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El turbio presente que arrastra, entre Antioquia y Caldas, el río La Miel

El turbio presente que arrastra, entre Antioquia y Caldas, el río La Miel

Texto y fotos Camila Vásquez Arango

Famoso por sus aguas cristalinas, el río La Miel muestra hoy una imagen que preocupa a los pobladores de Puerto Triunfo, en el Magdalena Medio antioqueño. La causa es la minería ilegal.

El día comenzó camino al lugar de encuentro, en el que nos esperaba el baquiano que nos acompañó durante la travesía y con quien navegamos el río Magdalena contra corriente.

El sitio era el malecón del municipio de Puerto Triunfo, desde donde emprendimos la avanzada por este sector del Magdalena Medio antioqueño, en límites entre los departamentos de Boyacá, Antioquia y Caldas.

El objetivo era recorrer el río La Miel, conocido, entre otras razones, por el turismo que se realiza alrededor de su ribera.

La fuerza del agua del río Magdalena, de la naturaleza, de la tierra y de las aves que habitan el territorio y alzan el vuelo con total libertad, acompañaban nuestro ritmo y parecía que quisieran seguir el camino junto al bote. Hay algo de misterioso y majestuoso en las aves: de un lado en esa solitud en la que se les ve o, de otro, en cómo algunas andan en bandadas.

La pesca como actividad de los locales se ve amenazada por la minería ilegal.

En el camino se podían apreciar diferentes especies de aves, como el martín pescador, los cormoranes, la viudita cabeciblanca o la monjita pantanera. Se veía el reflejo del sol sobre el agua, los caballos pastando en la orilla, y el viento que sopla y susurra. Era el murmullo de la selva.

Alrededor se fusionaba el verde de los árboles con el azul del cielo, el agua que no se cansa de correr, cada tanto las casas de quienes habitan la zona y algunos hoteles y construcciones que se ven flaquear ante la corriente del río, que parece que en algún momento se las llevará por delante.

Navegar a contracorriente muestra la resistencia del agua, del viento y de una naturaleza que no pide permiso.

Del verde esmeralda al amarillo lodoso

Cuando empezamos a tomar la ruta hacia el río La Miel, el color de sus aguas comenzó a cambiar. No era el tono del Magdalena, que habíamos dejado unos metros atrás, pero tampoco era el color característico de otrora de, precisamente, La Miel: cristalino y tirando a un verde esmeralda.

Así, seguimos avanzando y preguntándonos si más adelante encontraríamos su auténtico color.

El contraste del río que clama por recuperar sus aguas cristalinas.

En la desembocadura del río Samaná, afluente de La Miel, el contraste ya fue evidente: se ve correr el agua río abajo con una mezcla turbia y amarillenta, como si el lodo se hubiese infiltrado…

Esta es la secuela de la minería ilegal, según es el sentir de quienes recorren estos parajes y cuentan cómo han ido cambiando las dinámicas del sitio a partir del uso de cierta maquinaria que se ve desde hace algún tiempo en las orillas.

Allí, el río se divide en dos: la mitad clamaba por recuperar su pureza y su color cristalino, mientras la otra solo intentaba seguir su curso, sin saber lo que le esperaba río abajo.

Entonces aparecieron las dragas, bien sujetas en la orilla del río, muy indefensas y silenciosas en aquel momento, pero causantes de ese color invasor que amenaza la biodiversidad.

En total, conté cuatro de estas máquinas devoradoras que consumen su lecho en búsqueda de aquel metal precioso que, al mismo tiempo, genera riqueza y pobreza: el oro.

Esta es la contrariedad de la vida, de la humanidad, el abuso hacia estas tierras, lugares que van quedando desolados ante la pérdida de equilibrio, no solo por la erosión, sino por la contaminación silenciosa de las aguas con, al parecer, mercurio y cianuro…

El turismo emergente ha llegado a la región como una forma de darle vida a una tierra que años atrás vivía desolada por el conflicto armado.

La actividad turística ofrece la posibilidad de impulsar el territorio que ha sido marcado por condiciones de pobreza, lo que es paradójico en una región inmensamente rica en biodiversidad.

Esto no implica que el conflicto haya cesado, sigue operando bajo otras formas y la minería ilegal es uno de sus tentáculos.

Es inevitable recorrer algunos de los territorios de Colombia y no encontrarse con situaciones de este tipo.

La minería ilegal es un flagelo que, según la Procuraduría General de la Nación, afecta a 29 de los 32 departamentos de Colombia y en el que se informa que más del 50 % de los municipios del país “han sufrido los estragos de esta actividad”.

Sobre lo que acontece en el río La Miel, el diario La Patria, de Manizales, informó que los pobladores se han quejado ante las autoridades, pero a la fecha de publicación de esa nota, septiembre de 2024, no habían obtenido respuesta.

Cuesta creer que un paraíso como el visto sucumba ante la ilegalidad. El río y todo este ecosistema merecen respeto y cuidado por parte del Estado. El verde esmeralda podría leerse como verde esperanza si el territorio se protege.

Mejor que dragas se necesitan de posibilidades para quienes habitan este sector, que se ha levantado de situaciones adversas en el pasado.

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