Morir para nacer, nacer para morir

Morir para nacer, nacer para morir

Lorena Castaño Morales

“Sentí un dolor atroz. La mujer decía: «Deje de gritar, pequeña» y «Tengo que hacer mi trabajo», o quizá fueron otras palabras distintas que solo significaban una cosa, la obligación de ir hasta el final” (p. 45).

Habitación 17, Universidad de Ruan, Francia. Desnuda, expuesta, rebelde, así vivió aquella noche del 20 al 21 de enero de 1964 la por entonces estudiante de filología Annie Ernaux a sus 23 años cuando, en medio de la soledad y la desesperación, dio a luz una muerte que la mantuvo sumergida en la oscuridad por tres meses y de la que no podría emerger —o intentar hacerlo— sino hasta más de tres décadas después. Y exactamente así es la prosa con la que la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2022 describió, a sus 60 años, El acontecimiento que marcó su vida.

El relato de Ernaux es la historia de una vida muerta y de una muerte en vida. Es la historia de un aborto clandestino ocurrido en la Francia de 1964, donde la interrupción del embarazo era aún un delito. Pero es también la historia de una sociedad de clases, de un amor pasajero convertido en obsesión y abandono, de una soledad, un desamparo, una desesperanza, una desesperación.

La narración inicia con Annie en una sala de espera de un hospital, impaciente por escuchar los resultados no de un embarazo, sino de lo que, para ella, representaba otro mal cuanto no peor, equiparable: el sida. “La doctora dijo mi número en voz alta […]. Al cerrar la puerta me dijo enseguida: «Ha dado negativo». Me eché a reír […]. Me dije que, una vez más, estaba a salvo” (p. 7).

“Una vez más” porque, entre octubre de 1963 y enero de 1964, pasó por una situación similar. En esa ocasión, sin embargo, Annie no contó con la misma suerte, y es en torno a lo que ocurrió después de ese inesperado resultado que El acontecimiento tiene lugar:

“Nada más bajarme de la camilla, con mi gran jersey cubriéndome los muslos, el ginecólogo me dijo que seguramente estaba embarazada. […] Ya en el umbral de la puerta, me dijo sonriendo jovialmente: «Los hijos del amor son siempre los más guapos». Me pareció una frase espantosa” (p. 10).

En un viaje entre el presente y el pasado, con un “yo” sostenido, con no más insumos que una agenda, una libreta y los recuerdos —difusos, como son todos los recuerdos — que la autora conserva de aquella época de su vida es que El acontecimiento, publicado originalmente en el año 2000 por la editorial Gallimard y traducido al español por Tusquets Editores, con 128 páginas en su edición física y 75 en su edición electrónica (edición consultada en este caso), logra transportarnos a esa Francia del siglo pasado.

En los cinco capítulos en los que se distribuye la obra, la autora procede a narrar, con tantos detalles como su memoria y sus fuentes documentales le permiten, cómo transcurrieron sus meses como embarazada hasta culminar con aquel aborto practicado con ayuda de una abortera.

Más que una novela autobiográfica, como está catalogada, El acontecimiento es un relato fragmentado que se ubica en las fronteras entre una novela, una autobiografía y un diario. Por cómo está escrito, este libro permite una lectura veloz, pero cuenta con algunas pausas en el camino. Una serie de paréntesis dispuestos a lo largo de todo el relato hacen las veces de sobresaltos en carretera: obligan al lector a disminuir la velocidad y, en ocasiones, a detenerse. Allí la autora se da la libertad de escribir las citas textuales encontradas en su agenda para aportarle soporte al relato, reflexionar sobre sus propias vivencias y lo más curioso: dudar sobre su propio testimonio, invitar al lector a que dude de lo que está leyendo.

“(Siempre que escribo me planteo la cuestión de las pruebas: aparte del diario y de la agenda que escribía en aquella época, no dispongo de ninguna otra certeza en lo que se refiere a mis sentimientos y a mis pensamientos de entonces […]. La única y auténtica memoria es material.)” (p. 39).

Más allá de la narración de un aborto, El acontecimiento es también una radiografía de la Francia de los años sesenta, de esa sociedad del siglo pasado con clases sociales bien diferenciadas. Para la autora, el simple acontecer de este hecho, de encontrarse frente a un embarazo inesperado que amenazaba con dilapidar todas sus aspiraciones era la prueba de que no había conseguido escapar del historial de pobreza de su familia. De que, por más que estudiara e intentara escalar hasta llegar a ser parte de “los de arriba”, no dejaría de pertenecer siempre a “los de abajo”.

El acontecimiento, de Annie Ernaux. Edición traducida por Tusquets Editores, 2019.
El acontecimiento, de Annie Ernaux. Edición traducida por Tusquets Editores, 2019.
“Yo era la primera persona de mi familia que estudiaba una carrera […]. Pero ni la reválida ni la licenciatura en letras habían conseguido alejar la fatalidad de una pobreza heredada […]. Lo que estaba creciendo dentro de mí era, en cierto sentido, el fracaso social” (p. 17).

Sin ningún sentimiento de culpa. Así expresa haber pasado todas estas décadas posteriores a aquel breve embarazo que no pudo culminar. Solo una cosa, una sola cosa, la que justifica este libro y toda su obra, es la que no la deja estar tranquila: la culpa de vivir todo aquello, y no contarlo.

“Por encima de todas las razones sociales y psicológicas que pueda encontrar a lo que viví, hay una de la cual estoy totalmente segura: esas cosas me ocurrieron para que diera cuenta de ellas. Y quizás el verdadero objetivo de mi vida sea este: que mi cuerpo, mis sensaciones y mis pensamientos se conviertan en escritura” (p. 66).

Una sospecha de sida, un embarazo inesperado, un aborto y más de tres décadas más tarde, Ernaux cierra este libro y con él, este capítulo de su vida con la reconstrucción material de un pasado que no quiere que vuelva, pero que no puede, no quiere olvidar. Aquella casa del pasaje Cardinet donde, en una cocina, una vieja enfermera le practicó el aborto, aquel café donde esperó impacientemente que llegara la hora de la cita, aquella iglesia donde imploró no sentir dolor durante el procedimiento, Ernaux intenta buscar los lugares, recorrer las calles, reconstruir los momentos donde vivió aquel “acontecimiento inolvidable”:

"En el andén de la estación de Malesherbes me dije que había vuelto al pasaje Cardinet creyendo que iba a ocurrirme algo" (p. 68).

A Annie Ernaux le tomó más de tres décadas decidirse por escribir este libro. A mí no me tomó más de unos minutos decidirme por comenzarlo, y no más de una tarde en terminar de consumirlo. Con un lenguaje ágil y directo, este texto de Ernaux está al alcance de la mayoría de lectores aficionados que deseen zambullirse en su obra. Si le teme a los libros densos y extensos y, al igual que yo, está buscando un título para conocer a la nueva Nobel de Literatura, El acontecimiento es, sin duda, un buen aperitivo.

Coldplay, una experiencia única 

Coldplay, una experiencia única 

Juan Pablo Rodríguez Torres

Juan Pablo estaba sentado con su buso de Coldplay en la sala de cine del Tesoro y cerró los ojos, viendo la transmisión en vivo del concierto de Argentina y recordó todos los momentos que pasó en el concierto de Coldplay el 16 de septiembre cuando se presentaron en Colombia.

 

 

Todo se remonta al viernes cuando se estaba poniendo el buso negro que mandó a diseñar para el concierto, con un mandala formado por gran parte de los álbumes de Coldplay. Era un diagrama simbólico lleno de colores, planetas e imágenes que en el centro tenía en letra blanca, en mayúscula, el nombre de la banda.

Su madre, Sandra; su padre, Galo; y su hermana Mariana también tenían sus propios busos. Los mandaron a hacer para ir uniformados. Distintos en su diseño y estilo, pero con algo en común: en la parte trasera tenían las letras de Coldplay con una variedad de colores.

Su vuelo desde Medellín era a las 11 de la mañana de ese viernes 16 de septiembre. Se dirigieron al aeropuerto José María Córdoba en su Renault Scala rojo. Allí, los busos se robaron las miradas, tanto que un desconocido se acercó a Sandra:

–Perdona, ¿dónde los conseguiste? Están hermosos.

–Los mandamos a hacer con alguien que conocemos.

El hombre quedó perplejo, con ganas de comprarle uno. En la zona de abordaje, Juan revisó su boleto y vio que tenía el puesto 3A, totalmente alejado de su familia. Subió al avión, se colocó sus audífonos Xiaomi y se sentó en su silla.

Miraba por la ventana mientras grababa el despegue. Cuando el azafato terminó de hablar dijo que “en Viva Air somos fanáticos de la música, así que levanten la mano quienes van al concierto de Coldplay y Dualipa”.

Juan, junto a un gran grupo de personas, alzó la mano. El asistente de cabina se aproximó al dispositivo que se reproducían audios para el vuelo, oprimió un botón y empezó a sonar Sky full of stars. Juan, sorprendido, se bajó el audífono derecho y empezó a disfrutar la canción.

 

La parte difícil

Tenían que estar antes de las 4 de la tarde para hacer fila. Llegaron en taxi a la carrera 30, a la parte donde supuestamente ingresaban quienes tenían boletas de norte alta. Empezaron a caminar y encontraron la fila. Caminaban y caminaban y la hilera no paraba de alargarse, había demasiada gente.

Sandra, Juan y Mariana agilizaron el paso y en sus rostros se empezó a reflejar preocupación y angustia por ver ese montón de personas que no acababa. La fila terminaba en la calle 53b y daba inicio en la carrera 30. La entrada al concierto daba con el Movistar Arena, es decir, era una fila de aproximadamente de 5 a 6 cuadras.

Mientras estaban en la fila, pasaban rostros maquillados, con escarcha en los parpados y pestañas, con camisetas y gorras, en su mayoría de color blanco y negro, alusivas a la banda inglesa.

Después de dos horas se movieron muy poco. Para relajar su ansiedad y controlar el frío, Galo se compró una cajita de aguardiente que compartió con su esposa. La compró en una tienda al frente de la fila que olía a guaro, grasa y masa horneada. Allí, una buena cantidad de policías comían empanada con salsa rosada o limón.

Empezaba a oscurecer. Juan rezaba: “No va a llover”. Los vendedores ambulantes ofrecían busos, camisas, gorras, bebidas, alimentos e impermeables.

Comenzó a oscurecer y Juan y su familia giraron sus cabezas mirando hacia arriba, buscando un cielo lleno de estrellas y se encontraron con uno lleno de nubes negras.

–¿A cómo me deja 4 impermeables? –preguntaron a un vendedor.

–Vea, los 4 impermeables se los dejo en 20.

