Jorge Padilla: de la Ingeniería de Sistemas al Mundial de Tango

Jorge Padilla: de la Ingeniería de Sistemas al Mundial de Tango

Por: Lorena Castaño Morales,
Estefanía Montes Ciro,
Isabella Rodríguez Vélez y
Valeria López Pinilla

Si se dice que un gato tiene siete vidas, Jorge Padilla tiene más vidas que uno y, además, sabe moverse con más sabor: es bailarín profesional de tango, director ejecutivo y artístico de Chetango —una de las academias más importantes de este baile en Colombia—, profesor de danza, coreógrafo, técnico y tecnólogo en electrónica, ingeniero de sistemas y desarrollador de software. Y sí, efectivamente: moriría si abandona alguna de todas sus pasiones.

Desde temprana edad, Jorge siempre fue un niño destacado: en el colegio resaltaba por su disciplina académica. Disciplina que, años más tarde, se le contagiaría a otra de sus vidas: la artística.

Del 6 al 18 de septiembre de 2022, Jorge participó en el Mundial de Tango, la competición de tango más importante a nivel internacional, este año realizada en Buenos Aires, Argentina. En esta ocasión, Jorge y su pareja de baile, Stefany Ortiz, escalaron hasta la final en las categorías Tango Salón y Tango Escenario.

Pero este no es más que uno de los muchos logros de Jorge: como bailarín alcanzó el título de “Campeón Supremo” en el World Tango Championship, la segunda competición de tango más importante del mundo; y como ingeniero ha trabajado con un grupo de alto nivel en el desarrollo de aplicaciones para grandes empresas como Bancolombia, EPM y Almacenes Éxito.

En entrevista con Bitácora Jorge compartió mucho más que sus siete vidas: compartió la pasión y la magia que lo rodean cada vez que pisa un escenario; y el camino recorrido para alcanzar su propósito de vida.

¿Cómo te describes?

Soy una persona muy alegre. Tengo un temperamento fuerte, pero en muy pocas ocasiones. Tiendo a ser muy justo. Me gusta mucho el deporte. Estuve en equipos de fútbol y básquetbol, siempre tuve una vida deportiva muy activa. Me encanta leer, aunque ahora tengo este hábito un poco descuidado, porque no me queda mucho tiempo, pero es algo que disfruto mucho. También logré participar en concursos de escritura, especialmente de cuentos. 

Si tenías esta pasión por la literatura y la escritura, ¿por qué decidiste estudiar Ingeniería de Sistemas y no algo relacionado a esto?

Realmente, soy muy inquieto y activo. Cuando era pequeño tracé un camino en el que iba a ser ingeniero, aunque no necesariamente de sistemas. De hecho, soy técnico y tecnólogo en electrónica. Cuando comencé en la universidad empecé estudiando Ingeniería Electrónica, pero me incliné más por los sistemas por su prometedor futuro. Como siempre había sido tan inquieto, creo que no me habría inclinado solamente hacia la escritura. La ingeniería fue un propósito de vida, mientras que todas esas actividades que hacía y hago adicionales son por mi personalidad inquieta. No obstante, quizás más adelante me gustaría escribir un libro.

¿De dónde nace este sueño específico de ser ingeniero?

Cuando era pequeño escuchaba la palabra ingeniero y me encantaba. Escuchaba que a las personas les decían el “ingeniero tal” o el “profesor tal” y, escuchando la palabra, se me quedó en la mente. Quería ser ingeniero, no importaba de qué. Siempre he sido una persona muy soñadora, y la palabra ingeniería me causaba mucha curiosidad y me gustaba mucho, así que tenía ganas de estudiar una carrera afín. Además, en mi familia también hay más ingenieros o profesionales en áreas similares a la mía: uno de mis hermanos mayores es ingeniero metalmecánico y otro es tecnólogo en el ámbito electrónico.

¿En qué momento te empezaste a interesar por la danza?

En mi casa mi hermana y una prima empezaron tomando clases de danza y yo, al verlas, quise iniciar también. Un día se mudó al lado de mi casa un profesor de danza, quien actualmente dicta clases en Unión Latina (academia en la que comencé), y empecé a estudiar con él. Me encantaba su metodología para enseñar la salsa y los ritmos tropicales.

¿Siempre te interesaste específicamente por el tango o iniciaste con otros géneros?

La academia donde inicié no era de tango. De hecho, no me gustaba ese género en lo absoluto, pensaba que era una música para adultos. Me encanta la salsa, bailaba mucho la salsa caleña, era mi pasión y competí en varios concursos. No obstante, cuando llevaba más o menos un año y medio en esta academia llegaron unos profesores de tango que me lo mostraron de una forma diferente. Después de eso quedé enamorado completamente. Con una sola clase quedé tan encantado que seguí investigando sobre el tema, buscando vídeos y me terminé obsesionando con el género. En ese punto me salí de Unión Latina y busqué un grupo en el que me pudiera enfocar más en el tango.

¿Cuando te enfocaste en el tango abandonaste por completo los otros géneros de danza o aún sigues practicándolos?

Los practico de manera social, no de manera profesional. El baile es como cuando estás en la universidad: al inicio hay unas materias generales para todas las carreras, pero, a medida que avanzas, encuentras materias más específicas y se empieza a delimitar tu perfil y tu enfoque. Creo que todavía estaría en la capacidad de bailar salsa u otros ritmos, pero mi objetivo y enfoque es el tango. Si quisiera volver a alguno de estos ritmos tendría unas bases que me permitirían no tener que empezar desde cero, pero sí tendría que estudiar de nuevo para llegar a un nivel profesional. 

“La ingeniería fue un propósito de vida, mientras que todas estas actividades que hacía y hago adicionales son por mi personalidad inquieta”.
¿Qué pensó tu familia cuando les dijiste que ibas a dedicarte a la danza profesionalmente?

Como en Colombia no existe la cultura de la danza desde la infancia, prácticamente cuando comienzas en ella es porque eres un rebelde o porque te quieres rebelar contra tu familia. No se ve a la danza y a la cultura como tal como un trabajo, sino como un hobby que no te va a aportar nada. Mi hermana también se metió a la misma academia y hasta fue mi compañera de baile. Así que, al inicio, a mi mamá no le gustó: pensaba que era una actividad que no iba a aportar nada a nuestras vidas.

¿Recibían regaños por parte de ella al estar desarrollando esta actividad?

Sí, las “cantaletas” de mi mamá respecto al tema eran casi diarias, y nosotros ensayábamos todos los días. Nunca le terminó de gustar la idea y ahora solo lo acepta porque ya son muchos años, pero aún continúa con la “cosita” ahí. Sin embargo, hay algo particular que mi mamá tiene y que debo rescatar: ella puede no estar de acuerdo con que hagas algo, pero si eso te hace feliz, te apoya de forma indirecta.

¿Cómo te demostraba ese apoyo?

De varias formas. Recuerdo que en muchas ocasiones nos tocaba ir a presentaciones y mandar a hacer vestuarios, y mi mamá, aunque detestaba que bailara, me daba plata para los pasajes y para los vestuarios. En mi casa siempre fue un tema difícil con mi madre, pero hoy en día ha cambiado su perspectiva porque estoy en una empresa y es algo mucho más serio.

Sabemos que has trabajado como desarrollador. ¿Cómo es este trabajo?

Realmente trabajo para Unisys de Colombia, una casa de software. Lo que hace esta compañía es desarrollar aplicaciones y softwares para diferentes empresas que requieran este servicio. Tenemos clientes como Bancolombia, EPM, Éxito, entre otros. Dependiendo de las necesidades de cada uno de estos, desarrollamos las aplicaciones que nos piden. Yo específicamente estoy asignado al proyecto de Almacenes Éxito, así que hago parte de un grupo de desarrolladores a los que nos entregan las necesidades que el Éxito tiene respecto a software y nosotros hacemos las aplicaciones que permiten que ellos puedan atender día a día su labor.

¿Cuál es tu relación con la academia Chetango? ¿Cómo llegaste a ser su director?

Chetango es una de las academias de tango más importantes de Colombia. Nació hace aproximadamente 15 años. La fundó una empresaria que se llama María Eugenia Ossa, con la que compartí más o menos durante siete años. Cuando estaba en la otra compañía, Chetango ya existía. Estaba al mando general de María Eugenia y contrataba directores artísticos para que la manejaran. Sin embargo, por diversos problemas internos con los otros directores, ella me ofreció el puesto de coreógrafo y me encariñé tanto con el grupo que pasé a ser director artístico. Al final, ella decidió definitivamente no continuar y yo, junto con otro compañero, compramos la corporación y arrancamos solos. Hace algunos años soy el único encargado de la academia y monté todo como nuevo. 

Normalmente, los bailarines que compiten en la categoría de parejas tienen una pareja fija con la que siempre se presentan. ¿Cómo eliges a tus parejas?

