¿Pueden las mujeres realmente “ser lo que quieren ser” en Colombia?

Texto por Estefanía Montes Ciro, Isabella Rodríguez Vélez, Lorena Castaño Morales, Valeria López Pinilla

“Tú puedes ser lo quieras ser”, nos dice la efusiva Barbie cocinera, doctora, constructora, veterinaria, peluquera, astronauta… la Barbie mil usos, la Barbie mil profesiones que puede salvar al mundo al tiempo que tiene su peinado intacto en sus famosos comerciales. Sin embargo, en el campo de la educación, y especialmente en el campo de la ciencia, históricamente las mujeres no han podido ser “lo que quieren ser”, y así lo demuestran los datos: según la Pontificia Universidad Javeriana, “hace 86 años accedió por primera vez una mujer a la universidad en Colombia. Para ese entonces, ya llevaban más de tres siglos funcionando las primeras universidades en el país”; según el Ministerio de Ciencias, “menos del 30 % de los investigadores científicos en el mundo son mujeres. En Colombia, para el año 2019 se tiene que, de 16.796 investigadores, 6.411 son mujeres, lo que se traduce en que son solo el 38 %”, y según la ONU Mujeres, “solo 3 % de los Premios Nobel en ciencias han sido otorgados a mujeres”. Según todos estos datos, ¿han podido las mujeres ser realmente “lo que quieren ser”? ¿Qué obstáculos han tenido y tienen que sobrepasar para acceder a la educación y al campo de la ciencia?  

Lee el artículo completo del Ministerio de Ciencias aquí: https://minciencias.gov.co/sala_de_prensa/en-colombia-solo-el-38-los-investigadores-son-mujeres-minciencias

Para hablar del papel de las mujeres en la educación, la ciencia y la sociedad, Bitácora ha hablado con una de estas escasas investigadoras en Colombia: Paola Andrea Arias Gómez, ingeniera civil y Magister en Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia, M.Sc en Ciencias de la Tierra y de la Atmósfera de Georgia Tech y Ph.D en Ciencias Geológicas de The University of Texas at Austin. 

Además, Paola —o Polita, como su abuela la llama— se ha destacado principalmente por sus trabajos investigativos en “el nicho en el que se siente totalmente realizada: las áreas del clima y las ciencias atmosféricas”, entre otras, y por ser docente en diversas universidades.

Por esta razón, ha sido una de las invitadas del evento En Femenino —realizado el pasado 7 de octubre—, donde habló acerca del papel de las mujeres en la ciencia. Bitácora la contactó para que, desde su enriquecedora experiencia como docente, investigadora, científica y mujer, relatara con mayor profundidad cómo vive ella el lado femenino de la educación, la ciencia y la sociedad. Estas fueron sus respuestas:

¿Cuáles cree usted que deberían ser las acciones que como sociedad debemos implementar para dejar de masculinizar la ciencia, las carreras y las profesiones en general? 

La educación es indispensable para no creer que la ciencia es algo lejano que se hace en unos súper laboratorios a los que nadie tiene acceso: hay muchas formas de hacer ciencia. Esta área se incentiva desde pequeños, con la exploración del mundo, la curiosidad y las preguntas que hacemos. Hay que irnos acercando a la ciencia de manera más orgánica. Aunque ya estemos grandes y tengamos una formación, es importante seguir promoviendo ese cambio y concientizarnos. Yo creo que la vida de cada una de nosotras va mostrando un camino y vamos viendo cosas que no nos imaginábamos cuando éramos niñas. Necesitamos romper esas brechas de género no solo en la ciencia, sino en todos los aspectos de la vida.

¿Cree que la educación actual va por buen camino? ¿Sí cumple con el propósito de incentivar el interés científico? 

Creo que hay cosas que han cambiado: tenemos cada vez más modalidades de educación, no solo la educación clásica, sino que van surgiendo otras formas. Hay personas incluso que toman la decisión de educar en casa, algo que antes no se veía y ahora es algo más, pero creo que sistemáticamente sigue habiendo un sesgo muy grande, porque tenemos una educación en la que muchas veces no se contextualiza el conocimiento que se adquiere

Usted que es docente universitaria, ¿ve esto en sus estudiantes? 