Galo los compró y se los repartió a la familia.

Pasó el tiempo y empezó a caer una ligera llovizna. Eran las 6:30 y ya, por lo menos, iban más adelante. Estaba oscuro y había gente que se trataba de pasar al otro lado de la acera donde estaba la fila, rompiendo la hilera.

Juan y su hermana percibieron a cuatro mujeres que se veían sospechosas, miraban a quienes estaban haciendo la fila, posiblemente para robar a alguno. Cuando se dieron cuenta que las empezaron a mirar, llegó la Policía y se fueron.

Nadie dijo que era fácil, pero tampoco dijeron que sería tan duro

Al frente de la fila, otra hilera era la continuidad de la que estaban. Avanzaron más y se empezó a generar el desorden y el caos. La fila llegó a un punto en que se unía con otra y formaba un embudo.

En ese punto no había una sola persona de logística y la fila se movía y unos corrían para que otros no se les metieran. Los agentes de policía cumplieron el rol de logística, ya que comenzaba una disputa entre los colados y los que respetaban la cola.

Al otro lado de la reja del estadio El Campín, alguien de logística miraba y discutía con los de la fila que estaban furiosos y reclamaban por el desorden. Ella no daba respuesta a ningún reclamo.

Después, el reclamo fue contra los policías: “¡Ustedes son el orden y la ley, no pueden permitir que esto se salga de las manos!”. La situación empezó a tornarse incómoda y pesada, los de la fila empezaron a empujar, a sacar y a gritarles a los colados. Juan y su familia ya estaban cerca de entrar.

El Campin: un cielo lleno de estrellas

Cuando ingresaron al estadio eran las 8:30 y ya habían iniciado los teloneros Mabiland y la famosa cantante de Cuba, Camila Cabello. El ingreso fue un desastre por el afán y la incertidumbre de coger buenos puestos.

Una vez adentro, alguien estaba encargado de leer las boletas, pero con un artefacto que presentaba fallas, por lo cual cualquiera podía entrar con solo mostrar una entrada y un código QR cualquiera.

Juan y su familia entraron a un portón donde había un tumulto de gente subiendo de izquierda a derecha y viceversa, buscando sus asientos. Hacía rato Juan no veía a nadie de logística. Se incrementaba el volumen de la música, a medida que avanzaban, cuando llegaron a sus puestos.

Estaban en las gradas al frente del escenario y se podía ver dos pantallas grandes de muy alta resolución y a Camila cantando “Así es la vida” junto a sus bailarines. Seguido de esto, en un momento, intentó imitar el acento paisa.

A las 9 estaba estipulado que iniciaría Coldplay, pero tardó. En ese tiempo de espera los fans hicieron de las graderías un espectáculo que empezó por los extremos más cerca del escenario: prendieron las luces de las linternas, formando olas humanas.

Los fans, en su euforia, buscaban que todos hicieran parte de un todo. Se paraban y sentaban. Era un efecto increíble el que se formó entre el público y la espera.

De repente entró un silencio, luego empezó a sonar una melodía y aparecieron los integrantes de la banda en las pantallas, caminando hacia el escenario en blanco y negro.

El público “convirtiéndose en algo hermoso”

El público se enloquecía, al igual que las luces que formaban una melodía única entre todas, generadas por las pulseras que les dieron a todos al ingreso, aunque Juan y su familia no alcanzaron a tenerlas pues se habían agotado.

Sonó la canción Higher power y las luces formaron magia en las muñecas del público: prendían y apagaban luces rojas en un orden fantástico, mientras Chris Martin cantaba.

Después fue Adventure of a lifetime y los fanáticos gritaban la letra de la canción. Las luces en las manos formaron un arcoíris y Chris les empezó a decir a sus seguidores que se agacharan y comenzó a hacer un conteo: 1, 2, 3, 4… Cuando dijo 4, todos saltaron a la par de la canción y las luces explotaron en un color blanco. Se escuchaba el “woohoo” y Chris junto a ellos. Era algo mágico.

Después siguió The Scientist y todos entraron en lágrimas y llanto, cantando la misma letra al unísono.

Con Hym for the weekend el estadio estaba conmovido y alegre gritando hasta que la garganta no diera más. El estadio se tornó de una luz color azul rey con Up&Up, seguido de un momento único: Chris empezó a cantar un tema de reguetón de J Balvin junto a Bad Bunny, La canción, continuando con Paradise, para después llenarse el estadio de un amarillo por la canción Yellow.

Chris invitó al público a saludar a los que estaban atrás de ellos: “Salúdenlos, ven, ahora tenemos nuevos amigos”.

Siguió un tema que no tiene nombre común, sino que es representado por un corazón rojo. En las pantallas mostraban la letra.

Después llegó una melodía que enloquecería al público y llenaría el estadio del clap clap provocado por las palmas de los asistentes, para seguir con el piano de Clocks. En un principio Chris se equivoca, pide disculpas y vuelve e inicia. Un rayo verde envuelve el público y la gente se emociona.

Un final maravilloso

Siguió un remix de Midnight y la canción Something just like this que el grupo usa para acercarse a un grupo de niños mudos con los que Coldplay entona el tema junto a ellos a través del lenguaje de señas.

Antes cantaron My Universe y Sky full of stars. En esta última Chris le pide al público “apaguen las cámaras de teléfonos, nada electrónico, solo su cuerpo, su personalidad y sus corazones. Y vamos a disfrutar a cantar y a bailar juntos”.

E inicia la canción al ritmo de las palmas de las personas. Se apagan y se prenden las luces, cuando llega el momento explosivo con los juegos pirotécnicos.

Chris volvió a cantar para que las personas pudieran grabar el momento único con sus cámaras y teléfonos.

Después, todos los integrantes de la banda cantaron Don´t Panic, cambiando de lugar de escenario para estar más cerca del público general, y luego finalizar con la canción que todos exigían: Fix you. Lo que siguió fue llantos, gritos y cantos.

Coldplay es una experiencia que nunca se podría repetir. Es única desde la llegada hasta el final. Todo fue mágico. Salir es la parte difícil de estos espectáculos que se vuelven inolvidables.

Para cuando todo terminó, los asistentes, y entre los últimos estuvieron Juan y su familia, se pararon a buscar la salida para que las luces tras la fabulosa música los guiaran de nuevo a su hogar.

GIMIENDO Y LLORANDO EN ESTE VALLE DE COCAÍNA

GIMIENDO Y LLORANDO EN ESTE VALLE DE COCAÍNA

Por Isabella Rodríguez Vélez

Según la ONU, en 2020 seguíamos siendo el productor número uno de cocaína a nivel mundial, mostrando que las leyes contra las drogas no han sido efectivas, y su producción es tan masiva que pareciera completamente legal.

Dicen que Colombia está sentada sobre una mina de oro y ni siquiera la toca.
Yo lo llamaría iceberg de oro, y no me extraña que nadie lo voltee a ver. Es un tema tan complejo y extenso que implica muchas cosas de la cultura del país, lo que incluso hace difícil elegir la arista para abordar el tema sin creerse doctor, economista, campesino, psicólogo, empresario o sin morir en el intento.

Desde el colegio he debatido si las drogas deben ser legales, penalizadas, reguladas o no, y aun así creo que nunca voy a saber lo suficiente sobre ellas, puesto que tiene tantos enfoques que parece sin fin, y si a eso le sumamos su gran controversia, no siempre se está seguro de que leamos la verdad o una idea sesgada. Puede ser muy fácil asustarse y creer que vamos a pasar de humanos a cocainómanos, pero lo cierto es que esta afirmación está “un poquito” lejana de la realidad, tan “poquito” que da lástima cómo nos aferramos a ella.

Adivinen a quién le pertenece el 70% de la producción mundial de coca. Ajá, a Colombia. La marihuana y la cocaína son las sustancias psicotrópicas más utilizadas en el país, y la cerecita del pastel es que, según la ONU, en 2020 seguíamos siendo el productor número uno de cocaína a nivel mundial, entonces, ¿su prohibición no ha impedido su producción, venta y consumo? Exacto. Pero no se asusten porque, por lo menos no figuramos en el top tres de países con mayor consumo. Aunque quién sabe, de pronto en los colegios empiezan a dar hoja de coca procesada en lugar de carne de caballo. Mentiras, no se lo tomen enserio.

La Unodc (Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito) estima que en 2020 se produjeron 1.010 toneladas métricas de cocaína pura, generando un incremento en el resultado a pesar los millones en dólares invertidos por el expresidente Iván Duque para llevar a cabo su “guerra contra las drogas”.

Quizás habría sido más eficaz que hubiera gastado ese dinero en intentar disminuir la cifra que cargamos por 14 años de 76 mil asesinatos relacionados con el narcotráfico.

Se va haciendo más evidente que las leyes contra las drogas no han sido efectivas, y su producción es tan masiva que pareciera completamente legal, entonces no hay una buena razón para creer que aflojar un poco vaya a convertirnos en un país dependiente de estas sustancias psicotrópicas.

Hace poco aprendí que despenalizar no es lo mismo que legalizar, entonces aclaremos eso primero. Entiendo despenalizar cuando es legal que se consuma mientras no afecte la integridad de los demás y legalizar cuando cualquiera puede producirla, venderla, consumirla y fomentarla. Si nos enfocamos en la primera y mantenemos presente esa mina que escondemos, creo que no es suficiente la despenalización y deberíamos empezar a apostar por la regulación, que nos puede plantear una orden para poder producirla y exportarla bajo el control del Estado.

Sin importar su ilegalidad, a los campesinos les sale más rentable plantar coca, y sin la presencia de las FARC, no hecho sino aumentar su producción, "la coca es el único producto que se puede sacar de la zona donde se cultiva. Con otros productos se pueden tener cosechas creíbles, pero el transporte al mercado es tan costoso que se pierde".

Nuestro territorio podría acoger muchísimos tipos de plantaciones y explotar esa área agrícola con la que tanto se ha soñado, pero el problema no es ese, es su transporte. No contamos con las vías óptimas para llevar esos productos al resto del país y es aún más triste, que los que estén interesados en enriquecerse a toda costa, harán más por sacar coca de las fincas a las que no llega ni Dios, que por cualquier vegetal.

El apoyo detrás de la no despenalización a veces se torna metiche y superficial, siendo fundada por el argumento de “me molesta lo que hace alguien que no conozco, porque yo jamás consumiría alguna sustancia”.

Nos descontrolamos diciendo que la sociedad va en picada hacia su fin, mientras consumimos cosas legales que nos destruyen en gran medida y le damos mínima importancia: comida chatarra, bebidas alcohólicas, energizantes y cigarrillo. Ojalá fuéramos así en cada ámbito, porque, por ejemplo, prestamos la misma atención en cuanto a si a cada ciudadano se le garantizan o no unas buenas condiciones de trabajo, ¿cierto?

