A través de los ojos de una investigadora criminal 

Juan Pablo Rodríguez Torres

Entre crespos, piel morena, una mirada intrigante y la oralidad de una persona ya muy experimentada y adulta, está Catalina, una joven de 19 años que en sus planes tiene como objetivo revelar un total de 150 criminales y que tiene 100 ya desarrollados, sumando que a través de su experiencia nos cuenta cómo es la mirada de un investigador criminal. 

 

Yo estoy haciendo una investigación y es un proyecto que he estado realizando y que me gusta mucho. Desde muy joven me ha llamado bastante la atención la mente de las personas en general. Comencé a mirar información y me encontré con los asesinos seriales, los empecé a estudiar y mi profesora de criminología, al conocer mi pasión por los criminales, me ayudó y asesoró en el proyecto. 

Consiste en una iniciativa llamada El Paredón del Criminal, en la que nosotros nos vamos a encargar de contar historias de criminales, aclimatizándolas al ambiente universitario. Hay unos que obviamente son muy famosos, por mencionar algunos: Pogo el payaso asesino, Andréi Románovich Chikatilo, El carnicero de Rostov. Hasta ahora llevo un total de 120 criminales en mente y 100 ya profundizados. 

Cuando las voy a contar, empiezo con los hechos. Por ejemplo, que encontraron 27 restos óseos debajo del piso de una casa en Estados Unidos y que con las investigaciones se dieron cuenta de que era la casa de John Wayne Gacy, quien era conocido como Pogo el payaso. Después de eso les digo:  

–Pero, ¿saben por qué se dice que él pudo haber hecho lo que hizo? 

Y me remonto a la infancia y les cuento qué pasó en su niñez, cómo era su padre, si era abusivo o no o si fue alcohólico. Les digo quién era esa persona, es decir, los contextualizo de quién realmente era. 

 

Mi línea narrativa suele ser comenzar con los hechos, que a veces es lo que resulta ser más llamativo. Contando qué fue lo que pasó, qué fue lo que encontraron. Lo hago como si de una narración de cuentos se tratara y después los llevo hacia atrás en el tiempo.

Hace poco hicimos un evento en la Universidad que llamamos Noche de Luna y Criminología, en la que contamos estas historias. Nuestro plan es hacerlo en cada fecha importante. El día de la mujer, por ejemplo, se haría el evento, pero el centro serían mujeres criminales, asesinas o estafadoras. 

A través del azar y gustos, encontró su pasión

Mi nombre es Catalina Ledesma Ibarra y soy estudiante de sexto semestre del programa profesional en Investigación Criminal en la Facultad de Derecho de la Universidad de Medellín. Inicié la universidad en enero del 2019.  

Sin embargo, llegué a la carrera por cosas del azar, yo no la conocía y no tenía conocimiento de que esto se pudiera estudiar y menos que la dieran aquí en Colombia. Todo sucedió a través de Universidad Puertas Abiertas, un evento en el que estuve con el colegio. Allí di mis datos en el stand de Investigación Criminal y tiempo después me llamaron a preguntarme si quería saber un poco más de la carrera y conocer el campus. 

Y yo no me negué, ya que también en esta Universidad tengo una prima que es profesora de Derecho. Ella me recibió y me relacionó con quien entonces era el director del programa y me enseñaron todo. Me hablaron de la carrera y me enamoré. 

Además, tiene un campo de acción muy amplio. Puedo salir a trabajar en Medicina Legal en la parte de necropsias ayudando al médico, o puedo ser parte del laboratorio de química de la Fiscalía o de Medicina Legal; puedo trabajar en física, balística, grafología. No es simplemente como que te gradúas y vas a terminar en Medicina Legal, no. Puedo terminar en la Fiscalía, en el CTI, puedo trabajar en la Policía o en la Procuraduría. 

Me he dado cuenta de que no me voy tanto por el trabajo de campo ni de balística, sino con una línea de estudio más centrada hacia la psicología. Me apasiona lo que son la criminología, la victimología, el interrogatorio, el contrainterrogatorio, que todo esto tiene que ver con la oralidad, saber preguntar, para tener esas respuestas que se necesitan. 

Lo que más me llamó la atención era el tipo de laboratorios que tiene la carrera, ya que poseemos un laboratorio a campo abierto, que es el campo minado, tenemos también de terrorismo, de genética y de anatomía. Al principio me llamaban mucho la atención todas las posibilidades que tengo de frente. 