Sí. Me doy cuenta de que, por ejemplo, los estudiantes de los colegios llegan con falencias en cosas tan fundamentales como la comprensión lectora y creo que es porque nos educan de manera segmentada. Y así es en las distintas áreas del conocimiento, que nunca nos integran y por eso es que en las profesiones también somos segmentados. Por ejemplo, a los ingenieros no nos enseñan a meternos en otros temas sabiendo que hay conexión con lo ecosistémico, lo humano, lo social y con otras disciplinas. En este aspecto, hay mucho trabajo por hacer. Los enfoques de género son relativamente incipientes de forma estructural en la educación.

En el evento usted habló acerca del impacto que tuvo en su crianza la figura de su abuela. Por lo tanto, ¿cree que hay algún cambio generacional en qué tan accesible es ingresar a la educación para las mujeres? ¿Cómo ve que esto afecta especialmente el campo de la educación superior y de la ciencia? 

Sí veo cambios: al ver la realidad que vivió mi abuela, sus hermanas, su madre y cuando veo a mi alrededor, veo que hay oportunidades que van surgiendo. Veo en las jóvenes una mentalidad distinta a la que yo tenía alrededor de muchas cosas. Cuestionar muchas cosas del patriarcado, hablar de la menstruación que era el tabú, por ejemplo. Hay muchos asuntos en los que veo que hay más tranquilidad, más libertad y mucha más conciencia. Aún hay poca participación femenina, tanto en docentes como en estudiantes en algunos programas, así como hay otras áreas que se conciben como si fueran femeninas, por lo que creo que todavía hay brechas enormes y hay muchos imaginarios por resolver.

¿Qué cree que podemos hacer las mujeres, más allá de estudiar, para cerrar cada vez más la brecha generacional?

Muchas cosas. Es que no se trata solo de que las mujeres estudiemos más ciertos temas. Por ejemplo, la Facultad de Minas de la Universidad Nacional tiene la primera mujer decana en más de 100 años de historia, la Facultad de Ingeniería de mi universidad no ha tenido una mujer decana, la Universidad de Antioquia nunca ha tenido una rectora mujer, no hemos tenido una presidenta… No se trata solo de que estudiemos. Eso es uno de los indicadores, pero hay que aprender mucho más y es porque hay algo que es sistémico: no somos parte de los organismos tomadores de decisiones. Necesitamos equilibrarnos y tener opiniones distintas, mejorar nuestra participación en estos espacios.

Descubre todos los datos expuestos por la Pontificia Universidad Javeriana: https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/tag/mujeres-en-la-ciencia/

¿Cómo podemos tener una ciencia más “democrática” en nuestro país? 

La educación es muy importante y, por otro lado, está el generar “discriminación positiva”, es decir, que deba haber cierto porcentaje de mujeres por defecto. Debemos generar un cambio y una manera en la que podemos empezar a normalizar la participación femenina es con la discriminación positiva. Debemos pensar en convocatorias para financiar investigación en universidades o colegios en donde se exija la participación de niñas o mujeres jóvenes. Proyectos o propuestas dirigidas a mujeres son necesarias, ya que todavía estamos lejos de que esto sea parte de la conciencia colectiva. Esta discriminación es necesaria, pero llegará un momento en que naturalmente haya más mujeres interesadas en otras áreas.

¿Qué piensa usted de la distinción que hay dentro de las propias ciencias sobre cuáles son más “fáciles” o “difíciles”? ¿Cómo podemos cambiarlo? 

Creo que eso es un error enorme y que es parte de la segmentación que tenemos en la educación. Tendemos a valorar unas áreas sobre otras, en parte porque creemos que esas áreas son más importantes o porque el sistema que tenemos ha promovido que se tenga mayor acceso a recursos económicos desde algunas áreas. Por ejemplo, en algunos contextos estudiar filosofía o arte no es bien percibido, mientras que estudiar derecho, medicina, ingeniería o programas que tienen la visión de tener “futuro” o tener “campo laboral” son mejor percibidas, cuando existe campo laboral para todo, pero no lo tenemos igualmente valorado.