Las parejas de tango son como un matrimonio. Es más, creo que son más importantes que un matrimonio: al final terminas compartiendo más con tu pareja de danza que con tu pareja sentimental. Así que es exactamente como cuando eliges una pareja sentimental: se busca que tengan las mismas energías, el mismo enfoque artístico y propósito. Si se cumplen estas características, se encuentra una pareja de baile adecuada. Es fundamental la energía, la personalidad, la claridad en los objetivos y la responsabilidad. En mi caso ser bailarín ha sido todo un reto, porque hago muchas cosas al mismo tiempo: trabajar en mi empresa como desarrollador, todo lo que involucra ser el director de Chetango, ser coreógrafo de la compañía y ser docente de los formativos. Entonces, si no estás con una pareja que esté en la misma tónica, se vuelve todo muy difícil. 

“El baile es como cuando estás en la universidad: al inicio hay unas materias generales para todas las carreras, pero, a medida que avanza la carrera, hay materias más específicas y se empieza a delimitar el perfil y el enfoque de cada uno”.
¿Cuántas parejas has tenido?

He tenido cinco. Comencé bailando con mi hermana y he continuado con múltiples parejas: primero, con la hermana del director de Unión Latina; segundo, con Ana Soraida, con quien más reconocimientos he tenido a nivel internacional; tercero, con Alejandra, una chica con la que gané el Festival Internacional de Medellín, y cuarto, con mi compañera actual, Stefany, con quien realizo todos los procesos.

¿Cómo se prepara un bailarín diariamente para mantener su rendimiento?

Hay muchas formas de prepararse. Todo depende de la seriedad con la que se asuman las cosas. El tango te permite bailar con 80 años y hacerlo muy bonito. Sin embargo, si quieres bailar de forma profesional y realizar un espectáculo, debes prepararte como lo hacen los deportistas de alto rendimiento: ellos tienen rutinas para prepararse físicamente, para fortalecer su cuerpo, su estado físico, su elasticidad y todo lo que les permite lograr el desarrollo de unas capacidades especiales. Lo mismo ocurre con los bailarines. Por mi parte, no me considero únicamente bailarín profesional de tango, sino también deportista de alto rendimiento, pues diariamente tengo unas rutinas bastante exigentes para prepararme en el gimnasio, en todos los temas de estiramientos para mejorar la flexibilidad y en ballet. De esta forma, nuestra profesión puede ser más técnica y limpia. Diariamente dedico mínimo tres horas a la preparación. Y esto también incluye la enseñanza de las clases, ya que con eso me capacito. 

¿Y cómo te preparas en pareja? ¿Las coreografías para las competiciones son hechas por ustedes solos o también tienen acompañamiento de otros profesionales?

Normalmente, la forma en como monto una coreografía es escribiendo la idea que quiero. Escribo el concepto, pienso en vestuarios, colores y propuestas, y lo llevo al elenco profesional de bailarines. A veces mi compañera de baile y yo montamos la coreografía y se la enseñamos al grupo profesional. Otras veces, cuando deseo que el trabajo sea más interdisciplinario y más combinado con otros movimientos, llevo la idea al equipo de bailarines expertos y comenzamos a construirla entre todos. 

 

En vista de que uno de tus mayores reconocimientos ha sido ser campeón del World Tango Championship, quisiéramos saber: ¿Cómo fue esa experiencia?

El World Tango Championship es uno de los campeonatos más importantes del mundo y se desarrollaba en Medellín. El campeonato más importante de tango que hay se realiza en Argentina, y el segundo es este. El Festival de Tango de Medellín tiene una particularidad muy importante: es el único en el mundo que tiene la categoría de grupos coreográficos. En el año 2012, que fue cuando mi pareja y yo ganamos, hubo algo muy especial: se introdujo la categoría “Campeón Absoluto”, destinado para parejas que bailan muy bien todas las categorías. Así, quedamos como campeones absolutos, ganamos cuatro premios, una recompensa económica y una gira por Europa. Estuvimos en Dubái, Francia, Suecia, Mónaco, entre otros, y en ese viaje logré cumplir algunos de los sueños que tenía de niño.

“Las parejas de tango son como un matrimonio. Es más, creo que son más importantes que un matrimonio: al final terminas compartiendo más con tu pareja de danza que con tu pareja sentimental”.
Es curioso que seas ingeniero y bailarín, porque el perfil que uno se imagina para ambos roles es prácticamente opuesto. Por lo tanto, ¿alguna vez has sentido que tu perfil como ingeniero y como bailarín choquen?

¿Saben qué? Les recomendaría a todos los ingenieros que bailaran. En la universidad a los de ingeniería se les desarrolla una mentalidad muy metódica y enfocada en los resultados, muy cuadriculada. En ingeniería aprendes que 2+2 es 4 y punto, tu pensamiento se desarrolla en torno a la exactitud. El caso contrario es el arte: es impredecible y tiene múltiples interpretaciones, significados, intenciones. A mí me ha funcionado muy bien esa combinación, hasta pienso que se complementan. Para mí, el desarrollo de software es un arte: el cliente te pide un sistema que haga tal cosa, pero no te dice cómo, y entra a jugar la creatividad y el pensamiento crítico del desarrollador. Y en danza es lo mismo: tienes una idea y la vas desarrollando con los conocimientos que tienes. El arte te permite llegar a las personas de una forma más humana, te desarrolla unas habilidades blandas que la ingeniera no te daría. Por eso, la combinación de estas me parece fundamental, y creo que debería de proponerse más este mundo creativo en la vida de los ingenieros.

¿Qué otro tipo de actividades disfrutas realizar?

Me gusta mucho el cine y hacer pereza cuando puedo, ¡no me gana nadie haciendo pereza! También me gustan mucho las series, practicar deportes que antes hacía como el básquetbol, y me encanta pasear y conocer lugares.

Sabemos que cuando estabas en bachillerato hiciste que se parara todo el colegio para que no mezclaran los grupos, lo que demuestra que el liderazgo ha estado presente en muchas etapas de tu vida. ¿Consideras que eres un líder innato o crees que es algo que desarrollaste con los años?

Considero que soy líder innato. Sí, es cierto: paré el colegio. Estaba en grado once y había estudiado con varios amigos desde sexto, pero cuando llegamos a ese grado nos iban a mezclar, así que hice una revolución en ese colegio y al final logré que nos volvieran a juntar.

“Si quieres bailar de forma profesional y realizar un espectáculo, debes prepararte como lo hacen los deportistas de alto rendimiento”.
¿Cómo se ve reflejada la dedicación y exigencia con la que todos te describen al momento de escoger pareja de baile?

Siempre intento que los procesos que tengo para mejorar también los hagan ellas. Cuando uno tiene una pareja de tango, y cuando creas y trabajas como equipo, las cosas salen mejor. Los dos aportan desde su trabajo individual al de la pareja, entonces busco que mi pareja se exija tanto como yo.

La gente a tu alrededor siempre te ha imaginado en cargos de alto poder como, por ejemplo, cuando le dabas ideas al profesor de baile sobre cómo debía hacer las coreografías y él te obedecía. ¿Crees que el ser profesor y coreógrafo es natural en ti o es algo que has afinado con el tiempo?

Creo que las dos cosas. Cuando comencé a bailar tenía una afinidad para coreografiar y, no sé por qué, pero las cosas que me imaginaba acostumbraban a tener viabilidad. A los primeros meses de empezar ya estaba dando ideas y mi proceso en la danza fue muy rápido, en pocos meses ya estaba en un grupo en el que dirigía niños y me encantaba. Los profesores siempre me vieron como un líder y yo también lo sentía así, pero no desde la vanidad sino desde querer un bien común.

Primero empezaste tú y tu hermana a bailar, pero al final todos tus hermanos terminaron bailando. ¿Crees que tú pudiste influir en haber contagiado a otros miembros de tu familia y a otras personas esta pasión por la danza?

Sí, y más en mi rol de docente de tango creo que es nuestra labor: influir en los demás a que quieran participar de este mundo. Más que solo enseñar pasos, quiero que cuando vean mi trabajo digan “yo quiero hacer eso”. En ese caso seguramente pasó lo mismo: le dejé esas ganitas por ahí a la familia.

“La forma en como monto una coreografía es escribiendo la idea que quiero. Escribo el concepto, pienso en vestuarios, colores y propuestas, y lo llevo al elenco profesional de bailarines”.
Como profesor, ¿cómo te describirías? ¿Eres el profesor “cuchilla” o el profesor relajado?

Definitivamente, creo que tengo y manejo un equilibrio: no me gusta estar detrás de la gente, me parece muy desgastante tanto para mí como para el estudiante. Pero, cuando mis estudiantes están en el salón de clase, se esperaría que ya con cierta edad tengan el criterio para decir “yo quiero hacer esto” y que, si van a asistir a una clase, sea porque quieren estar allá, que sean responsables de su propio proceso. Sin embargo, también considero que hay que tener muy presente a quiénes les estoy dando clase: no voy a esperar la misma disciplina que tienen los jóvenes con un cuerpo ya entrenado para la danza en los niños que apenas empiezan ese proceso.

Eres profesional en danza, pero, ¿te gustaría aprender otras ramas artísticas?