Podría ser entendible que nadie quiera escuchar al respecto, pero hace mucho es hora de que se vaya tocando el tema y que dejemos de asustarnos por ahí derecho, porque venimos de presidencias altamente prohibicionistas de las drogas, pero acaba de empezar una que propone su regulación tras el fracaso histórico contra estas. Escuchemos por donde nos encaminaría esto como país antes de volvernos locos.

¿A dónde vamos?

¿A dónde vamos?

Por Alejandra Quintero Pinto

La vida se basa en tomar decisiones, todos los días, para siempre. Tal vez una de las más importantes sea elegir qué hacer después del colegio, pero a la vez, es una de las más confusas.

Cuando estuve en primaria, entré al Club Científico de mi colegio. Me encantaban las mariposas y me volvícasi que una experta; desde eso decidí que quería ser bióloga. Llegué a bachillerato y junto con eso, una rebeldía extrema típica de la pubertad que me trajo la pérdida de materias cada período (en especialmatemáticas, siendo yo hija de un matemático) pero no me importaba, en ese momento ya quería ser ingeniera química o ambiental o lo que sea que surgiera y se inventara el sistema, pero ingeniera, eso sí.

Llegué a once y en un abrir y cerrar de ojos chao ingenierías y hola a la crisis de no saber qué estudiar.

Tuve la oportunidad que no muchos jóvenes tienen de entrar a un curso de orientación profesional y aquí es donde viene una sugerencia: colegios, por favor, en la medida de lo posible, implementen esto de cursos de orientación profesional. Así pues, que, al empezar este curso, tuve todo un viaje a mi interior y a descubrir qué era eso que me gustaba, a lo que me dedicaría el resto de mi vida o por lo menos gran parte de ella y les cuento que el pánico que esto me generaba era mortal. 

Tenía 16 años, ¿qué clase de determinación voy a tener a esa edad de elegir lo que quiero nada más y nada menos que para toda la vida? Sigue pareciéndome muy loco.

De todas maneras, terca como una mula, insistía en ingeniería, que es lo más matemático del mundo para la persona menos matemática. Recuerdo perfectamente una conversación que tuve con mi padre en una heladería donde llorando le decía que no sabía qué hacer con mi vida, que me dejara irme 6 meses a descubrir qué quería y lo recuerdo a él, fresco como una lechuga, diciéndome “Aleja, hay mucho monitor, hay mucho tutorial en YouTube, vos podés”. Yo solo quería llorar.

Después de mil berrinches, discusiones con mi mamá, pasar por el gusto de todas las carreras y de ir a todas las vueltas de todas las universidades de Medellín, me decidí por la carrera que desde un principio me negué a estudiar pero que yo sabía y estaba más que segura que era para mí: Comunicación Social. Ahora bien, al grano.

Me genera conflicto saber que la presión del sistema encamine hacia seguir estudiando una vez se culmine el colegio. 

No podemos negar que cuando una persona dice que no estudia, quedamos sorprendidos, ¿por qué?, porque el sistema ha hecho tanta presión en nuestras vidas que si alguien no estudia algo después de salir del colegio es raro para alguien que sí siguió “el ciclo normal de la vida”.

A veces miro atrás y pienso en mi Alejandra de 16 años al pasar por la incertidumbre de tener que tomar la decisión “correcta” para su vida. A veces pienso en mis amigos que están estudiando en este momento algo que no los apasiona, o que los papás los hicieron elegir simplemente para hacerlos sentir orgullosos, pero nose sienten plenos ellos mismos.

Si en este momento de tu vida te encuentras en el devenir de elegir qué hacer con tu vida, tómalo con calma.Pon sobre la mesa la razón y el corazón para tomar una de las decisiones que puede ser de las másimportantes de tu vida. Como me aconsejó alguna vez una persona muy especial:

“Elegir una carrera es como elegir el plato que te vas a comer” y aunque suene algo tonto, es real.

No te des látigo, como dicen por ahí. Tómate el semestre, haz el viaje, si quieres trabajar primero, hazlo, pero todo siempre y cuando teniéndote como prioridad a ti. No a tus padres, no a tus amigos, no a la presiónsocial, a ti. Y si tomas la decisión y te equivocaste, vuelve a empezar.

La vida es muy corta como para no hacer lo que te apasiona. La vida no tiene que ser una línea recta o ir siempre hacia el camino que nos quieren imponer

Está bien ir contracorriente, está bien no saber qué hacer apenas se sale del colegio, está bien equivocarte de carrera, está bien no estudiar en una universidad, es tu vida, hay que hacer que valga la pena sin importarcuántos años tengas cuando leas esto.

El agua nos consume por nuestra culpa

El agua nos consume por nuestra culpa

Valeria Marín Ricardo

El planeta nos pide auxilio, no escuchamos, lo matamos y luego nosotros rogaremos por salvación

Durante el pasar del siglo XX, el nivel del mar aumentó entre 10 y 20 centímetros, pero en estos últimos 20 años el aumento del nivel del mar ha sido de 3,2 milímetros al año, la velocidad de crecimiento del mar ha aumentado.

El cambio climático aumenta por razones naturales, las más relevantes del calentamiento global son los cambios de la actividad volcánica, la radiación solar, el transcurso del viento y la circulación oceánica. Estas causas naturales no las podemos controlar. Sin embargo, hay otras razones que agravan en mayor cantidad al calentamiento global, las cuales son producidas y desarrolladas por los humanos. Somos nosotros los contaminadores. ¿En realidad somos dignos de llamarnos la especie “superior”?

La utilización desmedida de combustibles no renovables en transporte y en maquinaria, el uso de pesticidas y aerosoles, la deforestación, la desaparición forzada de ecosistemas, los gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono, el metano generado por ganadería, el óxido nitroso de fertilizantes, los gases fluorados, entre otros, son las problemáticas aportadas por los humanos y que provocan directa o indirectamente el derretimiento de glaciares, el deshielo de los polos, el cambio climático y agujeros en la capa de ozono. ¿De verdad estamos dispuestos a extinguir más especies? ¿Por qué seguimos haciendo las cosas que sabemos que le hacen daño al planeta?

La humanidad ha avanzado en la tecnología y en la ciencia a pasos gigantes, pero no se ha centrado en alivianar estas problemáticas. La causa, a mis ojos, es evidente, las necesidades de consumismo y la importancia del yo y el ahora se impone en su camino. Vivimos en un mundo de tendencias y como el boom del cambio climático en medios ya pasó se olvidan de ello, lo hacen a un lado y pasa a un segundo plano.

Sabemos estos datos desde muchas décadas atrás y hasta el día de hoy no se han tomado acciones inmediatas y rigurosas para bajarle el ritmo al deterioro del planeta. Escuchamos, nos lamentamos, pero no actuamos. La mayoría de las empresas solo aparentan ser eco friendly para tener más aprobación del público, es solo una estrategia de mercadeo para atraer clientes y nosotros caemos como estúpidos. Somos ovejas del mismo rebaño, una lo cree y las demás la siguen. La industria puede dar “soluciones” superficiales como el cambio de bolsas plásticas a bolsas de tela, que de igual manera se demoran años en descomponerse. Nos enfocamos solo en aspectos buenos ocultando los malos, lo que no cuestionamos o pasamos por alto es, por ejemplo, que la producción en masa de las grandes empresas conlleva una maquinaria que generan contaminación del aire, gases de efecto invernadero, escasez y contaminación de agua. ¿Será que somos consumidores realmente responsables? ¿tenemos claro en nuestro subconsciente que esas “soluciones” no funcionan, pero lo hacemos para no sentir tanta culpa? Nosotros nos creemos esas mentiras o, peor aún, nos autoconvencemos de que es verdad para no sentirnos responsables. Los que tienen el coraje de exponer la realidad de las empresas y sus métodos son silenciados por los altos cargos o por los poderosos magnates. ¿Así de fácil nos manipulan? Sufrimos las consecuencias de una mente formada por un sistema capitalista: comprar y tirar, así todas nuestras vidas. Pero no pensamos qué consecuencias trae nuestro estilo de vida.

Se estima que a finales del siglo XXI el nivel de los océanos haya aumentado 2 metros. Cuando oímos este dato solemos pensar que 2 metros son poco, no es así: son 2 metros de alto. Teniendo en cuenta el dato anterior, todo rastro humano en zonas costeras que estén a menos de 100 kilómetros de distancia del mar van a desaparecer. Si no nos duele el ambiente que nos duelan los humanos. Miles de personas se verían afectadas. Los millones que se invirtieron en la construcción de los hoteles resort al lado de la playa se perderán, pero eso no me duele, como dicen la naturaleza tiene memoria. Estos hoteles fueron construidos a costa de la destrucción: los manglares (cuna del mar) fueron aniquilados por un fin lucrativo. ¿Dónde quedó el valor de la humanidad? se nos olvidó ser humanos con nuestro entorno. Además, de los aspectos geográficos que se verán afectados, nuestro funcionamiento también lo hará. El turismo va a cambiar, de igual forma el mar lo hará y probablemente ya no podremos ir a él. ¿Será que tomaremos acciones radicales para minimizar el calentamiento global cuándo nos duela el bolsillo?

Tanta inclusión nos está excluyendo

Tanta inclusión nos está excluyendo

Por: Stephania Montero Zapata

El lenguaje incluyente puede llegar a ser tan beneficioso como perjudicial cuando se trata de lograr su principal objetivo: incluir.

Como mujer tengo claro que a lo largo de la historia no hemos tenido igualdad de derechos y que el acceso a los mismos ha sido resultado de luchas y disputas propias de movimientos sociales.

Estoy convencida que todas las mujeres buscamos encontrar, en todos los campos de la vida, la igualdad propia de los seres humanos, es decir, lo inherente a nacer siendo un humano y no tener que buscar herramientas o espacios que nos incluyan por el hecho de ser mujeres.

Pero y, ¿qué pasa cuando somos nosotras mismas las que generamos esa diferencia? En la pasada Copa América femenina de fútbol, hubo una gran cobertura de medios y periodistas de todo Sudamérica y muchas mujeres afirmaban con total certeza que las mujeres merecían, al igual que los hombres, la misma difusión o incluso más.

Inmediatamente me cuestioné y pensé que, si como mujeres nos ubicábamos en una situación de diferencia, por más lenguaje incluyente que exista o por más inclusión, terminamos excluyéndonos a nosotras mismas.