Muchas personas se me han acercado inquietas con una gran confusión que se genera a raíz de lo que hacemos. 

–¿Tu carrera es como ser detective? 

Las personas del común comparan la criminología con la criminalística o la investigación criminal y suponen que todo es lo mismo. En realidad, son tres cosas distintas.

La criminología es el estudio del sujeto, en el caso del victimario, y estudiar su entorno, su infancia, entre otros... La criminalística está relacionada con el estudio de la obra, el recoger las evidencias y analizar qué fue lo que sucedió. La investigación criminal se encarga y va más mancomunada con el Derecho y con los abogados, se encarga de preparar el programa metodológico, que esto nos va a ayudar a mostrar la investigación, poder llevarlo a juicio y sustentar por qué hizo lo que hizo. 

Entre investigaciones e hipótesis

La investigación es un proceso muy extenso, como poco se cree en realidad. Todo empieza con la noticia criminal, aquella que se crea cuando se da a conocer una conducta punible. Un ejemplo es cuando llaman a la Policía en un CAI a decir “miren, pasó esto, encontré esto aquí”. Así empieza toda la investigación, se va al lugar de los hechos y se analizan las evidencias que se encuentra al principio. Uno no puede llegar y simplemente ir a recoger lo que vio. No.  

Uno tiene que analizar la escena, su entorno, en dónde está ubicada y, a partir de esto, uno empieza a plantear las hipótesis de cómo pudo haber pasado lo que pasó.

Las hipótesis nosotros las formulamos, porque son teorías, bien sea que pasen o no. Nosotros no podemos quedarnos con la primera versión, debemos indagar. Tomemos el caso de un asesinato en el que hubo un vehículo involucrado. La primera teoría puede ser un accidente de tránsito: la persona iba cruzando, el carro no lo vio, posteriormente lo atropelló y la persona falleció por sus heridas. Puede haber otra causal que puede ser la de suicidio: la persona se le arrojó al auto, para lograr su cometido. Y una tercera que es intencional: la persona del auto vio al otro sujeto cruzando y dijo “lo voy a hacer, porque tengo odio hacia esa persona”. 

Nosotros siempre debemos tener más de una hipótesis y las vamos creando a medida que vamos consiguiendo la información, y leyéndola es que empezamos a descartarlas. Vamos a retomar el caso del automóvil. Nosotros logramos encontrar que la víctima y el victimario no tienen ninguna relación y no hay ninguna cercanía entre ellos. A partir de esto podríamos descartar que fuera algo intencional. Tenemos otras dos hipótesis: la persona, que en ese momento ya sería el occiso, no dejó algún indicio de querer suicidarse, no era una persona depresiva, iba para su trabajo, iba para algún encuentro importante. Si no dejó ningún indicio de que de pronto su decisión era arrojarse al carro, descartamos otra. Ya, entonces, nos quedaría la del accidente de tránsito y nos enfocamos en como demostrar esa hipótesis. Pasa de ser hipótesis a ser una teoría del caso. 

Es decir que la investigación empieza desde que uno está en la escena de los hechos. Posteriormente, se llega a la etapa de la fijación. Es dejar el registro de lo que uno vio y lo que uno encontró en el lugar, cosa que es muy importante para el proceso. Tomamos fotos a todo el ambiente y a la escena, después de acordonar y poner los indicadores. Esa es otra fijación. Los indicadores son aquello que nosotros le colocamos a las evidencias. Usamos la topografía, que consiste en hacer un plano de donde está la escena, cómo fue y cómo está ubicada. 

Después hacemos lo que es la recolección y el embalaje, que es la manera en la que nosotros salvaguardamos las evidencias. Hay embalaje diferente para cada tipo de evidencia, no podemos embalar de una misma forma un arma de fuego a como podemos embalar un lago hemático. De ahí pasa algo que se llama rotular, que es ponerle un número a cada evidencia para que, por ejemplo, si nosotros la vamos a mandar posteriormente el análisis a Medicina Legal, que allá sepan de qué caso se trata y qué evidencia es. Esta después nos va a ayudar a ver si la podemos llevar a juicio. 

A pesar de esto, siempre he dicho y siempre me voy a poner firme en que he visto tantas inconsistencias en tantas investigaciones que he podido presenciar y sufrir lo que es la injusticia. Estamos en un país donde la impunidad es muy alta y siempre digo “esto es lo que yo quiero, la justicia. Yo lucho por ella y es lo que a mí me mueve. 

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