Capítulo 9
Creer en las personas y en los productos nacionales
Por Carlos Mario Correa Soto

Apoyo informativo:
Camila Bettin Escobar,
Juanita Donato García
Eloísa Barriga Arango

Aparte de trabajar con personas que estuvieron involucradas en el conflicto armado como combatientes, otra apuesta trascendental de Juan Esteban en su emprendimiento de Alimentos Casai fue elaborar sus cereales con materias primas nativas de Colombia que le permiten poner en el mercado nacional e internacional productos competitivos, con una historia real, impacto social y que proyectan valores nutricionales y culturales.

“Nuestra misión es desarrollar valores nutricionales inspirados en nuestros legados culturales, en la sabiduría de aquellas civilizaciones que tenían un contacto vital con la tierra y su atributos esenciales.

Por eso trabajamos con el ñame que es un tubérculo de tradición en la costa norte colombiana, con el cacao que se proyecta como el próximo producto bandera del país y, por su puesto, con el café, símbolo de nuestra economía, el cual pasamos de una taza a un plato de cereal.

Nuestro cereal de café ha sido uno de los más impactantes en nuestras primeras incursiones internacionales. Las personas de muchos países se emocionan con la posibilidad de ver un producto autóctono que hasta ahora solo conocían en granos y en polvo”.

“Estoy convencido de que uno puede cambiar su historia si se atreve a hacerlo”: Juan Esteban Garzón. Foto cortesía
Proveedores regionales

La marca Casai, hasta ahora, tiene cinco tipos de cereales: dos de ñame, un crispy de garbanzo, un chococrispy de lenteja y cacao, y el de café. Todos tienen harina de plátano. Y ninguno tiene maíz ni trigo.

Juan Esteban le compra el ñame directamente a los productores en municipios de los departamentos de la Costa Atlántica, el cacao y el plátano en Urabá, el café en el Suroeste antioqueño, la miel en el Huila, la Sacha Inchi y la nuez en el Valle del Cauca.

Alimentos Casai es definido por Juan Esteban como un emprendimiento social y solidario.

Su éxito personal se lo atribuye a la oportunidad que ha tenido de volverse más humano y tener conexión emocional con los demás, tras considerar que siempre va a necesitar de ellos porque “no se llega solo a la cima”.

Y en su caso, el sabor del éxito es una sensación que ha empezado a disfrutar después de las dudas y las frustraciones, la incertidumbre, los tropiezos y los miles de problemas que ha tenido que ir solucionando día a día.

Conexión con el entorno

“Para ser sincero —afirma—, una de las señales fundamentales para establecer que tu trabajo está logrando resultados positivos, es cuando te conectas con las personas; ese es el objetivo real, el motivo, el motor y la razón que hace sostenible el emprendimiento.

Y para mí, trascender lo meramente económico y ofrecer una alternativa de nutrición saludable como parte de un emprendimiento social, ha sido lo más importante que me ha pasado en la vida.

Quiero reconocer a todos los que han trabajado conmigo y me ayudaron a construir Casai; especialmente, a los que ya no son combatientes del conflicto armado colombiano, sino a un grupo de amigos que están construyendo futuro para sus familias y para el país con alternativas de salud y convivencia.

Así que la apuesta empresarial de Casai, entonces, es producir alimentos para la nutrición saludable; para vivir una vida sin azúcar ni sodio y, sin odio… Con una fórmula compuesta de tolerancia y solidaridad laboral”.

Juan Esteban, adopta un gesto pensativo, y concluye: “Mientras algunos se sientan a esperar, el emprendedor actúa, trasforma vidas y cambia realidades. Hoy Casai es, esencialmente, una apuesta de paz, un acto de fe en el futuro, y los es precisamente ahora en los tiempos de la pandemia del covid–19 cuando el futuro parece tan incierto”.

Casai tiene dos tipos de cereales de ñame, un crispy de garbanzo, un chococrispy de lenteja y cacao, y uno de café. Foto Simón Barrera
Epílogo: ¡siempre hay esperanza!

Sentado frente a su escritorio en el segundo piso de la bodega–fábrica, Juan Esteban se pone en modo filosófico y dice que si alguien le hubiera dicho hace cinco años que él iba a producir el primer cereal de café en el mundo sin químicos ni conservantes, hubiera pensado que eso era una película de ciencia ficción.

—Pero hoy estoy convencido de que uno puede cambiar su historia si se atreve a hacerlo; aunque para llegar a la meta y tener un emprendimiento exitoso, debes estar dispuesto a fracasar…

La posibilidad del fracaso como lección de vida, Juan Esteban —ahora lo recuerda con mucha claridad—, la aprendió como jugador de béisbol y, en especial, como integrante de la Selección Antioquia de la categoría juvenil.

“Al béisbol le entregué todo; yo empecé a jugar béisbol desde los 4 años hasta los 18, entrenaba cuatro días a la semana después de estudiar.

Ese tema deportivo pudo haber contribuido a que yo hoy esté en una empresa de alimentación saludable y eso haya quedado en mi inconsciente, en el culto al cuerpo, de cuidarse, de la disciplina.

El deporte sí da una disciplina, sobre todo cuando son deportes en equipo, pues por mucho que uno resalte, si el equipo no es bueno, no vamos a tener un buen resultado, y logra uno entender todo eso que va a traer consigo el trabajo en equipo.

Tuvimos muchas derrotas, casi siempre perdíamos las finales con los costeños que son muy tesos en el béisbol. Nunca recuerdo haber ganado un campeonato por fuera de Antioquia, siempre era una pérdida constante. Pero íbamos detrás de un sueño y ahí también, en esas derrotas aterradoras, teníamos que ser muy resilientes; se aprende más del fracaso que del éxito”. La palabra Casai deriva de la expresión quechua Kawsay, que significa Vida.

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