No debemos pedir portadas o titulares para las mujeres por ser mujeres. Un triunfo, una clasificación a Juegos Olímpicos y a un Mundial de Fútbol genera el peso propio de la noticia no por el género que lo consiguió sino por el logro ensimismo y es justo ahí donde, como mujeres, debemos entender que no merecemos más o menos por quienes somos.

Ha sido tanto el ruido que ha generado “la inclusión femenina” que se ha llegado a pensar que el deporte femenino solo lo pueden comentar o narrar mujeres y entonces, de repente, vemos a los canales de televisión llenando sus espacios de grandes profesionales todas mujeres y dando un mensaje de “hacemos lo que nadie hace” y vuelvo y me cuestiono, ¿en serio nos hace sentir bien que nos den un reconocimiento a pesar de que eso nos haga sentir diferentes?

Le estamos recordando todo el tiempo al mundo que somos menos o que hemos sido menos y que por eso merecemos más. Acaso no sería mejor estar en portadas, en titulares y en espacios que antes no estábamos, sin decirle al planeta entero que estamos ahí porque un día nos tocó pelear por ello.

Las mujeres no tenemos porqué vivir haciendo culto a quienes un día nos negaron la posibilidad de estar donde hoy estamos, porque si lo analizamos bien eso hacemos cada vez que pretendemos “incluirnos”.

Los logros del género no deben ser vistos como hazañas por esa razón, los canales no tienen porqué incluir mujeres exclusivamente en contenidos femeninos, que una mujer esté en una posición de poder no debe ser noticia, basta de crear esas exclusiones entre nosotros mismos.

Es el momento de normalizar nuestra presencia en todos los escenarios: sociales, laborales, políticos y culturales. Será esta la única forma que nos sintamos parte de una misma sociedad. Una sociedad en la que conviven seres diversos que necesitan sentirse parte de pero no desde la diferencia sino desde los aspectos que unen, ahí va a estar realmente la clave para superar esa discriminación, la que por tantos años ha generado que millones de personas busquen por diferentes medios la igualdad.

Entonces, cuando lo logremos ya no seremos “la primera mujer en…” “la primera vicepresidenta de…” “las mujeres conquistan…” sino que los triunfos y los logros serán la noticia que todo el mundo quiere leer. Es justo ahí donde lograremos dignificar el papel que por tantos años hemos querido tener.

Será justo en ese momento, cuando esa igualdad de la que tanto hablamos se logre, porque simplemente seremos humanos logrando cosas en una sociedad de humanos no de géneros, no de razas, no de diferencias.

Y mientras eso sucede, seguiremos dando a los medios la oportunidad de escribir titulares con la facilidad que da el lenguaje incluyente, pues este es quien hoy se roba las miradas y la atención que ha impuesto la sociedad para sentirnos más cercanos. Les seguimos permitiendo pensar que al nombrarnos nos están haciendo un favor y nos están reconociendo algo que no debería generar una diferencia.

La cinematografía paisa tiene un nuevo lugar de encuentro: #CineHechoenMedellín

crédito: Comisión Fílmica de Medellín y Festival Miradas.
La cinematografía paisa tiene un nuevo lugar de encuentro: #CineHechoenMedellín

María Camila Castaño

El aniversario de los cinco años de la Cinemateca Municipal trajo consigo una gran noticia para los realizadores y fans del cine independiente: la inauguración de una sala de cine dedicada exclusivamente a las películas de Medellín en el centro comercial Aventura.

En un país donde, según el Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica o mejor conocido como Proimágenes, solo el 3,4 % del total de espectadores de cine asiste a ver películas colombianas en un año, la apertura de nuevos espacios en los que el público y las producciones locales puedan encontrarse y conversar es fundamental para mantener vivo el séptimo arte de Colombia. Por esto, la apertura de la sala Cine Hecho en Medellín, el 25 de agosto de este año, en el centro comercial Aventura, en el norte de la ciudad, es de gran importancia para la escena audiovisual regional.

 

Durante el evento de apertura, apoyado por Cinemas Procinal, la Comisión Fílmica, la Alcaldía de Medellín, el Despacho de la Gestora Social y el Festival de Cine Miradas, se realizó la proyección simultánea de cuatro películas locales que ya habían pasado por las carteleras independientes de la ciudad: Amparo, de Simón Mesa; Si dios fuera mujer, de Angélica Cervera; Cantos que inundan el río, de Luckas Perro; y Una madre, de Diógenes Cuevas.

 

La sala presentará tres títulos más en los últimos meses de este año: La ciudad de las fieras, de Henry Rincón que se estrenó el 8 de septiembre; Los reyes del mundo, de Laura Mora, el 6 de octubre; y La roya, de Juan Sebastián Mesa, que su fecha de estreno aún está por confirmar.

 

La locación para esta sala fue elegida a partir del análisis de la poca oferta de salas de cine en el norte de la ciudad, en comparación con el sur, especialmente para estas películas que suelen tener un público más de nicho. También para favorecer la posibilidad de que estudiantes de la Universidad de Antioquia, la Universidad Nacional, y las personas que frecuentan espacios como el Parque Explora, Ruta N y el Jardín Botánico, puedan tener un encuentro con estos largometrajes.

 

La iniciativa de Cine Hecho en Medellín nace a partir del creciente número de producciones audiovisuales rodadas en la ciudad, como forma de apoyar a la cinematografía local y darle un espacio a los creadores e ideas gestadas desde el sector público y privado, además de darle la oportunidad de estrenarse a las películas que tuvieron que ser pausadas a raíz de la pandemia.

“Mediante este apoyo a la difusión y a la distribución, lo que queremos es que cada vez más personas en la ciudad sepan que aquí se produce cine de calidad, que hay historias que viajan por todo el mundo representando nuestra cultura en festivales internacionales y que a veces aquí no los aprovechamos”, expresa Juan David Orozco, actual coordinador de la Comisión Fílmica, Filmedellín.

La iniciativa apunta principalmente a favorecer el consumo del cine local y que el público reconozca al cine colombiano. Esta alianza ha permitido potenciar las posibilidades de la difusión: tener vallas publicitarias de la alcaldía disponibles para las películas, promocionales en paradas de bus y videos sobre los estrenos en las emisiones del canal Telemedellín, y alojar funciones especializadas donde se encuentren los espectadores y los realizadores, entre otros.

“Tal vez la gente no lo tiene muy presente, pero es una labor titánica la que hacen las distribuidoras por llegar a salas comerciales y, en general, a espacios de proyección de cine, pues se compite con los contenidos de una inmensa cartelera, copada por las producciones de Hollywood, dejándonos un espacio muy reducido para el cine nacional y regional, que además tiene su mirada puesta en unos propósitos más allá del entretenimiento”, dice Angélica Cervera, directora de cine.

Según Juan David, aún no hay una proyección muy clara sobre el futuro de esta sala, dado que se pensó como una iniciativa para este año al coincidir un gran número de películas paisas en estreno, además de que la posibilidad de que se logre tener una cinemateca municipal física en los próximos años está encaminada a convertirse en una realidad.

Para Angélica, “es necesario permitir que el cine local y nacional sea el punto de partida para hablar de eso que nos duele, de lo que muchas veces no hemos sido capaz de mirar a los ojos, y, por supuesto, de reconocer la belleza que hay en lo hostil y fuerte que puedan ser nuestras construcciones sociales”.

La apertura de estos espacios de encuentro, especialmente por parte de entidades públicas, no solo beneficia a los espectadores, sino que también amplía las oportunidades para los jóvenes cineastas de exponer sus obras para públicos más amplios, y que las películas del país no solo se queden en los circuitos de festivales y puedan durar más tiempo en cartelera.

Breve

La ciudad de las fieras estrena la sala Cine Hecho en Medellín

El 8 de septiembre, Cinemas Procinal estrenó, en su nueva sala Cine Hecho en Medellín, en el centro comercial Aventura, la película La ciudad de las fieras, de Henry Rincón. Este filme, protagonizado por Brayan Córdoba, cuenta la historia de Tato, un joven de Medellín que encuentra un refugio en el rap y las batallas de improvisación, pero que se verá obligado a vivir con Octavio, su abuelo floricultor, donde dos generaciones muy distintas tendrán un encuentro en la música.

Jorge Padilla: de la Ingeniería de Sistemas al Mundial de Tango

Jorge Padilla: de la Ingeniería de Sistemas al Mundial de Tango

Por: Lorena Castaño Morales,
Estefanía Montes Ciro,
Isabella Rodríguez Vélez y
Valeria López Pinilla

Si se dice que un gato tiene siete vidas, Jorge Padilla tiene más vidas que uno y, además, sabe moverse con más sabor: es bailarín profesional de tango, director ejecutivo y artístico de Chetango —una de las academias más importantes de este baile en Colombia—, profesor de danza, coreógrafo, técnico y tecnólogo en electrónica, ingeniero de sistemas y desarrollador de software. Y sí, efectivamente: moriría si abandona alguna de todas sus pasiones.

Desde temprana edad, Jorge siempre fue un niño destacado: en el colegio resaltaba por su disciplina académica. Disciplina que, años más tarde, se le contagiaría a otra de sus vidas: la artística.

Del 6 al 18 de septiembre de 2022, Jorge participó en el Mundial de Tango, la competición de tango más importante a nivel internacional, este año realizada en Buenos Aires, Argentina. En esta ocasión, Jorge y su pareja de baile, Stefany Ortiz, escalaron hasta la final en las categorías Tango Salón y Tango Escenario.

Pero este no es más que uno de los muchos logros de Jorge: como bailarín alcanzó el título de “Campeón Supremo” en el World Tango Championship, la segunda competición de tango más importante del mundo; y como ingeniero ha trabajado con un grupo de alto nivel en el desarrollo de aplicaciones para grandes empresas como Bancolombia, EPM y Almacenes Éxito.

En entrevista con Bitácora Jorge compartió mucho más que sus siete vidas: compartió la pasión y la magia que lo rodean cada vez que pisa un escenario; y el camino recorrido para alcanzar su propósito de vida.

¿Cómo te describes?

Soy una persona muy alegre. Tengo un temperamento fuerte, pero en muy pocas ocasiones. Tiendo a ser muy justo. Me gusta mucho el deporte. Estuve en equipos de fútbol y básquetbol, siempre tuve una vida deportiva muy activa. Me encanta leer, aunque ahora tengo este hábito un poco descuidado, porque no me queda mucho tiempo, pero es algo que disfruto mucho. También logré participar en concursos de escritura, especialmente de cuentos. 

Si tenías esta pasión por la literatura y la escritura, ¿por qué decidiste estudiar Ingeniería de Sistemas y no algo relacionado a esto?