Sí. Me encantaría cantar, ¡pero canto muy mal! También tocar algún instrumento, como la guitarra o el piano, me parecería genial. De pronto más adelante lo pueda hacer.

Las personas que trabajan a tu alrededor enfatizan mucho en que eres una persona que escucha y sabe trabajar en equipo. ¿Por qué crees que el trabajo en equipo es importante? ¿Tú cómo la desarrollaste?

El trabajo en equipo es muy enriquecedor, pero creo que tengo algunas falencias. Antes de Chetango dirigía otros grupos de baile y creo que uno se acostumbra a una forma de trabajar en donde casi siempre el que da la última palabra eres tú, sobre todo cuando estás haciendo un montaje coreográfico. A veces me cuesta mucho seguir, porque estoy acostumbrado a que me sigan, y me parece muy interesante rodearme de gente que me exija, un grupo interdisciplinario donde todos aporten me parece mucho más enriquecedor.

“El desarrollo de software es un arte: el cliente te pide un sistema que haga tal cosa, pero no te dice cómo, y entra a jugar la creatividad y el pensamiento crítico del desarrollador. Y en danza es lo mismo: tienes una idea y la vas desarrollando con los conocimientos que tienes”.
Tus estudiantes enfatizan mucho en que tu intención, más que formar bailarines, es formar artistas. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué es importante?

El bailarín es limitado, es un intérprete limitado. Así que, con el trabajo que normalmente hago, si el bailarín más que un bailarín es un artista, puedo complejizar los montajes de las coreografías. Por ejemplo, mis bailarines saben cómo interpretar sus emociones y hacer que el público las sienta. 

Tus estudiantes afirman que lo que más han aprendido de ti es, más que ser buen bailarín, ser buenos seres humanos. ¿Crees que transmites eso? ¿Cómo lo haces?

Tengo una gran admiración hacia mi madre y creo que todo lo que le tocó pasar con nosotros al ser madre soltera de cuatro niños nos ayudó a mí y a todos mis hermanos a desarrollar ese respeto, esa empatía por el otro. En la danza y, sobre todo, en el tango, cuando eres un buen artista terminas reflejando cómo eres en tu vida. No hay forma de separar eso, y creo que se ve reflejado.

“Más que solo enseñar pasos, quiero que cuando vean mi trabajo digan «yo quiero hacer eso»”.
Melisa, tu hermana, afirma que un bailarín muere dos veces y que la primera es cuando deja de bailar. ¿Imaginas tu vida aparte del baile, o crees que esto le da sentido a tu vida?

No tengo el valor suficiente para dejar de bailar. Me aterraría ver que los demás lo hacen y yo no, así que no me imagino dejándolo de hacer.

Una aventura médica en la selva 

Mi padre cargando en sus brazos a las dos hijas de la mujer que le cocinaba en La Chorrera. / Foto cortesía
Una aventura médica en la selva 

Por María José Escobar G.

Durante su año rural, Alejandro Escobar enfrentó situaciones complejas en el corregimiento de La Chorrera. Su historia cuenta la experiencia que vivió en esta zona que lo transformó como médico y como persona al ver sus expectativas chocar con la realidad. 

“Mi primera noche en la selva fue larga. Comenzó muy recién entrado el sol y terminaría en la madrugada con el canto de los gallos… o tal vez era el ruido de un pájaro, un mono aullador o hasta un jaguar”, menciona mi papá, Alejandro Escobar, siempre que recuerda su año rural en La Chorrera, un área de la selva colombiana ubicada en el departamento del Amazonas.

Mi padre, el aventurado estudiante de medicina que hace 27 años decidió realizar su año rural en el Amazonas, hoy en día es cirujano cardiovascular. Una persona arriesgada que eligió este lugar porque soñaba con cambiar el mundo a través de la medicina y transformar el sistema de salud de las comunidades indígenas. Por eso la medicina no solo es su profesión, es su estilo de vida. 

Él quería vivir una experiencia diferente a las que relataban sus antecesores. Su abuelo, quien también era médico, siempre prefirió trabajar en un consultorio tradicional en la ciudad. 

En ese tiempo, La Chorrera contaba con una población de aproximadamente 2.000 habitantes. A los pocos días de su llegada, ya parecía uno más de la comunidad. Andaba descalzo, sin camisa y con lanza en mano. Era un joven delgado, no muy alto y con un pelo largo inconfundible, ya que siempre llevaba atada una pañoleta naranja en su cabeza. 

Chocando con la realidad

 

Antes de llegar, tomó una inducción de 15 días en Leticia, capital de ese departamento. En ese momento recibió sorpresas no muy gratas. Se enteró de todas las incomodidades a las que se iba a enfrentar en su aventura médica en la selva. Al principio, la inducción le pareció muy emocionante, pero al terminarla su primer pensamiento fue: “Hijueputa, ¿en dónde me metí?” 

En un momento, hablando de los equipos médicos, los instructores dijeron: “En todas las periferias funcionan perfecto, excepto en La Chorrera donde son equipos viejos y no han sido cambiados”. Para terminar la amable inducción, mencionaron que “en todas las zonas la población indígena le da buena acogida al blanco y más al personal médico, excepto en La Chorrera donde existe cierto rencor”. 

Después de la bienvenida en Leticia había que caminar un largo trayecto desde el aeropuerto para llegar al hospital. Además, era necesario cruzar el río Igara Paraná. Este es de unos 15 metros de ancho y es muy profundo. Se puede flotar sin tocar el piso. Justo donde quedaba el centro de salud y el colegio caía un chorro supremamente grande. Por esto, el corregimiento se llama La Chorrera. 

Su equipaje eran dos maletas y una caja con libros de medicina. En una iba una pequeña cantidad de ropa y en la otra, que era el sobrecupo, iban en promedio diez santos a los cuales lo encomendaron su madre y su abuela. El día de su llegada, se montó en una pequeña canoa. Iván Remuy, el enfermero, dio la orden de arranque.  

No obstante, el “paisano” dijo: “No. Todavía no se puede. Hay que esperar más gente”.  Mi papá dirigió su mirada hacia el equipaje que estaba a punto de caer al agua. Pensaba: “Solo falta que a alguien más le dé por viajar con santos”. 

En ese entonces, el “Chorrera Memorial Hospital” era una pequeña casa de color blanco con café. Era mitad material y mitad madera. Allí, los médicos tenían una barba descuidada de varios meses de no ver una Gillette occidental, y las enfermeras eran brillantes y pegajosas de la cantidad de aceite que se aplicaban en la piel para evitar los insectos.  

El nuevo médico de La Chorrera en el lugar que sería su habitación por un año. / Foto cortesía
Un parto acelerado

Mi padre aún recuerda historias personales de algunos pacientes, como la de Néstor Alejando, quien después de un trágico nacimiento se convirtió en su ahijado y a quien le pusieron su nombre. Un sábado, a las 4:30 de la mañana, tocaron la puerta del hospital. Era “un hombre de mediana estatura, contextura media y de facciones finas, pero con el rostro curtido por el sol y la selva”. 

El hombre le dijo: “Mi señora lleva 24 horas en trabajo de parto y no ha podido dar a luz”. Mi padre cogió su equipaje y ambos se dirigieron a la casa donde se encontraba la “comadre”. Como es natural en las indígenas, ella estaba atendiendo sola su propio parto. 

–¡Ayúdeme doctor! No soporto más –dijo la mujer. 

–Usted no ha roto la fuente y el bebé no ha descendido –respondió mi padre–. Camine hasta el hospital para atenderla allá. Estamos a más o menos 3 cuadras. La caminada puede ayudar con el descenso del niño. 

Cuando llegaron al centro médico, Alejandro calculó que se podía demorar otra hora. Mientras tanto, se fue a desayunar. Sin embargo, no contaba con el acelerado trabajo de parto que tienen las mujeres indígenas. En el momento en que estaba saliendo del hospital a comer algo, el bebé también estaba saliendo por las piernas de la mujer e iba directo hacia el piso. 

Por fortuna, el esposo de la mujer estaba a su lado y logó atraparlo en el aire. Con las manos temblorosas del susto, mi padre examinó al niño. Estaba en excelentes condiciones y pudo salir del hospital ese mismo día. En el centro de salud estuvieron pendientes de él hasta que cumplió 8 meses y todo su desarrollo fue normal. Hoy en día, Néstor Alejandro debe tener unos 27 años de vida. 

Entrada del Hospital Local de Puerto Arica “Diego Alexis Sierra”. / Foto cortesía
El secreto que solo Dios conoce

Una de las situaciones más difíciles que tuvo que vivir fue cuando una institución educativa quería vincular a su personal al Seguro Social, lo que hoy en día son las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS).   

El rector del colegio, por ejemplo, fue el único positivo para la serología, examen para el diagnóstico de sífilis. Durante varios días mi papá pensó en las mil formas en que se podía abordar el tema. Recuerda el día de la entrega de los resultados como “una de las tardes más calientes de mi estancia. El sol entraba por la ventana con un poniente que me golpeaba el rostro por el cual caían gotas de sudor”.  

