“El periodismo siempre debe ser contado desde la gente”

Laura Zapata

Clara Isabel Vélez es una mujer que, a lo largo de su carrera, enfrentó muchos obstáculos a la hora de empezar en el mundo periodístico. Una periodista que empezaba a ejercer desde la década de los noventa y que cubría temas de conflicto en un mundo en donde hacer periodismo, varias veces, se cobra con la vida.

Ser periodista es tenerle un amor inigualable a la verdad y estar dispuesto a vivir aventuras que muchas veces no se esperaban, como le sucedió a Clara Isabel Vélez a lo largo de su carrera, en donde más que experiencia en la labor, creció como ser humano. Actualmente, es especialista en Periodismo Electrónico y magíster en Comunicación Digital y se desempeña como profesora en la Corporación Universitaria Lasallista. Una mujer que desde que estaba joven se apasionó por este oficio y que ahora forma jóvenes para dejar su legado en las siguientes generaciones de periodistas.

“Yo, inicialmente, quise ser periodista por la adrenalina de estar en esa labor, pero después de estudiar y empezar a trabajar, pensé que uno con esto podía hacer algo por este país y por la gente”, comenta ella, egresada del pregrado de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Antioquia.

Trabajó en varios periódicos, sobre todo en El Colombiano, en donde cubrió temas de Paz y Derechos Humanos. Bitácora se contactó con ella para hablar de su trayectoria en el periodismo, de lo que más recuerda, de lo que implica la labor de un periodista y también de los efectos de la tecnología.

Usted cubrió temas de paz y derechos humanos en un momento en el que se podría decir que había tensiones en el país, ¿cuáles eran las fuentes que buscaba?

Primero te voy a contar cómo quedé en Paz y Derechos Humanos. Yo llegué a cubrir cultura en El Colombiano, después me pasaron a Metro y estando allí iba a cubrir una inundación a Urabá con Jesús Abad Colorado y, accidentalmente, me encuentro con mi primera masacre. Eso generó muchas cosas porque mis compañeros decían que cómo iba a ir yo a cubrir temas de conflicto, que no sería capaz y demás.

Entonces así fue cuando empecé a meterme en ese cuento. Después, el periódico creó como tal la sección de Paz y Derechos Humanos. A mí no me escogieron para la unidad inicial; pero se presentaron muchas cosas y a una persona la mandaron para Metro y a mí me metieron a Paz; aunque de cierta manera yo estaba cubriendo temas de conflicto desde que estaba en Metro.

Yo no sabía distinguir ni siquiera a un policía de un militar, y estaré eternamente agradecida con un periodista de El Tiempo, que me acompañó y se fue a cubrir conmigo al verme la cara de pánico, porque yo decía, ¿yo para dónde voy?, ¿a quién le pregunto? Y es algo muy instintivo, uno realmente va para donde están los demás colegas.

¿Qué dificultades tenía para acceder a las fuentes?

Yo creo que, como es un tema tan difícil, a la gente le da miedo hablar. Existe una prevención natural cuando vas a hablar con las autoridades. Por decir, si le pregunto al ejército o a la policía, quién sabe qué mentiras me van a decir. Estaba en el ADN el “no confíe en ellos”.

Algo que siempre voy a recordar de El Colombiano, era que doña Ana Mercedes Gómez, exdirectora, nos decía: “Es que el conflicto se cuenta desde las víctimas”. Entonces lo que a ella más le importaba era que hiciéramos una buena nota sin importar si nos demorábamos mucho. No había tanta presión y uno se podía dar el lujo de sentarse a escuchar las historias de la gente.

¿Cuál fue esa noticia o esa fuente que nunca va a olvidar?

Yo creo que hay varias cosas. Una es que a mí me tocó cubrir la retoma cuando se acabó el proceso de paz del gobierno de Pastrana con las FARC y el secuestro de Ingrid Betancourt. Y, aunque uno no lo piensa, los periodistas somos a veces medio suicidas, porque no pensamos en la seguridad propia, pero sí se piensa que en la casa hay alguien que lo está esperando; en ese entonces mi mamá.

Otra fue conocer los albergues de los niños desmovilizados de guerrilla y autodefensas en Bogotá. Poderse sentar con ellos y ver por qué se fueron para la guerrilla o para los paramilitares. Un niño de Caucasia me decía: “¿Usted me le puede llevar una nota a mi mamá?”, sin embargo, sabía que no podía y ese fue uno de los compromisos que hice con ellos porque tenía que ser con un permiso del ICBF.

Y lo otro también era ver a los soldados amputados por minas antipersonas. Cubrí bastante el tema de minas, iba mucho al Hospital Militar y conocer esta gente, la fortaleza de ellos, y ver cómo todavía se reían incluso de sí mismos.

¿Alguna vez recibió una amenaza o se sintió en peligro?

Amenaza directa, no. Fui muy afortunada cuando me tocaron cosas feas porque no sé si cuando uno tiene tanto miedo reacciona de una manera que no se lo demuestra al otro, entonces por ese lado las cosas no se ponen horribles. Y sí tuve compañeros que secuestraron. Entonces me tocaron todas las cosas de lado.

Cuando estábamos en la retoma de San Vicente del Caguán, un señor de las FARC llega, nos para en el carro, entra el fusil y me queda a mí en el cuello; yo lo único que acaté fue decirle: “Hermano, pilas que si se le dispara el arma mire el carro en el que estoy”. Y lo único que me acuerdo es que él decía: “Buenos días, un cordial y revolucionario saludo, yo soy el comandante Águila”; y yo pensaba, ni cordial ni revolucionario ni nada.

¿Le hubiera gustado más cubrir ese tipo de noticias en esa época teniendo todos los avances tecnológicos que hay hoy en día?

Yo creo que con los avances que hay ahora podría haber hecho una de las cosas que a mí me encantan, infografías interactivas. Poder crear, por ejemplo, si la gente quiere saber cómo se tomaron un pueblo, entonces que vea cómo era el pueblo antes y después. Algo que sí me parece que tienen de malo las redes sociales es que el periodista cree que la noticia es él y no la gente. La tecnología ayuda mucho si se sabe utilizar.

¿Cómo un periodista puede llegar a ser tan cercano a las fuentes y evitar que eso pueda afectar la objetividad de sus notas?

Objetivo no hay nadie. Uno trata de ser lo más imparcial posible y una de las cosas que siempre le enseño a mis estudiantes es, ante todo, el respeto por las fuentes. Yo recuerdo mucho una vez que doña Ana Mercedes nos decía: “Acuérdese que hasta el criminal más grande del mundo tiene mamá”. Que las fuentes sepan que eres respetuoso, que nunca le vas a estar buscando la caída intencionalmente, aunque cuando digo que no le estés buscando la caída no quiere decir que no querrás buscar la verdad, que son dos cosas muy distintas. Hay periodistas que siempre intentan hacer que la fuente se equivoque y piensan que esa es la esencia de hacer periodismo.

¿Cómo era el ser mujer en una época donde eran más los periodistas hombres?, ¿en algún momento se sintió discriminada?

Es algo muy complejo porque es como entrar uno a un club exclusivo. Yo entré a una fuente que era de mujeres, cultura. Cuando a mí me pasan a Metro, por cosas de la vida, cubría gobernación y alcaldía, que también es fuente de niñas. Pero cuando empieza todo este problema y la gobernación era en la época de Álvaro Uribe, me tocaba cubrir algunas situaciones mientras el país pasaba por circunstancias muy complejas.

Y ahí empiezo a notar el club de los niños, entonces yo me preguntaba una cosa, ¿ellos piensan que no sé nada ni sirvo para esto porque estoy recién salida de la universidad o porque soy mujer? Cuando una fuente mía hablaba entonces eran los comentarios de que claro, es que le hablan porque es mujer.

Clara Isabel Vélez
Así como el periodismo ha cambiado a lo largo de los años, también lo han hecho los periodistas, ¿qué cree que les falta a los nuevos periodistas que tenían los periodistas de antes?

Hablar con la gente. Es algo que me impresiona porque todo lo quieren hacer por redes. No quieren sacar el tiempo de hablar. Pero cuando estás con la gente, le ves los gestos, notas cómo le cambia la cara y la voz; y ayuda mucho con una noticia, porque además uno sabe y se da cuenta si le están mintiendo o no.

¿Cree que hoy en día hay más seguridad para la prensa?

Yo creo que no, porque antes sabías quién era quién, ahora todo está mezclado. Si antes te secuestraba un grupo, sabías a quién llamar, pero ya no se sabe quién es quién. Y como está el tema del narcotráfico tan subido, es algo que también pone muy en riesgo al periodista.

La labor de buscar la verdad es de admirar para las personas que, como Clara, se atreven a estar en los lugares más peligrosos simplemente para que el resto del país se entere de lo que está pasando. Un trabajo que muchas veces no es reconocido, pero es y siempre será digno, de admiración y respeto.

“La música, más que la vida, es el mayor arte”

“La música, más que la vida, es el mayor arte”

Laura Zapata

Margarita Siempre Viva es una banda alternativa/independiente de Medellín que compone música con matices y bases en el rock, post-punk, shoegaze, indie y producción LO-FI. La integran Cristian Sánchez “Cristiano” (voz), Mateo Vanegas “Margaro” (guitarra), Daniel Velásquez “Bicho” (bajo) y Alejandro Mora “Mora” (sintetizador y guitarra).

Hasta el momento han publicado varios sencillos y cinco álbumes: La luz que dejaste regar (2017) con siete canciones, Habitación de flagelos en C (2017) con seis, Letanías del jardín (2020) con doce, El paraíso de las puertas (2021) con cinco, y su disco más reciente Un lugar más cierto (2022) con diecinueve.

Han participado en varios eventos reconocidos en el país como el Festival Estéreo Picnic (2019 y 2020) y Breakfest (2018). A su vez, recientemente lanzaron su colección con Americanino, Sicodelic y Grulla bordados.

Bitácora, en la conmemoración del Día Internacional de la Música, habló con Cristian y Daniel.

¿De dónde viene el nombre de Margarita Siempre Viva?

Cristian: Margarita Siempre Viva viene de una afinidad de Mateo por las margaritas, y en la casa de él le decían “siempre vivas” a las flores de plástico. Entonces se hizo la analogía y se unieron, por gusto personal, las margaritas y las siempre vivas como una flor de plástico. Y, aunque hay una que se llama así, lo nuestro se refiere más a la sintética, a una flor que nunca estuvo viva, pero que tampoco va a morir.

¿Qué buscan con sus canciones?

Daniel: Más que tener una finalidad muy clara, es el simple hecho de expresar lo que nosotros sentimos por medio de la música, porque la música en sí es un medio de comunicación, pero nosotros lo hacemos es para sacar lo que sentimos, lo que queremos.

Cristian: Es un proceso muy catártico más que otra cosa, más que darle un mensaje a la gente.

¿En una palabra cómo describirían a Margarita siempre viva?

Ensueño.

¿Habrá futuras colaboraciones?

Daniel: Sí, en la medida de lo posible estamos tratando de que en cada lanzamiento que tengamos hagamos colaboraciones con artistas de acá y la idea es que también se logre con artistas internacionales.

¿Cuál es el álbum o la canción de la banda que más les ha impactado en su vida para bien o para mal?

Cristian: Este último disco es el que más reproducciones ha tenido y es sorprendente porque es el más largo que tenemos. Entonces creo que es un asombro para todos poder tener esa experiencia.

Daniel: Sin duda yo creo que este disco y también la canción Techo de astros y truenos: Fenómenos (del sencillo Primavera febril). Es una canción que nos cambió la carrera por completo porque fue la que nos puso en el mapa de mucha gente… es bien especial.

¿Cómo se preparan ustedes para escribir?

Cristian: Eso es un proceso muy personal. Siento que todos estamos escribiendo y teniendo ideas, y ya cuando vamos a componer es que empezamos a compartir. Eso es también a la final lo que da la esencia de Margarita: todos llevar nuestras ideas y poder compartirlas, decir qué nos gusta y qué no, y transformarlas. Esa idea del colectivo es lo que nos ayuda a componer y a crear más en este momento.

¿Qué es para ustedes la música?

