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Soy María de los Ángeles Cano Márquez, “flor del trabajo”

Foto: Revista Semana / «50 años sin María Cano»

Carolina Mejía Mejía

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Para quienes no me conocen, o no han escuchado de mí, me presento: fui bautizada por el cura Pedro Nolasco Cadavid, en la Iglesia La Veracruz, el 21 de octubre de 1887 a las 10 de la mañana, como María de los Ángeles Cano Márquez, pero pasé a firmar la historia como María Cano.

Desde mi muerte, avenidas, asociaciones, instituciones educativas, estatuas, textos y hasta insultos se han  creado bajo mi referencia: “vea pues, la niña quiere estudiar, trabajar o independizarse, qué tal, no faltaba más, salió una maríacano” (Tomás Molina, 2019).

Hay quienes dicen que fui la primera mujer que, en la Colombia del siglo XX, se atrevió a igualarse con hombres y hablar de política. Además, fui reconocida como “flor del trabajo” por mi liderazgo y empatía con la lucha de miles de obreros.

Ven y te cuento más de mí

Nací en Medellín el 12 de agosto de 1887. Fui la hija menor del matrimonio entre los primos Amelia Márquez Cano, mujer autodidacta, y Rodolfo Cano Isaza, seguidor de las ideas de la Revolución francesa, espiritista, apasionado lector de Víctor Hugo y rector de la Escuela Nacional de Varones, hoy Paraninfo de la Universidad de Antioquia. No por nada salí así de inteligente.

Mi casa de crianza, ubicada primero en la Veracruz y luego en el barrio El Salvador de Medellín, fue epicentro de tertulias con familiares ilustres, quienes llegaban con famosos pintores, abogados, poetas, escritores, políticos e ingenieros como Abel Farina, Miguel Agudelo, Efe Gómez, José Posada y Luis de Greiff. De verdad, mi casa era un escenario de los más prestigiosos de la época.

En mi lista de familiares figuraban, nada más y nada menos que, personajes como…

Mis honorables hermanos:

Carmen Luisa Cano Márquez: artista que trabajó en el taller de fotografía Melitón Rodríguez e Hijos —nuestros primos —  y fue discípula de, nuestro también primo, Francisco Antonio Cano.

María Ramona Antonia de Jesús Cano Márquez“la Rurra”, médium muy buscada por los empresarios antioqueños para predecir las variaciones en el precio del café en Nueva York y una de las mujeres más señaladas, estigmatizadas, y que, también, causaba terror entre miembros ilustres de la Iglesia y uno que otro dogmático camandulero que a duras penas se sabía el Padre Nuestro, el Ave María y una que otra estación de la Novena. Imagínense, si hablaban mal de mí, ahora no lo iban a hacer de ella.

 Isabel Cano Márquez: esposa de Benjamín Tejada, mi cuñado, y madre del intelectual comunista Luis Tejada Cano, mi sobrino.

Alfonso Cano Márquez: una de mis manos derechas en las reuniones políticas que solía organizar en mi casa.

Mis primos, ya mencionados previamente: Horacio Marino y Luis Melitón Rodríguez Márquez, miembros de la élite intelectual de artistas y arquitectos de la Medellín de entonces, de la que directa o indirectamente formé parte.

Fidel Cano Gutiérrez: fundador en 1887 del periódico El Espectador y quien me sacó una que otra cuñita para que mi memoria perdurara en el tiempo y, Francisco Antonio Cano Cardona, pintor, escultor, grabador y escritor; uno de los más sobresalientes de la naciente ciudad.

Mi sobrino: Luis Tejada Cano, escritor, admirador de Lenin, comunista, amante de las novelas de Arthur Conan Doyle, uno de los mejores cronistas de El Espectador y del país, mi guía y mentor en el mundo de las ideas socialistas y el responsable de relacionarme con la Colombia de ese entonces. Mejor dicho, por este muchachito es que me metí de lleno en la política.

A Tomás Uribe Márquez lo quise como sobrino, aunque nuestro parentesco es irrelevante. Este ingeniero agrónomo, escritor, periodista, propulsor de la primera Confederación Obrera Nacional y cofundador y secretario general del Partido Socialista Revolucionario Colombiano, junto con Luis, se la pasaba leyendo textos prohibidos y echando cuento para ganar adeptos a su lucha.

