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Gratitud a la Pachamama

Gratitud a la Pachamama

Texto por Manuela Jaramillo Jiménez

Ilustración por Santiago Gordon 

 

En lo que va corrido de este siglo se ha impuesto la moda de querer ser más sanos, naturales, responsables con la naturaleza e incluso practicar expresiones religiosas que vayan de la mano con estas tendencias

Por mucho tiempo, las etnias andinas de Colombia han profesado la religión de la madre tierra, la Pachamama, palabra que nace del origen quechua y significa: pacha, universo, mundo y tierra; y mama, madre. A esta madre tierra es a la que se implora para la protección y sustentación de los seres humanos. Es aquí, en esta expresión religiosa cuando la naturaleza tiene el poder sobre el hombre, es quien controla y aquella que, de cierta forma, enseña el cuidado de ella.

El Valle de Aburrá ha sido hogar para muchas de estas etnias indígenas que establecen su comunidad aledaña a la ciudad. A 45 minutos de Medellín y con un acceso rápido por el túnel de Oriente, se encuentra Guarne, un municipio antioqueño que hospedó a Ambi Comunidad, que tiene como slogan “Laboratorio de Paz”. Fundada en el año 2010 con las bases del conocimiento ancestral del Putumayo colombiano, donde buscan un crecimiento espiritual, personal y profesional a partir de la guía de los Mayores de Yunguillo, Putumayo. Con más de 2.100 estudiantes y asistentes, Ambi es una comunidad de trabajo colaborativo, conformada por el diálogo con la naturaleza, las plantas maestras, personas que sintieron el llamado a la vocación de ayuda, los Mayores del entendimiento e incluso entidades educativas como la Colegiatura.

Arcoíris en Perú. Fotografía tomada del Facebook de Miguel Jaramillo

Hace siete años, Miguel Jaramillo sintió el llamado a ser parte de esta expresión religiosa. En ese momento, un joven de 16 años, se aventuró por el mundo de la naturaleza.

Ambi comunidad. Fotografía tomada del Facebook de Miguel Jaramillo

Entre viajes a lo más adentro del Amazonas colombiano y brasilero, tribus en el interior de Perú y una que otra comunidad del Valle de Aburrá, Miguel, ahora con 23 años, decidió ser parte de la comunidad de Guarne, la cual le abrió sus puertas para ser un aprendiz de la Pachamama.

Cuando se escucha hablar a Miguel por primera vez sobre sus creencias puede ser algo difícil de entender, pues son ideales  sobre los cuales no se está acostumbrado escuchar: “Mi espiritualidad está basada en la madre tierra”, afirmó cuando se le preguntó en qué creía.

“Más que una religión, es mi espiritualidad. La Pachamama está en nuestros corazones, por eso somos capaces de comunicarnos con las plantas medicinales. El aire y el agua son fuerza, dios somos todos, esa última idea es algo que yo he ido construyendo, pues para los nativos del Putumayo no hay un dios como el de la religión católica; sin embargo, yo creo en el poder de él, no como un ser superior, sino como la capacidad del ser humano de ser dios”, explicó.

Para la familia de Miguel no era predecible que él repentinamente comenzara a tener estos pensamientos. Su madre, algo conservadora y entregada a Dios, cuando empezó a escuchar sobre las creencias de su hijo quedó asombrada, pero sabía que no había nada más para hacer además de apoyarlo y escucharlo.

Lo más difícil de aceptar de todas estas conversaciones era el tema de la Ayahuasca, más conocida como el yagé; es una preparación purgante procedente de la medicina tradicional indígena del Putumayo. Para las personas que lo toman es una experiencia sanadora y liberadora que permite tener un enfoque más claro en la vida. Esta bebida espesa y con un sabor un poco desagradable, se convirtió para Miguel en la mejor forma de purificar y de entender su ser. Sin embargo, él y la comunidad Ambi aseguran que esto no puede ser tomado por diversión, sino que es considerado una total ceremonia. La toma de yagé debe de tener una preparación previa, se debe de hacer una dieta para la protección del cuerpo y la bebida solamente puede ser entregada por alguien que se haya certificado en el tema. Ambi cuenta con Jerónimo, un hombre que fue autorizado por el Taita para ser este tipo de ceremonias.

 

Para Jaramillo: “el yagé no es como la comunión para los católicos, pienso que la comunión está dentro de nosotros mismos. La primera vez que tome yagé fue cuando tenía 16 años, yo estudiaba en la Colegiatura y Jerónimo me daba una clase, nos hablaba del tema y desde ahí me empezó a interesar. Con la Ayahuasca podemos llegar a niveles que nosotros ni siquiera sabemos que tenemos, me acuerdo de la toma donde tuve una visión impresionante, desde ahí comencé a vivir mi vida diferente. Me sentía completo de amor y sentía que todo el mundo sonreía a mi alrededor”.

Y lo asegura entre carcajadas, pues él sabe que la historia es compleja de entender.

El pasado 7 de mayo tuve la oportunidad de ir a una ceremonia de Ayahuasca en la comunidad Ambi; observé alrededor de 15 personas que serían parte de la toma. Hacía frío, por suerte entramos a una de las cabañas. En el piso había cojines que formaban un círculo, en la mitad unas velas y en las paredes unas mantas que me transportaban a la India o un pueblo del Perú. Alrededor de las 8:00 de la noche comenzaron la toma con unas palabras dando gracias a la madre tierra y conectándose con cada uno para lograr la sanación. Cuando ya habían alcanzado un estado de relajación, tomaban un vaso que había al frente de ellos con aquella bebida oscura que los haría transportar a lo más profundo de su ser. Era normal que algunos vomitaran, pues además de su horrible sabor, el vómito significa la limpieza de algo que impide el ritmo de la vida. Podían pasar meditando y vomitando toda la noche.

Miguel recostado sobre una de las paredes se conectaba con lo más profundo. “Me conectó con dios que está en mi interior; sano y analizo las imágenes que la Pachamama tiene para mostrarme”, destacó.

La visita fue agradable; es gratificante conocer sobre profesiones de fe tan antiguas y que, por mucho tiempo, han sido rechazadas simplemente por sus ideales; y sus seguidores tildados de locos e incluso hasta de drogadictos. Sin embargo, estas personas que hacen parte de esta comunidad no le tienen miedo a romper esquemas y salir de lo tradicional para encontrar su espiritualidad.

Ambi comunidad. Toma de Yagé. Fotografía tomada en el lugar

La comunidad es amplia y cuenta con varios espacios. Casas cubiertas con un techo rojo, cada una de estas dependiendo de la actividad o el taller que se vaya a realizar. Cada uno de los habitantes tiene una especialidad en la comuna; en el caso de Miguel, la cocina. Cuando se llega a este lugar se siente una energía diferente, la gente sonríe y se aprecia que habla con mucha transparencia. Se escucha a la naturaleza y en muchos casos la lluvia que enfría el lugar, pero no deja de ser un espacio cálido de corazón.

Ambi comunidad. Fotografía tomada en el lugar

Ambi Comunidad es un espacio para todo tipo de personas: extranjeros, madres cabeza de familia, niños, personas que padecen enfermedades terminales, ancianos y jóvenes, cada uno con un propósito diferente, pero confiando plenamente en la fuerza de la naturaleza, de la Pachamama.