Daniel: La música es la vida, la verdad. Es tanto la vida como el refugio.

Cristian: Yo, al menos cuando estoy triste, encuentro mi polo a tierra en la música, para mí es como, al igual que la vida, el mayor arte.

Una banda que llegó a demostrar el talento de Medellín, a apostarle a las nuevas creaciones y a hablar por medio de la música, mostrándole al mundo, a la vida y al tiempo que ahora nada es imposible, como el nombre de una de las canciones de su último álbum.

Jorge Padilla: de la Ingeniería de Sistemas al Mundial de Tango

Jorge Padilla: de la Ingeniería de Sistemas al Mundial de Tango

Por: Lorena Castaño Morales,
Estefanía Montes Ciro,
Isabella Rodríguez Vélez y
Valeria López Pinilla

Si se dice que un gato tiene siete vidas, Jorge Padilla tiene más vidas que uno y, además, sabe moverse con más sabor: es bailarín profesional de tango, director ejecutivo y artístico de Chetango —una de las academias más importantes de este baile en Colombia—, profesor de danza, coreógrafo, técnico y tecnólogo en electrónica, ingeniero de sistemas y desarrollador de software. Y sí, efectivamente: moriría si abandona alguna de todas sus pasiones.

Desde temprana edad, Jorge siempre fue un niño destacado: en el colegio resaltaba por su disciplina académica. Disciplina que, años más tarde, se le contagiaría a otra de sus vidas: la artística.

Del 6 al 18 de septiembre de 2022, Jorge participó en el Mundial de Tango, la competición de tango más importante a nivel internacional, este año realizada en Buenos Aires, Argentina. En esta ocasión, Jorge y su pareja de baile, Stefany Ortiz, escalaron hasta la final en las categorías Tango Salón y Tango Escenario.

Pero este no es más que uno de los muchos logros de Jorge: como bailarín alcanzó el título de “Campeón Supremo” en el World Tango Championship, la segunda competición de tango más importante del mundo; y como ingeniero ha trabajado con un grupo de alto nivel en el desarrollo de aplicaciones para grandes empresas como Bancolombia, EPM y Almacenes Éxito.

En entrevista con Bitácora Jorge compartió mucho más que sus siete vidas: compartió la pasión y la magia que lo rodean cada vez que pisa un escenario; y el camino recorrido para alcanzar su propósito de vida.

¿Cómo te describes?

Soy una persona muy alegre. Tengo un temperamento fuerte, pero en muy pocas ocasiones. Tiendo a ser muy justo. Me gusta mucho el deporte. Estuve en equipos de fútbol y básquetbol, siempre tuve una vida deportiva muy activa. Me encanta leer, aunque ahora tengo este hábito un poco descuidado, porque no me queda mucho tiempo, pero es algo que disfruto mucho. También logré participar en concursos de escritura, especialmente de cuentos. 

Si tenías esta pasión por la literatura y la escritura, ¿por qué decidiste estudiar Ingeniería de Sistemas y no algo relacionado a esto?

Realmente, soy muy inquieto y activo. Cuando era pequeño tracé un camino en el que iba a ser ingeniero, aunque no necesariamente de sistemas. De hecho, soy técnico y tecnólogo en electrónica. Cuando comencé en la universidad empecé estudiando Ingeniería Electrónica, pero me incliné más por los sistemas por su prometedor futuro. Como siempre había sido tan inquieto, creo que no me habría inclinado solamente hacia la escritura. La ingeniería fue un propósito de vida, mientras que todas esas actividades que hacía y hago adicionales son por mi personalidad inquieta. No obstante, quizás más adelante me gustaría escribir un libro.

¿De dónde nace este sueño específico de ser ingeniero?

Cuando era pequeño escuchaba la palabra ingeniero y me encantaba. Escuchaba que a las personas les decían el “ingeniero tal” o el “profesor tal” y, escuchando la palabra, se me quedó en la mente. Quería ser ingeniero, no importaba de qué. Siempre he sido una persona muy soñadora, y la palabra ingeniería me causaba mucha curiosidad y me gustaba mucho, así que tenía ganas de estudiar una carrera afín. Además, en mi familia también hay más ingenieros o profesionales en áreas similares a la mía: uno de mis hermanos mayores es ingeniero metalmecánico y otro es tecnólogo en el ámbito electrónico.

¿En qué momento te empezaste a interesar por la danza?

En mi casa mi hermana y una prima empezaron tomando clases de danza y yo, al verlas, quise iniciar también. Un día se mudó al lado de mi casa un profesor de danza, quien actualmente dicta clases en Unión Latina (academia en la que comencé), y empecé a estudiar con él. Me encantaba su metodología para enseñar la salsa y los ritmos tropicales.

¿Siempre te interesaste específicamente por el tango o iniciaste con otros géneros?

La academia donde inicié no era de tango. De hecho, no me gustaba ese género en lo absoluto, pensaba que era una música para adultos. Me encanta la salsa, bailaba mucho la salsa caleña, era mi pasión y competí en varios concursos. No obstante, cuando llevaba más o menos un año y medio en esta academia llegaron unos profesores de tango que me lo mostraron de una forma diferente. Después de eso quedé enamorado completamente. Con una sola clase quedé tan encantado que seguí investigando sobre el tema, buscando vídeos y me terminé obsesionando con el género. En ese punto me salí de Unión Latina y busqué un grupo en el que me pudiera enfocar más en el tango.

¿Cuando te enfocaste en el tango abandonaste por completo los otros géneros de danza o aún sigues practicándolos?

Los practico de manera social, no de manera profesional. El baile es como cuando estás en la universidad: al inicio hay unas materias generales para todas las carreras, pero, a medida que avanzas, encuentras materias más específicas y se empieza a delimitar tu perfil y tu enfoque. Creo que todavía estaría en la capacidad de bailar salsa u otros ritmos, pero mi objetivo y enfoque es el tango. Si quisiera volver a alguno de estos ritmos tendría unas bases que me permitirían no tener que empezar desde cero, pero sí tendría que estudiar de nuevo para llegar a un nivel profesional. 

“La ingeniería fue un propósito de vida, mientras que todas estas actividades que hacía y hago adicionales son por mi personalidad inquieta”.
¿Qué pensó tu familia cuando les dijiste que ibas a dedicarte a la danza profesionalmente?

Como en Colombia no existe la cultura de la danza desde la infancia, prácticamente cuando comienzas en ella es porque eres un rebelde o porque te quieres rebelar contra tu familia. No se ve a la danza y a la cultura como tal como un trabajo, sino como un hobby que no te va a aportar nada. Mi hermana también se metió a la misma academia y hasta fue mi compañera de baile. Así que, al inicio, a mi mamá no le gustó: pensaba que era una actividad que no iba a aportar nada a nuestras vidas.

¿Recibían regaños por parte de ella al estar desarrollando esta actividad?

Sí, las “cantaletas” de mi mamá respecto al tema eran casi diarias, y nosotros ensayábamos todos los días. Nunca le terminó de gustar la idea y ahora solo lo acepta porque ya son muchos años, pero aún continúa con la “cosita” ahí. Sin embargo, hay algo particular que mi mamá tiene y que debo rescatar: ella puede no estar de acuerdo con que hagas algo, pero si eso te hace feliz, te apoya de forma indirecta.

¿Cómo te demostraba ese apoyo?

De varias formas. Recuerdo que en muchas ocasiones nos tocaba ir a presentaciones y mandar a hacer vestuarios, y mi mamá, aunque detestaba que bailara, me daba plata para los pasajes y para los vestuarios. En mi casa siempre fue un tema difícil con mi madre, pero hoy en día ha cambiado su perspectiva porque estoy en una empresa y es algo mucho más serio.

Sabemos que has trabajado como desarrollador. ¿Cómo es este trabajo?

Realmente trabajo para Unisys de Colombia, una casa de software. Lo que hace esta compañía es desarrollar aplicaciones y softwares para diferentes empresas que requieran este servicio. Tenemos clientes como Bancolombia, EPM, Éxito, entre otros. Dependiendo de las necesidades de cada uno de estos, desarrollamos las aplicaciones que nos piden. Yo específicamente estoy asignado al proyecto de Almacenes Éxito, así que hago parte de un grupo de desarrolladores a los que nos entregan las necesidades que el Éxito tiene respecto a software y nosotros hacemos las aplicaciones que permiten que ellos puedan atender día a día su labor.

¿Cuál es tu relación con la academia Chetango? ¿Cómo llegaste a ser su director?

Chetango es una de las academias de tango más importantes de Colombia. Nació hace aproximadamente 15 años. La fundó una empresaria que se llama María Eugenia Ossa, con la que compartí más o menos durante siete años. Cuando estaba en la otra compañía, Chetango ya existía. Estaba al mando general de María Eugenia y contrataba directores artísticos para que la manejaran. Sin embargo, por diversos problemas internos con los otros directores, ella me ofreció el puesto de coreógrafo y me encariñé tanto con el grupo que pasé a ser director artístico. Al final, ella decidió definitivamente no continuar y yo, junto con otro compañero, compramos la corporación y arrancamos solos. Hace algunos años soy el único encargado de la academia y monté todo como nuevo. 

Normalmente, los bailarines que compiten en la categoría de parejas tienen una pareja fija con la que siempre se presentan. ¿Cómo eliges a tus parejas?

Las parejas de tango son como un matrimonio. Es más, creo que son más importantes que un matrimonio: al final terminas compartiendo más con tu pareja de danza que con tu pareja sentimental. Así que es exactamente como cuando eliges una pareja sentimental: se busca que tengan las mismas energías, el mismo enfoque artístico y propósito. Si se cumplen estas características, se encuentra una pareja de baile adecuada. Es fundamental la energía, la personalidad, la claridad en los objetivos y la responsabilidad. En mi caso ser bailarín ha sido todo un reto, porque hago muchas cosas al mismo tiempo: trabajar en mi empresa como desarrollador, todo lo que involucra ser el director de Chetango, ser coreógrafo de la compañía y ser docente de los formativos. Entonces, si no estás con una pareja que esté en la misma tónica, se vuelve todo muy difícil. 

“El baile es como cuando estás en la universidad: al inicio hay unas materias generales para todas las carreras, pero, a medida que avanza la carrera, hay materias más específicas y se empieza a delimitar el perfil y el enfoque de cada uno”.
¿Cuántas parejas has tenido?

He tenido cinco. Comencé bailando con mi hermana y he continuado con múltiples parejas: primero, con la hermana del director de Unión Latina; segundo, con Ana Soraida, con quien más reconocimientos he tenido a nivel internacional; tercero, con Alejandra, una chica con la que gané el Festival Internacional de Medellín, y cuarto, con mi compañera actual, Stefany, con quien realizo todos los procesos.

¿Cómo se prepara un bailarín diariamente para mantener su rendimiento?

Hay muchas formas de prepararse. Todo depende de la seriedad con la que se asuman las cosas. El tango te permite bailar con 80 años y hacerlo muy bonito. Sin embargo, si quieres bailar de forma profesional y realizar un espectáculo, debes prepararte como lo hacen los deportistas de alto rendimiento: ellos tienen rutinas para prepararse físicamente, para fortalecer su cuerpo, su estado físico, su elasticidad y todo lo que les permite lograr el desarrollo de unas capacidades especiales. Lo mismo ocurre con los bailarines. Por mi parte, no me considero únicamente bailarín profesional de tango, sino también deportista de alto rendimiento, pues diariamente tengo unas rutinas bastante exigentes para prepararme en el gimnasio, en todos los temas de estiramientos para mejorar la flexibilidad y en ballet. De esta forma, nuestra profesión puede ser más técnica y limpia. Diariamente dedico mínimo tres horas a la preparación. Y esto también incluye la enseñanza de las clases, ya que con eso me capacito. 

¿Y cómo te preparas en pareja? ¿Las coreografías para las competiciones son hechas por ustedes solos o también tienen acompañamiento de otros profesionales?

Normalmente, la forma en como monto una coreografía es escribiendo la idea que quiero. Escribo el concepto, pienso en vestuarios, colores y propuestas, y lo llevo al elenco profesional de bailarines. A veces mi compañera de baile y yo montamos la coreografía y se la enseñamos al grupo profesional. Otras veces, cuando deseo que el trabajo sea más interdisciplinario y más combinado con otros movimientos, llevo la idea al equipo de bailarines expertos y comenzamos a construirla entre todos. 

