¿Cuánto tiempo toma convertirse en otra persona? La respuesta no se mide en minutos frente a un espejo, sino en meses de práctica, creatividad y dedicación. El público ve brillo, tacones, personajes que dominan el escenario. Para algunos, un espectáculo nocturno; para otros, una forma de arte. Para quienes lo viven desde dentro, el drag es un proceso que comienza mucho antes de subir a un escenario.
Por Mariajosé Restrepo y Salomé Castrillón
El drag une teatro, moda y performance en una misma expresión artística. Foto tomada por Mariajosé Restrepo.
Antes del show hay maquillaje regado sobre las mesas, pelucas que esperan ser acomodadas y vestuarios planeados hasta el último detalle. Hay movimientos repetidos una y otra vez frente a un espejo, canciones memorizadas y trajes confeccionados para durar unos minutos bajo los reflectores. En el mundo drag, nada ocurre por accidente, cada detalle es el resultado de una construcción cuidadosa.
Son alrededor de las 10 de la noche cuando comienza la transformación. Sentado frente a una mesa cubierta de bases, brochas y correctores abiertos, Juan Pablo Zapata organiza los elementos que utilizará durante las próximas horas. Revisa cada producto mientras espera que Korbyn Nezdoll, la encargada de convertirlo en Paulina D’Capra, termine de maquillarse.
Aún no hay tacones, peluca ni lentejuelas sobre el escenario, solo un rostro al natural. Frente al espejo hay un hombre de 27 años.
La transformación drag se caracteriza por la exageración visual y la reinterpretación de rasgos faciales. En la imagen, Juan Pablo Zapata. Foto tomada por Mariajosé Restrepo.
En unas horas será una de las artistas encargadas de dar vida a la noche en Club Oráculo, establecimiento ubicado en el sector de Provenza, en Medellín, que nació como un proyecto de entretenimiento para ofrecer un espacio seguro e incluyente para la comunidad LGBTIQ+.
Allí se combinan espectáculos drag, música en vivo, fiestas temáticas y diferentes ambientes para públicos diversos.
La transformación no consiste únicamente en maquillarse o ponerse un vestuario. Cada brocha, cada sombra y cada accesorio forman parte de la construcción de un personaje.
Paulina D’Capra no es simplemente una versión maquillada de Juan Pablo, es una artista creada para interpretar, entretener y comunicar sobre el escenario.
A medida que las capas de maquillaje cubren el rostro, resulta difícil imaginar que detrás de Paulina hay mucho más que una artista drag. Detrás de las pelucas y las pestañas postizas está Juan Pablo Zapata, trabajador social de formación y excandidato al Concejo de Medellín en 2023.
La política y el escenario parecen mundos distintos, pero ambos forman parte de una misma historia que esta noche comienza frente a un espejo. Sin embargo, es él mismo quien marca la distancia entre la persona y el personaje:
"Esto es tan diferente a mí que tú nunca en la calle me vas a ver ni maquillado, ni entaconado, ni con la ropa que me pongo acá. En mi vida cotidiana no soy ella.
Y continúa: “Tengo un clóset de Paulina y un clóset de Pablo; más grande el de Paulina, por supuesto, pero nada de lo que utiliza Paulina se parece a lo que utilizo yo. Sin Pablo no hay Paulina, solo que Paulina me permite descubrir talentos, retarme y sacar cosas de mí».
Frente al espejo, la transformación comienza: brochas, sombras y creatividad dan forma a un nuevo personaje: Korbyn Nezdoll. Foto tomada por Mariajosé Restrepo.
En el drag, el cuerpo se convierte en lienzo y la exageración es una herramienta que permite jugar con la feminidad, y la estética.
Lo que comenzó décadas atrás como una forma de expresión artística y resistencia hoy ocupa un lugar cada vez más visible dentro de la comunidad LGBTIQ+ de Medellín.
Las drag queens son artistas que construyen personajes a través del maquillaje, el vestuario y la exageración estética. No buscan ocultar la transformación; por el contrario, la convierten en parte del espectáculo.
Las cejas marcadas, pestañas voluminosas, contornos pronunciados y pelucas llamativas no intentan imitar la realidad, sino reinterpretarla desde el arte y la expresión personal.