Por último y no menos importante, mi compañero de batallas y uno de los que más guerras me dio,  Ignacio Torres Giraldo, marxista, secretario general (1934-1938) del Partido Comunista Colombiano, participante del Congreso de la Internacional Sindical Roja y del Secretariado Latinoamericano de la Internacional Comunista en Moscú. Además, padre de mi hijo putativo y alegría, Eddy Torres.

Hechos que marcaron mi vida

En 1899, a mis 12 años, vi partir hacia la guerra de los Mil Días a Tomás Uribe Márquez. Años más tarde, este muchacho, que desde pequeño se las daba de muy rebelde, fue excomulgado por criticar a la Iglesia católica y, aunque no lo crean, en mi familia más de uno le pegó su palmadita en el hombro. Es que entre espiritistas y no creyentes ser excomulgado es más que un hito heroico.

En 1910, con pocos meses de diferencia, despedí de este mundo terrenal a mis padres: Amelia Márquez Cano y Rodolfo Cano Isaza

En 1920, Luis Tejada me nombró fundadora del Centro Prosoviético Claridad. Y, en compañía de Tomás, me cuentan con pelos y señales todo sobre la huelga de mujeres en Bello, liderada por mi después vecina, Betsabé Espinal, una muchacha que siendo casi de mi edad, pero gozando de menos privilegios que los míos, se emberracó y decidió motivar a sus compañeras a alzarse en contra del dueño de la fábrica para exigir mejores condiciones laborales. Es que hasta descalza la obligaban a trabajar y eso sin contar que tenían un supervisor que le echaba el perro a más de una y hasta las obligaba a hacerle el favorcito.

En los 20s, decidí explotar mis dotes como escritora y me uní, con un poco de miedo al rechazo y a la crítica, a la tertulia Cyrano bajo el seudónimo de Helena Castillo y escribo: “El poeta maldito” (1921), un homenaje a mi amigo fallecido, Abel Farina: “…El maestro se ha ido/Mis ojos han permanecido secos/más mi ser todo se ha conmovido con temblor sagrado (…)”. En 1923 escribo “Vivir”, texto que después me publicaron en Lecturas para mujeres y “Casa de menores”; en 1924 redacto “Los forzados”, “Pan espiritual” y “Por los obreros”.

En 1923, me recibieron en El Correo Liberal y junto con mis amigas, las también escritoras María Eastman y Fita Uribe, promulgamos e incentivamos la actividad literaria y creamos concursos de literatura y poesía femeninas, en los que el maestro Tomás Carrasquilla nos sirvió de padrino.

En marzo de 1924, llamé, escribí y toqué las puertas de periódicos y librerías para que nos donaran materiales de lectura. Ya en mayo, con un recinto bien dotado, inauguramos la Biblioteca Municipal, a la cual invité a obreros a leer.

“Yo os invito a que vayáis todos […] Leeré a los que no puedan hacerlo […] Os espero a todos. Quisiera que probárais (sic) a muchos desconfiados que sois capaces de comprender lo bello y lo bueno […]”,
(El Correo Liberal, 1924)

En 1925, me nombraron “flor del trabajo” en Medellín e inicié largas giras por el país, proclamando discursos con temas que, hasta entonces, solo habían sido mencionados por hombres.

“…Compañeros, en pie. ¡Listos a defendernos! Seamos un solo corazón, un solo brazo. ¡Cerremos filas y adelante! Un momento de vacilación, de indolencia, dará cabida a una opresión más, a nuevos yugos. Valientes soldados de la Revolución Social, ¡en marcha!, ¡oíd mi voz que os convoca!”, (La Humanidad, Cali, 22-12-25).

En mi primera gira visité las minas de Segovia y Remedios y seguí hacia Puerto Berrío (Antioquia). Embarqué en La Dorada (Caldas), viajé en ferrocarril hasta Honda y de allí a Mariquita hasta llegar a Ibagué (Tolima), en 1926, al III Congreso Obrero.

El 20 de noviembre, también del 26, llegué a Bogotá, donde fui elegida nuevamente “flor del trabajo” y asistí a la creación del Partido Socialista Revolucionario del que fui nombrada parte del comité directivo.

En mi tercera gira visité Boyacá; en la cuarta navegué el río Magdalena hacia Barrancabermeja y, en la quinta me fui por Caldas impulsando la consigna por los tres ochos. Y, después de fundar la Cooperativa Tipográfica de Medellín, editorial del periódico La Justicia del que fui  directora, viajé con Ignacio por el río Magdalena entre Puerto Berrío, la costa Atlántica y Santander.