 

En vista de que uno de tus mayores reconocimientos ha sido ser campeón del World Tango Championship, quisiéramos saber: ¿Cómo fue esa experiencia?

El World Tango Championship es uno de los campeonatos más importantes del mundo y se desarrollaba en Medellín. El campeonato más importante de tango que hay se realiza en Argentina, y el segundo es este. El Festival de Tango de Medellín tiene una particularidad muy importante: es el único en el mundo que tiene la categoría de grupos coreográficos. En el año 2012, que fue cuando mi pareja y yo ganamos, hubo algo muy especial: se introdujo la categoría “Campeón Absoluto”, destinado para parejas que bailan muy bien todas las categorías. Así, quedamos como campeones absolutos, ganamos cuatro premios, una recompensa económica y una gira por Europa. Estuvimos en Dubái, Francia, Suecia, Mónaco, entre otros, y en ese viaje logré cumplir algunos de los sueños que tenía de niño.

“Las parejas de tango son como un matrimonio. Es más, creo que son más importantes que un matrimonio: al final terminas compartiendo más con tu pareja de danza que con tu pareja sentimental”.
Es curioso que seas ingeniero y bailarín, porque el perfil que uno se imagina para ambos roles es prácticamente opuesto. Por lo tanto, ¿alguna vez has sentido que tu perfil como ingeniero y como bailarín choquen?

¿Saben qué? Les recomendaría a todos los ingenieros que bailaran. En la universidad a los de ingeniería se les desarrolla una mentalidad muy metódica y enfocada en los resultados, muy cuadriculada. En ingeniería aprendes que 2+2 es 4 y punto, tu pensamiento se desarrolla en torno a la exactitud. El caso contrario es el arte: es impredecible y tiene múltiples interpretaciones, significados, intenciones. A mí me ha funcionado muy bien esa combinación, hasta pienso que se complementan. Para mí, el desarrollo de software es un arte: el cliente te pide un sistema que haga tal cosa, pero no te dice cómo, y entra a jugar la creatividad y el pensamiento crítico del desarrollador. Y en danza es lo mismo: tienes una idea y la vas desarrollando con los conocimientos que tienes. El arte te permite llegar a las personas de una forma más humana, te desarrolla unas habilidades blandas que la ingeniera no te daría. Por eso, la combinación de estas me parece fundamental, y creo que debería de proponerse más este mundo creativo en la vida de los ingenieros.

¿Qué otro tipo de actividades disfrutas realizar?

Me gusta mucho el cine y hacer pereza cuando puedo, ¡no me gana nadie haciendo pereza! También me gustan mucho las series, practicar deportes que antes hacía como el básquetbol, y me encanta pasear y conocer lugares.

Sabemos que cuando estabas en bachillerato hiciste que se parara todo el colegio para que no mezclaran los grupos, lo que demuestra que el liderazgo ha estado presente en muchas etapas de tu vida. ¿Consideras que eres un líder innato o crees que es algo que desarrollaste con los años?

Considero que soy líder innato. Sí, es cierto: paré el colegio. Estaba en grado once y había estudiado con varios amigos desde sexto, pero cuando llegamos a ese grado nos iban a mezclar, así que hice una revolución en ese colegio y al final logré que nos volvieran a juntar.

“Si quieres bailar de forma profesional y realizar un espectáculo, debes prepararte como lo hacen los deportistas de alto rendimiento”.
¿Cómo se ve reflejada la dedicación y exigencia con la que todos te describen al momento de escoger pareja de baile?

Siempre intento que los procesos que tengo para mejorar también los hagan ellas. Cuando uno tiene una pareja de tango, y cuando creas y trabajas como equipo, las cosas salen mejor. Los dos aportan desde su trabajo individual al de la pareja, entonces busco que mi pareja se exija tanto como yo.

La gente a tu alrededor siempre te ha imaginado en cargos de alto poder como, por ejemplo, cuando le dabas ideas al profesor de baile sobre cómo debía hacer las coreografías y él te obedecía. ¿Crees que el ser profesor y coreógrafo es natural en ti o es algo que has afinado con el tiempo?

Creo que las dos cosas. Cuando comencé a bailar tenía una afinidad para coreografiar y, no sé por qué, pero las cosas que me imaginaba acostumbraban a tener viabilidad. A los primeros meses de empezar ya estaba dando ideas y mi proceso en la danza fue muy rápido, en pocos meses ya estaba en un grupo en el que dirigía niños y me encantaba. Los profesores siempre me vieron como un líder y yo también lo sentía así, pero no desde la vanidad sino desde querer un bien común.

Primero empezaste tú y tu hermana a bailar, pero al final todos tus hermanos terminaron bailando. ¿Crees que tú pudiste influir en haber contagiado a otros miembros de tu familia y a otras personas esta pasión por la danza?

Sí, y más en mi rol de docente de tango creo que es nuestra labor: influir en los demás a que quieran participar de este mundo. Más que solo enseñar pasos, quiero que cuando vean mi trabajo digan “yo quiero hacer eso”. En ese caso seguramente pasó lo mismo: le dejé esas ganitas por ahí a la familia.

“La forma en como monto una coreografía es escribiendo la idea que quiero. Escribo el concepto, pienso en vestuarios, colores y propuestas, y lo llevo al elenco profesional de bailarines”.
Como profesor, ¿cómo te describirías? ¿Eres el profesor “cuchilla” o el profesor relajado?

Definitivamente, creo que tengo y manejo un equilibrio: no me gusta estar detrás de la gente, me parece muy desgastante tanto para mí como para el estudiante. Pero, cuando mis estudiantes están en el salón de clase, se esperaría que ya con cierta edad tengan el criterio para decir “yo quiero hacer esto” y que, si van a asistir a una clase, sea porque quieren estar allá, que sean responsables de su propio proceso. Sin embargo, también considero que hay que tener muy presente a quiénes les estoy dando clase: no voy a esperar la misma disciplina que tienen los jóvenes con un cuerpo ya entrenado para la danza en los niños que apenas empiezan ese proceso.

Eres profesional en danza, pero, ¿te gustaría aprender otras ramas artísticas?

Sí. Me encantaría cantar, ¡pero canto muy mal! También tocar algún instrumento, como la guitarra o el piano, me parecería genial. De pronto más adelante lo pueda hacer.

Las personas que trabajan a tu alrededor enfatizan mucho en que eres una persona que escucha y sabe trabajar en equipo. ¿Por qué crees que el trabajo en equipo es importante? ¿Tú cómo la desarrollaste?

El trabajo en equipo es muy enriquecedor, pero creo que tengo algunas falencias. Antes de Chetango dirigía otros grupos de baile y creo que uno se acostumbra a una forma de trabajar en donde casi siempre el que da la última palabra eres tú, sobre todo cuando estás haciendo un montaje coreográfico. A veces me cuesta mucho seguir, porque estoy acostumbrado a que me sigan, y me parece muy interesante rodearme de gente que me exija, un grupo interdisciplinario donde todos aporten me parece mucho más enriquecedor.

“El desarrollo de software es un arte: el cliente te pide un sistema que haga tal cosa, pero no te dice cómo, y entra a jugar la creatividad y el pensamiento crítico del desarrollador. Y en danza es lo mismo: tienes una idea y la vas desarrollando con los conocimientos que tienes”.
Tus estudiantes enfatizan mucho en que tu intención, más que formar bailarines, es formar artistas. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué es importante?

El bailarín es limitado, es un intérprete limitado. Así que, con el trabajo que normalmente hago, si el bailarín más que un bailarín es un artista, puedo complejizar los montajes de las coreografías. Por ejemplo, mis bailarines saben cómo interpretar sus emociones y hacer que el público las sienta. 

Tus estudiantes afirman que lo que más han aprendido de ti es, más que ser buen bailarín, ser buenos seres humanos. ¿Crees que transmites eso? ¿Cómo lo haces?

Tengo una gran admiración hacia mi madre y creo que todo lo que le tocó pasar con nosotros al ser madre soltera de cuatro niños nos ayudó a mí y a todos mis hermanos a desarrollar ese respeto, esa empatía por el otro. En la danza y, sobre todo, en el tango, cuando eres un buen artista terminas reflejando cómo eres en tu vida. No hay forma de separar eso, y creo que se ve reflejado.

“Más que solo enseñar pasos, quiero que cuando vean mi trabajo digan «yo quiero hacer eso»”.
Melisa, tu hermana, afirma que un bailarín muere dos veces y que la primera es cuando deja de bailar. ¿Imaginas tu vida aparte del baile, o crees que esto le da sentido a tu vida?

No tengo el valor suficiente para dejar de bailar. Me aterraría ver que los demás lo hacen y yo no, así que no me imagino dejándolo de hacer.

Natalia y Lina: Dos mujeres que pisan fuerte en la industria de los videojuegos

Natalia y Lina: Dos mujeres que pisan fuerte en la industria de los videojuegos

Daniela Díaz
Daniela Gamba

Natalia Álvarez Gómez y Lina Escobar Marín, desarrolladoras de videojuegos de la empresa Pik Pok, nos comparten algunas particularidades sobre el rol de las mujeres en esta industria y los retos que enfrentan en su profesión.

A propósito de la reciente edición del Women Game Jam, el evento en el cual las mujeres se le miden al reto de crear videojuegos en tan solo 48 horas, sostuvimos una conversación con Natalia Álvarez Gómez y Lina Escobar Marín, desarrolladoras en Pik Pok, una empresa de Nueva Zelanda dedicada al desarrollo y edición de videojuegos que cuenta con una sede en Envigado.

Durante la entrevista nos hablaron acerca de las habilidades generales que se requieren para realizar videojuegos, los géneros que más diseñan en su empresa, los roles que las mujeres suelen desempeñar en el desarrollo de estos, y especialmente, la importancia de que se abran más espacios como el Women Game Jam para que las mujeres tengan más participación en la industria.

Por último, le enviaron un mensaje a aquellas mujeres que están interesadas en la creación de videojuegos: “no les dé miedo trabajar en algo que no conocen, no le huyan a las matemáticas y enfréntese a los retos”, aconseja Lina Escobar. Para complementar, Natalia Álvarez las invita a experimentar el placer de codificar: “es muy interesante ser capaz de escribir un lenguaje que las máquinas entienden y luego ver el resultado”.

Si quieres conocer más detalles sobre esta charla, te invitamos a darle clic al siguiente video.

https://www.youtube.com/watch?v=b0I8PqGZdaM

Manual de estilo para hablar de la muerte: Carlos Mario Correa

Manual de estilo para hablar de la muerte: Carlos Mario Correa

Lorena Castaño Morales

Han pasado 30 años y aún muchos periodistas están encartados, no han salido del sueño, quizá porque no es un sueño. Nunca lo fue. Hablamos con Carlos Mario Correa Soto, comunicador social y periodista, especialista en periodismo investigativo y magíster en literatura colombiana con énfasis en periodismo narrativo, quien dedicó su vida a la prensa, incluso en la época de Pablo Escobar, aunque eso le quitara la libertad.

“Siempre hay alguien interesado en que no se sepa lo que está oculto, y siempre hay un periodista preguntando por eso cuando ejerce como reportero. El periodista siempre es incómodo, es un estorbo, se le tiene miedo y prevención sobre todo por quien está en el poder”, Carlos Mario Correa.

Carlos Mario se despierta. No puede dormir tranquilo. No con esos recuerdos, los de su paso como periodista en El Espectador: cuando era el único corresponsal que quedaba en Medellín, cuando Pablo Escobar amenazó a ese periódico y asesinó a Guillermo Cano, cuando amenazó de muerte a todo el que tuviera que ver con ellos. Han pasado 30 años. Algunas noches, Carlos Mario recuerda esos episodios y sueña que le ponen un trabajo, pero no puede hacerlo. No encuentra el tono, está encartado, enredado, bloqueado. Luego, agradece cuando amanece y recuerda que ahora es profesor, que ese ya no es su trabajo.

¿Cómo inició su carrera como periodista?

