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Capítulo 7: El momento en que cambió la historia de la empresa

Capítulo 7
El momento en que cambió la historia de la empresa
Por Carlos Mario Correa Soto

Apoyo informativo:
Camila Bettin Escobar,
Juanita Donato García
Eloísa Barriga Arango

Desde que Juan Esteban empezó su aventura como emprendedor recuerda una frase que su padre, dirigente político antioqueño y congresista, le repetía con frecuencia: “El poder es para ayudar, no para maltratar”.

—Entonces, por todo lo que viví y aprendí en mi familia, especialmente de mi padre, siempre pensé que al contratar al personal de Alimentos Casai debía encontrar, más que empleados, aliados que me ayudaran a sumar esfuerzos para una causa común, sin importar sus creencias o sus raíces.

Así fue como Jeison, uno de  los nuevos operarios contratados, entró en la vida de Juan Esteban y de Casai.

Cuando cumplió tres días de trabajo en la empresa fue a su oficina y, temeroso y cabizbajo, le dijo: “Don Juan, llevo tres días trabajando en esta empresa, los mismos que llevó sin dormir, porque yo a usted le dije mentiras. La verdad es que hace 15 días salí de la cárcel y eso no lo puse en la hoja de vida”.

Casai demuestra que las oportunidades de trabajo y confiar en las personas son la mejor opción para devolver la esperanza a quienes dejaron las armas o fueron víctimas de la violencia. Foto Simón Barrera
Revelar el pasado, ante todos

Juan Esteban, aunque ahora dice que tuvo dudas y miedo, se mostró tranquilo y escuchó la historia de Jeison:

Había estado detenido por nueve años en la cárcel de alta seguridad de Cómbita, en el municipio de Boyacá, condenado por los llamados falsos positivos, es decir, por asesinatos de civiles indefensos cometidos por integrantes del Ejército de Colombia.

Contó que había ocultado esta situación porque estaba desesperado, ya que en otras empresas le negaron el trabajo por su pasado judicial.

—Yo no soy quién para juzgar a nadie. Comprendí que él ya había cumplido su condena y mi decisión fue que continuará trabajando en la empresa. No quise contarle a nadie cercano. Pero lo que vino después reafirmó, una vez más, que la intuición siempre te guía en el camino correcto.

Una cadena de historias tristes

Juan Esteban dice que después de la confesión de Jeison sucedió una especie de terapia de grupo improvisada en la empresa. Reunió a todos los operarios que había contratado recientemente y Jeison les contó su historia.

Una vez que terminó, el silencio llenó el reciento de trabajo. De pronto, Juan —en Casai los operarios no se tratan son sus apellidos— se puso a llorar. Cuando se calmó un poco, les contó a sus compañeros de trabajo que su padre había sido asesinado en un caso de falso positivo del Ejército.

El siguiente en hablar fue Sebastián, uno de los trabajadores más jóvenes entre quienes habían sido contratados, y les contó a sus compañeros que él y su familia habían sido desplazados por la violencia tras una masacre en la vereda Cañaveral, del municipio de Remedios, en Antioquia, ocurrida el 7 de julio de 2001.

Y les dijo que él, a pesar de haber sufrido mucho en su niñez y haber vivido en hogares de paso, había logrado estudiar una carrera universitaria.

—Para mí, ser una víctima no es lo que me define como persona. Yo he tenido la posibilidad de salir adelante, he tenido gente que me ha dado la mano. Yo creo que Jeison ya cumplió su condena y pagó los errores que cometió, y ahora tiene todo el derecho a una segunda oportunidad —les dijo Sebastián.

“Siempre estaré orgulloso de haber desarrollado el primer cereal de ñame, de café y de cacao a nivel mundial: Juan Esteban Garzón. Foto Simón Barrera
El camino hacia el perdón

Y Diego, a quien sus compañeros de trabajo llaman “El abuelo”, comentó:

—Cuando Jeison nos contó la historia, de dónde y cuándo perdió su libertad, todos creímos que cuando la recuperó tenía la misma edad que cuando fue privado de ella y sentimos la necesidad de encaminarlo, de mostrarle cómo había cambiado el mundo en el tiempo que él estuvo en la cárcel. En ese momento se generó un vínculo de confianza y amistad, y ahí llegó su propio perdón.

