Juana Botero: “Mi propósito está absolutamente conectado con mi vida profesional y eso es un privilegio”

Juana Botero: «Mi propósito está absolutamente conectado con mi vida profesional y eso es un privilegio»

Texto por Natalia Penagos, Gina Criollo, Juliana Alzate, Luiza Camargo Nicolini

La mujer, a través de la historia, ha ocupado un cargo importante dentro del hogar, pero no ha contado con el mismo protagonismo en cargos de dirección y espacios de liderazgo, ya que la mayoría de las mujeres se desempeñan en puestos de menor relevancia pública. Sin embargo, muchas de ellas hoy están haciendo hasta lo imposible para atravesar esa barrera que ha perdurado a lo largo del tiempo. 

Es por esto que iniciativas que busquen abrir caminos, crear un ambiente idóneo y proporcionar redes de apoyo para la mujer, son algunas de las múltiples tareas que deben caracterizar a una buena líder. Además, de que sea constante y consciente del compromiso hacia la diversidad y la equidad. Como lo es el caso de Juana Botero, la mujer que está detrás de la creación del primer subsidio menstrual en Colombia, a quien tuvimos la oportunidad de conocer el pasado 7 de octubre de 2021, en la charla de Liderazgo Femenino de En Femenino, evento llevado a cabo en Eafit.

Botero es abogada de la Universidad Eafit, consultora en sostenibilidad, con más de 10 años de experiencia laboral en el sector público, privado y ONGs. Es Responsable Staff de Dirección en Comfama y fundadora de Mujer Silvestre, fundación que busca aportar al conocimiento del cuerpo y la menstruación entre mujeres. Bitácora la entrevistó para conocer su recorrido en el liderazgo femenino y generar un espacio para hablar sobre cómo entre mujeres se construyen oportunidades.

Para sintonizarnos un poco, cuéntenos, ¿cuál fue ese primer acercamiento que tuvo con el liderazgo a lo largo de su carrera?

Mi primer acercamiento al liderazgo femenino fue en el colegio, cuando creamos el primer equipo de fútbol femenino. En ese momento apenas estaba empezando a tomar fuerza el fútbol a nivel colegial. Las niñas no jugábamos. Y, empezamos a ir salón por salón creando este equipo de fútbol, no hubo intervención de profesores ni directivos; nosotras mismas creamos ese espacio, que luego nos posicionaría ante nuestros compañeros. En cuanto a mi carrera profesional pude liderar muy joven una fundación, se llama Soñar Despierto, tenía 16 años, ni siquiera me imaginé que fuera posible a esa edad. 

¿Cuándo empezó su interés por la labor social?

Más o menos a los catorce años, participando en voluntariados. Tenía una curiosidad gigante por entender cuál era la razón de que algunas personas tuviéramos más privilegios y otras, simplemente por un asunto de nacimiento, se hallaran desfavorecidas. Digo que, de nacimiento, porque ninguno de nosotros eligió nacer en una familia de más o menos recursos. Yo creía que la única forma de ver lo social era la academia e ir más allá de ese primer entendimiento y desde la ayuda, que a decir verdad es una palabra que ya no me gusta, hoy lo entiendo más como “un asunto social”, es una razón que nos atraviesa todos los hilos de la vida, se teje en todas las relaciones cotidianas con las personas y recae más en la palabra servicio que en la palabra ayuda.

Juana Botero junto a su equipo de trabajo de Comfama, 2021.

¿Cuándo y cómo empezó su autocrítica sobre el valor de la mujer y su papel dentro de la sociedad? 

Nació desde el momento en el que generé una autocrítica hacia la sociedad y la cultura. Pero, en el ámbito laboral es más difícil identificar ese tipo de cosas, especialmente, si no se ha hecho uso de los lentes feministas, ya que estos asuntos patriarcales se han normalizado mucho en nuestro entorno. Estos lentes llegaron para permitirme identificar de una manera más sencilla y objetiva ciertas relaciones injustas entre hombres y mujeres, como el hecho de que algunos aspectos como la masculinidad en los hombres se entiende como fuerza y que en las mujeres fuera sinónimo de bravura. Desde ahí comencé mi pensamiento feminista, desde el cuerpo y la reflexión de la necesidad de un modelo a seguir.