Conté con mucha suerte: hice mi práctica en el periódico El Mundo. Ahí tuve la posibilidad de ver la dimensión del periodismo escrito. Vi que una cosa era lo que se veía en la teoría universitaria y los manuales de estilo, y otra cosa era ejercer. Ejercer es totalmente particular. También tuve la suerte, un semestre antes de graduarme en 1989, de ingresar a El Espectador, por azares de la vida. Sin saber prácticamente nada de periodismo me dieron en ese periódico la oportunidad y allí permanecí hasta el 2001. Todo eso me definió como un periodista muy investigador, muy reportero. 

¿Qué tipo de historias le interesaban?

Tenía historias muy propias, con temas muy polémicos y difíciles de abordar como la violencia del narcotráfico en los años noventa. También me interesaban el deporte y la política. Y en El Espectador me apoyaron para contar historias de la vida cotidiana, con personajes que no estaban en el poder, que no eran famosos. Ese periodismo es el que más me gusta: descubrir personas esenciales y sencillas que tienen una historia enorme por contar, pero que hay que saber acercarse a ellas.

¿Cuál ha sido el reto más grande al ejercer como periodista en Colombia?

Cubrir la violencia colombiana, especialmente la desatada por Pablo Escobar en los años noventa contra el Estado colombiano, contra el Cartel de Cali y, de manera particular, contra El Espectador

Como periodista principiante, de entrada, sufrí el terror. Desde el primer año empecé a sufrir las amenazas, a ver la muerte producida por el arsenal de Pablo Escobar y su grupo de criminales, de sicarios. Empecé a darme cuenta de que estaba en un medio que estaba amenazado de manera real, que estaba sentenciado a desaparecer, a morir. En la época que Pablo Escobar fue político y llegó al Congreso de la República, Guillermo Cano, el director, había destapado periodísticamente que él no era el Robin Hood colombiano que muchos creían. Eso le costó la vida en 1986, pero El Espectador siguió enfrentando a Pablo Escobar escribiendo editoriales y noticias en su contra, haciendo investigaciones para desenmascararlo. 

Las amenazas las hacían solo por uno trabajar en El Espectador. Yo no escribía nada en contra de Pablo Escobar, y menos en mi primer año. No hacía editoriales, no tenía acciones en el periódico, no era familiar de los Cano, nada. Era corresponsal en Medellín, muy pequeño, de noticias de policía, noticias del día a día, y estaba apenas aprendiendo periodismo.

Toda la oficina en la que trabajé, todas las 35 personas que trabajamos en ese grupo sufrieron amenazas de todo tipo: llamadas telefónicas todos los días, insultos, afrentas que les dejaban a los empleados y administrativos en sus casas o en la entrada de la sede. Dejaban coronas de flores, boletas, llegaban los sicarios en motocicletas a tirar fotos de Pablo Escobar mientras mostraban las armas, a insultar directamente, de tú a tú. Fui testigo de cómo fueron matando a los compañeros de trabajo: primero asesinaron, en un mismo día, a los tres jefes de oficina; a los dos meses asesinaron a otro, y a los demás nos decían que, o dejábamos de trabajar en El Espectador, o correríamos con la misma suerte.

¿Por qué seguir trabajando ahí, bajo esas condiciones?

No le di mucha trascendencia en ese momento. Era un joven ansioso, quería ser un periodista bueno y vivir del periodismo, pensaba que lo podía lograr. Mi vocación era muy salvaje, no le metía mucha cabeza a esas amenazas, no tenía el sentido muy puntual de que estaba siendo amenazado y que contra mí también era la sentencia de muerte. Por eso hice ese periodismo, y lo hice en condiciones muy raras.

Entre octubre de 1990 y enero de 1995 trabajé en una oficina, totalmente solo. Ya habían asesinado a los administradores de El Espectador; a los jefes de la oficina; a Miguel Solero y Jorge Tavera, jefes de circulación; y a Marta Luz López, administradora y jefe de publicidad. El jefe de redacción había renunciado, se había ido del país para protegerse. A todos los otros trabajadores la empresa decidió darles los honorarios, la liquidación, porque no se podía seguir trabajando en esas condiciones en la oficina.

Y usted continuó...

Me arriesgué y abrí una oficina para El Espectador en Medellín, sin aviso, en total clandestinidad. Yo mismo asumí el trabajo de corresponsal para ellos y no firmaba ni un solo artículo, no podía. La sentencia de Pablo Escobar era que todo el que tuviera que ver con El Espectador, y lo siguiera haciendo, corría con la misma suerte que los demás. Eso era de frente, muy reiterado. Incluso periodistas amigos de Pablo Escobar, que recibían su apoyo para publicidad en programas de radio, pequeños programas de televisión u otros medios impresos, eran los amenazadores de nosotros.

¿A usted le llegaron a decir algo?

Sí. Me decían que no me hicieran matar, que no fuera “güevón”.  Que había muchas cosas por hacer, que yo no era parte del problema, que Pablo Escobar sabía que contra mí no era, pero que, si seguía colaborando con la familia Cano y El Espectador, iba a perder la vida. Me llamaban por teléfono y me advertían del peligro que estaba corriendo. Pero yo trabajaba haciendo un periodismo al revés.

¿Periodismo al revés?

Escondido en una oficina oculta en un edificio del centro de Medellín. Durante cuatro años trabajé así, hasta un año después de muerto Pablo Escobar. Cuatro años sin firmar ningún artículo, pero yendo a un montón de eventos de manera incógnita. A eventos deportivos, culturales, políticos, sociales. Eso llevó a que Pablo Escobar se diera cuenta de que había alguien en Medellín que hacía eso para El Espectador y se propuso que lo buscaran y lo eliminaran.

¿Y lo buscaron?

Sí. Se descubrió que el jefe de sicarios de Pablo Escobar, “el estratega de la muerte”, como yo lo llamo, Mario Alberto Castaño Molina alias el Chopo, por algún azar, por alguna razón, trabajaba en el mismo edificio en el que yo ejercía clandestino para El Espectador. Él, en el piso 20; yo, en el 4. Y ahí, en ese mismo piso 20, el bloque de búsqueda de Pablo Escobar lo dio de baja, lo mataron el 19 de marzo de 1993, nueve meses antes de morir Pablo Escobar, el 2 de diciembre del mismo año. 

Fue su jefe de sicarios desde 1984 y, por sus habilidades como delincuente, no había sido detenido nunca, no se tenía siquiera una foto actualizada suya en el organigrama de búsqueda. Para ese momento había una recompensa de cien millones de pesos a quien diera información de él…, hasta que por fin lo encontraron.

Yo no tenía idea de que el que me buscaba para matarme estaba en el mismo edificio que yo.

No lo supe sino hasta que lo vi muerto. La policía me lo mostró antes que a todos los otros periodistas. Como yo trabajaba en ese edificio, cuando la policía llegó yo quedé entre las personas que no podían salir ni entrar. Dije que era periodista, me contactaron con el que hizo el operativo y me subieron al piso 20. Me mostraron el cadáver y ahí fue cuando la película se me devolvió. 

¿Llegó a tener algún contacto con el Chopo antes de eso?

Dormía en esa oficina, mi cama eran los propios periódicos. En El Espectador me hicieron un enlace con una señora tan clandestina como yo para que surtiera mis necesidades, me diera unos viáticos, pagara mi sueldo. Yo no podía ir con credenciales a las ruedas de prensa, no podía hacer un periodismo social donde me presentara como periodista de El Espectador y entrara por la puerta de prensa en los eventos, sino que trabajaba clandestino, entraba como invitado y a escondidas. 

Hacía mucho periodismo de agenda propia. Contactaba, entrevistaba y escribía. Como era al revés de todo lo habitual del periodismo, tenía que hacerlo todo más que nada de noche. Estaba todo el día escuchando en la radio lo que pasaba, lo que los noticieros de radio contaban y hacía una selección, una agenda que pudiera desarrollar durante el día. Lo hacía sobre todo de asuntos de orden público, pero también de asuntos políticos, deportivos o culturales. Con entregas de un día para otro, inmediatas, para el fin de semana, para dentro de un mes. Hacía periodismo muy esencial y bien hecho, aunque muchas veces no tenía ni tiempo de escribir. Solo me daba para llamar por teléfono, dar los datos y dar una media redacción oral que los editores en Bogotá procesaban para que saliera muy bien escrito.

¿Entonces nunca pudo identificarse dentro de sus trabajos?

No. En ese momento estaba la edición nacional de El Espectador que, en Bogotá, salía al público de madrugada. Y estaban las ediciones nacionales que llegaban a las ciudades como Medellín, Cali, Cartagena. Todas estaban firmadas como redacción Medellín y Bogotá, redacción Medellín, Bogotá y Cali, colaboración especial de Medellín, pero ninguna estaba firmada por mí.

¿Cómo supieron que era usted entonces?

Por la inteligencia del grupo de Pablo Escobar. Ellos sí sabían ya quién era el corresponsal. Tenían amigos en los medios, los mismos con los que yo conversaba para hacer las noticias. Llamaba a muchos colegas de radio para pedirles información, así que sabían que yo estaba trabajando para El Espectador y me ayudaban, pero también le ayudaban a Pablo Escobar informándole que había un corresponsal que se llamaba Carlos Mario Correa, que no firmaba, pero existía. Y así fue que me buscaron todo ese tiempo.

¿Qué tipo de contenidos pudo producir así, escondido?

Así, clandestinamente, di una vuelta por Colombia en bicicleta, que es inexplicable cómo. Cubrí un mundial de patinaje en Bello, entrevisté a todos los políticos de Medellín, a todos los jugadores de la selección Colombia que se prepararon para los mundiales del 90, 94 y 98. Conocí a todos los jugadores de esa época: a Rincón, Asprilla, Higuita, a todos los entrevisté. Incluso hice cubrimientos semanalmente de cómo entrenaban, quiénes eran, escribí perfiles de todos, hice entrevistas pregunta y respuesta, informativas, propuse trabajos como un día en la concentración de la selección Colombia, cómo duermen los jugadores, quién lava su ropa, cómo son los balones, quién los infla. Hacía crónicas paralelas a lo habitual, y eso está en los archivos de El Espectador. Pero también me quedó la angustia, la inquietud de por qué no fui al mundial. ¡Nunca me enviaron!

¿Cómo se sentía al no poder firmar sus trabajos?

Era muy raro eso, que el periodismo de autor, el periodismo narrativo que es el que se firma especialmente porque es hecho por uno, con la sensibilidad de uno, con la calidad estética que uno puede tener y que muestra las habilidades de uno como reportero y escritor, ese que se firma por excelencia, privilegio y merecimiento, no pudiera llevar mi nombre. 

¿Recibía alguna compensación especial por su trabajo?

Durante esos años no gané ni un centavo más ni menos. Ganaba un sueldo de periodista de la época, de un periodista raso, de reportero de a pie. También de carro y de avión, pero sobre todo de burro y de andar por ríos. Nunca gané sueldo de editor ni de director ni de enviado especial ni de corresponsal privilegiado, y lo hice porque la vida me puso ahí y me sentí involucrado en ese remolino.

¿Qué pasó después de todo eso? ¿Qué pasó después de la muerte de Pablo Escobar?

Empezaron a llamarme, a interesarse por mi vida. Querían contar mi historia antes de que yo la contara. Ahí me di cuenta del peligro en el que estuve, ahí le di trascendencia. 

En su libro Las llaves del periódico, donde usted cuenta con más detalles estos sucesos, hay una historia de dos colegas y amigos, un fotógrafo y un periodista que perdieron la vida en Segovia cuando fueron llamados a cubrir una noticia. ¿Cómo fue eso?

Eso fue lo más difícil que viví: ir a reconocer los cadáveres de esos dos periodistas a Segovia. Los asesinaron a balazos en una calle conocida como la Calle Principal, o la Calle la Reina. Fue en 1991, la muerte de Julio Daniel Chaparro, un cronista de 29 años, y Jorge Torres, un fotógrafo de 39 o 40 años. Los despedí del avión aquí en Medellín entre las 4:30 y 5 de la tarde, almorcé con ellos antes de eso. A las 9 de la noche ya estaban muertos. Al otro día llegó un helicóptero de la gobernación para recoger esos cadáveres y enviarlos a Bogotá. ¿Cómo se cuenta eso? Hay que vivirlo para sentirlo. 