¿Se crea esta valoración desbalanceada solo cuando llegamos a la educación superior?

No. Este es el error que arrastramos desde que somos pequeños, porque desde esas edades vamos creando unos imaginarios donde hay unas disciplinas más importantes que otras, y en las mismas universidades se siguen promulgando cuando caemos en esos egos disciplinarios. Incluso dentro de las mismas disciplinas hay clases, como en el mundo de las ciencias exactas e ingenierías. Tenemos que exponernos a discursos distintos. Hay que entender que eso está inserto en una sociedad en la que hay diferentes tipos de enfoques, en donde hay distintos complementos. Hay que entendernos como complementos, y no debería haber barreras para la elección de lo que queramos hacer.

Conoce la participación de Paola Arias en el Panel Intergubernamental de Cambio Climático: https://www.udea.edu.co/wps/portal/udea/web/generales/interna/!ut/p/z0/fU-7bgIxEPwVKK60bC4RgfJ0ipAQVSJF4AYNtjk2GK-xTRTl62MuVRq6ndl5aKSWW6kDvmhAIQ7wFe_0fL9Y9u2se1ab1du6V928715f3j827aKVa6kfC2oCfV6vupPacCjuu8ht5FTgb9ahUcj_0Ykv7u–BbKwLk9gYKfmaYrlhQxyoygMLpBLI2lH25hdDVzfnnKB5UbFxEeXOUFEsIdAImQx1IYfce-odCpkKLJwHocqNHW2oGiMjGe9-wUqNPGF/

¿Cómo podemos proyectar la pasión individual por la ciencia y colectivizarla en la transformación de cada realidad comunitaria? 

Todo recae en la educación. No es solo desde el punto de vista de qué programa escoger, sino que la educación que muchas mujeres recibimos y hemos recibido nos va llevando a otras visiones: por ejemplo, ser madre y ser profesional son cosas que compiten. El entorno en el que estamos nos pide cosas: para muchas mujeres en Colombia casarse es la única manera de progresar. Muchas niñas nunca se imaginan nada más porque ese es el referente que tienen, se les apaga ese sueño. Más que forzarlas a escoger una carrera que estudian mayoritariamente los hombres, es que puedan escoger lo que quieran ser, que no haya barreras para ser lo que quieran ser. 

A partir de su experiencia como mujer, ¿en algún momento o espacio se ha sentido vulnerada por su condición femenina?

Sí, claro. Yo creo que esto es algo que se percibe en muchos ámbitos. Por ejemplo, tener o no tener novio es una presión enorme. Yo no soy casada, entonces aparecen comentarios como “ay, tan exitosa… pero bueno, ya llegará alguien”, siempre con la idea de que hay una incompletez por no tener pareja. Tampoco tengo hijos, por lo que recibo comentarios como “ay, ¿y los hijos para cuándo?”, y también desde el prejuicio de lo que hago y he logrado, con cosas como: “¿Tienes hijos? ¿No? Ah, con razón”.

¿Qué casos ha tenido en donde se haya sentido así? 

Una anécdota es cuando estuve hospitalizada y me sentí señalada por parte del cuerpo médico. No sé si es por las barreras mentales de las que todavía me tengo que liberar, pero eran muy insistentes en preguntarme si estaba casada o si tenía hijos. Esas son cosas que una misma debe confrontarse y una se pone unos pesos de los que se tiene que liberar, como “tener que seguir el camino de todas”. Cuando era estudiante nunca me cuestioné tampoco las pocas profesoras que tuve durante mi vida académica. Además, tuve una entrevista donde me preguntaron si tenía hijos, a lo que respondí que eso no era algo que tuviera que responder, ya que, si fuera hombre, no me estarían haciendo esa pregunta. 

¿Siempre ha sido consciente de este desbalance?