¿Cómo diría que le aporta al desarrollo de la mujer contemporánea desde Comfama?

Desde Comfama puedo aportar al liderazgo, en primer lugar, poniendo en conversación este tipo de temas, como la fuerza femenina y masculina, que puede estar dentro de nosotras, cómo enfocar nuestras emociones en el ámbito laboral para transformar y no caer en el error de suprimirlas. 

¿Y cómo lo hace desde Mujer Silvestre?

Así mismo, desde Mujer Silvestre buscamos eliminar esos tabúes para incorporarlos a la conversación cotidiana y permitir que cada mujer reconozca su valor. 

¿De dónde nace la iniciativa Menstruación Consciente?

En Comfama creé “Mujer Silvestre”, un emprendimiento en el que me formé como educadora menstrual y gestioné círculos de conversación, círculos que en un principio ni siquiera estaban relacionados con mi cargo, pero que pudieron aportar desde otros espacios. En un inicio fueron juntanzas entre mujeres curiosas y decididas a enseñarse mutuamente, es así como en equipo desarrollamos unos talleres con niñas de 12 a 18 años, primero en Medellín, luego en Valparaíso, y más tarde escalamos estos experimentos con Comfama.

¿Alguna vez imaginó el gran papel que ocuparía en la ruptura de tabúes sobre temas femeninos y el impulso social de la menstruación consciente o diría que ya superó ese umbral en el que se había visualizado en algún momento?

No, nunca me imaginé que algo que nació de mi propio útero y corazón se fuera a volver la conversación nacional que hoy se está teniendo; no me lo imaginé, pero en este momento, de alguna forma, no me sorprende el poder que tenemos las mujeres cuando de forma decidida creemos en nosotras y en nuestras iniciativas.

Cuando se le presentó la oportunidad de crear el primer subsidio menstrual en Colombia, ¿cómo lo afrontó?

No fui solo yo, fuimos varias mujeres. Lo afrontamos con mucha emoción, pero tampoco es algo que nos llegó, es que nosotras lo gestamos y lo parimos. Entonces lo hemos afrontado con mucho respeto, emoción y transformación. Hemos tejido una red bien bonita dentro de Comfama gracias a esto. Además, reconocemos que, si hay mala información, tabúes o falsas creencias, no es porque nuestras madres o cuidadoras nos quisieron dar eso, honramos que hoy tenemos otras posibilidades para informarnos y educarnos. 

https://noticias.caracoltv.com/antioquia/lanzan-el-primer-subsidio-menstrual-en-colombia-en-que-consiste-y-como-obtenerlo

¿Cuáles fueron los momentos más cruciales en el camino al empoderamiento femenino que hoy tiene? 

Hay muchos retos en el tema de liderazgo en el empoderamiento femenino, pero el primero es seguir llevando estos temas a todos los escenarios. El segundo es empezar a transformar, por ejemplo, lo que nosotros entendemos por las relaciones o los vínculos de pareja, ahí es donde en el feminismo es más difícil hacer un salto cuántico, porque eso no es solo en relación con nosotras mismas, sino con otros, con otras y ahí todavía hay mucho que conversar.

¿En algún momento pensó en renunciar o en abandonar alguna iniciativa?

No, nunca he pensado en abandonar ninguna iniciativa. En mi camino profesional me ha tocado es priorizar, porque en cada cuadra hay una causa por la cual morir, entonces no hacerlo ha sido más difícil que cualquier cosa. Más que renunciar, pienso que estamos muy cansadas, porque hay que poner el foco y la atención en nuestro autocuidado. Si no nos cuidamos a nosotras, tampoco vamos a poder hacer cosas por el resto de la sociedad. 

¿Considera que tiene un balance entre su vida personal y laboral?

No siempre me he puesto en el primer lugar en este balance de la vida personal y profesional, porque no veo como una línea absolutamente grande entre lo personal y lo laboral, lo que hago profesionalmente es personalmente mi sueño también. Mi propósito está absolutamente conectado con mi vida profesional y eso es un privilegio. 