¿Y en la escritura? ¿Qué fue lo más difícil?

Encontrar el tono narrativo para contar historias. Lo que para mí era más complicado, y seguro también para todos los periodistas de mi generación en los noventa, era tener un manual de estilo para hablar de la muerte. De la muerte destrozada por el carro bomba, una muerte despedazada: usted ve cabezas, brazos, piernas, dedos, gente desangrándose. En ese momento el periodismo era así: usted iba y veía, y sentía, olía y pisaba. Por ejemplo, fue muy difícil contar la masacre de los obreros bananeros en Urabá. Fueron muchas en 1995, hasta cinco masacres en una semana, de 10, 12, 15 muertos. Amarrados, con destrozos en sus cabezas por las balas de fusil. 

Oler esa sangre descomponerse al sol de la mañana, pisarla, caminar por entre esos muertos y darse cuenta que no hay nadie para contar. Escribir de eso, ¿cómo se hacía?
¿Cómo lo hacía usted?

Inventándome un propio idioma, un propio lenguaje para contar. Muy crudo, muy falto de filtros. Escribir de eso fue muy difícil: encontrar el tono, no caer en el morbo, en revictimizar a las víctimas, pero ese concepto ni siquiera existía por esos tiempos. En las universidades, con los manuales, se enseñaba cómo cubrir un incendio, cómo cubrir un secuestro, cómo cubrir una desaparición, cómo cubrir un asalto a un banco. Esos eran los manuales de los años setenta y ochenta, casi todos españoles y norteamericanos. Pero cuando uno tenía que cubrir lo que veía, sentía, olía, casi sin testigos que lo certificaran y le dieran voces, y no solo las voces oficiales, era un reto muy intrigante, al menos para mí. A tal punto que, 30 años después, aún sueño con episodios como esos. 

¿Siente usted que el periodismo tiene desafíos?

Sí, también hay prevención contra el periodista por la manera en que informa. El periodista reportero siempre será indiscreto. También hay muchos periodistas mal informados y periodistas que tienen intereses muy propios, también corruptos. Esos nos han hecho mucho daño a todos los demás, nos han estandarizado como eso: desinformados, mal preparados y corruptos. Días como estos son para reflexionar si hemos logrado hacer que el periodismo tenga un estándar, que gane más nivel, o si el periodismo sigue siendo mal hecho, mal preparado o contribuye a los intereses de otros. 

Otro desafío es que casi todos los periodistas se autocensuran en Colombia por necesidad. Nuestra libertad de expresión llega hasta donde nuestra necesidad empieza. Eso lleva a que no haya un periodismo de alto nivel, aunque hay quienes consiguen hacerlo, que son los periodistas formados en nuestras universidades.

Para mí, la mayoría de los periodistas colombianos son de los mejores formados del mundo. Colombia es un país que todo el tiempo es un laboratorio para el ejercicio del periodismo. Cada segundo, cada minuto hay infinidad de hechos sobre los que informar y que son exigentes a nivel ético y profesional.

Creo que, sobre todo los que ejercemos el periodismo y la comunicación en general, debemos hoy ser los primeros vigilantes de la libertad de prensa y la libertad de expresión. Hay que estar atentos, ver si hemos crecido y hemos hecho un buen uso de esas libertades y las estamos defendiendo o, por el contrario, si somos parte del problema que las restringe. Es muy complejo, los periodistas también dependemos de las oportunidades laborales que, de entrada, pueden estar condicionándonos el derecho a la libertad de expresión especialmente.

¿Considera que este panorama que acaba de relatar podría cambiar garantizando la seguridad no solo física, sino también emocional de los periodistas?

Sí. Creo que los profesores de asignaturas de Comunicación Social y Periodismo tenemos un gran reto por contribuir a que haya más libertad de prensa y más libertad de expresión, que se garantice. Lo podemos hacer formando mejor a los estudiantes en tres áreas. Primero, intelectualmente: es necesario formarse en humanidades, en literatura, en cultura, historia, política, idiomas, en el manejo de las herramientas de los nuevos medios. Segundo, anímica y emocionalmente: contar el desastre colombiano, nuestra tragedia, la de todos los días, la de Latinoamérica y la del mundo implica tener fortaleza emocional. Tercero, físicamente: el mejor periodismo es el que se logra con un acercamiento esencial, efectivo y real a la gente en el lugar en el que vive, se divierte, hace vida familiar, trabaja. Para lograr eso hay que estar bien físicamente para poder desplazarse, acercarse a la gente, salir a donde otros no llegan y contar esas historias poniendo los sentidos como fuente de información.

Juana Botero: “Mi propósito está absolutamente conectado con mi vida profesional y eso es un privilegio”

Juana Botero: «Mi propósito está absolutamente conectado con mi vida profesional y eso es un privilegio»

Texto por Natalia Penagos, Gina Criollo, Juliana Alzate, Luiza Camargo Nicolini

La mujer, a través de la historia, ha ocupado un cargo importante dentro del hogar, pero no ha contado con el mismo protagonismo en cargos de dirección y espacios de liderazgo, ya que la mayoría de las mujeres se desempeñan en puestos de menor relevancia pública. Sin embargo, muchas de ellas hoy están haciendo hasta lo imposible para atravesar esa barrera que ha perdurado a lo largo del tiempo. 

Es por esto que iniciativas que busquen abrir caminos, crear un ambiente idóneo y proporcionar redes de apoyo para la mujer, son algunas de las múltiples tareas que deben caracterizar a una buena líder. Además, de que sea constante y consciente del compromiso hacia la diversidad y la equidad. Como lo es el caso de Juana Botero, la mujer que está detrás de la creación del primer subsidio menstrual en Colombia, a quien tuvimos la oportunidad de conocer el pasado 7 de octubre de 2021, en la charla de Liderazgo Femenino de En Femenino, evento llevado a cabo en Eafit.

Botero es abogada de la Universidad Eafit, consultora en sostenibilidad, con más de 10 años de experiencia laboral en el sector público, privado y ONGs. Es Responsable Staff de Dirección en Comfama y fundadora de Mujer Silvestre, fundación que busca aportar al conocimiento del cuerpo y la menstruación entre mujeres. Bitácora la entrevistó para conocer su recorrido en el liderazgo femenino y generar un espacio para hablar sobre cómo entre mujeres se construyen oportunidades.

Para sintonizarnos un poco, cuéntenos, ¿cuál fue ese primer acercamiento que tuvo con el liderazgo a lo largo de su carrera?

Mi primer acercamiento al liderazgo femenino fue en el colegio, cuando creamos el primer equipo de fútbol femenino. En ese momento apenas estaba empezando a tomar fuerza el fútbol a nivel colegial. Las niñas no jugábamos. Y, empezamos a ir salón por salón creando este equipo de fútbol, no hubo intervención de profesores ni directivos; nosotras mismas creamos ese espacio, que luego nos posicionaría ante nuestros compañeros. En cuanto a mi carrera profesional pude liderar muy joven una fundación, se llama Soñar Despierto, tenía 16 años, ni siquiera me imaginé que fuera posible a esa edad. 

¿Cuándo empezó su interés por la labor social?

Más o menos a los catorce años, participando en voluntariados. Tenía una curiosidad gigante por entender cuál era la razón de que algunas personas tuviéramos más privilegios y otras, simplemente por un asunto de nacimiento, se hallaran desfavorecidas. Digo que, de nacimiento, porque ninguno de nosotros eligió nacer en una familia de más o menos recursos. Yo creía que la única forma de ver lo social era la academia e ir más allá de ese primer entendimiento y desde la ayuda, que a decir verdad es una palabra que ya no me gusta, hoy lo entiendo más como “un asunto social”, es una razón que nos atraviesa todos los hilos de la vida, se teje en todas las relaciones cotidianas con las personas y recae más en la palabra servicio que en la palabra ayuda.

Juana Botero junto a su equipo de trabajo de Comfama, 2021.

¿Cuándo y cómo empezó su autocrítica sobre el valor de la mujer y su papel dentro de la sociedad? 

Nació desde el momento en el que generé una autocrítica hacia la sociedad y la cultura. Pero, en el ámbito laboral es más difícil identificar ese tipo de cosas, especialmente, si no se ha hecho uso de los lentes feministas, ya que estos asuntos patriarcales se han normalizado mucho en nuestro entorno. Estos lentes llegaron para permitirme identificar de una manera más sencilla y objetiva ciertas relaciones injustas entre hombres y mujeres, como el hecho de que algunos aspectos como la masculinidad en los hombres se entiende como fuerza y que en las mujeres fuera sinónimo de bravura. Desde ahí comencé mi pensamiento feminista, desde el cuerpo y la reflexión de la necesidad de un modelo a seguir.

¿Cómo diría que le aporta al desarrollo de la mujer contemporánea desde Comfama?

Desde Comfama puedo aportar al liderazgo, en primer lugar, poniendo en conversación este tipo de temas, como la fuerza femenina y masculina, que puede estar dentro de nosotras, cómo enfocar nuestras emociones en el ámbito laboral para transformar y no caer en el error de suprimirlas. 

¿Y cómo lo hace desde Mujer Silvestre?

Así mismo, desde Mujer Silvestre buscamos eliminar esos tabúes para incorporarlos a la conversación cotidiana y permitir que cada mujer reconozca su valor. 

¿De dónde nace la iniciativa Menstruación Consciente?

En Comfama creé “Mujer Silvestre”, un emprendimiento en el que me formé como educadora menstrual y gestioné círculos de conversación, círculos que en un principio ni siquiera estaban relacionados con mi cargo, pero que pudieron aportar desde otros espacios. En un inicio fueron juntanzas entre mujeres curiosas y decididas a enseñarse mutuamente, es así como en equipo desarrollamos unos talleres con niñas de 12 a 18 años, primero en Medellín, luego en Valparaíso, y más tarde escalamos estos experimentos con Comfama.

¿Alguna vez imaginó el gran papel que ocuparía en la ruptura de tabúes sobre temas femeninos y el impulso social de la menstruación consciente o diría que ya superó ese umbral en el que se había visualizado en algún momento?

No, nunca me imaginé que algo que nació de mi propio útero y corazón se fuera a volver la conversación nacional que hoy se está teniendo; no me lo imaginé, pero en este momento, de alguna forma, no me sorprende el poder que tenemos las mujeres cuando de forma decidida creemos en nosotras y en nuestras iniciativas.

Cuando se le presentó la oportunidad de crear el primer subsidio menstrual en Colombia, ¿cómo lo afrontó?

No fui solo yo, fuimos varias mujeres. Lo afrontamos con mucha emoción, pero tampoco es algo que nos llegó, es que nosotras lo gestamos y lo parimos. Entonces lo hemos afrontado con mucho respeto, emoción y transformación. Hemos tejido una red bien bonita dentro de Comfama gracias a esto. Además, reconocemos que, si hay mala información, tabúes o falsas creencias, no es porque nuestras madres o cuidadoras nos quisieron dar eso, honramos que hoy tenemos otras posibilidades para informarnos y educarnos. 

https://noticias.caracoltv.com/antioquia/lanzan-el-primer-subsidio-menstrual-en-colombia-en-que-consiste-y-como-obtenerlo

¿Cuáles fueron los momentos más cruciales en el camino al empoderamiento femenino que hoy tiene? 

Hay muchos retos en el tema de liderazgo en el empoderamiento femenino, pero el primero es seguir llevando estos temas a todos los escenarios. El segundo es empezar a transformar, por ejemplo, lo que nosotros entendemos por las relaciones o los vínculos de pareja, ahí es donde en el feminismo es más difícil hacer un salto cuántico, porque eso no es solo en relación con nosotras mismas, sino con otros, con otras y ahí todavía hay mucho que conversar.

¿En algún momento pensó en renunciar o en abandonar alguna iniciativa?

No, nunca he pensado en abandonar ninguna iniciativa. En mi camino profesional me ha tocado es priorizar, porque en cada cuadra hay una causa por la cual morir, entonces no hacerlo ha sido más difícil que cualquier cosa. Más que renunciar, pienso que estamos muy cansadas, porque hay que poner el foco y la atención en nuestro autocuidado. Si no nos cuidamos a nosotras, tampoco vamos a poder hacer cosas por el resto de la sociedad. 