Nacer entre brochas y lentejuelas
Hacia las 11 de la noche, el maquillaje está terminado. Las sombras, los contornos marcados y las pestañas postizas han comenzado a borrar los últimos rastros del rostro que ocupaba el espejo una hora atrás. Sin embargo, la transformación está lejos de terminar.
Llega el momento del vestuario. Antes de ponerse cualquier prenda, las drag queens envuelven su torso con cinta, apretándola lo más posible para definir la silueta y marcar la cintura.
Sobre la cinta comienzan a aparecer medias veladas, faldas, corsets, botas y accesorios seleccionados para la presentación. Cada elemento ocupa un lugar específico; nada está puesto al azar.
Dentro del drag conviven diferentes estilos, desde propuestas glamorosas y teatrales hasta estéticas alternativas y experimentales, como esta de Paulina D´capra. Foto tomada por Salomé Castrillón.
El último paso es la peluca. Con precisión, la adhieren al cuero cabelludo procurando que resista el calor, los movimientos y las horas de espectáculo que están por venir.
Frente al espejo ya no se observa únicamente el resultado de una rutina de maquillaje, sino una artista lista para subir al escenario.
Mientras tanto, Club Oráculo también se transforma. Las conversaciones aumentan, la música gana volumen y otras drag queens terminan sus preparativos en distintos rincones del lugar.
La temática principal de la noche es un enfrentamiento musical entre dos íconos del pop latino de los años 2000: RBD y Kudai.
Desde su creación, el club se ha consolidado como uno de los referentes de la vida nocturna LGBTIQ+ en Medellín. Cada fin de semana reúne a gente de la ciudad y a turistas nacionales e internacionales atraídos por las presentaciones drag, las fiestas temáticas y la posibilidad de encontrar un espacio donde la diversidad hace parte de la experiencia.
La noche comienza
La discoteca está dividida en tres salas, cada una con personalidad propia.
La primera está dedicada al pop y al perreo; la segunda, conocida como la sala crossover, reúne distintos géneros y será el escenario principal del enfrentamiento; la tercera está reservada para la música electrónica.
Aunque comparten el mismo techo, cada espacio ofrece una experiencia distinta.
El club está dividido en tres espacios con identidades diferentes. Oráculo es el escenario principal para los shows drag, el pop y el perreo; Uranus está dedicado al house y al techno; y Madame Melano recrea la estética de una peluquería de barrio con glamour latino, donde predominan la música de plancha y los clásicos.
Cada ambiente busca ofrecer una experiencia distinta sin perder la esencia inclusiva que caracteriza al lugar.
A las 12 de la noche, Oráculo está completamente despierto. Las conversaciones se mezclan con la música que sale de cada sala, las luces recorren las paredes y basta atravesar una puerta para cambiar de ambiente: donde una sala canta a coro éxitos del pop, otra vibra con ritmos electrónicos y una más se prepara para el espectáculo principal de la noche.
En el universo drag, cada detalle convierte el reflejo en una obra de arte viva, como se ve en Black Dahlia. Foto tomada por Salomé Castrillón.
Entre el público predominan los colores llamativos, el brillo y el maquillaje. Algunos cantan canciones que seleccionan los DJs; otros aprovechan para fotografiarse con las drags que saludan entre las mesas y posan para las cámaras.
Sus vestidos brillantes, botas altas, pelucas voluminosas y maquillajes las convierten en protagonistas incluso antes de subir al escenario.
Antes de que comience el enfrentamiento entre RBD y Kudai, la atención de la discoteca se concentra en la sala de pop y perreo. Allí, Korbyn Nezdoll es la encargada de iniciar la programación de la noche.
La sala se encuentra en plena sintonía. Algunos bailan, otros conversan alrededor de las mesas. De repente, comienza a escucharse Look de Leikeli47 por los parlantes y Korbyn aparece acompañada por dos bailarines.
La peluca rubia resalta bajo las luces de colores de la discoteca. Desde el primer momento, todas las miradas se dirigen hacia ella. Quienes segundos antes estaban conversando o bailando abandonan sus actividades para acercarse a la presentación.