En marzo de 1928, regresé a Medellín y participé en las campañas de solidaridad con Nicaragua (invadida por tropas estadounidenses) y los revolucionarios de otros países: Arévalo Cedeño en Venezuela, Sacco y Vanzetti en Estados Unidos y otros. Asimismo, apoyé al Comité de Lucha por los Derechos Civiles contra la Ley Heroica, ley para allanar la sede de los partidos, sindicatos y periódicos, y detener a los sospechosos de “conspiración comunista”.

En diciembre de 1928, la represión por la Huelga de las Bananeras me llevó a prisión junto con amigos, colegas y camaradas socialistas como Ignacio Torres Giraldo, Manuel Quintín Lame y Tomás Uribe Márquez, como lo reseña Renán Vega Cantor en su libro Gente muy rebelde. Y, un año después, tras la defensa hecha por el joven abogado Jorge Eliécer Gaitán Ayala, fuimos dejados en libertad.

Luego Ignacio huyó a Moscú y logró acuerdos para que, desde Rusia, llegara a Medellín una delegación encabezada por el abogado Guillermo Hernández Rodríguez con el objetivo de depurar las responsabilidades de los dirigentes del partido, incluyéndome, al tacharnos de “románticos idealistas”. Años después, Ignacio regresa y es nombrado secretario general del Partido Comunista Colombiano.  

En 1930, más exactamente el 17 de julio, se creó el Partido Comunista. Para entonces, mi paciencia se agotaba y, sin más remedio, decido pronunciarme, escribiéndole una carta a   Guillermo Hernández Rodríguez, primer secretario general del Partido Comunista Colombiano:

«Usted acusa de conspiradores a mis compañeros del Partido Socialista Revolucionario y me quiere excluir a mí de tal responsabilidad, porque supuestamente estoy llevada y convencida por ellos, o sea, no me otorga la posibilidad de un criterio personal. En este país, donde la mujer habla a través del cura, del marido o del padre, hay esa costumbre. Pero ese debate yo no se lo voy a hacer, la gente sabe quién soy y cuál es mi criterio»,
(Colombia Informa, 2016).

En los 30s, dejé de lado la militancia política y me vinculé como obrera a la Imprenta Departamental de Antioquia. Luego pasé a servirle a la Biblioteca Departamental hasta 1947 y en 1934, decidí apoyar la huelga del Ferrocarril de Antioquia.

En abril de 1967 enfermé y el 26 de ese mes acabó mi lucha y parto de este mundo dejando un gran legado.  Un día después de mi muerte, el 27 de abril de 1967, mientras se adelantó mi velación en el Directorio Liberal de Antioquia, el Concejo de Medellín me otorgó una medalla póstuma como homenaje en el marco de la celebración del Día de la Mujer, como mujer destacada de Antioquia.

«[…] mi voz de mujer estimuló a las multitudes. Porque fueron multitudes como ríos las que afluyeron […] a oír el mensaje de lucha que les llevaba. Extraño, pero más interesante, el hecho de que fuera una mujer la que sembrara esa llama de inquietud revolucionaria por los caminos de la patria. Extraño, pero lógico porque ya la mujer no estaba solamente en la casa, en el pequeño taller y en el campo de cultivo, sino también en las grandes fábricas, en el amplio comercio, en oficinas e instituciones. ¿No es lógico igualmente que la mujer esté con los mismos derechos del hombre en todos los frentes de la actividad económica, social y política de la nación?»,
(Las 2 Orillas, 2019).

Mi legado

Espero que este breve recuento de mi vida haya servido como carta de navegación para que sepan quién fui, qué hice, cuáles fueron mis luchas y algunas de mis motivaciones. Así mismo, espero con ello haber dejado en ustedes un legado y una invitación para perseguir cada sueño y propósito con riguroso esfuerzo y dedicación.

Para aquellos que juzgan mi historia y me restan valor por mis fortalecidos lazos familiares o por mis privilegios, espero que algún día comprendan y se empapen del inmenso valor de la empatía.

A quienes se han atrevido a arrebatarme el título de “flor del trabajo”, aduciendo que en vida jamás tomé una pica o una pala para labrar la tierra, los convido a abrir sus horizontes y a expandir sus conceptos.