–Bueno, todos los resultados están muy bien, pero hay uno en particular que tiene alteraciones. Se trata del examen de sífilis –expresó mi papá. 

–La verdad, sí tuve un “enredito” hace un tiempo –dijo el hombre en forma muy sincera.  

Por esto, se colocó la dosis inicial de un medicamento que debía volver a ponerse en 8 y en 15 días. 

Volvió muy cumplido para la segunda dosis, pero para la tercera se le presentó un viaje al Caquetá. Mi papá le suministró el medicamento para aplicárselo durante el viaje. Como todos allá eran tan curiosos, lo instruyó para defenderse si le preguntaban sobre porqué una dosis tan alta. Le dijo que, si alguien lo cuestionaba, respondiera que era por una “amigdalitis recurrente”. 

Cuando el rector regresó de su viaje, visitó a mi papá y le dijo: “Alejo, usted es famoso en el Caquetá”. Cuando le iban a aplicar la inyección, la enfermera le hizo la temible pregunta. Él contestó que la alta dosis era para “una amigdalitis reflexiva”. La mujer no pudo controlar su risa y llamó a varios doctores para que escucharan el diagnóstico que le había hecho el médico de La Chorrera. 

Esta historia tuvo un desenlace feliz. Mi papá cree que de todas las personas que ha conocido, es una de las más humanas y sinceras. Tiene todos los conocimientos para ejercer su labor, pero acompañados por el sentimiento de una persona de carne y hueso. Sin embargo, hasta el día de hoy, no sabe si su verdad ya salió a la luz o si es un secreto que solo Dios conoce. 

Los ocho kilómetros al infierno

Un día triste, gris y con olor a muerte, mi padre se encontraba estudiando en su oficina luego de una consulta médica en la mañana. Estaba lloviendo extremadamente duro. Eran alrededor de las doce del mediodía cuando entró un hombre al hospital: 

–¡Doctor, rápido que se muere, rápido! –dijo el “paisano” mojado por la lluvia. 

–¿Qué pasó? –le preguntó mi padre con calma. 

–La mujer de uno de los promotores de salud tiene 7 meses de embarazo y está vomitando sangre. 

–Es mejor traer a la paciente al hospital. Aquí contamos con más recursos para hacer lo que sea necesario. 

–El problema es que la señora está en una vereda que se llama El Kilómetro 8. 

Luego de una hora de camino lograron llegar. Ella, de 18 años, estaba en una hamaca rodeada por toda la familia rezando. Su pequeña hija de dos años le tomaba la mano. 

Era necesario trasladarla al hospital para hacer una cesárea porque el bebé seguía vivo. Decidieron colgar la hamaca en un palo y llevarla entre dos hombres, con un tercero que relevaba al que estuviera cansado.  

Los hombres se llenaron la boca con mambe para emprender el camino que duró tres horas. El mambe es un polvillo que se hace triturando y cerniendo hojas de coca tostadas mezcladas con la ceniza de hojas de yarumo. Los indígenas de casi todas las regiones de Colombia lo consumen por un tema religioso. Según ellos, es una manera de comunicarse con sus ancestros. Sin embargo, también sirve para evitar el sueño y el hambre. 

El cruce de los puentes era muy complejo. Estos eran de un solo tronco resbaladizo y lamoso. Algunos estaban completamente cubiertos por agua del torrencial aguacero que estaba cayendo. Los pies del médico se empezaron a ampollar en diferentes partes. La carne ardía cada vez más. 

Quince minutos antes de llegar, mi padre se adelantó para alertar al personal y tener todo listo para una intervención quirúrgica urgente. Corrió como nunca en la vida lo había hecho. Todavía no entiende de dónde sacó la fuerza porque sus piernas ya no respondían. Cuando la paciente llegó, mi papá vio en su rostro una mirada fría e insostenible al dejar este mundo. 

Realizó una cesárea urgente en la mitad de la entrada del hospital. Él bebé no respondía. Todos permanecieron quietos y en silencio con la mirada perdida en el infinito. Luego de cerrar a la paciente, lavaron su cara y su abdomen, y la colocaron en una cama con su pequeño feto en los brazos. Tenía una apariencia tranquila. 

Al día siguiente, mi padre fue al entierro. Se sentía mal. Muy mal. El cacique de la comunidad le ofreció su coca en sentido de amistad y agradecimiento. Al final, la familia lo ayudó a entender sus limitaciones y a comprender que lo que sucedió no fue culpa suya. Se dio cuenta de lo insignificantes que somos. Nacemos, y cuando morimos el mundo sigue igual, como si no hubiera pasado nada. 

Alejandro Escobar en una larga caminata para ir desde La Chorrera a una vereda lejos de allí. / Foto cortesía
La protesta de despedida

Alejandro llegó a La Chorrera con muchos ideales. Soñaba con transformar la cultura de estas personas. Pensaba que con sus conocimientos en salud por sus estudios universitarios podía cambiar el mundo. Sin embargo, allá la gente tenía una cultura y un estilo de vida muy estructurado. No querían cambiar. 

Como era la única persona buscando romper esa barrera, nadie lo ayudaba a remar. Era muy difícil demostrarles a los indígenas algo en lo que no creían. Una vez, ante la escasez de alimentos, mi papá intentó hacer un criadero de dantas. Estos son animales de la selva que pueden ser criados en corrales y pueden suministrar una buena cantidad de carne. 

No obstante, todos se empeñaron en que a ellos no les gustaba la carne si no era cazada por sus propias manos en la selva. Hasta ahí llegó la idea. Hubo otro episodio en que estaban tirando todas las basuras a las calles del corregimiento. A nadie le importaba. Mi papá propuso una jornada de recolección de basuras para llevarlas a un relleno sanitario que él mismo pensaba construir. 

Allá no había alcalde ni policías, pero existía una persona que ejercía como corregidor. En ese momento, tenía dos presos en un cuarto de aislamiento. Mi padre aprovechó y pidió la ayuda de los dos hombres para cavar el hueco del relleno sanitario. Nadie más estuvo dispuesto a ayudarlo. Terminó recogiendo las basuras él solo. 

Después hubo un problema con un enfermero del hospital. Tuvieron a una señora aislada por malaria. A este tipo de pacientes les ponían unos anjeos para evitar que los picaran los moscos. Esa noche, el enfermero llegó borracho y se acostó en la cama con la señora. Mi papá se enojó, lo echó del hospital y puso la queja en Leticia.  

De ahí en adelante, surgió un odio del enfermero hacia él. Incluso, le decía: “Doctor, mucho cuidado por la selva. Usted corre mucho por ahí y existen muchos riesgos”. Por eso, mi padre dejó de hacer muchas cosas que disfrutaba, como salir a trotar a altas horas de la noche para ir a mambear y a conversar con los caciques de otras veredas. Entonces, resolvió quedarse en el colegio a leer y a conversar sobre temas profundos y filosóficos. 

 

Más conflictos

Un día, agotado de todo el conflicto, Alejandro citó a la población a una reunión porque no pensaba marcharse con todo lo que tenía adentro. Quería discutir y mejorar muchas cosas, pero la población era muy difícil. 

Les dijo que La Chorrera era uno de esos sitios donde “todo el mundo se fijaba en la astilla que tenía el ojo del vecino, sin darse cuenta del madero que tenía el ojo propio”. Él realizó la reunión para limpiar los ojos y oídos de aquellos que los tuvieran sucios. 

La población le hizo muchos reclamos que no le correspondían a él y para los cuales no tenía ninguna explicación. Finalmente, mi padre les dio a entender que él había dejado su casa, sus costumbres y sus seres queridos para estar con ellos, dispuesto a ayudarles las 24 horas del día, y que lo único que estaba recibiendo de ellos eran ofensas. La despedida fue triste, pero no tenía más remedio que ese. 

Hoy en día, La Chorrera es completamente igual. Mi papá ha buscado y ha visto videos. No ha cambiado nada en estos 27 años. No ha vuelto al lugar. Le impresiona lo difícil que es viajar al corregimiento porque no se puede hacer turismo sin un permiso especial de los indígenas. A pesar de esto, le encantaría volver algún día. 

El médico en la noche mambeando con los indígenas en una maloca, centro donde se reúne la población para diferentes eventos. Estos frecuentes encuentros eran hasta la 1 o las 2 de la madrugada. / Foto cortesía
Enseñanzas para la vida

Mi papá se fue completamente defraudado de la población indígena. Pero piensa que esta generación no tiene por qué pagar por las cosas que hicieron las generaciones pasadas. No está de acuerdo con que haya que sufrir indefinidamente las consecuencias de los ancestros.  

El año rural en la selva fue una experiencia dura. Siempre ha sido una persona muy afortunada y no le ha faltado nada en la vida. Allá le tocó aguantar hambre, frío y mucho sueño. Le tocó enfrentarse a muchos conflictos con la población que lo ayudaron a fortalecerse y a prepararse para todos los inconvenientes que iba a tener de ahí en adelante.  

