arrieta se coronó como Acordeonera Mayor. El segundo lugar fue para Nataly, quien reconocía que no había perdido, sino ganado un ángel más en el cielo y fuerzas para seguir adelante.

 
 
Aunque el dolor lo llevaba doble por dentro, la acordeonera les mostró a los jurados y las miles de personas que siguieron las transmisiones del Festival Vallenato su mejor rostro y una alegría que solo le trae el acordeón.Hoy afirma que, ahora más que nunca, seguirá su camino, porque su ser amado la acompañará para seguir tocando las notas del acordeón.
 
 
Tuto festival Vallenato
A diferencia de muchas de las actividades de la última edición del Festival Vallenato, la coronación del Rey Vallenato aficionado no fue inesperada, o en extremo diferente en su versión digital: se la llevó un López, familia que tiene ya cuatro ganadores del galardón.
 
El ganador de esta contienda musical en este año de pandemia, Augusto Carlos López Barrios, “Tuto” como le dicen de cariño, tiene los ojos chiquitos, la frente amplia, la nariz regordeta, los brazos gruesos y los dedos sobre el acordeón siempre listos para tocar algún son.
 
Es hijo de Augusto César López Mieles y Marta Patricia Barrios Pertuz, habla con voz pausada y tranquila y cuando le preguntan si cambiaría algo de este último Festival, solo atina a mencionar los puntos positivos de la quincuagésima tercera edición: que esta vez el evento se escuchó en todas partes, incluso fuera de Colombia.
 
Tal vez fue la combinación de ese positivismo y trabajo duro la que terminó por darle la victoria.
 
En diciembre de 2019, tranquilo como siempre, al igual que su voz, y sin hacer mucho caso a los rumores de que un virus estaba infectando literalmente a medio mundo, empezó a prepararse para participar de nuevo en el Festival, después de cuatro años de ausencia.

Junto a sus amigos José Tomás Martínez en la caja y José Enrique Ferias en la guacharaca y el canto, Tuto preparó su presentación, afinó sus notas y seleccionó los temas con los que iba a presentarse en el Festival, en abril de 2020.
Pero llegó la cuarentena, se suspendieron los ensayos, y, como hicimos todos cuando nos dijeron que el aire nos podía matar, se encerró a esperar.

Cuando le avisaron que el Festival sí se haría, entonces él y sus dos amigos se pusieron las mascarillas y empezaron el trabajo de nuevo, no había tiempo que perder. Retomaron los ensayos en distintos lugares y prepararon su repertorio: el merengue “Amor de callejera”, del compositor Vicente, “Chente”, Munive; el paseo “Tanto como la adoraba”, de Luis Durán Escorcia; “El pollo de La Paz”, una puya escrita por el Tuto mismo; y el son “Cata”, de Alejandro Durán Díaz.
 
López participó en el Festival de la Leyenda Vallenata en las categorías infantil y juvenil entre 2011 y 2016. En 2012 estuvo en la final infantil y en 2015 en la final juvenil. Como estudiante de Derecho en la Universidad del Área Andina, ha ganado algunos concursos regionales universitarios y se ha codeado con personalidades de la música vallenata como Peter Manjarrés, Jorge Oñate y Enrique “Quique” Díaz. Aun con toda esta trayectoria, el título de Rey Vallenato lo trasnochó por siete años en las noches calurosas de La Paz, Cesar, el pueblo en el que creció y en el que se enamoró del acordeón.

Nació en Valledupar, pero pronto llegó a La Paz junto con su familia y allí se establecieron. En 2009, Tuto visitó la casa de la cultura y se encontró con Miguel López, primo hermano de su abuelo paterno que lo instruyó en el manejo del acordeón, primero como profesor y luego como su pupilo. “Él iba a mi casa, yo iba a la casa de él, íbamos a la finca… Me crié como si fuera su nieto. Desde los 8 o 9 años ando con él”, dice Tuto.

 

Naví, Román, Elberto y Álvaro López, los cuatro reyes de esta dinastía vallenata, han sido sus influencias y le han ayudado de manera indirecta a construir su propio estilo, con el que se presentó ante los jurados en medio de los nervios y la extrañeza de no tener a su familia apoyándolo frente al escenario, porque ni siquiera hubo público. Solo con sus compañeros de grupo, en un cuarto cerrado y con los jurados al frente.

La presión era mucho mayor que en años anteriores, y el sentimiento de tocar no era el mismo. Hay “más nervios de lo normal”, según cuenta Augusto. Al final, todos estos obstáculos terminan siendo una especie de impulso para dar lo mejor que tenía y bajarse de la tarima preocupado pero contento, relajado pero ansioso… Y todo se resolvió tras la espera del veredicto. Entonces, todo fue  alegría y  orgullo de agrandar un poco más el legado de los López y “un fresquito” de por fin haber logrado lo que esperó por siete años.

Tuto niño

“Tuve sentimientos encontrados”, explica el nuevo Rey con una sonrisa tímida. Por un lado estaba el sentimiento de triunfo y que todo el esfuerzo valió la pena, y por otro, el recuerdo de toda la espera y el sufrimiento de los fracasos temporales, que para él, son como pequeñas victorias, porque “me enseñaron a tomar el mejor camino y a prepararme como era para hoy tener este gran triunfo de ser Rey Aficionado del Festival”.



Toda música tiene sus ritmos o aires, estos a su vez, su danza y la misma, una coreografía cuya planimetría debe ser evidente, lo que permite determinar: “no hay ritmo sin danza, cuando este no la tiene, es porque no existe”.

El Vallenato es un género musical autóctono de la costa caribe colombiana, el vallenato es una riqueza, cultural, histórica y musical, el cual goza de tener varios ritmos musicales dentro de su género, los cuales conocemos como aires vallenatos estos definen la canción según su ritmo.

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