No, esa es una sensibilidad que he ido despertando con los años. Si recuerdo mis interacciones con mis compañeros hombres de universidad, me pongo a pensar que era algo fuerte, como las presiones alrededor de nuestro cuerpo, de un montón de cosas que no venían al caso y pienso “¿cómo, en su momento, acepté eso?”. Eso es parte de esa sensibilidad que tenemos que abrir, de esa conciencia que debemos abrir desde edades más tempranas. Pienso que tenemos un lavado cerebral muy grande que ya vamos poco a poco eliminando, pero creo que hay muchas cosas que aún nos tenemos que replantear. 

Revive la charla En Femenino: https://www.youtube.com/watch?v=I-jK17jQH3A

Me parece impactante lo que nos dice porque, ¿qué hacemos midiendo el éxito de la gente cuando tiene familia? Usted puede ganar un Nobel, puede ir a Marte y volver, pero… “ay, no tiene hijos, ¿qué está haciendo con su vida? ¡No la desperdicie!”.

¡Si!  Y eso pasa solo con las mujeres, porque en el hombre se valora diferente: él es el soltero, que “no se ha puesto todavía las pilas”, que tiene hasta los 50-60 para ponérselas y quiere tener familia, mientras que nosotras a los 50-60 no tenemos esa opción. Hay un montón de pesos que nosotras mismas nos los ponemos a veces. Yo ahora pienso cómo en el pasado dejé pasar muchas cosas. 

¿En qué aspectos de su vida siente estos “pesos”?

En muchas cosas. A veces cuesta, por ejemplo, responderle a un hombre en un cargo de autoridad con propiedad, porque te tildan de amargada, de histérica, de “brava”. No, no estoy brava, solo estoy diciendo lo que pienso. Nos cuesta, pensamos que no debemos incomodar, no hacer sentir mal, nos tenemos que portar bien, ser señoritas, ser damas que no dicen vulgaridades… Un montón de cosas que ahí están y que a veces nos damos cuenta cuando vemos a otra chica y la cuestionamos y criticamos. 

En ese aspecto, ¿siente que ahora usted es más consciente?

Sí. Me pregunto: ¿qué estoy cuestionando ahí? Siempre dando cuestionamientos de la otra, algo que también nos enseñan implícitamente: competir entre nosotras. Tenemos que llegar más lejos, porque muchas niñas nunca se les ha planteado la posibilidad de pensar algo distinto que el mundo en el que están, no se les permite siquiera considerar la posibilidad de que algo puede ser remotamente diferente. 

¿Siente que alguna vez se le ha tildado de tener “menor capacidad intelectual” en su ejercicio académico y profesional?

Por mi experiencia personal, nunca sentí que fuera cuestionada mi capacidad de hacer algo, precisamente por el ambiente familiar de apoyo que tuve, probablemente porque también pude estudiar con algunas mujeres, pero nunca sentí que se me viera en desventaja, pero soy consciente de que mi experiencia es una y creo que hay áreas en las que eso es algo común. También creo que tiene mucho que ver con los contextos, con los entornos académicos. De todas formas, sí he llegado a situaciones así, pero más que todo ahora es cuando he sentido que mi voz no es igualmente escuchada por ser mujer y latina, ya que la región también le pone peso a esta situación.

Se ha hecho muy común que por el hecho de ser científico no se crea en Dios o en algo religioso, ¿qué piensa de eso y cómo lo maneja usted? 

Creo que puede depender incluso de las áreas de la ciencia, aunque realmente no profeso ninguna religión. Por ejemplo, alguien que se proclame católico en ocasiones puede tender a mirar las cosas como científico. Nunca he sentido en mi entorno algo alrededor de alguna religión, siempre he estado en un contexto muy agnóstico, pero supongo que en caso tal, tendría cuestionamientos que terminan generando aceptación por las distintas visiones que existen.

Conoce el informe “Las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas en América Latina y el Caribe” de la ONU Mujeres: https://lac.unwomen.org/es/digiteca/publicaciones/2020/09/mujeres-en-ciencia-tecnologia-ingenieria-y-matematicas-en-america-latina-y-el-caribe

Hablando del campo laboral, que es algo que sufren muchos universitarios cada semestre, ¿usted como profesora cómo lo maneja con sus estudiantes?

