A través de los ojos de una investigadora criminal 

A través de los ojos de una investigadora criminal 

Juan Pablo Rodríguez Torres

Entre crespos, piel morena, una mirada intrigante y la oralidad de una persona ya muy experimentada y adulta, está Catalina, una joven de 19 años que en sus planes tiene como objetivo revelar un total de 150 criminales y que tiene 100 ya desarrollados, sumando que a través de su experiencia nos cuenta cómo es la mirada de un investigador criminal. 

 

Yo estoy haciendo una investigación y es un proyecto que he estado realizando y que me gusta mucho. Desde muy joven me ha llamado bastante la atención la mente de las personas en general. Comencé a mirar información y me encontré con los asesinos seriales, los empecé a estudiar y mi profesora de criminología, al conocer mi pasión por los criminales, me ayudó y asesoró en el proyecto. 

Consiste en una iniciativa llamada El Paredón del Criminal, en la que nosotros nos vamos a encargar de contar historias de criminales, aclimatizándolas al ambiente universitario. Hay unos que obviamente son muy famosos, por mencionar algunos: Pogo el payaso asesino, Andréi Románovich Chikatilo, El carnicero de Rostov. Hasta ahora llevo un total de 120 criminales en mente y 100 ya profundizados. 

Cuando las voy a contar, empiezo con los hechos. Por ejemplo, que encontraron 27 restos óseos debajo del piso de una casa en Estados Unidos y que con las investigaciones se dieron cuenta de que era la casa de John Wayne Gacy, quien era conocido como Pogo el payaso. Después de eso les digo:  

–Pero, ¿saben por qué se dice que él pudo haber hecho lo que hizo? 

Y me remonto a la infancia y les cuento qué pasó en su niñez, cómo era su padre, si era abusivo o no o si fue alcohólico. Les digo quién era esa persona, es decir, los contextualizo de quién realmente era. 

 

Mi línea narrativa suele ser comenzar con los hechos, que a veces es lo que resulta ser más llamativo. Contando qué fue lo que pasó, qué fue lo que encontraron. Lo hago como si de una narración de cuentos se tratara y después los llevo hacia atrás en el tiempo.

Hace poco hicimos un evento en la Universidad que llamamos Noche de Luna y Criminología, en la que contamos estas historias. Nuestro plan es hacerlo en cada fecha importante. El día de la mujer, por ejemplo, se haría el evento, pero el centro serían mujeres criminales, asesinas o estafadoras. 

A través del azar y gustos, encontró su pasión

Mi nombre es Catalina Ledesma Ibarra y soy estudiante de sexto semestre del programa profesional en Investigación Criminal en la Facultad de Derecho de la Universidad de Medellín. Inicié la universidad en enero del 2019.  

Sin embargo, llegué a la carrera por cosas del azar, yo no la conocía y no tenía conocimiento de que esto se pudiera estudiar y menos que la dieran aquí en Colombia. Todo sucedió a través de Universidad Puertas Abiertas, un evento en el que estuve con el colegio. Allí di mis datos en el stand de Investigación Criminal y tiempo después me llamaron a preguntarme si quería saber un poco más de la carrera y conocer el campus. 

Y yo no me negué, ya que también en esta Universidad tengo una prima que es profesora de Derecho. Ella me recibió y me relacionó con quien entonces era el director del programa y me enseñaron todo. Me hablaron de la carrera y me enamoré. 

Además, tiene un campo de acción muy amplio. Puedo salir a trabajar en Medicina Legal en la parte de necropsias ayudando al médico, o puedo ser parte del laboratorio de química de la Fiscalía o de Medicina Legal; puedo trabajar en física, balística, grafología. No es simplemente como que te gradúas y vas a terminar en Medicina Legal, no. Puedo terminar en la Fiscalía, en el CTI, puedo trabajar en la Policía o en la Procuraduría. 

Me he dado cuenta de que no me voy tanto por el trabajo de campo ni de balística, sino con una línea de estudio más centrada hacia la psicología. Me apasiona lo que son la criminología, la victimología, el interrogatorio, el contrainterrogatorio, que todo esto tiene que ver con la oralidad, saber preguntar, para tener esas respuestas que se necesitan. 

Lo que más me llamó la atención era el tipo de laboratorios que tiene la carrera, ya que poseemos un laboratorio a campo abierto, que es el campo minado, tenemos también de terrorismo, de genética y de anatomía. Al principio me llamaban mucho la atención todas las posibilidades que tengo de frente. 

Muchas personas se me han acercado inquietas con una gran confusión que se genera a raíz de lo que hacemos. 

–¿Tu carrera es como ser detective? 

Las personas del común comparan la criminología con la criminalística o la investigación criminal y suponen que todo es lo mismo. En realidad, son tres cosas distintas.

La criminología es el estudio del sujeto, en el caso del victimario, y estudiar su entorno, su infancia, entre otros... La criminalística está relacionada con el estudio de la obra, el recoger las evidencias y analizar qué fue lo que sucedió. La investigación criminal se encarga y va más mancomunada con el Derecho y con los abogados, se encarga de preparar el programa metodológico, que esto nos va a ayudar a mostrar la investigación, poder llevarlo a juicio y sustentar por qué hizo lo que hizo. 

Entre investigaciones e hipótesis

La investigación es un proceso muy extenso, como poco se cree en realidad. Todo empieza con la noticia criminal, aquella que se crea cuando se da a conocer una conducta punible. Un ejemplo es cuando llaman a la Policía en un CAI a decir “miren, pasó esto, encontré esto aquí”. Así empieza toda la investigación, se va al lugar de los hechos y se analizan las evidencias que se encuentra al principio. Uno no puede llegar y simplemente ir a recoger lo que vio. No.  

Uno tiene que analizar la escena, su entorno, en dónde está ubicada y, a partir de esto, uno empieza a plantear las hipótesis de cómo pudo haber pasado lo que pasó.