Los celulares comienzan a levantarse para grabar el performance y la sala se llena de gritos y aplausos llenos de euforia. Korbyn se convierte en el centro de atención mientras interpreta la canción junto a sus bailarines.
Primera presentación de la noche Korbyn Nezdoll (de blanco) junto a Jairo Ríos. Foto tomada por Mariajosé Restrepo.
La presentación dura apenas unos minutos, pero cuando la música termina los aplausos llenan la sala.
La expectativa permanece intacta: en la sala crossover ya esperan Miss Blossom y Soy Tú Michelle para protagonizar el enfrentamiento musical.
Paulina D’Capra es la encargada de conducir el espectáculo y presentar a las participantes.
A las 2 de la madrugada, Miss Blossom abre el show con un vestido negro brillante adornado con detalles blancos que simulan un esqueleto humano y un largo velo negro.
Al ritmo de Kudai, interpreta algunas de las canciones más reconocidas del grupo mientras el público las canta junto a ella. Al terminar su participación, aparece Soy Tú Michelle con un vestuario inspirado en la estética característica de RBD.
Finalizadas ambas presentaciones, el público continúa bailando, tomando y conversando entre las distintas salas de la discoteca.
Las competencias y shows drag han contribuido a la visibilidad de artistas LGBTQ+ en distintas partes del mundo. Esta es Miss Blossom. Foto tomada por Salome Castrillón.
A las 3 de la madrugada, la atención vuelve a concentrarse en la sala de pop y perreo. Korbyn regresa al escenario con una estética completamente diferente. Esta vez, se escucha Woman, de Doja Cat, marca el inicio de la presentación.
La energía aumenta, los celulares vuelven a levantarse y el público responde con gritos y aplausos mientras la noche alcanza uno de sus puntos más altos.
A las 3:30 de la madrugada llega la última presentación de Miss Blossom y Soy Tú Michelle. La sala crossover está más llena que nunca.
El público canta, aplaude y acompaña cada interpretación como si la noche acabara de comenzar. Después de varias horas entre luces, música y espectáculos, el tiempo parece haberse detenido dentro de Club Oráculo. Nadie mira el reloj, la atención sigue puesta en el escenario.
Esta vez Michelle lleva una falda tutu rosado, sombrero del mismo color, botas altas blancas y un top blanco que destaca bajo las luces de la sala.
Comienza a sonar Tras de mí, la reacción del público es inmediata, celulares que se levantan para grabar el momento, personas cantando cada estrofa y saltando al ritmo de la música.
Cada movimiento y cada interpretación de Soy tu Michelle es el resultado de horas de preparación detrás del espectáculo. Foto tomada por Salome Castrillón.
Cuando las últimas canciones terminan y los aplausos comienzan a apagarse, queda claro que el drag va mucho más allá del maquillaje, las pelucas o los vestuarios.
La historia del club también ha estado marcada por un episodio poco común. Durante el proceso de registro de su marca, la empresa Oracle presentó una oposición ante la Superintendencia de Industria y Comercio.
Sin embargo, el establecimiento conservó su identidad y continuó fortaleciendo su propuesta artística y cultural dentro de la escena nocturna de Medellín.
Quizá la respuesta a la pregunta inicial no pueda medirse en horas. Convertirse en otra persona no toma únicamente el tiempo que dura una sesión de maquillaje o una presentación sobre el escenario.
Requiere creatividad, dedicación y autoconocimiento para dar vida a personajes que existen unas horas, pero que dejan recuerdos capaces de permanecer mucho después de que termina la música.
Porque detrás de cada peluca, cada vestuario y cada aplauso también existe una oportunidad descubrir talentos, enfrentar nuevos retos y conocer aspectos de sí mismos que permanecían ocultos.
La próxima semana las canciones serán distintas y la temática cambiará, pero el ritual será el mismo. Nuevos personajes volverán a construirse frente a un espejo, las luces volverán a encenderse y el escenario recibirá otra vez a quienes encuentran en el drag una forma de arte, expresión y comunidad.
En Club Oráculo, cada fin de semana es una nueva oportunidad para descubrir, celebrar y compartir historias que cobran vida bajo los reflectores.