Cuando está pasando por un momento difícil, le gusta recordar lo que vivió allá para darse cuenta de que el sí es capaz de salir adelante y superar los pequeños obstáculos del camino. Dice que fue una experiencia muy bonita, pero en la que no pudo cumplir las metas que tenía de cambiar el sistema de salud de esta población.  

Siempre he podido confiar en mi mente 

Siempre he podido confiar en mi mente 

Diana Carolina Garcés

Por mucho tiempo no me he sentido a gusto en mi cuerpo. Definitivamente no me siento a gusto en el mundo o en lo que hemos construido en él; lo que llamamos “civilización”. Sin embargo, siempre he tenido mi mente. En mi mente siempre me he sentido, sino en paz, al menos con certeza de que las batallas que allí lucho las puedo ganar.

El mundo es un lugar hostil en el cual hay muchas cosas aterradoras, pero el terror que te hace sentir tu propia mente es, en efecto, inefable, porque no sabes de dónde proviene ni cómo pararlo.

El día que me rendí estaba en clase. El profesor estaba hablando de un tema particularmente difícil de seguir y en el que tenía mucho interés porque lo había visto en mi trabajo un par de veces, pero no lo comprendía del todo. Todo iba bien, hasta que en un momento no pude entender más. Así, sin matices. No podía comprender el sentido de lo que estaba escuchando; escribía y sabía que no era tan difícil el tema pero simplemente mi mente no lo podía traducir en entendimiento. Nunca he estado más asustado en mi vida. Siempre he desconfiado de todo a mi alrededor menos de mi mente; me aterraba pensar que algo pudiera estar mal con mi cerebro.

Decidí que era cansancio y lo dejé estar. A los pocos días, comprendí totalmente el tema y me pareció la cosa más natural del mundo; como era algo que veía algunas veces en mi trabajo, esperé un nuevo caso para pedirle a mi jefe que me lo dejara llevar. La oportunidad se presentó, ¡mi jefe me permitió hacerlo sin supervisión! Me sentí en la cima de mi carrera.

Pues bien, me dispuse a llevar a cabo la tarea. Contacté con el cliente y acordamos una cita.

Mientras llegaba el día para reunirme con el cliente seguí notando señales de alarma. De un momento a otro al alma me llegaba la sensación de que algo estaba terriblemente mal y que jamás me podría recobrar de algo que estaba a punto de pasar. La sensación duraba minutos y era tortura pura. Casi como si te echaran el maleficio cruciauts en la mente. Era un tipo de dolor nuevo e infinitamente superior al dolor físico. O en ese momento me lo pareció. Días después, llegó a mí el equivalente de este dolor de mi mente a mi cuerpo, y fue como si llevara el infierno en mi interior y se estuviera esparciendo a través de mis poros.

La cosa era así: estaba haciendo cualquier actividad común y corriente y de repente una sensación extraña me recorría alguna extremidad hasta que el dolor me cubría todo el cuerpo. Lo único que podía sentir (porque para ese punto ya no tenía la habilidad de pensar) era que necesitaba amputarme todo el cuerpo.

Las cosas se empezaron a poner incluso más extrañas. De repente me encontraba en la universidad y cuando tomaba consciencia de mí otra vez, estaba en un lugar totalmente distinto. No recordaba cómo había llegado allí, qué había hecho o qué estaba haciendo. Hubo momentos en los que ni siquiera sabía qué día era.

Así sucedió el día del encuentro con el cliente. Lo último que recuerdo antes de saberme hablando con él era que estaba en la clase donde explicaron el procedimiento que pronto iba a realizar en beneficio de mi cliente. Un segundo después, allí estábamos y yo sentía una extraña sensación de no tener control sobre mi cuerpo. Pero miento. En el fondo sabía que aquello que tomaba las decisiones seguía siendo parte de mí y que nunca se iría. En realidad, siempre lo supe. Y en ese momento, decidí dejarlo ganar.

Empecé con los hechos, ¿qué había pasado? ¿por qué había cometido ese acto que sabía que me iba a obligar a imponerle una sanción? Ahí empezaron las súplicas, lo que me obligó a pasar a la segunda etapa, ¿había alguna circunstancia que explicará por qué había cometido la falta? Trató de inventarse mil, pero le recordé que las situaciones en las que están permitidas cometer tal acción eran muy específicas y que por más que tratara de encontrar la manera de acomodar esas situaciones a sus motivaciones, nunca lo lograría.

Finalmente, le dije que había que pensar si se merecía el castigo. Decidimos que así era y por fin el momento para el que me había preparado había llegado. Salió perfectamente, tan perfectamente que de haberme visto el profesor, me habría puesto la máxima nota. Así que lo llamé y le mostré mi obra, le dije que era tal cual él nos habría enseñado.

Hasta el sol de hoy no entiendo lo que pasó. El profesor se puso histérico, más tarde le dijo a la policía que jamás en la vida había enseñado algo semejante a lo que yo acababa de hacer y que el día de esa clase me había desmayado y que ni siquiera presencié la explicación.

Pero yo no le creo, el recuerdo de esa clase está tan vívidamente en mi mente que la puedo recitar de memoria. Siempre he sido inteligente y sé con certeza que puedo confiar en mi mente.

Mary Luz vive en sus palabras

Mary Luz vive en sus palabras

Por: Sara Tobón Marín

Mary Luz López Henao logra convertir lo que una vez fueron lágrimas y tristezas en letras y poemas reunidos en su libro Alzo mi voz, publicado a principios del presente año. En él plasma una que otra vivencia que marcó su vida, historias de algunas de las mujeres que pasaron por situaciones similares a la de ella y relatos cortos enfocados a la denuncia de problemáticas sociales que vivimos actualmente en Colombia. 

Dedicatoria de la autora

“Este libro es una denuncia, es una voz para las y los que aún callan, un poemario poco inusual, una recopilación de mis sentimientos hechos palabras; muchos de los textos acá escritos primero fueron las lágrimas y luego letras de un desahogo ante tanta tristeza.” Mary Luz López Henao

Desde los primeros párrafos del libro de Mary se puede percibir con facilidad la mujer en la que se ha convertido, una mujer que ha pasado por situaciones que ninguna persona debería pasar y que, a pesar del dolor que aún habita en ella, tiene el valor de alzar su voz para dar visibilidad a la historia que comparte con muchas mujeres víctimas de los mismos verdugos.

“Para mí, la escritura es una herramienta política que puede contribuir a una transformación social por la manera en que el arte influye en adultos, jóvenes y niños, cualquiera que fuese su expresión”, así lo expresa Mary en la introducción de su libro en la que enuncia su propósito y la relación que ha desarrollado con la escritura. Para ella, el hecho de escribir se ha convertido en el medio para desahogar sus tristezas y construir una nueva Mary Luz despojada de un tormentoso pasado.

Su libro lo divide en cinco partes, todas enriquecidas de relatos cortos en los que narra vivencias propias y ajenas que han marcado su vida. Cada una de estas partes la titula y separa con portadas que simulan retazos o imágenes unidas como un collage, lo cual compara Mary con su vida, siendo sus vivencias los retazos y su vida una colcha que los reúne a todos. En la portada del libro lo primero que se ve es un dibujo de una mujer levantando sus brazos mientras que de ella va saliendo algo marrón que al parecer la cubría totalmente; en la parte superior e inferior se puede observar más retazos o pedazos de tela acompañados con el nombre de la autora y el título del libro en una caligrafía que semeja unas suaves pinceladas.

Fue en su paso por la universidad donde conoció el poder de la escritura como medio de denuncia y desahogo, y a su vez, conoce también a Juan David Villa Gómez, quien redacta el prólogo de su libro, en el que, con profunda admiración, habla sobre el poder de las palabras que usa Mary en cada uno de los relatos y como logra que estos poemas toquen el alma de quien tiene el placer de leerlos.

Un amor que vive en sus palabras

En el primer capítulo o parte de su libro, Mary habla sobre una de las pérdidas que más ha lamentado y es la del amor de su vida Andrés, el único hombre que la hizo sentir diferente, quien le recordó lo valiosa que era y la acompaño en sus peores momentos. Se nota con facilidad que para la autora no fue nada fácil superar esta perdida y más si hasta el día de hoy no sabe del paradero de su amor, ya que Andrés fue víctima de desaparición forzada en el año 2008. Por esto, la autora titula esta parte del libro como “Vives en las palabras”, ya que al no tener una tumba en la que pueda llorar su perdida, tiene su lápiz para desahogar su dolor y vivir su duelo a través de la escritura.