Las hipótesis nosotros las formulamos, porque son teorías, bien sea que pasen o no. Nosotros no podemos quedarnos con la primera versión, debemos indagar. Tomemos el caso de un asesinato en el que hubo un vehículo involucrado. La primera teoría puede ser un accidente de tránsito: la persona iba cruzando, el carro no lo vio, posteriormente lo atropelló y la persona falleció por sus heridas. Puede haber otra causal que puede ser la de suicidio: la persona se le arrojó al auto, para lograr su cometido. Y una tercera que es intencional: la persona del auto vio al otro sujeto cruzando y dijo “lo voy a hacer, porque tengo odio hacia esa persona”. 

Nosotros siempre debemos tener más de una hipótesis y las vamos creando a medida que vamos consiguiendo la información, y leyéndola es que empezamos a descartarlas. Vamos a retomar el caso del automóvil. Nosotros logramos encontrar que la víctima y el victimario no tienen ninguna relación y no hay ninguna cercanía entre ellos. A partir de esto podríamos descartar que fuera algo intencional. Tenemos otras dos hipótesis: la persona, que en ese momento ya sería el occiso, no dejó algún indicio de querer suicidarse, no era una persona depresiva, iba para su trabajo, iba para algún encuentro importante. Si no dejó ningún indicio de que de pronto su decisión era arrojarse al carro, descartamos otra. Ya, entonces, nos quedaría la del accidente de tránsito y nos enfocamos en como demostrar esa hipótesis. Pasa de ser hipótesis a ser una teoría del caso. 

Es decir que la investigación empieza desde que uno está en la escena de los hechos. Posteriormente, se llega a la etapa de la fijación. Es dejar el registro de lo que uno vio y lo que uno encontró en el lugar, cosa que es muy importante para el proceso. Tomamos fotos a todo el ambiente y a la escena, después de acordonar y poner los indicadores. Esa es otra fijación. Los indicadores son aquello que nosotros le colocamos a las evidencias. Usamos la topografía, que consiste en hacer un plano de donde está la escena, cómo fue y cómo está ubicada. 

Después hacemos lo que es la recolección y el embalaje, que es la manera en la que nosotros salvaguardamos las evidencias. Hay embalaje diferente para cada tipo de evidencia, no podemos embalar de una misma forma un arma de fuego a como podemos embalar un lago hemático. De ahí pasa algo que se llama rotular, que es ponerle un número a cada evidencia para que, por ejemplo, si nosotros la vamos a mandar posteriormente el análisis a Medicina Legal, que allá sepan de qué caso se trata y qué evidencia es. Esta después nos va a ayudar a ver si la podemos llevar a juicio. 

A pesar de esto, siempre he dicho y siempre me voy a poner firme en que he visto tantas inconsistencias en tantas investigaciones que he podido presenciar y sufrir lo que es la injusticia. Estamos en un país donde la impunidad es muy alta y siempre digo “esto es lo que yo quiero, la justicia. Yo lucho por ella y es lo que a mí me mueve. 

The Revenant

Aquí viene el título

Texto por Juan Diego Arboleda Hernández

Cindy Vanessa Torres Cano

The Revenant o el Renacido es un filme del 2015 dirigido por el mexicano Alejandro González Iñárritu. La historia se ubica en 1820, donde un cazador es atacado por un oso durante una expedición de comercio de pieles y es dado por muerto por su grupo de caza. La brillante actuación de Leonardo DiCaprio, que le dio vida al protagonista Hugh Glass, finalmente le otorgó un premio Oscar, además de otros dos premios por mejor director y mejor fotografía.

Aquí, un resumen de esta increíble historia de superación.

EL ORIGEN

EL ORIGEN

Texto por Sara Riaza Calixto

Àlvaro Arturo Guerrero Arango

En el universo en el que transcurre la historia de El Origen, la inseguridad es tan grande que se roban hasta los sueños. Leonardo DiCaprio interpreta a Cobb, un espía y ladrón profesional con una habilidad muy extraña: puede entrar a los sueños de las personas y descubrir sus secretos. Este filme de Christopher Nolan, que ha ganado varios galardones incluyendo cuatro premios de la academia, jugará con tu mente, así que toda tu atención debe estar dirigida a la pantalla de tu televisor, computador o dispositivo móvil. Es por esto que te traemos una infografía para que no te pierdas ni te enredes a lo largo de esta historia.

Consulta psicológica

Consulta psicológica

Natalia Penagos Mesa

Me encuentro al borde de la depresión. Mi médico de cabecera se ha rendido conmigo, ya no sabe que otro tratamiento recomendar. Ahora solo se aprovecha de mí, constantemente me usa sin ningún reparo, pero mi hermano gemelo y yo nos encontramos profundamente lastimados. Cada vez que recuperamos nuestra confianza la humanidad se encarga de recordarnos lo desechables que podemos llegar a ser. Me irrita.

 

Los primeros hechos tuvieron lugar en nuestra juventud. El tío Tutankamón siempre nos brindó especial atención, nos mandaba a fábricas de lino y solo nos presentaba a unos pocos amigos, nobles y sacerdotes, porque siempre demostró afecto. Él reconocía nuestra importancia, ¡ahh! Sí que extrañamos al tío… Luego de su muerte se hizo más complicado todo; su esposa, quien nos detestaba, se encargó de enviarnos durante un verano a Grecia. ¡Qué desgracia aquella!, sus habitantes poco respetuosos abusaban de manera frecuente de nosotros, primero nos catalogaron como “estuche de dedos”. Qué apodo tan ridículo, aún nos traumatiza. También nos usaban como escudo entre sus dedos y las espinas de rosas, ¿acaso creían que éramos caballeros para protegerlos de semejante banalidad? Y, por si fuera poco, nos invitaban a sus cenas festivas únicamente con la intención de no manchar sus manos de comida.

