Érase una vez un grupo de niños que jugaban en un pueblo que ya no existe, con casas que ahora son cenizas, al borde de un campo que ya no reconocen pero que fue en algún momento el lugar donde para ellos todo era posible. Este es un cuento infeliz donde las que vuelan no son hadas sino balas en una región donde la infancia ya no habita.
Por Laura Lopera Zapata
La inocencia perdida de los niños. Foto de Getty Images.
Cuando la realidad superó a todos los cuentos de terror
Los conflictos que se viven actualmente en Medio Oriente y Norte de África (MENA) constituyen graves violaciones contra la infancia.
Un panorama devastador a raíz de los conflictos bélicos donde se presenta asesinato, mutilación e interrupción de servicios esenciales que dejan suma preocupación de lo que será el futuro de unos niños que hoy en día solo presencian violencia.
Save The Children —la organización independiente líder en el mundo dedicada a la defensa y promoción de los derechos de la infancia— afirma que al menos 100 millones de niños y niñas en países directamente afectados por la violencia en el Oriente Medio se enfrentan al miedo, angustia y riesgo de daño físico y desplazamiento cada vez más.
Los ataques en medio de la guerra han destruido sistemáticamente escuelas, hospitales, sistemas de agua y hogares.
El promedio actual de la tragedia es de 87 niños muertos o heridos cada día en esta región según UNICEF. Así mismo, el desplazamiento masivo de niños que han abandonado sus hogares huyendo de la violencia se presenta en cifras alarmantes: en Irán con al menos 864,000 niños y en Líbano con más de 200,000.
En la Franja de Gaza, Palestina, la cifra acumulada avanza constantemente, donde se estima que, en la actualidad, cuatro niños mueren o resultan heridos cada hora. UNICEF reporta que desde octubre de 2023 hasta febrero de 2026 han muerto cerca de 22,000 niños en la Franja.
En Sudán, entre enero y marzo de 2026 han muerto 160 niños y alrededor de 85 han sido mutilados. Mientras que en Yemen cerca de 1,200 niños han muerto o resultado heridos debido a restos explosivos de guerra y minas terrestres hasta marzo de 2026 según Save The Children.
Más de 100 millones de niños y niñas viven en al menos 15 países que han sido impactados por la escalada de la guerra, incluyendo Bahrein, Chipre, Irán, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán, Catar, Arabia Saudita, Territorio Palestino Ocupado, Siria, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos.
Niño en un refugio improvisado en la Franja de Gaza. Foto de UNICEF.
El lobo que los esperaba al final del camino
Como si esto ya no fuera lo suficientemente indignante, las organizaciones transnacionales afirman una creciente evidencia de matrimonio infantil, mutilación, ablación genital femenina y violencia sexual a lo largo de las principales rutas migratorias de la región MENA.
Además, un estudio reciente de UNICEF reveló que el 77 % de los adolescentes y jóvenes que transitan por la ruta del Mediterráneo central denunciaron haber sufrido explotación, y aquellos procedentes de países subsaharianos se enfrentan a riesgos aún mayores de tráfico de personas.
No hay guerra donde alguien gane; cada día se suma a esa cifra de muertos y heridos cientos de niños que sufren los intereses egoístas e inhumanos de los poderosos, dándose cuenta que los monstruos no se esconden en los armarios si no en las cabezas de los gobiernos.
La conocida frase que se escucha a diario de: “qué mundo le vamos a dejar a nuestros niños” deja de tener sentido cuando se están matando primero los niños que entre tanta violencia ya no pueden habitar el mundo.
Este cuento no tiene final, solo puntos suspensivos
En un mes donde se celebra la niñez es irónico pensar que hay millones de niños y niñas a los que les arrebataron el derecho de tener una infancia.
Pequeños que se duermen contando ovejas y despiertan contando muertos, a quienes les narran cuentos de buenas noches para que no teman, pero el miedo los sigue encontrando.
Los finales felices para ellos parecerán un mito, y puede que sueñen todas las noches con que en medio de la huída lleguen al país de “Nunca Jamás”, donde los cuentos dicen que el tiempo no pasa y pueden vivir eternamente lo que no se les permite hoy: una niñez.
Es indispensable la ayuda que se les debe proveer por medio de organizaciones transnacionales que tienen tanta vida en sus manos con recursos que cada vez se agotan más rápido.
La protección infantil debe ser algo primordial en un contexto donde abiertamente se están violando derechos internacionales.
Así que, colorín colorado, este cuento lástimosamente no se ha acabado. Aún hay niños que miran al cielo intentando entender por qué no logran despertar de la pesadilla que ven por su ventana, rogando que los misiles que creen que son estrellas fugaces, puedan un día parar y dejarles, por lo menos, un pedacito de mundo donde puedan vivir.