 

“Amor mío, te llamo nacer y morir porque, cuando te conocí y te tuve, nací, viví y fui feliz, pero cuando te fuiste, morí en vida, me mataste.” (López, 2022, p. 29)
Mujeres que marcaron su vida

Por otro lado, en la parte número dos del libro, que la autora titula como “Mujeres que duelen”, reúne seis relatos cortos en los que narra las historias de algunas de las mujeres que la acompañaron en la época en la que fue trabajadora sexual bajo el nombre artístico “Yayita”. En este capítulo del libro reúne las historias que más la marcaron como “La costurera”, como Mary Luz la nombra, una mujer que además de ejercer la prostitución se dedicaba a confeccionar sus propios vestidos y los de sus compañeras, cuenta Mary que un día al bajar las escalas del hogar que compartía con otras mujeres encontró el cadáver de esta mujer abandonado en plena calle, víctima al parecer de un tiroteo. O también la historia de Samantha, una mujer decide escapar del orfanato en el que la dejó su madre y decide aventurarse al mundo y a sobrevivir a costas de su cuerpo, así vivió toda su vida hasta que los años fueron pesando y Samantha ya no tenía el mismo rostro joven ni el mismo dinero que ganaba en esos tiempos, ahora está sola, sin una pensión o algo con lo que pueda sustentarse que no sea la prostitución.

“... Hoy somos más los que nos levantamos y luchamos, los que renacemos cual fénix, los valientes que nos aferramos con esperanza para comenzar a sanar, amar, soñar con que todo esto mejore y que por fin nuestro corazón se abra al perdón” (López, 2022, p. 36)
Tocando corazones con palabras

En “Retazos”, tercera parte del libro Alzo mi voz de Mary Luz, habla del concepto general del libro y es la colcha de retazos que asemeja con su vida, tan llena de historias que no encajan entre sí y que a su vez hacen parte de lo que es hoy en día. En esta parte del libro le habla a la niña que fue abusada con apenas 9 años, a la joven que fue reclutada por un grupo armado en el que fue obligada a cargar un fusil y a la mujer que tuvo que vender su cuerpo por hambre y necesidad. Para mí esta es la parte más importante del libro, en la que el lector entiende y conoce la historia de la autora y se empatiza con ella, por su estilo de escritura y palabras que usa logra tocar cada fibra de quien lee estos relatos. Plantea en la mente del lector la pregunta de ¿cómo es posible que alguien pase por situaciones como las que cuenta Mary y cómo ha logrado salir de tanta tristeza sin resentimientos? 

 

Mercancía barata

La parte cuatro del libro curiosamente se compone de cuatro relatos en los que la autora habla sobre la realidad que viven las mujeres que con engaños y mentiras caen en la trata de personas, que sin imaginarlo terminan privadas de su libertad y obligadas a prostituirse para pagar una deuda que al parecer nunca van a poder saldar. Ese infierno en el que entran sin saberlo miles de jóvenes con la ilusión de viajar a otro país, segadas por las promesas de quienes se convierten en sus dueños, dueños de sus cuerpos, de sus identidades y de su libertad. Como dice Mary Luz en el inicio de uno de sus relatos: “como mercancía barata en el mercado de pulgas o en la terminal éramos regateadas…”, así son tratadas las mujeres en prostitución, vistas como un pedazo de carne vendido al mejor postor sin importar quien sea con tal de que tenga dinero para pagar por tal belleza.

Mary alza su voz

Para cerrar con broche de oro, la autora titula la última parte de su libro “Alzo mi voz”, en la que con tono de denuncia habla sobre los asesinatos de los líderes sociales, el paro nacional que se presentó el año pasado, el desplazamiento y su vivencia personal como desplazada por bandas criminales de Medellín y cierra con un texto de apoyo dirigido a los ciudadanos venezolanos por su situación actual. Esta parte del libro es más enfocada a las luchas sociales que se están presentando en el país, resalta su perseverancia y lucha constante contra el gobierno, y a su vez, defiende y se conmueve con la situación que viven estas personas.

Portada Parte 5 del libro Alzo mi voz

Portada Parte 5 del libro Alzo mi voz

“¿Quiénes son los dueños de la vida? ¿Quién tienen la potestad de eclipsar la luz de los astros? ¿Se ha vuelto natural contemplar cómo se arrebata el aliento de los justos? Sabemos que la muerte es inamovible, es también el cese de la vida y el fin de la luz que algún día brilló en nosotros, pero ¿no debería llegar la noche con naturalidad? ¡Nos están matando!” (López, 2022, p. 87).

De este libro quedan grandes enseñanzas y cuestionamientos en cuanto a la situación que viven miles de mujeres que se ven obligadas a dejar su dignidad a un lado y vender su cuerpo para poder sobrevivir. Es absurdo que, en un país con tantas riquezas y oportunidades para todos, prevalezcan los intereses de los más favorecidos y violentos, quienes al final del día tienen el poder de anular las libertades de las personas que no nacieron en las mismas condiciones. Este es un libro que invita a la reflexión, a dejar de ser quienes señalan desde una posición de privilegio y empezar a ver con ojos de empatía a quienes no cuentan con los medios suficientes para salir del ciclo de pobreza tan evidente en Colombia. 

Mary Luz es una mujer de admirar, una mujer que ha logrado salir de la oscuridad que la rodeó toda su vida para convertirse en el ejemplo que es ahora para miles de mujeres que desean cambiar su destino como ella lo hizo. En este momento es cuando más se necesitan mujeres como Mary, que guíen y apoyen a las mujeres que se encuentran en situaciones vulnerables como las que ella vivió, para que esta explotación a la mujer que se evidencia en las calles de todo el país pueda ir disminuyendo cada vez más y que estas mujeres accedan a otras alternativas de sustento más dignas.

Natalia y Lina: Dos mujeres que pisan fuerte en la industria de los videojuegos

Natalia y Lina: Dos mujeres que pisan fuerte en la industria de los videojuegos

Daniela Díaz
Daniela Gamba

Natalia Álvarez Gómez y Lina Escobar Marín, desarrolladoras de videojuegos de la empresa Pik Pok, nos comparten algunas particularidades sobre el rol de las mujeres en esta industria y los retos que enfrentan en su profesión.

A propósito de la reciente edición del Women Game Jam, el evento en el cual las mujeres se le miden al reto de crear videojuegos en tan solo 48 horas, sostuvimos una conversación con Natalia Álvarez Gómez y Lina Escobar Marín, desarrolladoras en Pik Pok, una empresa de Nueva Zelanda dedicada al desarrollo y edición de videojuegos que cuenta con una sede en Envigado.

Durante la entrevista nos hablaron acerca de las habilidades generales que se requieren para realizar videojuegos, los géneros que más diseñan en su empresa, los roles que las mujeres suelen desempeñar en el desarrollo de estos, y especialmente, la importancia de que se abran más espacios como el Women Game Jam para que las mujeres tengan más participación en la industria.

Por último, le enviaron un mensaje a aquellas mujeres que están interesadas en la creación de videojuegos: “no les dé miedo trabajar en algo que no conocen, no le huyan a las matemáticas y enfréntese a los retos”, aconseja Lina Escobar. Para complementar, Natalia Álvarez las invita a experimentar el placer de codificar: “es muy interesante ser capaz de escribir un lenguaje que las máquinas entienden y luego ver el resultado”.

Si quieres conocer más detalles sobre esta charla, te invitamos a darle clic al siguiente video.

https://www.youtube.com/watch?v=b0I8PqGZdaM

Kuaile: un pedazo de cielo en la tierra

Kuaile: un pedazo de cielo en la tierra

Por: María José Escobar

Ana María Villegas es la creadora de Kuaile, una academia de danza aérea en Medellín. Esta escuela es el vínculo entre sus dos pasiones: la danza y la psicología. Para Ana, el vuelo es vida y sanación para el alma.



Imagen: cortesía de Instagram @kuailedanza_aerea

Imagen: cortesía de Instagram @kuailedanza_aerea


Y, cuando pensé haberlo visto todo, descubrí un pedazo de cielo en la tierra. Es aquella casa en la que siempre está Ana María Villegas, fundadora de Kuaile, la academia de danza aérea sobre tela, aro, aeroyoga y bungee fitness. Tengo una conexión especial con los artistas, la última vez que hablé con uno todo salió perfecto. 

Cuando salgo de mi casa, me doy cuenta de que el lugar que busco queda a menos de tres minutos caminando. Después de andar hasta mi destino sin perderme veo un letrero con el nombre de Ananda, el centro de bienestar donde queda Kuaile, la academia de telas. Son las diez de la mañana, voy muy puntual. Veo un parqueadero lleno de carros frente a la casa, supongo que están allí dentro. Me dirijo a la puerta principal y me acerco a dos señoras que parecen ser muy amables.

    ¿Aquí es Kuaile? –pregunto.

     ¿Qué cosa? –me responde una de ellas.

    – Pues, las telas.

    ¡Ahhhh! Sí, adelante.

Ahí mismo, cruzando el portal, queda el primer salón. Al lado, el segundo. Aquella mujer que está recogiendo todo es ella. Me quedo parada mirando hacia arriba. Ese cielo me deleita con sus telas de todos los colores y con su aspecto suave y brillante. Parecen recién compradas, aunque deben oler al sudor de todas sus bailarinas. En el primer salón veo todas las telas atadas juntas en un nudo multicolor. No es un cielo, pero es un lugar donde vas a volar.