Desde su puesto en el gabinete municipal del ex alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, como secretaria de la Juventud, ¿cómo aportó al desarrollo del talento y liderazgo femenino? 

Poniendo las conversaciones con transparencia y con el ímpetu de una mujer joven, y eso aportó al desarrollo y a la cercanía. Otro de los aportes más grandes fue tener charlas de jóvenes a jóvenes, de mujer a mujer, o de mujer a otros seres de forma absolutamente horizontal, mirándonos a los ojos. Así mismo, ver formas creativas para solucionar problemas sociales también fue un aporte que tenemos, no solamente las mujeres, sino las personas jóvenes.

Juana Botero en una rueda de prensa en la Semana de la Juventud, 2017.

¿Alguna vez recibió algún comentario o notó algún comportamiento machista por parte de sus compañeros, jefes o demás ejecutivos que se ha encontrado en su vida laboral? Y de ser así, ¿cómo los afronto?

Sí, mi forma de afrontar esto es confrontando dichos comentarios. En otras circunstancias he tenido conversaciones pedagógicas con estos compañeros de trabajo, no desde la pelea.  Además, ha sido muy bonito, porque han habido transformaciones increíbles en los compañeros de trabajo. Al final esto es de construirnos juntos, esta sociedad machista y patriarcal la tenemos que transformar hombres y mujeres, pero con una conversación honesta, franca y sin tabúes.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico hoy la brecha salarial entre hombres y mujeres es de 12,8 % ¿En algún momento ha sido víctima de esta brecha salarial?

Sí, he hecho parte de la brecha salarial, sin duda. Cuando he asumido roles donde estando en el mismo nivel de responsabilidad de compañeros de trabajo hombres, mi salario ha sido mucho menor.

¿De qué manera puede el liderazgo de la mujer acortar esa brecha salarial a futuro?

 

Nosotras podemos acortar esa brecha salarial de muchas formas, lo primero es: quitar el miedo, de esto se puede hablar, podemos ir a negociar nuestro salario, no debemos tener ese pudor para hablar de plata, a nosotras nos cuesta pedir un aumento o que se iguale al de algún compañero de trabajo. Lo segundo, es que nosotras también estemos en los lugares directivos donde se toman esas decisiones. No tenemos que estar pidiendo permiso, o teniendo esa conversación con hombres que son los líderes. Es hora de qué las mujeres lideremos las organizaciones, estemos en escenarios públicos y privados de toma de decisión para que de una forma más colectiva y escalable podamos cerrar esta brecha desde el liderazgo.

Desde nuestra posición de estudiantes, ¿cómo podríamos aportar para romper paradigmas que afectan y denigran la integridad de la mujer y así propiciar espacios idóneos para estas? 

Como estudiante uno está en el lugar más bonito de la vida. Ese es el momento para construirse completamente, conocer a través de los libros otras experiencias del mundo donde se han roto techos de cristal, donde se han cerrado brechas de género, es el momento donde uno se puede dedicar exclusivamente a aprender. También, faltan muchas investigaciones en relación con las mujeres, por ejemplo, la ciencia tiene una deuda grandísima con las mujeres, la ingeniería tiene una brecha inmensa. Se puede hacer un aporte grandísimo a la academia como estudiantes.

Por último, a esas mujeres que tienen habilidades de liderazgo, pero que les falta motivación, ¿qué les recomendaría?

Lo primero que les recomendaría es que hagan parte de un círculo poderoso de mujeres, que se junten con mujeres, porque cuando nosotras estamos en esa sororidad, pasan cosas mágicas, nos damos cuenta de que compartimos los mismos miedos entre nosotras, o parecidos. Volver a los círculos de mujeres conocidas o desconocidas es el elemento más poderoso de transformación y no solo en liderazgo femenino, en todo lo de las mujeres. Entre nosotras sin duda tenemos mucho poder y mucha magia.