¿Considera que tiene un balance entre su vida personal y laboral?

No siempre me he puesto en el primer lugar en este balance de la vida personal y profesional, porque no veo como una línea absolutamente grande entre lo personal y lo laboral, lo que hago profesionalmente es personalmente mi sueño también. Mi propósito está absolutamente conectado con mi vida profesional y eso es un privilegio. 

Desde su puesto en el gabinete municipal del ex alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, como secretaria de la Juventud, ¿cómo aportó al desarrollo del talento y liderazgo femenino? 

Poniendo las conversaciones con transparencia y con el ímpetu de una mujer joven, y eso aportó al desarrollo y a la cercanía. Otro de los aportes más grandes fue tener charlas de jóvenes a jóvenes, de mujer a mujer, o de mujer a otros seres de forma absolutamente horizontal, mirándonos a los ojos. Así mismo, ver formas creativas para solucionar problemas sociales también fue un aporte que tenemos, no solamente las mujeres, sino las personas jóvenes.

Juana Botero en una rueda de prensa en la Semana de la Juventud, 2017.

¿Alguna vez recibió algún comentario o notó algún comportamiento machista por parte de sus compañeros, jefes o demás ejecutivos que se ha encontrado en su vida laboral? Y de ser así, ¿cómo los afronto?

Sí, mi forma de afrontar esto es confrontando dichos comentarios. En otras circunstancias he tenido conversaciones pedagógicas con estos compañeros de trabajo, no desde la pelea.  Además, ha sido muy bonito, porque han habido transformaciones increíbles en los compañeros de trabajo. Al final esto es de construirnos juntos, esta sociedad machista y patriarcal la tenemos que transformar hombres y mujeres, pero con una conversación honesta, franca y sin tabúes.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico hoy la brecha salarial entre hombres y mujeres es de 12,8 % ¿En algún momento ha sido víctima de esta brecha salarial?

Sí, he hecho parte de la brecha salarial, sin duda. Cuando he asumido roles donde estando en el mismo nivel de responsabilidad de compañeros de trabajo hombres, mi salario ha sido mucho menor.

¿De qué manera puede el liderazgo de la mujer acortar esa brecha salarial a futuro?

 

Nosotras podemos acortar esa brecha salarial de muchas formas, lo primero es: quitar el miedo, de esto se puede hablar, podemos ir a negociar nuestro salario, no debemos tener ese pudor para hablar de plata, a nosotras nos cuesta pedir un aumento o que se iguale al de algún compañero de trabajo. Lo segundo, es que nosotras también estemos en los lugares directivos donde se toman esas decisiones. No tenemos que estar pidiendo permiso, o teniendo esa conversación con hombres que son los líderes. Es hora de qué las mujeres lideremos las organizaciones, estemos en escenarios públicos y privados de toma de decisión para que de una forma más colectiva y escalable podamos cerrar esta brecha desde el liderazgo.

Desde nuestra posición de estudiantes, ¿cómo podríamos aportar para romper paradigmas que afectan y denigran la integridad de la mujer y así propiciar espacios idóneos para estas? 

Como estudiante uno está en el lugar más bonito de la vida. Ese es el momento para construirse completamente, conocer a través de los libros otras experiencias del mundo donde se han roto techos de cristal, donde se han cerrado brechas de género, es el momento donde uno se puede dedicar exclusivamente a aprender. También, faltan muchas investigaciones en relación con las mujeres, por ejemplo, la ciencia tiene una deuda grandísima con las mujeres, la ingeniería tiene una brecha inmensa. Se puede hacer un aporte grandísimo a la academia como estudiantes.

Por último, a esas mujeres que tienen habilidades de liderazgo, pero que les falta motivación, ¿qué les recomendaría?

Lo primero que les recomendaría es que hagan parte de un círculo poderoso de mujeres, que se junten con mujeres, porque cuando nosotras estamos en esa sororidad, pasan cosas mágicas, nos damos cuenta de que compartimos los mismos miedos entre nosotras, o parecidos. Volver a los círculos de mujeres conocidas o desconocidas es el elemento más poderoso de transformación y no solo en liderazgo femenino, en todo lo de las mujeres. Entre nosotras sin duda tenemos mucho poder y mucha magia.

Si deseas escuchar la entrevista completa: https://youtu.be/3xU9qTbTszo

La presión en el agua: la magia del nado sincronizado

La presión en el agua: la magia del nado sincronizado

Texto por Adriana Patricia Rodríguez Batista, Albeiro Alfonso Pizarro Bello, Carolina González Agudelo, Deisi Valeria Gómez Aristizábal

Estefanía Álvarez Piedrahíta tiene 27 años y es nadadora artística olímpica colombiana. Es egresada de la Universidad Nacional, con un pregrado en Estadística, y en este momento está cursando un posgrado en la Universidad EAFIT. Ha participado en numerosas competencias de nado sincronizado y ha llevado en alto el nombre del país. Resaltan sus participaciones en las olimpiadas de Río de Janeiro en 2016 y en Tokio 2020, que por cuestiones de pandemia se llevaron a cabo este 2021. De sus rutinas destacan la dedicación y el empeño que definen a Estefanía como mujer y que la han ayudado a convertirse en una destacada deportista de alto rendimiento.

Durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, el mundo se puso a bailar al ritmo de la salsa con la participación del dueto colombiano de nado sincronizado conformado por Estefanía Álvarez Piedrahíta y su compañera Mónica Arango. “Desde la entrada la gente decía: ‘¡Guau, ¿Qué van a hacer?!’ Porque claro, todo el mundo va con música clásica o con banda sonoras de películas, música a la que están más acostumbrados, y llegan estas niñas con salsa y en la entrada se ponen a bailar”, dice Estefanía.

El éxito de sus rutinas recae en la creatividad con la que estas son creadas. “Nosotros llegamos incluso a las competencias y eran como… pero, ¿qué están haciendo?, ¿qué es eso? Los duetos de otros países quedaban impresionados e intentaba bailarlo, nos contagiaron, se notaba que lo disfrutaban”. En esta ocasión, nos reunimos con Estefanía para conversar sobre su participación en los juegos olímpicos, su desempeño en el nado sincronizado y sobre los retos que se han presentado a lo largo del camino. 

 

¿Cómo nació el interés por el nado sincronizado?

Cuando yo era chiquita, más o menos a la edad de 8 años, empecé a hacer porrismo en el colegio. No tenía que ver para nada con el alto rendimiento, era más bien un hobbie en la época escolar, pero sí me gustaba mucho la idea de bailar y de relacionarme con la música. En ese momento también estaba aprendiendo a nadar. Me encantaba la piscina y cuando mi profesora me enseñó a nadar, le dijo a mi mamá: ‘Ella tiene ciertas habilidades para el deporte de alto rendimiento’. Después me llevaron a la Liga de Natación de Antioquia, a un programa que se llama el CIFAR, que es un centro de iniciación y formación para el alto rendimiento. Me hicieron unos estudios para ver qué recomendación de deporte me podían dar. Escogí la natación artística porque se relaciona de cierta manera con el porrismo, la música y el baile, pero era dentro del agua, lo que me encantaba muchísimo. Desde el principio fue algo muy recreacional, la verdad nunca pensé que fuera a llegar hasta este punto y que las cosas fueran a avanzar tan rápido, ni siquiera mi familia lo pensó.

 

¿Cómo empezó su proceso de entrenamiento de alta competencia?

Empecé entrenando dos días a la semana y luego tres, cuatro, cinco, hasta los sábados me tocaba madrugar a las 5 de la mañana. Pero cuando resultó todo esto, se ha ido desenvolviendo muy bien y, en parte, he ido aceptando el camino que me ha puesto la vida en la natación artística.

 

¿Cómo se siente representar en varias ocasiones al país en los Juegos Olímpicos?

Cada vez que represento ya sea mi club, la liga, mi departamento y a Colombia, no sé si suene muy común que uno siente mucha emoción y mucho orgullo. Cada vez que uno se pone el uniforme, cada vez que recibe la bandera, cada vez que se tiene la oportunidad de escuchar el himno de Colombia en el pódium, es una emoción de orgullo y felicidad. Pero siempre hay una manera diferente, porque todas las preparaciones son distintas, las concentraciones, lo que uno como persona tiene que pasar para llegar a cada uno de los campeonatos, pero para mí siempre será un orgullo, incluso hasta el momento sigo sorprendiéndome más, ya que digo, “bueno, lo hago porque me gusta”, y luego resulta que nos ganamos algo o superamos algún reto, entonces es como ¡guau! De verdad puedo seguirme superando.

Revisa aquí un documental realizado por la Federación Colombiana de Natación sobre la participación de Estefanía Álvarez en los Juegos Olímpicos de Río 2016, lo cual significó para Colombia su primera clasificación de nado sincronizado en unas olimpiadas https://www.youtube.com/watch?v=IF27CoqKLeY

 

¿Cómo ha sido su papel como mujer en el mundo deportivo?

Lo dije en el congreso de EnFemenino en EAFIT, mi punto de vista es muy diferente, porque yo vengo de un deporte en el que en Colombia ha sido femenino. En el que de pronto han llegado hombres que han querido participar en el deporte unos años atrás y se les ha negado la oportunidad. Entonces digamos que ahorita que ya hay competencias oficiales con hombres es un reto para mí. Uno vive como mujer ciertas dificultades en otros ámbitos, por ejemplo, en mi caso en el ámbito laboral, ya más externo en el deporte, pero en general en la natación artística no he sentido la desigualdad, ya que como dije anteriormente en Colombia ha sido un deporte principalmente femenino, pero que ahorita que los hombres están entrando, eso me ha ayudado mucho a tratar de comprender cómo hacerlo bien.

 

Al ser un deporte practicado en su mayoría por mujeres, ¿cómo ha sido para los hombres entrar a la natación artística? 

Ellos también se han visto afectados. Conozco de muchos a quienes se les negó la oportunidad durante muchos años. Incluso ahora hay competencias que no se les permite entrar a los hombres, por no poder hacerlo en las mismas condiciones que tenemos las mujeres. Entonces es un reto, que ahora lo veo mediante ese punto de vista en el que sí, yo ahorita estoy en esa condición de mujer en el que en algunos ámbitos me ha tocado más difícil, pero no quiero eso mismo para los hombres en la natación artística.

 

¿Cuáles fueron los mayores retos que se presentaron a la hora de representar al país en un evento tan importante como las olimpiadas? 

En este caso en específico, para llegar a Tokio hubo un reto muy grande para todos los atletas; primero que la pandemia llegara y que estuviéramos aislados tanto tiempo del entrenamiento en el que venimos acostumbrados, ya que nosotras estuvimos alejadas 6 meses de la piscina. Pero más que eso creo que fue el reto mental al tú saber que tenías que entrenar un año más, que llegáramos a junio y que dijeran: “Los Juegos Olímpicos no se van a hacer en el 2020, sino que se van hacer en el 2021”. Fue un punto de quiebre increíble para mí, porque la preparación es muy fuerte no solo física, sino también mentalmente. Tantas horas de entreno y también la convivencia; en la parte física todo llega a un punto de desgaste, donde tú estás programado para entrenar cuatro años y de un momento a otro simplemente se convierte en cinco, pero ya cuando uno lo ve desde esta perspectiva de haber pasado por los Juegos Olímpicos, uno dice: “Es increíble lo que uno aprende después de pasar por esas circunstancias”.

 

¿Cómo influenció la pandemia en la preparación para las olimpiadas?

Veníamos de un punto en el que estábamos muy agotadas. Mentalmente, sobre todo. Y llega la pandemia y hay que entrenar, pero desde la casa. Nuestra entrenadora hacía de todo para reinventarse día a día y ver cómo podíamos entrenar. Nos reuníamos por Zoom para que ella nos revisara y en tierra buscábamos la manera de hacer cosas que ella pudiera corregirnos y en el momento en el que dieran la apertura nosotros pudiéramos entrar al agua y fuera como, bueno, vamos a tener que recuperar, pero vamos a tener algún avance en algún otro trabajo en el que tendríamos que invertir tiempo. Entonces eso fue lo que hicimos.