Las telas cuelgan desde unas vigas en el techo. Las hay moradas, rosadas, rojas, amarillas y verdes. Al frente de un tapete de yoga hay un pequeño jardín con flores, piedras, luces y plantas. Las ventanas de cristal permiten que las alumnas sientan en su piel el calor de la luz del día. Todo irradia la paz y la tranquilidad de esta academia. Es una casa muy acogedora.

Mi reloj marca las 10:15 a.m. Ana está lista. Me da un enorme abrazo y yo se lo devuelvo. Termina de recoger las colchonetas que están en el suelo tras la clase que acaba de finalizar y se despide con amor de todas sus estudiantes. Su alegría y disposición me animan mucho. Mientras termina de arreglar todo, la miro: es una mujer delgada y no muy alta. Viste unos leggins y una camiseta deportiva negra. En sus ojos refleja calma y felicidad. Es serenidad pura.

Inicio al vuelo

Ana nació en Medellín. Es psicóloga de formación y le ha gustado siempre explorar las terapias alternativas, que son diferentes a las terapias que le ofrece su profesión. En medio de esa exploración encontró la danzaterapia, una experiencia a través de la utilización psicoterapéutica del movimiento con el fin de integrar el lado físico y emocional de un individuo. De ahí viajó hacia Argentina para especializarse e impulsar su idea. A la danza aérea llegó justamente, estudiando este tema.

Kuaile se creó en marzo de 2011. Sin embargo, la idea ya estaba fijada desde diciembre de 2010 cuando vivía en Argentina. Allá, Ana y su hermana vieron a unas personas haciendo danza aérea en un parque y se enamoraron de este deporte. Su hermana creó la academia cuando llegó a Medellín y Ana le prometió que “cuando yo llegue de Argentina la tomo. La hacemos juntas”.

No obstante, cuando Ana volvió a Colombia su hermana ya no quería seguir con la academia. “Quédese usted con ella”, le dijo. Ella aceptó y comenzó con Kuaile. Esta escuela empezó en un parqueadero del Centro Comercial Vizcaya, cuando este era aún muy desconocido. El lugar era oscuro, no había aire, caía todo el hollín de los carros y los pies de las alumnas terminaban negros. Sin embargo, eran felices porque el espacio era perfecto para practicar este deporte.

Lograron trasladarse para el tercer piso en el mismo Vizcaya, un lugar más limpio. Pero, un tiempo después, el centro comercial decidió hacer algunas remodelaciones, por lo que les pidieron desocupar este lugar. También estuvieron en una casa en Manila. Ana se fue a caminar por todo El Poblado en su búsqueda, porque siempre había querido que la escuela quedara en este sector. Acondicionaron el sitio para montar la academia y lograron construir un techo a doce metros de altura. 

Lastimosamente, en mayo de 2020 tuvieron que cerrar la sede por la pandemia. Kuaile no se dio por vencido y comenzó una nueva etapa en San Lucas, en la que ahora tienen dos salones. Como academia, Kuaile fue la primera en Medellín en su especialidad. De ahí en adelante ha ido creciendo este deporte y manifestación artística en la ciudad.

En lo más profundo del cielo

Para Ana María, la danza aérea es la integración de su mamá y su papá. Ella amaba el arte y él era piloto. Esta academia la hizo para honrarlos, para que su memoria siga. Además, este deporte se ha convertido en su vida. Es una totalidad de lo que es esta mujer y de la historia que hay detrás de ella.

Se levanta y va al gimnasio tres veces a la semana, ama el deporte y, así tenga cuatro o cinco clases diarias, nunca abandona su gimnasio. Luego va a Kuaile a ofrecer una o dos clases en la mañana. Después se va para su casa a descansar y a hacer trabajo administrativo. Finalmente, vuelve a la escuela si le toca clase, pero tiene un equipo de trabajo muy completo que se encarga de dar las clases de la tarde para ella ocuparse de los costos.

El punto fuerte de esta academia radica en la integración del lado físico con lo emocional y mental. Allí no se le juzga el proceso a nadie. Ni la ropa que tiene ni el carro en el que va, o si no va en carro. Incluso, el uniforme es una trusa negra. También tienen muy claro la forma de trabajar y de respetarse entre todos. 

La entrevista duró media hora como estaba previsto, pues el salón se vació completamente cuando se acabó la clase. Ana me trató como a una reina. Estaba muy agradecida conmigo por haberla contactado para la entrevista. Me dijo que “tan hermosa vos, que nos tuviste en cuenta para este trabajo. Muchas gracias”. Todo el tiempo me llamó por mi nombre. Y es que, en realidad, ella sabía quién era yo: fui su alumna hace muchos años. Desde que empezaron en el sótano de Vizcaya, hasta que se mudaron a la casa en Manila.

Debajo de sus alas

A veces se ponía emocional con alguna pregunta que le parecía bonita o que no sabía cómo empezar a responder. Entonces me lo expresaba. Yo la entendía perfectamente. 

       Ana, ¿que significa el logo de Kuaile?

    ¡Ay, que pregunta tan linda! Kuaile significa alegría en mandarín. Es la energía de todas las personas que han pasado por la academia y que me han llenado mi corazón. Además, mi fuerte es el verde esmeralda, el color del chacra del corazón. Este nuevo logo es una foto de una alumna haciendo una figura que se llama “La K” de Kuaile. Al rededor y en el centro tiene un corazón verde que es lo que irradian todas las personas que pasan por acá.

      ¿Cuál es tu máxima aspiración con Kuaile

     Uy, es muy charro, porque obviamente mi aspiración es que la academia siga creciendo y teniendo mucha vida, pero la verdadera aspiración es que siempre las alumnas sean felices. Mi aspiración es que el proceso que viven acá sea coherente con lo que hacen afuera. Que sean capaces de enfrentar la vida de la manera en que lo hacen acá: enredándose y aprendiéndose a desenredar. Y que salgan a bailarse la vida.

      ¿Este negocio es rentable?

    Sí. Al principio fue muy duro, yo estuve a punto de cerrar la academia. Fueron cinco años en que yo pagaba el arriendo y les pagaba a los profes, y a mí me quedaban cuatrocientos mil pesos. Cuando empecé a tener mucho orden y mucha perseverancia fue que logré volverlo rentable.

       ¿Qué clase de música les gusta poner durante las clases?

      Depende del grupo. A las grandes les gusta algo más suave tipo Julieta Venegas o de ese pop que nos gusta ya a las mayores. A las niñas les gusta lo de TikTok. En algunas clases calentamos con música afro y, si están muy necias, les pongo música clásica para que se calmen.

      ¿Alguna vez has pensado en dejar la danza aérea?

    Lo pensé cuando estuvimos a punto de quebrar. Afortunadamente, en una meditación muy profunda, me di cuenta de que no era capaz y que todavía había mucha vida. Me organicé ya como negocio y lo logré. De resto, yo puedo estar lesionada y aun así no soy capaz de dejarlo. De pronto en unos años que ya tenga cincuenta y pico…

Mi reloj anuncia las 10:45 a.m. Paro la grabación y me levanto para despedirme de Ana con un abrazo. Le agradezco por haberme dado un espacio de su tiempo y le demuestro mi admiración por todo lo que ha logrado. Estoy segura de que, sin su perseverancia, Ana María Villegas no habría logrado construir Kuaile, un pedazo de cielo en la tierra.

No te vayas

No te vayas

Natalia Penagos Mesa

Aquella noche, mientras me mirabas con los ojos aguados, imploraste mi ayuda para empacar tus camisas. 

¡Las venderé todas!, me decías.

 

Esa misma noche, en la que, con la garganta seca y la nariz húmeda, le dijiste a mamá que cambiarías de contacto…,

me es imposible olvidar la expresión de tu rostro cuando susurraste de manera inaudible que te irías, 

allí, donde nadie pudiera encontrarte. 

 

Empacaste tu vida entera en pocas bolsas y mencionaste notoriamente a los buenos monjes y su desapego por las cosas materiales,

no me esperaba, en aquel entonces, que no te refirieras a tus viejas prendas, sino a eso que llamabas familia.

Tampoco me esperaba que, días más tarde, ya no supiera más de ti.

 

Te fuiste sin que yo pudiera anhelar, una vez más, aquellas palabras que tanto esperaba que algún día pronunciaras. 

¿Por qué te fuiste en el momento más angustioso de mi existencia? 

¿Qué hago, entonces, con todos estos sentimientos que me aprisionan el alma? Si me la atraviesas como quien atraviesa la puerta cada día, sin remordimiento, sin pensar, por inherencia.

El problema fue que no la atravesaste para quedarte.

Por el contrario, saliste para nunca más volver y con ello causar un vacío en mi interior.

 

Si pudiera, me aferraría a ti como candado cerrado cuando debe asegurarse.

Pero te has marchado con la llave entre el bolsillo, esa misma que, seguramente, se perderá a medio camino. 

Y fue entonces cuando, en medio de cuatro desoladas paredes que me aprisionaban, me di cuenta de que dediqué gran parte de mi existencia a tratar de hacerte feliz,

a tratar de enorgullecerte, a ser alguien cada día más alejado de mi verdadero ser.