Fue en esa conversación entre sus trabajadores que Juan Esteban se pudo dar cuenta que en su fábrica, sin él saberlo, convivían y trabajan en el mismo espacio excombatientes del conflicto armado colombiano.

—De allí en adelante los testimonios y las sorpresas en mi empresa se han multiplicado. Unos días después llegó Álvaro, desmovilizado de los grupos paramilitares. Él es otro de los nuevos trabajadores de la planta que se han destacado desde el principio por su liderazgo y capacidad laboral.

La versión de Juan Esteban es que hoy, cuando en Alimentos Casai tiene vinculados a 18 operarios todos marcados por su participación en el conflicto armado en Colombia como excombatientes, es que ellos mismos se comunicaron y se perdonaron. Fueron capaces de mirarse a los ojos y pasar la página de su pasado para darse una segunda oportunidad en sus vidas.

Ejemplos de reconciliación

“La lección más grande de conciliación de toda mi vida —afirma Juan Esteban—la recibí en la planta de Casai cuando una semana después de que Jeison nos relevara su historia, volví a reunir a todos los trabajadores a ver qué había pasado entre ellos.

Y me enteré que Juan, cuyo padre había sido asesinado en un caso de falso positivo del Ejército, se había convertido en fiador, en la compra de enseres para su hogar, de Jeison, precisamente el ex militar condenado por falsos positivos.

Y que además le enseñó la ruta del metro, le ayudó a ubicarse en una ciudad extraña para él después de tantos años de prisión y se convirtió en uno de sus mejores amigos.

La planta de producción de Casai tiene 700 metros cuadrados y está ubicada en el municipio antioqueño de Itagüí. Foto Simón Barrera
Decidí apostarle a este proceso natural de inclusión: que en Casai trabajarían excombatientes del conflicto armado.

En la nómina de la fábrica trabajan hoy juntos desplazados de la violencia, excombatientes de la guerrilla de las Farc, desmovilizados de las autodefensas y exmilitares que fueron condenados por falsos positivos.

Tres años después de esa conversación entre algunos de ellos, jamás ha existido una discusión seria o una llamada de atención por un acto violento.

Es más, a partir de ese momento, mi indicador de rotación de personal es cercano a cero, se logró una estabilidad laboral que me ha permitido estimular en todos ellos procesos integrales de capacitación e innovación”.

“Detrás de los números lo que se refleja es el espíritu solidario proyectado como talento, disciplina y efectividad en busca de una verdadera productividad”: Juan Esteban Garzón. Foto Simón Barrera
Un laboratorio de paz

Juan Esteban, levantando sus cejas y con un tono de voz emocionado, señala:

—Yo estuve, estoy y estaré orgulloso de que mi empresa haya desarrollado el primer cereal de ñame, de café y de cacao a nivel mundial. Pero, sobre todo, estoy orgulloso de que en esos 700 metros cuadrados que tiene la planta de Casai se haya desarrollado el primer laboratorio de paz del posconflicto colombiano.

Un laboratorio de paz que como emprendimiento empresarial produce rendimientos apreciables en cifras: después de 20 meses de operaciones los productos de Alimentos Casai están presentes en 50 ciudades de Colombia; están codificados en 100 tiendas y en el 70% de las grandes superficies a nivel nacional; y hace exportaciones a Centroamérica y a Estados Unidos.

—Las cifras y el crecimiento sorprendente de los últimos años me confirmaron el éxito de Casai como emprendimiento, pero yo sé que detrás de los números lo que se refleja es el espíritu solidario proyectado como talento, disciplina y efectividad en busca de una verdadera productividad.

—Del equipo humano de Casai he aprendido demasiadas cosas, pero si tuviera que escoger una diría que la resiliencia es lo que nos distingue como grupo; la fortaleza y la capacidad de valorar las oportunidades; el valor de atreverse a creer, crecer, empoderarse, investigar, trabajar más, con mayor responsabilidad, creatividad y atención.