Realmente, soy muy inquieto y activo. Cuando era pequeño tracé un camino en el que iba a ser ingeniero, aunque no necesariamente de sistemas. De hecho, soy técnico y tecnólogo en electrónica. Cuando comencé en la universidad empecé estudiando Ingeniería Electrónica, pero me incliné más por los sistemas por su prometedor futuro. Como siempre había sido tan inquieto, creo que no me habría inclinado solamente hacia la escritura. La ingeniería fue un propósito de vida, mientras que todas esas actividades que hacía y hago adicionales son por mi personalidad inquieta. No obstante, quizás más adelante me gustaría escribir un libro.

¿De dónde nace este sueño específico de ser ingeniero?

Cuando era pequeño escuchaba la palabra ingeniero y me encantaba. Escuchaba que a las personas les decían el “ingeniero tal” o el “profesor tal” y, escuchando la palabra, se me quedó en la mente. Quería ser ingeniero, no importaba de qué. Siempre he sido una persona muy soñadora, y la palabra ingeniería me causaba mucha curiosidad y me gustaba mucho, así que tenía ganas de estudiar una carrera afín. Además, en mi familia también hay más ingenieros o profesionales en áreas similares a la mía: uno de mis hermanos mayores es ingeniero metalmecánico y otro es tecnólogo en el ámbito electrónico.

¿En qué momento te empezaste a interesar por la danza?

En mi casa mi hermana y una prima empezaron tomando clases de danza y yo, al verlas, quise iniciar también. Un día se mudó al lado de mi casa un profesor de danza, quien actualmente dicta clases en Unión Latina (academia en la que comencé), y empecé a estudiar con él. Me encantaba su metodología para enseñar la salsa y los ritmos tropicales.

¿Siempre te interesaste específicamente por el tango o iniciaste con otros géneros?

La academia donde inicié no era de tango. De hecho, no me gustaba ese género en lo absoluto, pensaba que era una música para adultos. Me encanta la salsa, bailaba mucho la salsa caleña, era mi pasión y competí en varios concursos. No obstante, cuando llevaba más o menos un año y medio en esta academia llegaron unos profesores de tango que me lo mostraron de una forma diferente. Después de eso quedé enamorado completamente. Con una sola clase quedé tan encantado que seguí investigando sobre el tema, buscando vídeos y me terminé obsesionando con el género. En ese punto me salí de Unión Latina y busqué un grupo en el que me pudiera enfocar más en el tango.

¿Cuando te enfocaste en el tango abandonaste por completo los otros géneros de danza o aún sigues practicándolos?

Los practico de manera social, no de manera profesional. El baile es como cuando estás en la universidad: al inicio hay unas materias generales para todas las carreras, pero, a medida que avanzas, encuentras materias más específicas y se empieza a delimitar tu perfil y tu enfoque. Creo que todavía estaría en la capacidad de bailar salsa u otros ritmos, pero mi objetivo y enfoque es el tango. Si quisiera volver a alguno de estos ritmos tendría unas bases que me permitirían no tener que empezar desde cero, pero sí tendría que estudiar de nuevo para llegar a un nivel profesional. 

“La ingeniería fue un propósito de vida, mientras que todas estas actividades que hacía y hago adicionales son por mi personalidad inquieta”.
¿Qué pensó tu familia cuando les dijiste que ibas a dedicarte a la danza profesionalmente?

Como en Colombia no existe la cultura de la danza desde la infancia, prácticamente cuando comienzas en ella es porque eres un rebelde o porque te quieres rebelar contra tu familia. No se ve a la danza y a la cultura como tal como un trabajo, sino como un hobby que no te va a aportar nada. Mi hermana también se metió a la misma academia y hasta fue mi compañera de baile. Así que, al inicio, a mi mamá no le gustó: pensaba que era una actividad que no iba a aportar nada a nuestras vidas.

¿Recibían regaños por parte de ella al estar desarrollando esta actividad?

Sí, las “cantaletas” de mi mamá respecto al tema eran casi diarias, y nosotros ensayábamos todos los días. Nunca le terminó de gustar la idea y ahora solo lo acepta porque ya son muchos años, pero aún continúa con la “cosita” ahí. Sin embargo, hay algo particular que mi mamá tiene y que debo rescatar: ella puede no estar de acuerdo con que hagas algo, pero si eso te hace feliz, te apoya de forma indirecta.

¿Cómo te demostraba ese apoyo?

De varias formas. Recuerdo que en muchas ocasiones nos tocaba ir a presentaciones y mandar a hacer vestuarios, y mi mamá, aunque detestaba que bailara, me daba plata para los pasajes y para los vestuarios. En mi casa siempre fue un tema difícil con mi madre, pero hoy en día ha cambiado su perspectiva porque estoy en una empresa y es algo mucho más serio.

Sabemos que has trabajado como desarrollador. ¿Cómo es este trabajo?

Realmente trabajo para Unisys de Colombia, una casa de software. Lo que hace esta compañía es desarrollar aplicaciones y softwares para diferentes empresas que requieran este servicio. Tenemos clientes como Bancolombia, EPM, Éxito, entre otros. Dependiendo de las necesidades de cada uno de estos, desarrollamos las aplicaciones que nos piden. Yo específicamente estoy asignado al proyecto de Almacenes Éxito, así que hago parte de un grupo de desarrolladores a los que nos entregan las necesidades que el Éxito tiene respecto a software y nosotros hacemos las aplicaciones que permiten que ellos puedan atender día a día su labor.

¿Cuál es tu relación con la academia Chetango? ¿Cómo llegaste a ser su director?

Chetango es una de las academias de tango más importantes de Colombia. Nació hace aproximadamente 15 años. La fundó una empresaria que se llama María Eugenia Ossa, con la que compartí más o menos durante siete años. Cuando estaba en la otra compañía, Chetango ya existía. Estaba al mando general de María Eugenia y contrataba directores artísticos para que la manejaran. Sin embargo, por diversos problemas internos con los otros directores, ella me ofreció el puesto de coreógrafo y me encariñé tanto con el grupo que pasé a ser director artístico. Al final, ella decidió definitivamente no continuar y yo, junto con otro compañero, compramos la corporación y arrancamos solos. Hace algunos años soy el único encargado de la academia y monté todo como nuevo. 

Normalmente, los bailarines que compiten en la categoría de parejas tienen una pareja fija con la que siempre se presentan. ¿Cómo eliges a tus parejas?

Las parejas de tango son como un matrimonio. Es más, creo que son más importantes que un matrimonio: al final terminas compartiendo más con tu pareja de danza que con tu pareja sentimental. Así que es exactamente como cuando eliges una pareja sentimental: se busca que tengan las mismas energías, el mismo enfoque artístico y propósito. Si se cumplen estas características, se encuentra una pareja de baile adecuada. Es fundamental la energía, la personalidad, la claridad en los objetivos y la responsabilidad. En mi caso ser bailarín ha sido todo un reto, porque hago muchas cosas al mismo tiempo: trabajar en mi empresa como desarrollador, todo lo que involucra ser el director de Chetango, ser coreógrafo de la compañía y ser docente de los formativos. Entonces, si no estás con una pareja que esté en la misma tónica, se vuelve todo muy difícil. 

“El baile es como cuando estás en la universidad: al inicio hay unas materias generales para todas las carreras, pero, a medida que avanza la carrera, hay materias más específicas y se empieza a delimitar el perfil y el enfoque de cada uno”.
¿Cuántas parejas has tenido?

He tenido cinco. Comencé bailando con mi hermana y he continuado con múltiples parejas: primero, con la hermana del director de Unión Latina; segundo, con Ana Soraida, con quien más reconocimientos he tenido a nivel internacional; tercero, con Alejandra, una chica con la que gané el Festival Internacional de Medellín, y cuarto, con mi compañera actual, Stefany, con quien realizo todos los procesos.

¿Cómo se prepara un bailarín diariamente para mantener su rendimiento?

Hay muchas formas de prepararse. Todo depende de la seriedad con la que se asuman las cosas. El tango te permite bailar con 80 años y hacerlo muy bonito. Sin embargo, si quieres bailar de forma profesional y realizar un espectáculo, debes prepararte como lo hacen los deportistas de alto rendimiento: ellos tienen rutinas para prepararse físicamente, para fortalecer su cuerpo, su estado físico, su elasticidad y todo lo que les permite lograr el desarrollo de unas capacidades especiales. Lo mismo ocurre con los bailarines. Por mi parte, no me considero únicamente bailarín profesional de tango, sino también deportista de alto rendimiento, pues diariamente tengo unas rutinas bastante exigentes para prepararme en el gimnasio, en todos los temas de estiramientos para mejorar la flexibilidad y en ballet. De esta forma, nuestra profesión puede ser más técnica y limpia. Diariamente dedico mínimo tres horas a la preparación. Y esto también incluye la enseñanza de las clases, ya que con eso me capacito. 

¿Y cómo te preparas en pareja? ¿Las coreografías para las competiciones son hechas por ustedes solos o también tienen acompañamiento de otros profesionales?

Normalmente, la forma en como monto una coreografía es escribiendo la idea que quiero. Escribo el concepto, pienso en vestuarios, colores y propuestas, y lo llevo al elenco profesional de bailarines. A veces mi compañera de baile y yo montamos la coreografía y se la enseñamos al grupo profesional. Otras veces, cuando deseo que el trabajo sea más interdisciplinario y más combinado con otros movimientos, llevo la idea al equipo de bailarines expertos y comenzamos a construirla entre todos. 

 

En vista de que uno de tus mayores reconocimientos ha sido ser campeón del World Tango Championship, quisiéramos saber: ¿Cómo fue esa experiencia?

El World Tango Championship es uno de los campeonatos más importantes del mundo y se desarrollaba en Medellín. El campeonato más importante de tango que hay se realiza en Argentina, y el segundo es este. El Festival de Tango de Medellín tiene una particularidad muy importante: es el único en el mundo que tiene la categoría de grupos coreográficos. En el año 2012, que fue cuando mi pareja y yo ganamos, hubo algo muy especial: se introdujo la categoría “Campeón Absoluto”, destinado para parejas que bailan muy bien todas las categorías. Así, quedamos como campeones absolutos, ganamos cuatro premios, una recompensa económica y una gira por Europa. Estuvimos en Dubái, Francia, Suecia, Mónaco, entre otros, y en ese viaje logré cumplir algunos de los sueños que tenía de niño.

“Las parejas de tango son como un matrimonio. Es más, creo que son más importantes que un matrimonio: al final terminas compartiendo más con tu pareja de danza que con tu pareja sentimental”.
Es curioso que seas ingeniero y bailarín, porque el perfil que uno se imagina para ambos roles es prácticamente opuesto. Por lo tanto, ¿alguna vez has sentido que tu perfil como ingeniero y como bailarín choquen?