 

¿Cómo se reinventaron para seguir practicando en plena pandemia? 

Hicimos clases de baile, salsa, aprender a contar ese ritmo. Invertimos en todo lo que podíamos hacer en tierra para que cuando llegara el momento nos enfocáramos en el trabajo que es específico en agua, así teníamos un poco avanzado en lo que nos iba a gastar el tiempo en tierra. Estuvimos seis meses fuera de una piscina, pero llegamos y no les miento que en tres semanas sentíamos como si no hubiéramos salido de vacaciones sino dos semanas.

 

¿De qué manera la ha apoyado el gobierno?

El gobierno me ha apoyado mucho. Nosotros desde que entramos a cierto nivel recibimos un apoyo mensual y, aparte de eso, nos apoyan en todos los campeonatos, pero es totalmente cierto el hecho de que hay otros deportes que son más apoyados. 

 

¿Por qué no hay tanto apoyo para el nado sincronizado?

Pienso que va muy de la mano del desconocimiento. Muchas personas ni siquiera conocen mi deporte, ni siquiera saben qué es lo que hacemos. Entonces, ¿cómo podemos buscar más apoyo si las personas ni siquiera saben que existen? Es uno de los retos que tenemos ahora.

 

¿De qué otro medio recibe apoyo?

Todos los atletas hemos tratado de vincular la empresa privada, pues los recursos del gobierno no alcanzan. El deporte necesita mucha inversión. Entonces, cómo hacer para tener más posibilidades es vincular a la empresa privad, pues haciendo que las personas conozcan el resto de los deportes, que entiendan cómo se hace, cómo se entrena. Ha sido un proceso muy grande desde Río, que fue la primera vez que clasificamos a unos olímpicos. Mucha gente ha conocido más de la natación artística, pero aun así el porcentaje de gente que no sabe lo que nosotros hacemos es muy grande.

 

¿Cuál es la reacción de las personas cuando saben que es una deportista olímpica?

Les cuento una anécdota: estaba yo con un conductor que me recogió en las piscinas, entonces obviamente vinculó el ser deportista y empezamos a hablar de los Juegos Olímpicos y él me dice: “No, es que me pareció muy mediocre la participación de los deportistas de en Tokio, porque la cantidad de medallas que trajeron no son las mismas que traían antes”. Y yo, como, qué haces tú como para venir a sacar ese comentario. Entonces siento que todavía hay mucha ignorancia, y también es trabajo de nosotros. Tenemos una ayuda increíble que son los periodistas, que nos ayudan a llegar a mucha gente, pero es un trabajo que requiere de años. Y creo que no es solo en la parte deportiva, en muchos campos la gente habla sin tener el conocimiento.

 

¿En algún momento pensó en renunciar a su pasión?

La gente en realidad nunca se imagina lo que en la mente de un deportista le pasa y la verdad es que uno muchas veces piensa en renunciar. Cada vez que estoy cansadísima, que estoy en la piscina haciendo una resistencia y que me falta el aire y siento que me voy a desmayar digo: “¿Por qué estoy en esto? Pues, me quiero salir” O no sé, “estoy muy cansada, quiero estudiar, quiero viajar, quiero hacer otras cosas”. Uno no toma la decisión por ese compromiso que uno ya tiene de cumplir una meta. En esta ocasión que dijeron que iban a aplazar los Juegos Olímpicos, dije; “N no aguanto más. En serio, me quiero salir, no lo soporto”. Pero el equipo de trabajo ayuda a que esos momentos se hagan más pasajeros y que pasen más rápido. 

 

¿Cómo es el proceso creativo detrás de las rutinas?

La rutina que llevó cuatro años para organizar fue la rutina que llevamos a Río, mapalé. Para Tokio dijimos cambiemos la rutina libre, llevemos algo colombiano, algo que motive, así como hicimos en Río y hagamos bailar a la gente. En ese momento sale la idea de bailar salsa, lo cual nos parecía imposible. Hace 4 años practicamos mapalé y ahora tenemos un año para practicar la salsa. De ahí empezamos a tener clases de baile con nuestra profesora de salsa, nos enseñó a contar, a bailar. Incluso ella nos enseñó esa entrada en la piscina, que es de muy pocos segundos. Fue un proceso lindo, pero que valió la pena totalmente, no solo por el hecho de hacer la rutina en sí, sino de hacer algo colombiano, para mostrar lo bueno que tiene Colombia, somos campeones mundiales de salsa, entonces ¿Por qué no hacerlo nosotras? 

¿Cuáles cree que son las bases de un buen trabajo en equipo?

Con Mónica estoy andando junta desde 2012. Son muchos años y realmente es como una relación, creo que es mi relación más estable. Lo que ha llevado a que nosotras tengamos éxito, aparte del profesionalismo, es que somos demasiadas diferentes, emocional y físicamente, nadando nos dicen que somos hermanitas, pero físicamente somos diferentes: Mónica es mona, con ojos azules, y yo soy súper morena, súper india y es aprovechar eso, hasta las habilidades de agua de Mónica son diferentes a las mías. Mónica y yo no es que seamos las mejores amigas, pero somos muy profesionales y aprovechamos lo que tenemos de bueno para compartírselo a la otra y para que el momento para mostrarlo sea un equipo que muestre esas potencialidades.

 

Si no se dedicara a la natación sincronizada, ¿qué otro deporte le gustaría practicar?

A principios de este año descubrí el kitesurfing, otro deporte de agua, para el lago o en el mar, con una cometa, estuve tres días intentando aprender y me enamoré mal de él. En Medellín no hay, en Guatapé no se puede hacer porque no hay suficiente viento, pero creo me dedicaría a eso, me enamoré de lo que uno puede sentir, te estás desplazando simplemente con el viento y eso fue lo que me gustó de él.

 

¿Cómo se siente representar al país en los Juegos Olímpicos?

Mucha gente tenía los ojos encima, mucha presión. Nosotros somos muy realistas con los resultados que podemos tener, porque somos un deporte de apreciación, uno no escala 10 puestos de un campeonato a otro. Son mis segundos Juegos Olímpicos, y con los primeros creo que aprendí demasiado, fui la más primípara. En los dos sentí el mismo susto, pero de maneras diferentes, eran situaciones diferentes, pero en este sí dije, me lo voy a gozar de principio a fin, disfruté la competencia, disfruté estar en una villa olímpica. Miré a qué otras competencias de colombianos podía ir a hacer barra, aunque era prohibido, me colé. No sé ni siquiera si van a ser mis últimos olímpicos, pero me los voy a gozar de principio a fin, porque ha sido mucho lo que se ha entrenado para llegar acá.

Revisa aquí cómo fue el proceso de Estefanía Álvarez y Mónica Arango para alcanzar su sueño olímpico https://cnnespanol.cnn.com/video/tokio-2020-juegos-olimpicos-natacion-artistica-estefania-alvarez-monica-arango-colombia-deportes-cnn-pkg/

 

¿Cómo ha sido balancear el estudio y el deporte?

Bueno, fue súper difícil, para mí el pregrado fue una época muy dura, porque los entrenamientos eran muy fuertes, la universidad es muy dura, y listo, tú eres capaz de estudiar, pero uno después de un entreno de cuatro horas, llegar a sentarte dos horas a ver álgebra lineal, uno es como lo único que quiero es dormir, se me cierran los ojos. Uno trata de no entrar en esa comparación, pero es imposible. Mis compañeros pueden estar acá, estudiar. No he tenido tiempo, no he podido. Empiezan las calificaciones y uno es como ¿qué hago? En mi mente nunca estuvo la posibilidad de dejar de estudiar. Sea como sea, viendo una materia, viendo dos materias, tengo que seguir estudiando, ese fue un reto que me puse, no les voy a negar, fue súper duro. Tengo mi diploma y digo ¿cómo lo hice? Ahorita estoy estudiando en EAFIT una especialización. Son dos días a la semana, que aún me desgasto horrible, pero el entreno lo he bajado un montón, porque ya no estoy preparándome, ya pasaron los Juegos Olímpicos. Es difícil porque lleva mucha responsabilidad, disciplina, pero sobre todo ese compromiso mental que uno tiene, hay que recordarlo siempre, porque es muy complicado hacer las dos cosas al mismo tiempo.

 

¿Cuáles son los retos de bailar bajo el agua?

Son ciertas habilidades entre equilibrio, técnica y fuerza que uno hace, que uno tiene desde pequeño, porque les digo, uno para una semana y ya se siente tieso. Las rodillas no me estiran, el empeine no me dobla, empiezan los calambres, pero digamos que sí, son ciertas habilidades que uno va cogiendo, incluso mucha gente no sabe qué nosotros incluso nunca podemos tocar el piso, todo lo hacemos con los brazos. Nosotros giramos con los brazos, nos sostenemos con los brazos. Cuando estamos arriba estamos haciendo una patada, la llamamos batidora. Porque mucha gente dice, no pues se están pegando del piso. No, nunca podemos tocar el piso, porque nos da penalización. Uno siempre está desarrollando esa habilidad de estoy mamada, me falta el aire, estoy ahogada y tengo salir a sonreír, a tomar aire rápido y mostrar lo feliz que me siento. Es un deporte que requiere muchas horas de entreno, más que otros. Al ser un deporte que se necesita sincronizar requiere de muchas horas al día. 

 

¿Cuáles son sus planes a futuro? 

Ahora que ya pasó el estrés de Tokio, empezó el de París, porque todo el mundo es, ¿y entonces para París qué? Estoy muy enfocada en mi estudio, en mi trabajo y quiero darle prioridad a eso en estos momentos y creo que el resto de los años que tengo en el futuro. Estoy muy contenta estudiando en EAFIT, haciendo mi maestría, en mi trabajo y siento que toda mi vida le he dado esa prioridad al deporte y que ahora quiero dársela a eso otro. He vivido lo que he querido, han sido mis decisiones, y estoy contenta y orgullosa y no me arrepiento de nada de lo que he hecho en el deporte. Tengo de meta cercana seguir en la especialización, graduarme el próximo año de especialización y de maestría y ver cómo puedo ayudar tanto con mi carrera profesional como con mi carrera como atleta a los próximos atletas y aportar al deporte colombiano.

Hablando de equidad de género con Carolina Soto Losada

Hablando de equidad de género con Carolina Soto Losada

Texto por Sofía Cardona, Ana Isabel Marroquín, Carolina Arango, Alejandro Bravo. 

El pasado 7 de octubre se llevó a cabo el panel de En Femenino, en la Universidad EAFIT, un espacio de conversación entre mujeres que se han destacado en diferentes ámbitos. Allí, las invitadas hablaron de los retos, las historias y los obstáculos que han tenido mujeres que ahora son muy exitosas.

 En el panel de Liderazgo Femenino participó Carolina Soto Losada, economista de la Universidad de los Andes, con máster en Economía de la misma institución y otro en Administración y Políticas Públicas de la Universidad de Columbia. Soto fue co-directora del Banco de la República, viceministra general de Hacienda, vicepresidenta ejecutiva de Fasecolda, economista de la Corporación Andina de Fomento (CAF), directora general del Presupuesto Público Nacional y, además, se destacó como Alta Consejera para la Competitividad y el Sector Privado del presidente Juan Manuel Santos.

 En su intervención habló de cómo había superado los obstáculos que el machismo le había puesto, ya que, además de ser madre y esposa, es una mujer con muchos reconocimientos a lo largo de su vida profesional. Bitácora la entrevistó por Zoom para profundizar sobre estos asuntos y nos encontramos con una mujer dispuesta, capaz y consciente de su valor en la sociedad. Nos dio “tips” para lograr una equidad de género, también nos reveló cosas de su vida personal y cómo no permite que el machismo entre a su hogar.

¿Cuáles son las cualidades de una mujer empoderada y con cuáles se identifica?