 

En esos períodos tan tormentosos conseguimos una nueva amiga. Ella era muy amable y se hizo cargo de nosotros, hasta que alcanzamos a cruzar la frontera para llegar a Persia, ese sí que fue un tiempo hermoso. Gracias a Jenofonte conocimos a la familia real y estos, al reconocer la importancia que poseíamos, convirtieron nuestro nombre en sinónimo de autoridad, y como no hay que ser descorteses ni mal agradecidos les prestamos nuestro servicio incluso en el invierno. Más tarde, los musulmanes nos echaron como perros de aquel precioso lugar y mientras encontrábamos dónde establecernos, unos bárbaros nos dieron la mano, gracias a ellos y a los vikingos logramos sobrevivir durante todos estos años.

 

Cuando cumplimos nuestra mayoría de edad nos encontrábamos en la Edad Media, allí los nobles y episcopales nos recibieron con los brazos abiertos; fue un respiro después de tan arduo viaje, pero por norma debíamos ser bautizados y en aquel suceso recibimos el nombre de Guantes. No mentiré, esta sí es una época que añoramos más. Nosotros empezábamos a ser más conocidos y gracias a lo cercanos que éramos con la realeza el pueblo tuvo una imagen de respeto hacia nosotros. Nos daban uso de manera sagrada en las manos del Papa o con nobleza en los más finos caballeros, los últimos eran dichosos de portarnos; sin embargo, se les ocurrió la gran idea de utilizarnos como medio para declarar contienda, no de la nada nació la expresión “darse guantazos”. Miserables, tacharon con aquello nuestra imagen de grandeza.

 

Luego de un tiempo nuestra producción se hizo masiva, ya no era apreciada y cada que teníamos un pequeño contratiempo éramos desechados de la manera más mundana. Ahora cualquiera podía llevarnos en sus manos, ya no éramos importantes y nuestro ciclo de vida era más corto, solo fue cuestión de años para que nuestro nombre fuera desgastado y nosotros perdiéramos cualquier dignidad que nos quedara. Ya no somos de finas telas, sino de cualquier algodón comprado en la esquina, ya solo servimos para el frío o, aún peor, para el servicio hospitalario. Nos convertimos en seres totalmente desechables, incluso nuestro médico de cabecera nos da un único uso. Comenzamos a sufrir de una ansiedad incontrolable y ahora se ha convertido en una depresión profunda; por eso tomamos la decisión de acudir a consulta psicológica.

 

Vivir a orillas de La Iguaná: los estragos que deja la creciente

Vivir a orillas de La Iguaná: los estragos que deja la creciente

Valeria Jaramillo

Con el incremento de las lluvias en Medellín, los habitantes del barrio El Pesebre enfrentan la tenacidad de la quebrada La Iguaná. Deslizamientos, inundaciones y evacuaciones hacen parte de sus padecimientos. La comunidad vive con la angustia de saber que cada noche que pasa podría ser la última en sus viviendas.

La mañana del lunes 16 de mayo fue la última vez que Tarcisio Agudelo despertó en su casa. Se levantó temprano, a eso de las 8:30 a.m. cuando empezó a notar que algo extraño ocurría: en las paredes se formaban grietas que en cuestión de segundos duplicaban su tamaño y producían un ruido de chasquido que advertía lo que estaría a punto de pasar.

Tarcisio reaccionó en seguida. Empacó algunas cosas de valor y las llevó rápidamente donde su hija, que vivía a unas cuantas casas de la suya. Decidido a no abandonar sus bienes, regresó nuevamente a la vivienda, exactamente al segundo piso. Intentó sacar otros enseres, pero la arena del techo comenzó a caerle encima.

La tragedia era inevitable: Tarcisio alcanzó a salir con vida para presenciar cómo el que había sido su hogar por 33 años, se derrumbaba ante él.

Ese día en el barrio El Pesebre, ubicado en la Comuna 13 de Medellín, se desmoronaron tres locales junto con la casa de Tarcisio. Las fuertes lluvias que sacuden la ciudad hicieron que una creciente de la quebrada la Iguaná socavara la ladera de la montaña, provocando el deslizamiento que acabó con las estructuras de cemento.

A doce días de lo sucedido, en el lugar se mantienen algunos escombros que dejan rastros del desastre. Las escaleras que conducían al segundo piso de la vivienda, al igual que dos macetas, son quizás lo único en pie. Abajo de la montaña, en los límites de la quebrada, la comunidad se las arregló para levantar un alto camino de rocas y arena que simulara un muro y, así, evitar otra calamidad.

La quebrada que los acecha

La Iguaná es un extenso afluente que nace en el corregimiento de San Cristóbal y atraviesa las zonas de San JavierRobledo y Laureles – Estadio. Con la presencia de las lluvias, el agua crece a niveles que llegan hasta las viviendas aledañas. Un aguacero puede provocar fácilmente inundaciones, deslizamientos, evacuaciones y el desplome de viviendas; cada que se presenta uno sucede una emergencia. Con el invierno la frecuencia en que puede subirse la quebrada es un día de por medio.

Una noche de lluvia, que para muchos es equivalente a un sueño placentero, para los habitantes cercanos a la Iguaná significa una noche en vela, de intranquilidad y temor de que todo lo que han construido durante años y con mucho esfuerzo, se lo lleve la corriente en segundos.

El paisaje que se observa desde el punto de lo ocurrido en El Pesebre es desolador: ruinas, lodo, abandono, una quebrada amenazante y una comunidad en riesgo. La mayoría de las casas que están cerca de la orilla fueron desalojadas, están completamente inhabitadas, aunque permanecen algunos enseres.