¿Saben qué? Les recomendaría a todos los ingenieros que bailaran. En la universidad a los de ingeniería se les desarrolla una mentalidad muy metódica y enfocada en los resultados, muy cuadriculada. En ingeniería aprendes que 2+2 es 4 y punto, tu pensamiento se desarrolla en torno a la exactitud. El caso contrario es el arte: es impredecible y tiene múltiples interpretaciones, significados, intenciones. A mí me ha funcionado muy bien esa combinación, hasta pienso que se complementan. Para mí, el desarrollo de software es un arte: el cliente te pide un sistema que haga tal cosa, pero no te dice cómo, y entra a jugar la creatividad y el pensamiento crítico del desarrollador. Y en danza es lo mismo: tienes una idea y la vas desarrollando con los conocimientos que tienes. El arte te permite llegar a las personas de una forma más humana, te desarrolla unas habilidades blandas que la ingeniera no te daría. Por eso, la combinación de estas me parece fundamental, y creo que debería de proponerse más este mundo creativo en la vida de los ingenieros.

¿Qué otro tipo de actividades disfrutas realizar?

Me gusta mucho el cine y hacer pereza cuando puedo, ¡no me gana nadie haciendo pereza! También me gustan mucho las series, practicar deportes que antes hacía como el básquetbol, y me encanta pasear y conocer lugares.

Sabemos que cuando estabas en bachillerato hiciste que se parara todo el colegio para que no mezclaran los grupos, lo que demuestra que el liderazgo ha estado presente en muchas etapas de tu vida. ¿Consideras que eres un líder innato o crees que es algo que desarrollaste con los años?

Considero que soy líder innato. Sí, es cierto: paré el colegio. Estaba en grado once y había estudiado con varios amigos desde sexto, pero cuando llegamos a ese grado nos iban a mezclar, así que hice una revolución en ese colegio y al final logré que nos volvieran a juntar.

“Si quieres bailar de forma profesional y realizar un espectáculo, debes prepararte como lo hacen los deportistas de alto rendimiento”.
¿Cómo se ve reflejada la dedicación y exigencia con la que todos te describen al momento de escoger pareja de baile?

Siempre intento que los procesos que tengo para mejorar también los hagan ellas. Cuando uno tiene una pareja de tango, y cuando creas y trabajas como equipo, las cosas salen mejor. Los dos aportan desde su trabajo individual al de la pareja, entonces busco que mi pareja se exija tanto como yo.

La gente a tu alrededor siempre te ha imaginado en cargos de alto poder como, por ejemplo, cuando le dabas ideas al profesor de baile sobre cómo debía hacer las coreografías y él te obedecía. ¿Crees que el ser profesor y coreógrafo es natural en ti o es algo que has afinado con el tiempo?

Creo que las dos cosas. Cuando comencé a bailar tenía una afinidad para coreografiar y, no sé por qué, pero las cosas que me imaginaba acostumbraban a tener viabilidad. A los primeros meses de empezar ya estaba dando ideas y mi proceso en la danza fue muy rápido, en pocos meses ya estaba en un grupo en el que dirigía niños y me encantaba. Los profesores siempre me vieron como un líder y yo también lo sentía así, pero no desde la vanidad sino desde querer un bien común.

Primero empezaste tú y tu hermana a bailar, pero al final todos tus hermanos terminaron bailando. ¿Crees que tú pudiste influir en haber contagiado a otros miembros de tu familia y a otras personas esta pasión por la danza?

Sí, y más en mi rol de docente de tango creo que es nuestra labor: influir en los demás a que quieran participar de este mundo. Más que solo enseñar pasos, quiero que cuando vean mi trabajo digan “yo quiero hacer eso”. En ese caso seguramente pasó lo mismo: le dejé esas ganitas por ahí a la familia.

“La forma en como monto una coreografía es escribiendo la idea que quiero. Escribo el concepto, pienso en vestuarios, colores y propuestas, y lo llevo al elenco profesional de bailarines”.
Como profesor, ¿cómo te describirías? ¿Eres el profesor “cuchilla” o el profesor relajado?

Definitivamente, creo que tengo y manejo un equilibrio: no me gusta estar detrás de la gente, me parece muy desgastante tanto para mí como para el estudiante. Pero, cuando mis estudiantes están en el salón de clase, se esperaría que ya con cierta edad tengan el criterio para decir “yo quiero hacer esto” y que, si van a asistir a una clase, sea porque quieren estar allá, que sean responsables de su propio proceso. Sin embargo, también considero que hay que tener muy presente a quiénes les estoy dando clase: no voy a esperar la misma disciplina que tienen los jóvenes con un cuerpo ya entrenado para la danza en los niños que apenas empiezan ese proceso.

Eres profesional en danza, pero, ¿te gustaría aprender otras ramas artísticas?

Sí. Me encantaría cantar, ¡pero canto muy mal! También tocar algún instrumento, como la guitarra o el piano, me parecería genial. De pronto más adelante lo pueda hacer.

Las personas que trabajan a tu alrededor enfatizan mucho en que eres una persona que escucha y sabe trabajar en equipo. ¿Por qué crees que el trabajo en equipo es importante? ¿Tú cómo la desarrollaste?

El trabajo en equipo es muy enriquecedor, pero creo que tengo algunas falencias. Antes de Chetango dirigía otros grupos de baile y creo que uno se acostumbra a una forma de trabajar en donde casi siempre el que da la última palabra eres tú, sobre todo cuando estás haciendo un montaje coreográfico. A veces me cuesta mucho seguir, porque estoy acostumbrado a que me sigan, y me parece muy interesante rodearme de gente que me exija, un grupo interdisciplinario donde todos aporten me parece mucho más enriquecedor.

“El desarrollo de software es un arte: el cliente te pide un sistema que haga tal cosa, pero no te dice cómo, y entra a jugar la creatividad y el pensamiento crítico del desarrollador. Y en danza es lo mismo: tienes una idea y la vas desarrollando con los conocimientos que tienes”.
Tus estudiantes enfatizan mucho en que tu intención, más que formar bailarines, es formar artistas. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué es importante?

El bailarín es limitado, es un intérprete limitado. Así que, con el trabajo que normalmente hago, si el bailarín más que un bailarín es un artista, puedo complejizar los montajes de las coreografías. Por ejemplo, mis bailarines saben cómo interpretar sus emociones y hacer que el público las sienta. 

Tus estudiantes afirman que lo que más han aprendido de ti es, más que ser buen bailarín, ser buenos seres humanos. ¿Crees que transmites eso? ¿Cómo lo haces?

Tengo una gran admiración hacia mi madre y creo que todo lo que le tocó pasar con nosotros al ser madre soltera de cuatro niños nos ayudó a mí y a todos mis hermanos a desarrollar ese respeto, esa empatía por el otro. En la danza y, sobre todo, en el tango, cuando eres un buen artista terminas reflejando cómo eres en tu vida. No hay forma de separar eso, y creo que se ve reflejado.

“Más que solo enseñar pasos, quiero que cuando vean mi trabajo digan «yo quiero hacer eso»”.
Melisa, tu hermana, afirma que un bailarín muere dos veces y que la primera es cuando deja de bailar. ¿Imaginas tu vida aparte del baile, o crees que esto le da sentido a tu vida?

No tengo el valor suficiente para dejar de bailar. Me aterraría ver que los demás lo hacen y yo no, así que no me imagino dejándolo de hacer.

Una aventura médica en la selva 

Mi padre cargando en sus brazos a las dos hijas de la mujer que le cocinaba en La Chorrera. / Foto cortesía
Una aventura médica en la selva 

Por María José Escobar G.

Durante su año rural, Alejandro Escobar enfrentó situaciones complejas en el corregimiento de La Chorrera. Su historia cuenta la experiencia que vivió en esta zona que lo transformó como médico y como persona al ver sus expectativas chocar con la realidad. 

“Mi primera noche en la selva fue larga. Comenzó muy recién entrado el sol y terminaría en la madrugada con el canto de los gallos… o tal vez era el ruido de un pájaro, un mono aullador o hasta un jaguar”, menciona mi papá, Alejandro Escobar, siempre que recuerda su año rural en La Chorrera, un área de la selva colombiana ubicada en el departamento del Amazonas.

Mi padre, el aventurado estudiante de medicina que hace 27 años decidió realizar su año rural en el Amazonas, hoy en día es cirujano cardiovascular. Una persona arriesgada que eligió este lugar porque soñaba con cambiar el mundo a través de la medicina y transformar el sistema de salud de las comunidades indígenas. Por eso la medicina no solo es su profesión, es su estilo de vida. 

Él quería vivir una experiencia diferente a las que relataban sus antecesores. Su abuelo, quien también era médico, siempre prefirió trabajar en un consultorio tradicional en la ciudad. 

En ese tiempo, La Chorrera contaba con una población de aproximadamente 2.000 habitantes. A los pocos días de su llegada, ya parecía uno más de la comunidad. Andaba descalzo, sin camisa y con lanza en mano. Era un joven delgado, no muy alto y con un pelo largo inconfundible, ya que siempre llevaba atada una pañoleta naranja en su cabeza. 

Chocando con la realidad

 

Antes de llegar, tomó una inducción de 15 días en Leticia, capital de ese departamento. En ese momento recibió sorpresas no muy gratas. Se enteró de todas las incomodidades a las que se iba a enfrentar en su aventura médica en la selva. Al principio, la inducción le pareció muy emocionante, pero al terminarla su primer pensamiento fue: “Hijueputa, ¿en dónde me metí?” 

En un momento, hablando de los equipos médicos, los instructores dijeron: “En todas las periferias funcionan perfecto, excepto en La Chorrera donde son equipos viejos y no han sido cambiados”. Para terminar la amable inducción, mencionaron que “en todas las zonas la población indígena le da buena acogida al blanco y más al personal médico, excepto en La Chorrera donde existe cierto rencor”. 

Después de la bienvenida en Leticia había que caminar un largo trayecto desde el aeropuerto para llegar al hospital. Además, era necesario cruzar el río Igara Paraná. Este es de unos 15 metros de ancho y es muy profundo. Se puede flotar sin tocar el piso. Justo donde quedaba el centro de salud y el colegio caía un chorro supremamente grande. Por esto, el corregimiento se llama La Chorrera. 

Su equipaje eran dos maletas y una caja con libros de medicina. En una iba una pequeña cantidad de ropa y en la otra, que era el sobrecupo, iban en promedio diez santos a los cuales lo encomendaron su madre y su abuela. El día de su llegada, se montó en una pequeña canoa. Iván Remuy, el enfermero, dio la orden de arranque.  