 Lo primero, es que ella misma tenga consciencia de sus capacidades y de su potencial. Es reconocernos a nosotras, mujeres, como iguales, como capaces y como líderes en muchos de nuestros frentes como en nuestros hogares o comunidades. Lo segundo, es contar con oportunidades de capacitación, educación, formación, y que en caso de no tenerlas, nos sobre la participación para que nuestra voz sea escuchada, que seamos un referente, que no nos quedemos minimizadas y seamos conscientes de nuestro papel y participar. Formarnos en la medida de lo posible y aprovechar todas las oportunidades, ser una voz tan válida como la del hombre, pero sobre todo sentirnos y saber que somos pares a ellos.

 ¿Ha experimentado algún tipo de discriminación de género en su trabajo? ¿Cómo ha abordado la situación?

 Honestamente siempre me creí igual, no había sentido discriminación por fortuna. Crecí en un hogar donde mis dos papás trabajaban, donde había mucha igualdad en general entre hijos e hijas, excepto, cuando mi hermanito menor empezó a ser adolescente, ahí me di cuenta de que mi papá empezó a ser mucho más permisivo con él que con mi hermana y conmigo. Empecé a notar que en el resto de los temas siempre fuimos tratados igual, mis papás siempre nos consideraron iguales y nunca nos encasillaron en ese rol de género. Pero hoy en día que tengo un hijo de 12 años me cuestiono si él fuera mujer si siguiese siendo igual de permisiva con él o no, de pronto no, porque tengo esos sesgos.

 ¿Cuál fue el detonante para luchar por el feminismo?

 Crecí muy tranquila, sin mucha conciencia de esas inequidades, y en el colegio también veía a mis compañeros como pares. Luego trabajé muchos años en el sector público y siempre me dieron la oportunidad de trabajar a la par y sin notar algún tipo de discriminación o, más bien, sin ser consciente de ella. Después, cuando estaba en la presidencia de la República, me tocaba relacionarme mucho con el sector privado y ahí me di cuenta de que casi todas las reuniones eran con hombres, por lo general las cabezas de las empresas eran hombres, cuando veía mujeres notaba una particularidad y era que normalmente estaban ahí porque esas empresas eran de sus familiares, de igual forma cuando había una vacante la lista de nombres era de hombres.

 ¿Cree que se vive más la discriminación a la mujer en el trabajo en el sector privado o en sector público?

 

En el sector privado no he tenido tanta experiencia, la verdad nunca he trabajado en una empresa. Trabajé en Fasecolda, que es una agremiación de compañías de seguros, se puede decir que sí es privada, pero es un gremio. Viendo las estadísticas, el sector público lleva la delantera con la participación del 50 % de las mujeres, quitando el sector militar, mientras en el sector privado había un sesgo hacia los hombres, así que es un tema más de nuestra sociedad y cultura que en el sector público ha venido ganando, tal vez por la regulación, pero hoy en día en el sector privado han entendido que dentro de su objeto social no puede dejar de lado el aporte a su comunidad.

 ¿Cómo hizo para tomar la decisión de renunciar a Fasecolda?

 A mí me parecía muy difícil limitar mi tarea, entonces fue una consideración personal, y soy de pronto un poco radical en eso, pero sí considero que es mejor actuar sin conflictos de interés, porque como saben, renuncié a este cargo por el nombramiento de mi esposo como ministro de Salud.

 Ahora, después estuvo en el Banco de la República y también renunció, ¿cómo tomó esta decisión?

 Fue una decisión muy difícil, porque para un economista es un sueño hacer parte de la junta del Banco, con su autoridad monetaria, en este pequeño grupo, y ser la tercera mujer en haber llegado a esa posición. Legalmente habría podido quedarme, esto implicaba que no podía acompañar a mi esposo a ningún acto, porque lo que sí prohíbe la ley a los miembros de la junta directiva del Banco es participar en proselitismo electoral o político, entonces yo podría haberme quedado, pero no participar es prácticamente aislarme, todo podía ser interpretado como proselitismo. Entonces, eso era demasiado difícil, también veía que, para el Banco de la República, que es una entidad que ha construido una credibilidad de las más altas en las instituciones del Estado, podía ser un riesgo que yo estuviera adentro, porque podía poner en entredicho sus decisiones, algo como “entonces la codirectora está votando, así porque le conviene para el próximo gobierno”.

 ¿Recibió comentarios negativos cuando decidió dejar algún cargo importante?

 

No, por el contrario, en los dos casos sentí mucho respaldo en general. Primero, cuando me fui de Fasecolda, más bien los comentarios fueron como “qué exagerada”, “eso se podía manejar”, “no había necesidad”, pero ninguno referente al género, tipo refiriéndose a que le toca seguir al esposo, no. Ahora, cuando tomó la decisión de renunciar a la junta del Banco de la República, más bien los comentarios fueron muy positivos, mucho respaldo, mucha comprensión de la gente. Creo que las dos fueron bien recibidas, en serio, todos los comentarios fueron de apoyo y casi de admiración.

 ¿Qué factores cree que influyen en que algunas mujeres no luchen por la igualdad de condiciones en ámbitos laborales?

 Primero, es uno ser consciente de que no me están dando la misma oportunidad, de que mi voz no está siendo escuchada y, segundo, también está en cuáles son las consecuencias de pronunciarse. Muchas veces hay temor, qué tal que yo levante mi voz, me queje y pierda mi trabajo. Ese temor sigue siendo un factor determinante en la limitación de las mujeres y esto va ligado con la autonomía que la mujer tenga en distintos frentes, sobre todo el económico. Si la mujer tuviera solucionado su tema de ingresos, no tendría problema en levantar la mano, pero muchas veces cuando esta posibilidad de generar ingresos se ve en riesgo, también se limita esa participación de la mujer, de ahí la importancia de contar con espacios de interacción para las mujeres, al interior de las empresas, donde las mujeres puedan encontrar un respaldo a sus situaciones.

 ¿Cuáles son esas actividades o acciones que realiza a diario en las que pone en práctica y demuestra ese empoderamiento femenino del que se habló en la charla?

 Asumir una actitud distinta, tanto en las decisiones técnicas sobre la conducta monetaria o crediticia, como al notar las actitudes de discriminación, siempre manifestarlo. Por ejemplo, si tú, siendo mujer, dices una idea nadie le presta atención, pero si un hombre dice la misma idea, ahí sí es brillante. Entonces lo que he venido haciendo últimamente es entender esas problemáticas, esas diferencias, la heterogeneidad y la complejidad de nuestro país para así posicionarlo y visibilizarlo cada vez más. El término de la equidad de género es un ganar ganar, ganan los dos géneros, gana el país, gana la comunidad y la sociedad que lo entienda y lo implemente.  

Ahora, ¿cuáles son las actividades o acciones concretas que realiza o ha realizado en los trabajos que ha desempeñado?

 A nivel de organización y de administración, hace mes y medio que todavía estaba en el Banco de la República, tuve la oportunidad de jalonar el tema de igualdad de género, de visibilizarlo, de cuantificarlo y de apoyarlo. Pude contar con un comité de equidad de género al interior del Banco, impulsar la medición de una posible discriminación en los cargos, las oportunidades de ascenso y los salarios, para tomar acciones. Ahora que estoy haciendo la recolección de firmas para la posible presidencia de mi esposo, he estado también muy metida con colectivos de mujeres y ha sido fascinante. He compartido con muchas mujeres líderes y muy diversas en todo sentido y he enriquecido también mi visión de la importancia del rol de la mujer en el desarrollo social y productivo del país. 

 Teniendo en cuenta toda la trayectoria profesional tan exitosa que ha logrado con su voz femenina, ¿cómo cree que lo ve su hijo?

 

Creo que un primer paso muy importante es el ejemplo y el modelo que vea en su casa y en su familia. Al igual que como me ocurrió a mí, mi hijo ve que sus papás son pares, como equipo, más que una relación jerárquica o de dependencia. Creo que esto primero es importante para que él vea que es un modelo posible, que es normal tener a los papás con las tareas repartidas, con sus vidas profesionales o personales desarrolladas según sus intereses y con ese balance al interior de la casa. Es un tema que cada vez coge más importancia, más visibilidad, más peso en los distintos ámbitos, por ejemplo, en el colegio de mi hijo también tienen con frecuencias charlas sobre los distintos roles, sobre el respeto y la equidad de género en general. Tanto por el lado de la casa, como por el lado de la educación y social, es muy importante que se vaya dando ese cambio en el comportamiento y, en el caso personal de mi hijo, creo que él es consciente de que a las mujeres nos toca más duro en muchos casos y que no tiene por qué ser así, que hay mucho todavía por trabajar y por cambiar y que él tiene que ser parte de ese cambio.

 ¿Cuál fue el proceso que sufrió en el tiempo de lactancia y qué le recomienda a las mujeres que están pasando por esta situación?

 

Por un lado, perder el temor a exigir, si uno ve que en su sitio de trabajo no hay un lugar de lactancia, es hablar y decir, “mire, necesito las condiciones para garantizar una lactancia segura a mi hijo”. Hoy está normado, es una obligación de las empresas grandes, por lo menos, tener estos espacios de lactancia. Entonces es fantástico, porque como les comentaba, lo que noté es que a las pobres mujeres les tocaba estar en el baño, no es el sitio ideal ni tiene los protocolos adecuados. Ya las empresas deben tener un sitio o están en proceso de construir sitios donde puedan hacer la extracción segura e higiénica de la leche. Debemos seguir creando conciencia de la importancia de implementar estos espacios y de que es un derecho.

 ¿Cómo se encuentra un equilibrio entre la vida profesional y la vida personal de una mujer líder que quiere hacer cambio en la sociedad?

 

En mi caso debo reconocer que es gracias a la valiosísima ayuda que he tenido de la persona que ha estado con mi hijo desde que nació. Tuve la fortuna de contar con una mano derecha fantástica, que se hizo cargo de mi hijo en esas jornadas iniciales. Cuando nació Tomás, yo estaba en el Ministerio de Hacienda, era la directora de este puesto y las jornadas eran desde muy temprano en la mañana hasta muy tarde en la noche muchas veces, pero tuve la ventaja de estar acompañada de una pareja con quien contar. Es encontrar ese balance, entre qué hace cada uno, qué podemos hacer y cuándo necesitamos pedir ayuda. La clave en las parejas es trabajar en equipo, ver que los proyectos y las responsabilidades son comunes y se distribuyen. Tenemos un proyecto de vida que compartimos, un hijo es un proyecto en común, entonces es pensar, cómo lo sacamos adelante, cuál es la mejor forma, cómo nos organizamos y todo con sus limitaciones.  

 ¿Le ha pasado alguna situación en la que se cuestionen su posición en el hogar?

 Por ejemplo, cuando llegan los del DANE a hacer el censo preguntan por el jefe de hogar, siempre me molesta, me molesta esa misma concepción que debamos tener un jefe de hogar, ¿por qué?, no sé, y puede que esté bien, pero a veces me pregunto: “¿Por qué jefe de hogar?”. Aquí somos una familia, una pareja, un equipo que comparte la responsabilidad, entonces jefe no, no siento que mi esposo sea mi jefe ni yo su jefe. Normalmente el encuestador le dice a uno “no, pues, el que genere ingresos”, no, los dos generamos ingresos, “no, pues, el que gane más”. Piensen que desde nuestra misma medición, concepción y estadística nacional ya estamos con ese cuento, con el jefe de hogar, ¿por qué tiene que haber un jefe de hogar?, ¿por qué tiene que ser por defecto el hombre?

 ¿Qué es lo que más se le ha dificultado tanto en el trabajo como en su familia? ¿Tiene alguna anécdota que lo pueda ilustrar?

 Creo que he logrado estar en los momentos más importantes para mi hijo, como sus presentaciones, entregas de notas, ya que puedo organizar el día para ir. Es en los momentos cotidianos donde siento más ese choque entre ser mamá y profesional, ya que las jornadas de trabajo a veces se extienden y no puedo tener momentos en la noche con mi hijo, por ejemplo, acostarlo, consentirlo.

 ¿Cómo cree que se le puede hacer entender a los hombres que nosotros también podemos ayudar para erradicar el machismo en la sociedad actual?

 Visibilizando el tema, que la equidad de género esté en el día a día de cada uno, que sea un tema que se hable y se estudie, así se capta la atención de ambos géneros, el siguiente paso es identificar el problema, ver cómo se presenta en nuestro día a día y generar acciones que ayuden a superarlo.