Y, a mis amados obreros y camaradas:

«Agrupémonos todos en la lucha final.
El género humano es la internacional.
Ni en dioses, reyes ni tribunos, está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor.
Para hacer que el tirano caiga y el mundo esclavo liberar
soplemos la potente fragua que el hombre libre ha de forjar», (La Internacional, 1944).

Bibliografía

Este es un ejercicio de escritura creativa que tiene el respaldo de consulta documental. De esta forma logramos construir una serie de perfiles de obituario. 

“Ana María Eufemia Amelia Márquez Cano”. Genealogie Online, https://bit.ly/3FaUZxl

“Cano Márquez, María de los Ángeles (1887-1967)”. La web de las biografías, https://bit.ly/3D3KxWv

“Cano Márquez, María de los Ángeles”. Diccionario biográfico de las izquierdas latinoamericanas, https://diccionario.cedinci.org/cano-marquez-maria-de-los-angeles/

“Colombianas que hacen historia (Colombia, 1796-1975)”. Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, 18 de marzo de 2013, https://bit.ly/3zYTTkt

“En memoria de María de los Ángeles Cano Márquez”. Evangelizadoras de los Apóstoles, https://bit.ly/2Ymf8Qm

“Fidel Cano Gutiérrez”. Wikipedia, https://es.wikipedia.org/wiki/Fidel_Cano_Guti%C3%A9rrez

“Francisco Antonio Cano”. Wikipedia, https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Antonio_Cano

“Ignacio Torres Giraldo”. Wikipedia, https://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Torres_Giraldo

“Joaquín Cornelio Cano Arango”. Geneanet, https://bit.ly/2Y74TPJ

“La bella y valiente “flor del trabajo”. Google Sites, https://sites.google.com/site/mariacanoorgullofemenino/musica-electronica

“Luis Tejada Cano”. Wikipedia, https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Tejada_Cano

“María Cano #IlustresAntioqueñas”. Solo Paisas, https://www.solopaisas.com.co/maria-cano-ilustresantioquenas/

“María Cano La “flor del trabajo”. Agencia BK Detectives, https://agenciabk.net/maria.cano.htm

“María Cano, “flor del trabajo”. Semanario Voz (4 de mayo de 2017), https://semanariovoz.com/maria-cano-flor-del-trabajo/

“María Cano. Pionera de la lucha laboral en Colombia”. Coomeva, https://bit.ly/3uvl5pS

“María Cano: Pionera y agitadora social de los años 20”. La Cebra que Habla, 8 de marzo de 2019, https://lacebraquehabla.com/maria-cano-pionera-y-agitadora-social-de-los-anos-20/

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“María Cano”. Instituto Técnico Santo Tomás de Aquino, https://sites.google.com/site/personajesdecolombia/maria-cano

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“Periódico El Espectador exalta la figura de María Cano”. Fundación Universitaria María Cano, 5 de mayo de 2021, https://www.fumc.edu.co/periodico-espectador-exalta-maria-cano/

Arango Jaramillo, Mario. María Cano. Flor eterna, siempreviva. Medellín: Fundación Universitaria María Cano, 2001.

Lopera, Manuela. “María Cano: una mujer comprometida”. Pijao Editores, https://bit.ly/3kZTLNq

Marín Valencia, Sara y Juliana Vergara Torres. “María Cano y el grito de las luchas obreras en Medellín”. Las 2 orillas (21 de noviembre de 2019), https://bit.ly/3mgdvvC

Molina, Tomás. “El costo de rebelarse, con ve corta”. Vivir en El Poblado (20 de junio de 2019), https://vivirenelpoblado.com/el-costo-de-rebelarse-con-ve-corta/

Moreno Trujillo, Eduard Esteban. “La “flor del trabajo”: Tradición, mito e izquierda”. Asociación de Colombianistas, https://bit.ly/3D1IAKk

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Vanegas Useche, Isidro. “Apóstoles del pueblo. El carácter de los liderazgos revolucionarios en Colombia, 1924-1930”. Historia y Sociedad, núm. 25 (2013), https://bit.ly/3ouyIEP

Vega Cantor, Renán. Gente muy rebelde. Protesta popular y modernización capitalista en Colombia (1909- 1929), tomo 1. Bogotá: Ediciones Pensamiento Crítico, 2002, https://bit.ly/3F8fuux

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