Desde antes del deslizamiento, el Departamento Administrativo de Gestión de Riesgo de Desastres (Dagrd) había llegado al sector a evacuar a las casas en peligro. Pero la evacuación no es tan sencilla, porque además del apego que impide que las personas abandonen sus hogares, hay ineficiencias estatales que dificultan el proceso.

Tarcisio Agudelo aún no ha sido reubicado. Se está hospedando en la casa de su hija que, de hecho, también vive cerca a la quebrada. Una de las pocas garantías que le ofrece la Alcaldía es pagarle un arriendo que, según él, es incierto, puesto que asegura que una vez los valores de los arriendos superen lo que costaba su vivienda, no recibirá más ayuda. Por el momento está a la espera de una reunión con los organismos que le permitan darle solución a su situación.

Una comunidad que resiste

La cera donde hubo el desplome, a la altura de la calle 59ª#80ª, es una pendiente donde se ubican pequeñas casas que yacen una al lado de la otra en ambos extremos de la calle. Juntas conforman un camino angosto, desde donde puede verse la quebrada pasar de frente mientras los niños y las mascotas juegan afuera de sus casas, las motos transitan, y el comercio funciona con normalidad. También hay espacio para la música: un joven afro toca una guitarra y canta sonriente en una esquina.

El día que recorrí el sector estaba soleado, pero aun así llevé una chaqueta. El clima en Medellín es tan voluble que pasamos de un sol ardiente a una lluvia torrencial en la misma tarde. Diversos factores se unen: los cambios en la precipitación, la topografía de la ciudad, los fenómenos como La Niña y hasta el cambio climático inciden.

Por lo pronto, las personas que habitan el sector están más tranquilos desde la construcción del improvisado muro de contención de rocas y arena.

En esta calle habita la señora María Oliva, una adulta mayor. A su casa suelen llegar a refugiarse algunos vecinos cuando el torrente de agua crece. Lleva 34 años viviendo allí, y a pesar de que el Dagrd la ha visitado varias veces para pedirle que evacúe, ella se niega. “Yo voy a ver si me quedo. Usted sabe que lo que es de uno, uno no quiere dejarlo”, dice.

Recuerda que el día de la tragedia el cuerpo de bomberos la sacó de su vivienda mientras se controlaba lo ocurrido. Sin embargo, al momento ella regresó segura de no volver a salir de su casa. Incluso, firmó unos papeles que dejaran constancia que su decisión había sido no desalojar, pese al riesgo. Con ella está viviendo doña Luz, una mujer que vivía en una de las casas más cercanas a la quebrada.

Doña Luz pasa sus días de inundación en inundación. Cada vez que llueve sus enseres y hasta su vida corren peligro. Pero ella tampoco piensa irse: está pensando en subir el piso de su vivienda para evitar que el agua entre, o por lo menos en menor medida. Aunque tuvo una conversación con un ingeniero que no le dio esperanzas.

La culpa humana en el desastre

Pero…¿Qué ha llevado a que la Iguaná genere tantos estragos?

Una de las principales razones fue el desvío que sufrió el afluente con la construcción de la vía que da acceso al Túnel de Occidente, hace unos siete años. También, la urbanización próxima a los caudales, incluso la presencia de viviendas a la orilla, hacen que estos no tengan espacio suficiente para la contención. Además, hay otros factores externos asociados a la acumulación de residuos en los sumideros y el cambio climático.

Lo que sucede en las comunidades cercanas a la Iguaná es preocupante. Por un lado, ellos son conscientes de los peligros que implica permanecer en el lugar. Por el otro, está la desconfianza hacia las propuestas que les ha hecho la Alcaldía para que salgan del territorio. Ninguno quiere perder su casa de tantos años y quedarse a la deriva, aunque ya haya vecinos como Tarcisio que lo padecen directamente. En estos casos las precarias condiciones económicas de los habitantes y la incompetencia habitual del Estado están haciendo que unas vidas dependan del azar.

La verdad es que nadie merece irse a dormir pensando que en cualquier momento todo lo que posee, incluso su propia existencia, se desmorone.

Liderazgo femenino: relatos de las luchas que escriben el mañana

Liderazgo femenino: relatos de las luchas que escriben el mañana

Paola Quintero Pérez

Cada semestre, cuando los estudiantes de Comunicación Social de EAFIT están a punto de graduarse, deben realizar un proyecto final que ofrezca una solución para usuarios reales. Así fue como 10 estudiantes del énfasis en Periodismo Digital se plantearon un reto: “¡Hablaremos de mujeres, democracia, participación y representatividad!”, decidieron.

Con esa idea en el centro de su proyecto llegaron las preguntas, las premisas, la investigación y los primeros hallazgos:

¿Por qué las mujeres tienen tan poca visibilidad en espacios de liderazgo y representatividad en Colombia si representan, según el Censo del DANE en 2021, el 51,2 % de la población? La respuesta fue lo que impulsó a Camila Valencia, Camila Vásquez, Daniela Rubio, Daniela Trujillo, Jhuliana Lopera, Juliana Ángel, Layla Yurgaky y María Camila Guerrero, a emprender el reto de desarrollar el proyecto de periodismo transmedia Soy Una Líder.

Lo primero que hicieron fue investigar y, luego, salieron a la calle en busca de mujeres dispuestas a contar su historia: mujeres, que a partir de sus luchas y méritos han aportado al cambio en escenarios como la educación, la política y el entorno social de Colombia.

 

“Ya tenemos las historias, ¿cómo las contamos?”

Al reto de encontrar en los relatos de las mujeres, las protagonistas perfectas para ejemplificar los conceptos de liderazgo y empoderamiento se sumaron dos más: decidir qué formatos podrían representar mejor cada rostro, cada lucha y cada victoria; y cómo podrían hacer para que los usuarios sintieran cada una de estas historias como si fuera propia.