No obstante, el “paisano” dijo: “No. Todavía no se puede. Hay que esperar más gente”.  Mi papá dirigió su mirada hacia el equipaje que estaba a punto de caer al agua. Pensaba: “Solo falta que a alguien más le dé por viajar con santos”. 

En ese entonces, el “Chorrera Memorial Hospital” era una pequeña casa de color blanco con café. Era mitad material y mitad madera. Allí, los médicos tenían una barba descuidada de varios meses de no ver una Gillette occidental, y las enfermeras eran brillantes y pegajosas de la cantidad de aceite que se aplicaban en la piel para evitar los insectos.  

El nuevo médico de La Chorrera en el lugar que sería su habitación por un año. / Foto cortesía
Un parto acelerado

Mi padre aún recuerda historias personales de algunos pacientes, como la de Néstor Alejando, quien después de un trágico nacimiento se convirtió en su ahijado y a quien le pusieron su nombre. Un sábado, a las 4:30 de la mañana, tocaron la puerta del hospital. Era “un hombre de mediana estatura, contextura media y de facciones finas, pero con el rostro curtido por el sol y la selva”. 

El hombre le dijo: “Mi señora lleva 24 horas en trabajo de parto y no ha podido dar a luz”. Mi padre cogió su equipaje y ambos se dirigieron a la casa donde se encontraba la “comadre”. Como es natural en las indígenas, ella estaba atendiendo sola su propio parto. 

–¡Ayúdeme doctor! No soporto más –dijo la mujer. 

–Usted no ha roto la fuente y el bebé no ha descendido –respondió mi padre–. Camine hasta el hospital para atenderla allá. Estamos a más o menos 3 cuadras. La caminada puede ayudar con el descenso del niño. 

Cuando llegaron al centro médico, Alejandro calculó que se podía demorar otra hora. Mientras tanto, se fue a desayunar. Sin embargo, no contaba con el acelerado trabajo de parto que tienen las mujeres indígenas. En el momento en que estaba saliendo del hospital a comer algo, el bebé también estaba saliendo por las piernas de la mujer e iba directo hacia el piso. 

Por fortuna, el esposo de la mujer estaba a su lado y logó atraparlo en el aire. Con las manos temblorosas del susto, mi padre examinó al niño. Estaba en excelentes condiciones y pudo salir del hospital ese mismo día. En el centro de salud estuvieron pendientes de él hasta que cumplió 8 meses y todo su desarrollo fue normal. Hoy en día, Néstor Alejandro debe tener unos 27 años de vida. 

Entrada del Hospital Local de Puerto Arica “Diego Alexis Sierra”. / Foto cortesía
El secreto que solo Dios conoce

Una de las situaciones más difíciles que tuvo que vivir fue cuando una institución educativa quería vincular a su personal al Seguro Social, lo que hoy en día son las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS).   

El rector del colegio, por ejemplo, fue el único positivo para la serología, examen para el diagnóstico de sífilis. Durante varios días mi papá pensó en las mil formas en que se podía abordar el tema. Recuerda el día de la entrega de los resultados como “una de las tardes más calientes de mi estancia. El sol entraba por la ventana con un poniente que me golpeaba el rostro por el cual caían gotas de sudor”.  

–Bueno, todos los resultados están muy bien, pero hay uno en particular que tiene alteraciones. Se trata del examen de sífilis –expresó mi papá. 

–La verdad, sí tuve un “enredito” hace un tiempo –dijo el hombre en forma muy sincera.  

Por esto, se colocó la dosis inicial de un medicamento que debía volver a ponerse en 8 y en 15 días. 

Volvió muy cumplido para la segunda dosis, pero para la tercera se le presentó un viaje al Caquetá. Mi papá le suministró el medicamento para aplicárselo durante el viaje. Como todos allá eran tan curiosos, lo instruyó para defenderse si le preguntaban sobre porqué una dosis tan alta. Le dijo que, si alguien lo cuestionaba, respondiera que era por una “amigdalitis recurrente”. 

Cuando el rector regresó de su viaje, visitó a mi papá y le dijo: “Alejo, usted es famoso en el Caquetá”. Cuando le iban a aplicar la inyección, la enfermera le hizo la temible pregunta. Él contestó que la alta dosis era para “una amigdalitis reflexiva”. La mujer no pudo controlar su risa y llamó a varios doctores para que escucharan el diagnóstico que le había hecho el médico de La Chorrera. 

Esta historia tuvo un desenlace feliz. Mi papá cree que de todas las personas que ha conocido, es una de las más humanas y sinceras. Tiene todos los conocimientos para ejercer su labor, pero acompañados por el sentimiento de una persona de carne y hueso. Sin embargo, hasta el día de hoy, no sabe si su verdad ya salió a la luz o si es un secreto que solo Dios conoce. 

Los ocho kilómetros al infierno

Un día triste, gris y con olor a muerte, mi padre se encontraba estudiando en su oficina luego de una consulta médica en la mañana. Estaba lloviendo extremadamente duro. Eran alrededor de las doce del mediodía cuando entró un hombre al hospital: 

–¡Doctor, rápido que se muere, rápido! –dijo el “paisano” mojado por la lluvia. 

–¿Qué pasó? –le preguntó mi padre con calma. 

–La mujer de uno de los promotores de salud tiene 7 meses de embarazo y está vomitando sangre. 

–Es mejor traer a la paciente al hospital. Aquí contamos con más recursos para hacer lo que sea necesario. 

–El problema es que la señora está en una vereda que se llama El Kilómetro 8. 

Luego de una hora de camino lograron llegar. Ella, de 18 años, estaba en una hamaca rodeada por toda la familia rezando. Su pequeña hija de dos años le tomaba la mano. 

Era necesario trasladarla al hospital para hacer una cesárea porque el bebé seguía vivo. Decidieron colgar la hamaca en un palo y llevarla entre dos hombres, con un tercero que relevaba al que estuviera cansado.  

Los hombres se llenaron la boca con mambe para emprender el camino que duró tres horas. El mambe es un polvillo que se hace triturando y cerniendo hojas de coca tostadas mezcladas con la ceniza de hojas de yarumo. Los indígenas de casi todas las regiones de Colombia lo consumen por un tema religioso. Según ellos, es una manera de comunicarse con sus ancestros. Sin embargo, también sirve para evitar el sueño y el hambre. 

El cruce de los puentes era muy complejo. Estos eran de un solo tronco resbaladizo y lamoso. Algunos estaban completamente cubiertos por agua del torrencial aguacero que estaba cayendo. Los pies del médico se empezaron a ampollar en diferentes partes. La carne ardía cada vez más. 

Quince minutos antes de llegar, mi padre se adelantó para alertar al personal y tener todo listo para una intervención quirúrgica urgente. Corrió como nunca en la vida lo había hecho. Todavía no entiende de dónde sacó la fuerza porque sus piernas ya no respondían. Cuando la paciente llegó, mi papá vio en su rostro una mirada fría e insostenible al dejar este mundo. 

Realizó una cesárea urgente en la mitad de la entrada del hospital. Él bebé no respondía. Todos permanecieron quietos y en silencio con la mirada perdida en el infinito. Luego de cerrar a la paciente, lavaron su cara y su abdomen, y la colocaron en una cama con su pequeño feto en los brazos. Tenía una apariencia tranquila. 

Al día siguiente, mi padre fue al entierro. Se sentía mal. Muy mal. El cacique de la comunidad le ofreció su coca en sentido de amistad y agradecimiento. Al final, la familia lo ayudó a entender sus limitaciones y a comprender que lo que sucedió no fue culpa suya. Se dio cuenta de lo insignificantes que somos. Nacemos, y cuando morimos el mundo sigue igual, como si no hubiera pasado nada. 

Alejandro Escobar en una larga caminata para ir desde La Chorrera a una vereda lejos de allí. / Foto cortesía
La protesta de despedida

Alejandro llegó a La Chorrera con muchos ideales. Soñaba con transformar la cultura de estas personas. Pensaba que con sus conocimientos en salud por sus estudios universitarios podía cambiar el mundo. Sin embargo, allá la gente tenía una cultura y un estilo de vida muy estructurado. No querían cambiar. 

Como era la única persona buscando romper esa barrera, nadie lo ayudaba a remar. Era muy difícil demostrarles a los indígenas algo en lo que no creían. Una vez, ante la escasez de alimentos, mi papá intentó hacer un criadero de dantas. Estos son animales de la selva que pueden ser criados en corrales y pueden suministrar una buena cantidad de carne. 

No obstante, todos se empeñaron en que a ellos no les gustaba la carne si no era cazada por sus propias manos en la selva. Hasta ahí llegó la idea. Hubo otro episodio en que estaban tirando todas las basuras a las calles del corregimiento. A nadie le importaba. Mi papá propuso una jornada de recolección de basuras para llevarlas a un relleno sanitario que él mismo pensaba construir. 

Allá no había alcalde ni policías, pero existía una persona que ejercía como corregidor. En ese momento, tenía dos presos en un cuarto de aislamiento. Mi padre aprovechó y pidió la ayuda de los dos hombres para cavar el hueco del relleno sanitario. Nadie más estuvo dispuesto a ayudarlo. Terminó recogiendo las basuras él solo. 

Después hubo un problema con un enfermero del hospital. Tuvieron a una señora aislada por malaria. A este tipo de pacientes les ponían unos anjeos para evitar que los picaran los moscos. Esa noche, el enfermero llegó borracho y se acostó en la cama con la señora. Mi papá se enojó, lo echó del hospital y puso la queja en Leticia.  

De ahí en adelante, surgió un odio del enfermero hacia él. Incluso, le decía: “Doctor, mucho cuidado por la selva. Usted corre mucho por ahí y existen muchos riesgos”. Por eso, mi padre dejó de hacer muchas cosas que disfrutaba, como salir a trotar a altas horas de la noche para ir a mambear y a conversar con los caciques de otras veredas. Entonces, resolvió quedarse en el colegio a leer y a conversar sobre temas profundos y filosóficos. 

 

Más conflictos

Un día, agotado de todo el conflicto, Alejandro citó a la población a una reunión porque no pensaba marcharse con todo lo que tenía adentro. Quería discutir y mejorar muchas cosas, pero la población era muy difícil. 

Les dijo que La Chorrera era uno de esos sitios donde “todo el mundo se fijaba en la astilla que tenía el ojo del vecino, sin darse cuenta del madero que tenía el ojo propio”. Él realizó la reunión para limpiar los ojos y oídos de aquellos que los tuvieran sucios. 

La población le hizo muchos reclamos que no le correspondían a él y para los cuales no tenía ninguna explicación. Finalmente, mi padre les dio a entender que él había dejado su casa, sus costumbres y sus seres queridos para estar con ellos, dispuesto a ayudarles las 24 horas del día, y que lo único que estaba recibiendo de ellos eran ofensas. La despedida fue triste, pero no tenía más remedio que ese. 