Me dediqué a complacerte y, al igual que tú, tus anhelos se hicieron viento. 

Hoy no me queda más que volver a comenzar sola a pesar del miedo.

 

Hace algunos meses qué no daría por que te hubieses quedado, pero ahora, aún sin comprender la razón de tu partida, me he resignado. 

 

He de aceptar que sí pronuncié un no te vayas, pero estoy segura de que no escuchaste más que un eco tras el sonido de mis palabras.

 

Gay Talese en los límites del periodismo

Gay Talese en los límites del periodismo

Por Sara Tobón Marín

“[…] Lo que la mayoría de personas temen y rechazan en sí mismas. Los tabúes. Los secretos. Los diablos y demonios. Lo sexualmente desconocido. La curiosidad. Hay que delegar en alguien la responsabilidad de enfrentarse a esas existencias tangibles y explicárselas a los demás. He ahí la esencia intrínseca del Voyeur” (p. 155).

Gay Talese, una eminencia del reportaje narrativo y gran referente para los periodistas en todo el mundo, puso su reputación en juego gracias a la publicación de un libro que fácilmente puede pasar de lo inquietante a lo retorcido. El motel del voyeur, publicado en 2016, desató todo tipo de comentarios y controversias en Estados Unidos al contar la historia real de Gerald Foos, quien se consideraba un auténtico Voyeur e investigador de comportamiento sexual.

Este admirable periodista y escritor marcó el periodismo desde 1960 por su particular método investigativo de inmersión presente en todos sus libros y publicaciones. Sus textos publicados principalmente en The New York Times, han sido aclamados por la crítica por los personajes e historias que retratan. Sus perfiles y libros sobre costumbres sexuales y la mafia siciliana, lo han consagrado junto con Tom Wolfe como el padre del periodismo literario estadounidense.

El motel del voyeur tiene como origen una carta que recibe Talese, escrita a mano y sin firmar, en la que su emisor confiesa que tiene en su poder un diario con detalladas observaciones que ha recolectado desde los años 60’s en el motel que compró junto con su esposa en Colorado. En la carta cuenta que estas anotaciones las tomaba desde su ‘plataforma de observación’, construida por él mismo en el techo de su motel, con el fin de espiar a sus huéspedes en sus momentos más íntimos satisfaciendo sus tendencias voyeristas, reuniendo así todo tipo de conductas y costumbres sexuales que marcaron la revolución sexual en Estados Unidos.

Luego de varios meses de haber recibido esta misteriosa carta, el periodista decide viajar a Colorado para conocer a este extraño sujeto y poder confirmar que lo que afirmaba en la carta era real. Al encontrarse con este hombre, lo primero que le extiende es un contrato de confidencialidad, en el que Talese se comprometía a no revelar su nombre ni el nombre del motel si decidía publicar su historia. En ese momento nace la complicidad que duró varios años entre Gay Talese y Gerald Foos, el hombre anónimo que anteriormente le había escrito confesándole su actividad Voyerista.

Foos lleva al escritor a su motel en el que finalmente tiene la oportunidad de conocer la ‘plataforma de observación’ en la que Gerald pasaba horas observando a sus huéspedes desde la oscuridad. Talese logra su objetivo y junto con Foos observa a una pareja joven y atractiva a través de la rendija falsa que había instalado Gerald para ver a sus huéspedes. Juntos son testigos de la actividad sexual de esta pareja y desde ese momento Talese decide mantener contacto con Foos y escribir sobre su diario de observaciones. Como dijo el mismo Talese en su libro: “De no haber visto la plataforma de observación con mis propios ojos, me habría resultado difícil creerme toda la historia de Foos” (p. 93).

Estas curiosas y detalladas notas que iba recibiendo Talese en su casa en New York, relataban todo tipo de relaciones y costumbres sexuales, heterosexuales y homosexuales, fetiches, incestos, violaciones y hasta un asesinato que Foos pudo haber evitado. A medida en que Talese iba reuniendo las notas de Foos, se daba cuenta de todas las consecuencias negativas que tendría en su carrera como periodista si publicaba estas notas, tanto por su contenido como por su única fuente que seguía firme con la condición de permanecer en el anonimato.

Luego de más de 30 años, Foos autoriza a Talese para publicar el libro con las anotaciones de su diario, incluyendo su nombre y todos sus datos personales, motivado principalmente por una latente necesidad de atención pública y la firme creencia de que su diario era una autentica investigación de la revolución sexual que se vivió desde 1960 hasta 1980 en Estados Unidos, por eso sería un total desperdicio si sus observaciones quedaban sin ver la luz pública.

Talese accede a la petición de Foos, el 12 de julio de 2016 se publica el libro y contra todo pronóstico se convierte en uno de los más vendidos en Estados Unidos y da origen a un documental producido por Netflix en 2017 enfocado en contar la historia de Gerald, las diferencias que tuvo con Talese antes de la publicación del libro y cómo fue la respuesta del público ante este inquietante libro.

A pesar del contenido explícito y crudo del libro, capítulo tras capítulo, el lector se va dejando llevar por las historias, las vivencias y los personajes del relato. El libro está compuesto principalmente por las anotaciones minuciosas de Gerald citadas con fecha, descripción de los sujetos que visitaban el motel y las actividades que realizaban con gran detalle en las habitaciones del motel. Además, Talese enriquece su libro con datos biográficos de Gerald que dan pistas al lector del porqué de la extraña fijación de este hombre, siempre desde una perspectiva muy neutra y sin emitir juicios morales, conservando así un papel de mediador entre el Voyeur y el lector como él mismo lo expresaba en su libro: “¿Y cuál era mi papel en todo esto? Yo era el amigo por correspondencia del Voyeur, su confesor, quizá, o el complemento de una vida secreta que había decidido no mantener totalmente en secreto” (p. 170).

El lenguaje que usa Talese en el libro es ameno y permite una fácil lectura, esto en contraste con su contenido y lo que relata, ya que en las anotaciones de Gerald quedaron grabados todo tipo de encuentros sexuales, unos no muy agradables de ver y mucho menos de leer. Sin embargo, el desarrollo del libro permite al lector cambiar de pensamiento a medida en que lo va leyendo, poco a poco se va revelando el porqué de algunas costumbres que tienen vigencia en la actualidad y cuál ha sido su evolución con el pasar de los años.

De igual manera, analizando las anotaciones y comentarios de Gerald, luego de tantos años presenciando todo tipo de conductas humanas, este Voyeur queda con una sensación pesimista ante la moral y ética de las personas en general. Aunque su enfoque siempre fueron las costumbres sexuales, también se interesó en estudiar la honradez de cierto tipo de personas que en público tienen una moral incuestionable pero que en la intimidad demuestran todo lo contrario: 

“Mi voyerismo ha contribuido enormemente a convertirme en un pesimista, y detesto este condicionamiento de mi alma. Lo que resulta tan desagradable es que la mayoría de los sujetos están en sintonía con esos individuos en sus planteamientos. Si nuestra sociedad tuviera la oportunidad de ser voyeur por un día, abordaría la vida de manera muy distinta a como lo hace ahora” (p. 67).

En lo personal, este no es un libro para cualquier lector, se debe tener una mente abierta en el ámbito sexual para que el libro se vuelva ameno y divertido. Es curioso que, aunque todo el libro se tenga presente que lo que hacía Gerald estaba mal, el lector pueda terminar justificando su actividad por las conclusiones a las que llegaba Foos por su acercamiento tan real a la intimidad estadounidense. Al terminar este libro se podría afirmar que ningún estudio científico se pudo acercar tanto a la realidad como lo hizo Gerald con su diario de voyeur.

Kill Bill

Kill Bill

Texto por Ana María Arango Gonzáles 

Nicole Marchena Hernández 

Tras el éxito de Pulp Fiction, Quentin Tarantino y Uma Thurman se unieron de nuevo, esta vez en el 2003, para crear la salvaje, violenta y muy sangrienta Kill Bill vol. 1. Una mujer embarazada se va a casar con su novio, cuando un hombre llamado Bill interrumpe uno de los ensayos de la boda y arma un caos que termina con la protagonista perdiendo a su bebé, a su novio y, además, siendo torturada. Sin embargo, sobrevive para comenzar su venganza y asesinar a Bill. Este clásico reúne varios elementos del cine asiático como el kung-fu, los samuráis y las artes marciales que tanto admira Tarantino. En esta infografía te la resumimos en cinco secuencias.

Mad Max: Fury Road

Mad Max: Fury Road

Texto por Sara Batista

Karol Monsalve

Acción, héroes, amistad y muchas peleas componen la trama de esta película del 201.  Mad Max: Fury Road se sitúa en un mundo postapocalíptico en el que todos luchan para sobrevivir y no ser asesinados. Además, es la cuarta entrega de la trilogía de la década de los 80 que lleva el mismo nombre. Este largometraje ganó seis premios de la academia, cuatro BAFTA y 10 Critics’ Choice Movie Awards. Te traemos una infografía con la historia resumida para que te animes y le des una oportunidad al filme de George Miller.