 En esa búsqueda decidieron experimentar con varios formatos, y en esa hibridación entre texto, audio e imagen, encontraron una forma interactiva e inmersiva de contar la historia de seis mujeres inspiradoras. Así nació el primer producto, el cual lleva el mismo nombre del proyecto: “Soy una líder”.

“Desde que estuvimos en la etapa de planeación de este producto interactivo e inmersivo, mis compañeras y yo sabíamos que era ambicioso y complicado. Teníamos mucha carga en cuanto a los proyectos de la Universidad, sin embargo, no me arrepiento de haber tomado este camino porque creamos algo muy bonito y que tuvo incidencia en la audiencia” explica, Carolina Mejía, estudiante del énfasis en Periodismo Digital.

Luego de tener este producto listo, lo sacaron de las aulas de clase y lo llevaron a la exposición de arte Urna voz, ubicada en el Centro de Arte de la biblioteca de la Universidad EAFIT, y validaron la pertinencia del formato y la potencia de los relatos y la coherencia de la navegación con profesores y estudiantes; pero, también, invitaron a las protagonistas a navegar sus propias historias.

“Lo más bonito de esta actividad fue cuando cada una de las protagonistas hacían uso de la plataforma, porque al leer sus historias algunas hacían caras de asombro, de tristeza, pero, también, de alegría. Al terminar, nos abrazaban agradecidas por haberlas incluido”, dice Carolina.

¡Soy libre!

Al producto interactivo se le sumó un seriado documental que cuenta, a partir de las historias de tres mujeres, el pasado, el presente y el futuro del liderazgo en la cultura colombiana. Este producto, además de destacar los relatos de sus protagonistas plantea una reflexión sobre el concepto de la libertad femenina en escenarios de representatividad.

“Soy libre, surgió de aquella libertad femenina que en muchas ocasiones se ha visto restringida y limitada por la cultura patriarcal, esa que por años ha impedido que las mujeres se destaquen en diferentes espacios y que sean autónomas e independientes”, expresa Camila Valencia, estudiante del énfasis en Periodismo Digital.

Doña Judis, es una mujer que a los 80 años decidió ser actriz, en el seriado representa el pasado y habla de sus miedos, su contexto y su lucha por conseguir autonomía; Elizabeth Suescún, profesora de  Ingeniería de la Universidad EAFIT, representa el presente desde el empoderamiento femenino y muestra el camino que recorren las mujeres para abrirse a un mundo de más posibilidades; y Diana Taborda, representa el futuro, mientras rompe el paradigma de las mujeres siendo destinadas a la maternidad para sentirse completas.

“Pasó algo muy lindo: las tres mujeres se desenvuelven en espacios muy diferentes, sin embargo, todas nos hablaron desde su experiencia del empoderamiento femenino, todas las entrevistas claramente se dieron con diferentes matices y alrededor de temas diferentes, pero, finalmente, siempre se lograba llegar al tema de la importancia de la mujer en espacios de liderazgo y representatividad.”, concluye Camila.

Pero este producto, que invita a recorrer el futuro, el presente y el pasado, no es el único que permite volver en el tiempo. Soy histórica es un especial de tres perfiles periodísticos que se cuentan en primera persona las luchas de tres mujeres de la historia antioqueña que han marcado hitos:

María Cano, para muchos la primera mujer que en la Colombia del siglo XX se atrevió a igualarse con los hombres y hablar de política; María Betsabé Espinal, líder de las señoritas de la Fábrica de Tejidos de Bello y gestora de la primera huelga de mujeres en Colombia; y Sofía Medina de López Villa, la primera y única alcaldesa de Medellín.

Datos que invitan a la reflexión

Los datos también hicieron parte fundamental de este proyecto: además de tener como base los hallazgos en temas de género del proyecto Tenemos que Hablar Colombia, implicó una búsqueda exhaustiva para descubrir más allá de los factores que incidían en la situación del liderazgo femenino.

“Se quiso visualizar las razones por las que estábamos haciendo el proyecto por medio de datos. Mostrar las cifras de retos como el machismo y el feminismo, los cuales son situaciones que intervienen la vida de las mujeres y las limitan o impulsan”, explica Jhuliana Arango, también estudiante del énfasis en Periodismo Digital.

Desde la indagación se cubrieron temas como violencia contra la mujer, acoso sexual, feminicidio, empleo digno, barreras de la participación política y machismo, siendo este último el más impactante para las estudiantes en cuanto a cifras.

Así, el resultado no solo se materializó en infográficos, sino, también en informes periodísticos que combinaban datos con relatos de mujeres.

Así, entonces, Soy una líder es un proyecto que alza la voz por el reconocimiento de la mujer en la sociedad colombiana, y que se aventuró a salir del escenario académico para compartir este ejercicio periodístico con otras mujeres.

Por eso, con el fin de socializar algunos hallazgos del proyecto, las estudiantes realizaron charlas, talleres y activaciones que les permitió llegar a 1.052 usuarios, a través de los relatos de las luchas que se escribieron ayer, se escriben hoy y se escribirán mañana.

 

Aportes a disminuir la brecha de género

La docente Maria Cecilia Hernández, investigadora y experta en temas de feminismo, quien, además, ayudó a la formación del proyecto en temas digitales, cuenta que para disminuir esta brecha se debe educar desde varios frentes. Empezando desde la educación formal hasta llegar a otros ámbitos cotidianos de conversación sana sobre el tema.

Además, explica que con la ayuda de las redes sociales, conversatorios y proyectos multimedia como “Soy Una Líder”, se ha posibilitado una enorme oportunidad para expresar la incomodidad que por siglos las mujeres han sentido.

 

“Desde el feminismo se ha intentado dar explicación a las causas por las que se produce el pensamiento que las mujeres somos inferiores a los hombres o qué los hombres son superiores. Y con los años hemos descubierto que no somos las únicas, si no que todas estamos sintiendo lo mismo y eso se convierte por supuesto en un fenómeno mundial, del cual sensibilizar y educar”, explica Maria Cecilia.