Hoy en día, La Chorrera es completamente igual. Mi papá ha buscado y ha visto videos. No ha cambiado nada en estos 27 años. No ha vuelto al lugar. Le impresiona lo difícil que es viajar al corregimiento porque no se puede hacer turismo sin un permiso especial de los indígenas. A pesar de esto, le encantaría volver algún día. 

El médico en la noche mambeando con los indígenas en una maloca, centro donde se reúne la población para diferentes eventos. Estos frecuentes encuentros eran hasta la 1 o las 2 de la madrugada. / Foto cortesía
Enseñanzas para la vida

Mi papá se fue completamente defraudado de la población indígena. Pero piensa que esta generación no tiene por qué pagar por las cosas que hicieron las generaciones pasadas. No está de acuerdo con que haya que sufrir indefinidamente las consecuencias de los ancestros.  

El año rural en la selva fue una experiencia dura. Siempre ha sido una persona muy afortunada y no le ha faltado nada en la vida. Allá le tocó aguantar hambre, frío y mucho sueño. Le tocó enfrentarse a muchos conflictos con la población que lo ayudaron a fortalecerse y a prepararse para todos los inconvenientes que iba a tener de ahí en adelante.  

Cuando está pasando por un momento difícil, le gusta recordar lo que vivió allá para darse cuenta de que el sí es capaz de salir adelante y superar los pequeños obstáculos del camino. Dice que fue una experiencia muy bonita, pero en la que no pudo cumplir las metas que tenía de cambiar el sistema de salud de esta población.  

Mary Luz vive en sus palabras

Mary Luz vive en sus palabras

Por: Sara Tobón Marín

Mary Luz López Henao logra convertir lo que una vez fueron lágrimas y tristezas en letras y poemas reunidos en su libro Alzo mi voz, publicado a principios del presente año. En él plasma una que otra vivencia que marcó su vida, historias de algunas de las mujeres que pasaron por situaciones similares a la de ella y relatos cortos enfocados a la denuncia de problemáticas sociales que vivimos actualmente en Colombia. 

Dedicatoria de la autora

“Este libro es una denuncia, es una voz para las y los que aún callan, un poemario poco inusual, una recopilación de mis sentimientos hechos palabras; muchos de los textos acá escritos primero fueron las lágrimas y luego letras de un desahogo ante tanta tristeza.” Mary Luz López Henao

Desde los primeros párrafos del libro de Mary se puede percibir con facilidad la mujer en la que se ha convertido, una mujer que ha pasado por situaciones que ninguna persona debería pasar y que, a pesar del dolor que aún habita en ella, tiene el valor de alzar su voz para dar visibilidad a la historia que comparte con muchas mujeres víctimas de los mismos verdugos.

“Para mí, la escritura es una herramienta política que puede contribuir a una transformación social por la manera en que el arte influye en adultos, jóvenes y niños, cualquiera que fuese su expresión”, así lo expresa Mary en la introducción de su libro en la que enuncia su propósito y la relación que ha desarrollado con la escritura. Para ella, el hecho de escribir se ha convertido en el medio para desahogar sus tristezas y construir una nueva Mary Luz despojada de un tormentoso pasado.

Su libro lo divide en cinco partes, todas enriquecidas de relatos cortos en los que narra vivencias propias y ajenas que han marcado su vida. Cada una de estas partes la titula y separa con portadas que simulan retazos o imágenes unidas como un collage, lo cual compara Mary con su vida, siendo sus vivencias los retazos y su vida una colcha que los reúne a todos. En la portada del libro lo primero que se ve es un dibujo de una mujer levantando sus brazos mientras que de ella va saliendo algo marrón que al parecer la cubría totalmente; en la parte superior e inferior se puede observar más retazos o pedazos de tela acompañados con el nombre de la autora y el título del libro en una caligrafía que semeja unas suaves pinceladas.

Fue en su paso por la universidad donde conoció el poder de la escritura como medio de denuncia y desahogo, y a su vez, conoce también a Juan David Villa Gómez, quien redacta el prólogo de su libro, en el que, con profunda admiración, habla sobre el poder de las palabras que usa Mary en cada uno de los relatos y como logra que estos poemas toquen el alma de quien tiene el placer de leerlos.

Un amor que vive en sus palabras

En el primer capítulo o parte de su libro, Mary habla sobre una de las pérdidas que más ha lamentado y es la del amor de su vida Andrés, el único hombre que la hizo sentir diferente, quien le recordó lo valiosa que era y la acompaño en sus peores momentos. Se nota con facilidad que para la autora no fue nada fácil superar esta perdida y más si hasta el día de hoy no sabe del paradero de su amor, ya que Andrés fue víctima de desaparición forzada en el año 2008. Por esto, la autora titula esta parte del libro como “Vives en las palabras”, ya que al no tener una tumba en la que pueda llorar su perdida, tiene su lápiz para desahogar su dolor y vivir su duelo a través de la escritura.

 

“Amor mío, te llamo nacer y morir porque, cuando te conocí y te tuve, nací, viví y fui feliz, pero cuando te fuiste, morí en vida, me mataste.” (López, 2022, p. 29)
Mujeres que marcaron su vida

Por otro lado, en la parte número dos del libro, que la autora titula como “Mujeres que duelen”, reúne seis relatos cortos en los que narra las historias de algunas de las mujeres que la acompañaron en la época en la que fue trabajadora sexual bajo el nombre artístico “Yayita”. En este capítulo del libro reúne las historias que más la marcaron como “La costurera”, como Mary Luz la nombra, una mujer que además de ejercer la prostitución se dedicaba a confeccionar sus propios vestidos y los de sus compañeras, cuenta Mary que un día al bajar las escalas del hogar que compartía con otras mujeres encontró el cadáver de esta mujer abandonado en plena calle, víctima al parecer de un tiroteo. O también la historia de Samantha, una mujer decide escapar del orfanato en el que la dejó su madre y decide aventurarse al mundo y a sobrevivir a costas de su cuerpo, así vivió toda su vida hasta que los años fueron pesando y Samantha ya no tenía el mismo rostro joven ni el mismo dinero que ganaba en esos tiempos, ahora está sola, sin una pensión o algo con lo que pueda sustentarse que no sea la prostitución.

“... Hoy somos más los que nos levantamos y luchamos, los que renacemos cual fénix, los valientes que nos aferramos con esperanza para comenzar a sanar, amar, soñar con que todo esto mejore y que por fin nuestro corazón se abra al perdón” (López, 2022, p. 36)
Tocando corazones con palabras

En “Retazos”, tercera parte del libro Alzo mi voz de Mary Luz, habla del concepto general del libro y es la colcha de retazos que asemeja con su vida, tan llena de historias que no encajan entre sí y que a su vez hacen parte de lo que es hoy en día. En esta parte del libro le habla a la niña que fue abusada con apenas 9 años, a la joven que fue reclutada por un grupo armado en el que fue obligada a cargar un fusil y a la mujer que tuvo que vender su cuerpo por hambre y necesidad. Para mí esta es la parte más importante del libro, en la que el lector entiende y conoce la historia de la autora y se empatiza con ella, por su estilo de escritura y palabras que usa logra tocar cada fibra de quien lee estos relatos. Plantea en la mente del lector la pregunta de ¿cómo es posible que alguien pase por situaciones como las que cuenta Mary y cómo ha logrado salir de tanta tristeza sin resentimientos? 

 

Mercancía barata

La parte cuatro del libro curiosamente se compone de cuatro relatos en los que la autora habla sobre la realidad que viven las mujeres que con engaños y mentiras caen en la trata de personas, que sin imaginarlo terminan privadas de su libertad y obligadas a prostituirse para pagar una deuda que al parecer nunca van a poder saldar. Ese infierno en el que entran sin saberlo miles de jóvenes con la ilusión de viajar a otro país, segadas por las promesas de quienes se convierten en sus dueños, dueños de sus cuerpos, de sus identidades y de su libertad. Como dice Mary Luz en el inicio de uno de sus relatos: “como mercancía barata en el mercado de pulgas o en la terminal éramos regateadas…”, así son tratadas las mujeres en prostitución, vistas como un pedazo de carne vendido al mejor postor sin importar quien sea con tal de que tenga dinero para pagar por tal belleza.

Mary alza su voz

Para cerrar con broche de oro, la autora titula la última parte de su libro “Alzo mi voz”, en la que con tono de denuncia habla sobre los asesinatos de los líderes sociales, el paro nacional que se presentó el año pasado, el desplazamiento y su vivencia personal como desplazada por bandas criminales de Medellín y cierra con un texto de apoyo dirigido a los ciudadanos venezolanos por su situación actual. Esta parte del libro es más enfocada a las luchas sociales que se están presentando en el país, resalta su perseverancia y lucha constante contra el gobierno, y a su vez, defiende y se conmueve con la situación que viven estas personas.

Portada Parte 5 del libro Alzo mi voz

Portada Parte 5 del libro Alzo mi voz

“¿Quiénes son los dueños de la vida? ¿Quién tienen la potestad de eclipsar la luz de los astros? ¿Se ha vuelto natural contemplar cómo se arrebata el aliento de los justos? Sabemos que la muerte es inamovible, es también el cese de la vida y el fin de la luz que algún día brilló en nosotros, pero ¿no debería llegar la noche con naturalidad? ¡Nos están matando!” (López, 2022, p. 87).

De este libro quedan grandes enseñanzas y cuestionamientos en cuanto a la situación que viven miles de mujeres que se ven obligadas a dejar su dignidad a un lado y vender su cuerpo para poder sobrevivir. Es absurdo que, en un país con tantas riquezas y oportunidades para todos, prevalezcan los intereses de los más favorecidos y violentos, quienes al final del día tienen el poder de anular las libertades de las personas que no nacieron en las mismas condiciones. Este es un libro que invita a la reflexión, a dejar de ser quienes señalan desde una posición de privilegio y empezar a ver con ojos de empatía a quienes no cuentan con los medios suficientes para salir del ciclo de pobreza tan evidente en Colombia. 

Mary Luz es una mujer de admirar, una mujer que ha logrado salir de la oscuridad que la rodeó toda su vida para convertirse en el ejemplo que es ahora para miles de mujeres que desean cambiar su destino como ella lo hizo. En este momento es cuando más se necesitan mujeres como Mary, que guíen y apoyen a las mujeres que se encuentran en situaciones vulnerables como las que ella vivió, para que esta explotación a la mujer que se evidencia en las calles de todo el país pueda ir disminuyendo cada vez más y que estas mujeres accedan a otras alternativas de sustento más dignas.