Creo que a veces es complejo, porque no podemos dejar de reconocer los momentos coyunturales y la crisis que vivimos: la pandemia. En la Universidad de Antioquia se encuentran estudiantes de estratos 1 y 2 que viven en regiones alejadas, en donde al inicio de la pandemia había muchas dificultades para tener acceso a internet y que además muchos de ellos viven en zonas de conflicto. Ver eso y verlos a todos perfilándose es en parte también la oportunidad de motivarlos para que busquen formas de salirse del molde. 

¿Cómo cree usted que podemos mejorar esa situación de crisis?

Promoviendo esa actitud de lucha, de resistencia. Siempre lo tomo desde esa conciencia, de que tenemos que resistir y que parte de eso también es cómo nos vamos perfilando como profesionales. Hay que sacudirnos de los imaginarios que nos imponen: normalmente, el “le está yendo bien” tiene signo pesos. Replanteémonos cosas distintas e intentemos borrar ese imaginario que nos ha llevado a la crisis que tenemos actualmente.

En la charla, usted habló de una colectiva que tienen en la Universidad de Antioquia llamada “In Género”, ¿cuál es el propósito de este proyecto y cuál es el impacto que esperan tener? 

Es una colectiva que todavía es muy pequeña, y está conformada por unas profesoras de la Facultad de Ingeniería, por estudiantes y empleadas administrativas. Parte de buscar alianzas entre las ingenierías y busca cambiar esa brecha de género que hay, no solamente por el hecho de que haya pocas estudiantes en determinados programas que siguen estrategias para motivar e invitar a las niñas a que los estudien, sino también para mostrar las realidades de las mujeres en estas carreras. Puede haber ingenierías con mayoría de estudiantes femeninas, pero pueden seguir existiendo asuntos de género que hay que resolver. 

¿Qué tipo de temas abarca esta colectiva?

Desde acá se ha buscado abarcar los casos de violencia sexual acompañándose del bienestar universitario de la facultad. Buscamos algo más allá que solo obtener más estudiantes de género femenino. Recientemente se hizo una encuesta de qué tipo de asuntos de género perciben y nos sorprendió que, en muchos casos, de las carreras con poquitas mujeres, ellas sentían discriminación desde sus compañeros del género opuesto, y cómo esto las lleva a asumir actitudes distintas para sobrevivir, como tomar posiciones más agresivas y defensivas, precisamente para generar el respeto masculino.

¿Saben si esto sucede más allá de las ingenierías? 

Evidentemente esto no solo pasa en ingeniería, eso hay que tenerlo claro. También entendemos que hay que mezclarnos, estamos siendo binarias. Ha sido una iniciativa más que todo de mi facultad que ha tenido esas alianzas con las carreras y que yo, personalmente, quisiera extenderles la invitación para conocer esta colectiva y que podamos buscar el espacio para que Eafit y la U. de A. converjan para ver qué cosas podemos trabajar juntas.

¿Cómo se sintió en el evento En Femenino?

En Femenino me pareció un proyecto muy chévere, muy entre sus estudiantes y creo que se pueden lograr grandes cosas. De pronto intentar llegar a los colegios, aliarse con muchas más universidades para generar peso en la importancia de este evento. Creo que de esto pueden surgir cosas muy buenas. Y que, así como hay asociaciones de estudiantes de mil cosas, debería haber algo que sea con colectiva de género y que amplie la mirada del género, no solo hacia la mujer.

¿Cuál es el futuro ideal que le ve al papel de las mujeres en la ciencia, en la educación y en la sociedad? ¿Cómo cree que podemos avanzar hacia ese punto? 

Imagino un futuro en el que podamos estar trabajando en conjunto hombres y mujeres sin las barreras que tenemos actualmente, que no sea exclusiva de los hombres y las mujeres y que podamos estar investigando para resolver asuntos de nuestro país. Me gustaría tener un montón de visiones distintas, no únicamente sobre el área en la que me destaco, sino buscar una visión integral. También, me gustaría algo como un centro de excelencia o de investigación alrededor de todas las áreas de conocimiento y en donde no haya distinción entre hombres y mujeres, en donde podamos tener la posibilidad de elegir entre todos y trabajar juntos. Eso es lo que me imagino.

 

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