La historia y paradigmas entre hombres y mujeres puede ser cambiado, es importante que desde la educación, más docentes e instituciones inciten a los estudiantes a indagar sobre estas incidencias sociales, ya que el futuro de esta sociedad reside en las manos de nuestros jóvenes.

 

 

Con la lápida al hombro

Con la lápida al hombro

Natalia Penagos Mesa

Este es un relato contado en primera persona. José Abdón Penagos Escobar nos cuenta algunos de los momentos más significativos y problemáticos en medio de las vías. Según el periódico La Republica, de 142.000 kilómetros de vías terciarias que tiene el país, solo un promedio de 8.520 se encuentra en buen estado.

Comencé a manejar moto por coincidencia y así, sin querer, me eché la lápida al hombro…

Empecé hace 39 años, cuando tenía 22: me prestaron una moto y sin tener pase, ni mucho menos experiencia, me aventuré. Como había tan poquitas motos circulando en las calles en ese entonces, eran los mismos motociclistas quienes compartían con los interesados las “buenas prácticas de conducción”, y es que para ese momento no existían escuelas de manejo y, tampoco, regulación.

Solo habían pasado ocho días después de empezar a manejar moto y ya había tenido mi primer accidente. ¿Qué me pasó? Pues me caí… sí, ¡me fui al suelo! Pero es que tampoco había de otra: nosotros, los motociclistas, teníamos que empezar a punta de aporreones.

Los 90

Y si me preguntan si recomendaría manejar moto, la respuesta es NO. Pero, entonces, ¿por qué lo sigo haciendo? Por que lo que empezó como una goma se volvió un oficio. En 1992 yo ya trabajaba en una empresa del sector ferretero y me desempeñaba como vendedor. Un día, iniciando labores, nos atracaron y mataron al mensajero. Entonces, como yo siempre fui tan acelerado y carrereado para todo, y ya tenía el pase, me asignaron el rol de mensajero, sí, ¡quedé de mensajero por accidente!

En un principio sería temporal, mientras encontraban a alguien más para ese puesto, pero después de varios intentos decidieron que debía seguir en mi rol, y es que mientras otros hacían entre seis y siete “vueltas” al día, yo hacía 15… Ya pasaron 30 años, incluso, estoy por jubilarme y sigo en el mismo cargo. Pero este no es un trabajo sencillo, al contrario, como diría mi apá: “al sol y al agua le toca a uno”. Los climas pueden ser tan cambiantes y extremos que uno va preparado para todo: ya sea el sol más picante o el lapo de agua más fuerte, quitando, pues, los peligros que uno ya da por sentados con solo dedicarse a esto.

Según la Asociación Nacional de Empresarios en Colombia (Andi), el Registro Único Nacional de Tránsito (Runt) registró, solo en abril de 2022, 66.716 motos nuevas.

Los años 2000

Después del 2000 tomó más fuerza eso de las motocicletas: ya sí veía uno a cada rato que los muchachos se las compraban como medio de transporte. Ya casi cualquiera la sabía manejar y cada vez montaban más normativas y escuelas de manejo, no como antes, cuando eran unos tesos los que tenían el pase para la moto. El casco era voluntario, no una medida de seguridad, incluso, en un tiempo era prohibido. Normas absurdas… Dizque para evitar el sicariato.

Con el paso del tiempo, incluso conociendo la vía, he tenido días en los que siento la muerte encima. Una vez estaba en el sector La Toma del  barrio Caicedo, tenía que entregar unas facturas y todo lo que veía eran escalas. Había una loma muy pendiente, de esas por las que  la moto solo la sube bailando. Sin embargo, la subida no fue tanto problema, la moto no era vieja y tenía buen agarre, pero la bajada era a lo que yo le temía. No fue hasta subirme y prender la moto para caer en cuenta de lo que seguía: ¡se había quedado sin frenos delanteros ocho días antes y los frenos traseros no me cogían! una, dos, tres veces y yo iba derecho,.. pero pa’ la tumba. Miré para todos lados a ver con qué me chocaba y del susto apagué la moto, lo que hizo que cogiera más velocidad.

Yo soy muy católico, entonces en ese momento empecé a orar: revolví el Avemaría, el Padrenuestro, el Credo e invoqué a todos los santos. Todo ocurría con demasiada prisa, pero parece que sí me oyeron. Cuando ya me daba por estrellado vi que había una casa en una barranquita. Yo dije, -pues si hay una casa, debe haber por ahí algún camino escondido- y a ciegas me tiré. Afortunadamente el camino sí estaba, me di duro, pero nada grave. Apenas me paré tenía en todo el frente a una viejita con una taza de aguapanela en las manos, quién sabe para quién era, pero me la dio. “Mijo, casi se mata”, fue lo único que me dijo, y, para los nervios que tenía, esos tragos fueron una bendición. La verdad en ese tiempo no existía la revisión técnico mecánica ni nada de esas cosas, por lo que fácilmente uno podía estar andando con esa moto desbaratada y nadie decía nada. 

En el primer trimestre del 2022 La Asociación Nacional de Centros de Diagnóstico Automotor registró 1.612.224 certificados de revisión técnico mecánica en el país.

Los imprudentes…

La imprudencia de los conductores es otro de los problemas que nunca faltan, son el pan de cada día. Hay algunos que dicen que somos nosotros los que nos queremos adelantar y meter por cualquier huequito. Pero ellos, de aposta, te encierran en las curvas, se pegan más al centro de la vía y frenan en cualquier momento. Si uno va a buena velocidad ahí queda y después la culpa es de uno, por acelerado. Bueno, pero no todos los conductores son imprudentes. Hay accidentes involuntarios, y aun la persona siendo cuidadosa tiende a caer en las trampas mortales. En el transcurso de la vida me ha tocado ver muchos hombres y mujeres muertos en las vías, casi uno semanal y, a veces, era uno el casi muerto.

Como esa vez que iba por Guayabal, a mano izquierda de un camión, este giró para robarse un pedazo de vía y esa era una maniobra prohibida, quedando en contravía. Yo paré la moto y empecé a pitar, el conductor iba fumando y escuchando guascas a todo volumen. Cuando el camión volteó automáticamente quedé debajo de él. La moto estaba justo debajo de la mitad del camión y se quedó enredada no sé cómo. Yo no podía moverme ni para adelante ni para atrás, ni salirme de ella. El vehículo andaba arrastrando la moto y me arrastraba a mí con ella, yo sufría y le rezaba a la santa madre porque cada vez veía más cerca la llanta de mi cabeza. Hasta el punto en que yo dije: este fue mi último día.

Pero, como si los santos me hubiesen escuchado, un policía motorizado le atravesó la moto al camión para que este parara, porque me había divisado una media calle atrás. Para sacarme tenían que levantarlo con un gato, porque la moto estaba ensartada en los fierros del camión. ¿Cuál fue el problema? Que el conductor ni herramienta tenía, ni siquiera un gato que es de lo más básico. Debajo del carro saqué el celular y llamé a mi mujer.

— Mami, me morí, estoy debajo de un carro— le dije, y aunque quedó preocupada le colgué para timbrarle a un compañero. 

—Dairon, venga rápido para que vea mi sacada debajo de un camión, que esas no son cosas que pasan todos los días— le conté y, también, le colgué.

Cuando él llegó al sitio ya me habían sacado e iba para el hospital en una ambulancia, aunque era más lo que pitaba que lo que andaba. Aunque a mí no me fue tan mal, a la moto sí le dieron pérdida casi total, salía más barata comprarme otra que volverla a armar. Yo parecía un nazareno, raspado en la nalga, los hombros, la cara, las manos; con la ropa rota y los zapatos rotos, menos mal estaba motilado, porque si no hasta el pelo me hubiera arrancado.

Lo más berraco es que esa moto no llevaba sino quince días conmigo, porque quince días antes yo había llegado a la empresa en la moto ochentica, una Suzuki, con la idea clara en la cabeza de que iba a renunciar. Yo me había dicho que después de ese día no iba a manejar más, el patrón me estaba esperando en la puerta porque llegaba tarde, pero antes de que dijera algo yo le dije —me voy para la casa, yo no voy a cargar más esta porquería de moto.

—Mañana le compramos una—. Y al otro día ya tenía la moto, pero bien poquito que duró nuevecita. Ese día que estaba dispuesto a renunciar me había tocado una de las peores tempestades de mi vida, iba por la regional en medio de un lapo de agua horrible y para el colmo empezó a caer granizo.

Ese es otro asunto miedoso: la carretera lisa por la lluvia y el mal estado de las vías. Uno puede hacer de todo en esos días menos confiarse. En una de esas me caí a un hueco, iba detrás de un taxi que iba despacio, por lo que íbamos muy pegados y yo no tenía visibilidad. A lado y lado había carros. Las calles eran de doble vía, el hueco tenía unos 70 centímetros de profundidad. Se metió la llanta delantera, por lo profundo y ancho del hueco no salió, sino que la moto dio toda la vuelta. Yo perdí el control de la moto y me protegí con las manos el rostro, por lo que caí en los codos. Me llevaron al hospital y me enyesaron las dos manos. Hoy todavía me duelen.

 

"En enero y febrero de 2022 se registraron 668 motociclistas muertos en las vías del país y se prevé que la cifra continuara aumentan", Publimotos

Nada más que en ese momento tenía la ochentica, de esas que era más lo que la cargaba en el hombro que lo que andaba en ella. Y si los huecos son cosa complicada en verano, ahora en invierno, uno como motociclista los evita, los rodea y todas esas cosas. Pero si el hueco está totalmente lleno de agua como una piscina, entonces queda muy difícil, pero uno hace el intento.

Ya usted me dirá, mija. Por eso es que yo no las dejo ni a su hermanita ni a usted manejar moto, pero ya verán si se quieren echar la lápida encima.

Los discursos y las cifras que no desaniman a las que alzan la voz

Los discursos y las cifras que no desaniman a las que alzan la voz

Foto cortesía: Diana María Fuentes.

Los discursos y las cifras que no desaniman a las que alzan la voz

Daniela Trujillo

Pese a los discursos que han logrado mantenerse en el tiempo, y a las cifras de baja representatividad en escenarios para la acción y la toma de decisiones, Tatiana Henao y Diana Fuentes encontraron la forma de resistir, movilizarse, reconocerse y representarse como mujeres, como lideres.

Jean Jacques Rousseau, uno de los filósofos y escritores más destacados de la Ilustración, señalaba que “la mujer debe ser pasiva y débil, pues está hecha para complacer los deseos, caprichos y pedidos del hombre”.  Esta frase, sin duda machista y misógina, representa no solo el pensamiento de uno de los teóricos más importantes de la época, sino, además, de la sociedad de este entonces.

También, Aristóteles, filósofo de la Antigua Grecia, considerado por muchos como el Filósofo de filósofos, se refería a las mujeres como “meras vasijas vacías del recipiente del semen creador”.

Así como Aristóteles y Rousseau, son varios los pensadores y académicos que han deslegitimado a la mujer y la han limitado a tener un accionar en el ámbito de lo privado, al servicio de la familia y las necesidades del hogar.

 

Sin embargo, así como este discurso ha logrado mantenerse y prevalecer en el tiempo, otros se han planteado como una forma de resistencia, de movilización y de reconocimiento frente a temas como el sexismo, el machismo y el patriarcado.

Justamente, en el parque Juanes de la Paz, ubicado en el barrio Castilla de Medellín, un grupo de mujeres se reúnen al son de tambores, aullidos y reflexiones, con cada puesta de la luna llena, para recargar energías y reivindicar sus luchas… las llaman el Círculo de Mujeres Luna Llena.

Espacios de juntanza femenina

Tatiana Henao Fuentes es de Bogotá, pero hace cuatro años está radicada en Medellín. Es psicóloga y terapeuta gestáltica y ha hecho de los círculos parte de su vida y de su identidad: participa del Luna Llena de Castilla y del de la Universidad de Antioquia, donde con flores, cánticos, tambores, sahumerio y un banquete de alimentos, mujeres de distintas edades, profesiones y pensamientos se congregan y comparten experiencias, se entregan a la luna y debaten temas como las etapas de la menstruación y las medicinas a través de las plantas y la ancestralidad.

círculo de mujeres
Círculo de Mujeres Luna Llena (Castilla) 2018. Foto por Carolina Mejía Mejía.

Para Tatiana los encuentros entre mujeres son importantes porque hay mayor complicidad en este tipo de espacios exclusivos, lo que permite mayor libertad a la hora de expresarse.

Aunque muchos podrían considerar un sesgo al ser los círculos espacios de encuentro entre mujeres feministas, Tatiana, al menos, no se considera feminista y expresa con seguridad que, “el feminismo se ha ido enfocando en un lado erróneo, dado que está trabajando desde la separación, la división de géneros y la violencia”.

“He asistido a eventos donde se excluyen a los hombres y, además, se habla del tema de victimizarse. Yo no estoy de acuerdo con eso”, expresa Tatiana.

Ella cree firmemente que es importante la juntanza entre mujeres, pero sin fanatismo. “Las mujeres ganan poder y estatus con hechos, haciendo cosas por la comunidad, demostrando que somos inteligentes, al igual que los hombres”, dice.

Su proceso inició hace algunos años, precisamente, cuando conoció el Círculo de Mujeres Luna Llena de Castilla, y empezó a asistir a eventos, marchas y capacitaciones. Sin embargo, cuenta que se retiró por un tiempo puesto que no estaba de acuerdo con las reflexiones que sus compañeras tenían acerca del feminismo.

Sin embargo, no abandona su interés por los círculos y lo que representan. Por eso, además de los ya mencionados, participa del círculo de arte terapia.

“Ahí el feminismo funciona muy bien, pero el feminismo desde el arte. A ellas sí se les ha permitido el empoderamiento, son conscientes y están haciendo un cambio”, expresa Tatiana.
Las luchas de las mujeres que quieren ser escuchadas

Ese cambio del que tanto habla Tatiana hace parte del discurso actual que muchos colectivos y grupos de mujeres han adoptado en Colombia, esto en una intención de elegir cómo quieren ser representadas, cómo quieren ser escuchadas y cómo quieren ser recordadas. Sin embargo, aunque han sido muchas las luchas por alcanzar la igualdad de géneros, las mujeres aún se enfrentan a tratos desiguales en esferas como la social, la política, la educativa y la económica.

En una ciudad como Medellín, por ejemplo, donde las mujeres representan cerca del 53 % de la población, la mayor participación en escenarios institucionales relevantes para la toma de decisiones, como el Concejo, sigue siendo para los hombres.

Según los datos de la Registraduría Nacional del estado civil de Colombia Para 2018, 18.725.205 mujeres, correspondientes al 52% del total de personas están habilitadas para ejercer el derecho al sufragio y de acuerdo con las estadísticas y datos preliminares del preconteo de las elecciones para Congreso 2018-2022, 25 mujeres lograron un escaño del total de 108 curules posibles en el Senado, equivalente al 23,4%; mientras que, en Cámara de Representantes, de 172posibles curules, sólo 31 mujeres lograron una curul, agregando apenas el18,1% del total de curules. La variación en la participación efectiva de la mujer en estas corporaciones fue mínima, comparada con el
periodo 2015-2018 y teniendo en cuenta que en dicho periodo la participación femenina fue de 22,5% en Senado y 19,9% en Cámara, siendo estos porcentajes muy bajos en la participación nacional.

Sin embargo, la inferior representatividad en la esfera política parece no desanimar a quienes desde otros ámbitos trabajan incansablemente por la defensa de los derechos, la cultural, la tierra y la identidad.

Diana María Fuentes Jaramillo es una pastusa que hace 20 años se dejó seducir por la cultura paisa y, desde entonces, vive en el departamento de Antioquia. Es mujer, madre, directora artística, actriz, payasa, cantante y creadora de una empresa artística que fusiona la música y el teatro para desarrollar productos y servicios con enfoque de género que aporten a la equidad y al buen vivir. Allí, cuenta, su misión es desde el arte es social y poderosa: lleva mensajes de transformación de imaginarios de género, eliminación de violencias, equidad y empoderamiento femenino.

“Dirijo la empresa a nivel creativo y de gestión de mercadeo. Me encargo de gestar las ideas creativas, de crear propuestas artísticas y de dirigir los espectáculos junto a un grupo de personas que aportan sus ideas y que, de forma conjunta, trabajamos para fortalecer las obras. También me encargo de generar lazos con los clientes, las ventas y crear necesidades en ellos”. Afirma con voz de orgullo.

Diana resalta su capacidad creativa de poner en escena temas relacionados con género, empatía y trabaja ameno. Esta mujer a la que le gusta crear en la confianza y en la comodidad de un ambiente familiar y tranquilo, combina su vida profesional con su papel de mamá, aprendiendo cada día de ello.

A ese discurso de Rousseau y Aristóteles, que aún se escuchan en medio de conversaciones cotidianas, y a esas bajas cifras de representatividasd femenina, en diferentes esferas, mujeres como Tatiana y Diana le han puesto contraste: han decidido alzar la voz y pasar a la acción, es el momento de ellas, de las mujeres, de todas… es ahora.