Si deseas escuchar la entrevista completa: https://youtu.be/3xU9qTbTszo

La presión en el agua: la magia del nado sincronizado

La presión en el agua: la magia del nado sincronizado

Texto por Adriana Patricia Rodríguez Batista, Albeiro Alfonso Pizarro Bello, Carolina González Agudelo, Deisi Valeria Gómez Aristizábal

Estefanía Álvarez Piedrahíta tiene 27 años y es nadadora artística olímpica colombiana. Es egresada de la Universidad Nacional, con un pregrado en Estadística, y en este momento está cursando un posgrado en la Universidad EAFIT. Ha participado en numerosas competencias de nado sincronizado y ha llevado en alto el nombre del país. Resaltan sus participaciones en las olimpiadas de Río de Janeiro en 2016 y en Tokio 2020, que por cuestiones de pandemia se llevaron a cabo este 2021. De sus rutinas destacan la dedicación y el empeño que definen a Estefanía como mujer y que la han ayudado a convertirse en una destacada deportista de alto rendimiento.

Durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, el mundo se puso a bailar al ritmo de la salsa con la participación del dueto colombiano de nado sincronizado conformado por Estefanía Álvarez Piedrahíta y su compañera Mónica Arango. “Desde la entrada la gente decía: ‘¡Guau, ¿Qué van a hacer?!’ Porque claro, todo el mundo va con música clásica o con banda sonoras de películas, música a la que están más acostumbrados, y llegan estas niñas con salsa y en la entrada se ponen a bailar”, dice Estefanía.

El éxito de sus rutinas recae en la creatividad con la que estas son creadas. “Nosotros llegamos incluso a las competencias y eran como… pero, ¿qué están haciendo?, ¿qué es eso? Los duetos de otros países quedaban impresionados e intentaba bailarlo, nos contagiaron, se notaba que lo disfrutaban”. En esta ocasión, nos reunimos con Estefanía para conversar sobre su participación en los juegos olímpicos, su desempeño en el nado sincronizado y sobre los retos que se han presentado a lo largo del camino. 

 

¿Cómo nació el interés por el nado sincronizado?

Cuando yo era chiquita, más o menos a la edad de 8 años, empecé a hacer porrismo en el colegio. No tenía que ver para nada con el alto rendimiento, era más bien un hobbie en la época escolar, pero sí me gustaba mucho la idea de bailar y de relacionarme con la música. En ese momento también estaba aprendiendo a nadar. Me encantaba la piscina y cuando mi profesora me enseñó a nadar, le dijo a mi mamá: ‘Ella tiene ciertas habilidades para el deporte de alto rendimiento’. Después me llevaron a la Liga de Natación de Antioquia, a un programa que se llama el CIFAR, que es un centro de iniciación y formación para el alto rendimiento. Me hicieron unos estudios para ver qué recomendación de deporte me podían dar. Escogí la natación artística porque se relaciona de cierta manera con el porrismo, la música y el baile, pero era dentro del agua, lo que me encantaba muchísimo. Desde el principio fue algo muy recreacional, la verdad nunca pensé que fuera a llegar hasta este punto y que las cosas fueran a avanzar tan rápido, ni siquiera mi familia lo pensó.

 

¿Cómo empezó su proceso de entrenamiento de alta competencia?

Empecé entrenando dos días a la semana y luego tres, cuatro, cinco, hasta los sábados me tocaba madrugar a las 5 de la mañana. Pero cuando resultó todo esto, se ha ido desenvolviendo muy bien y, en parte, he ido aceptando el camino que me ha puesto la vida en la natación artística.

 

¿Cómo se siente representar en varias ocasiones al país en los Juegos Olímpicos?

Cada vez que represento ya sea mi club, la liga, mi departamento y a Colombia, no sé si suene muy común que uno siente mucha emoción y mucho orgullo. Cada vez que uno se pone el uniforme, cada vez que recibe la bandera, cada vez que se tiene la oportunidad de escuchar el himno de Colombia en el pódium, es una emoción de orgullo y felicidad. Pero siempre hay una manera diferente, porque todas las preparaciones son distintas, las concentraciones, lo que uno como persona tiene que pasar para llegar a cada uno de los campeonatos, pero para mí siempre será un orgullo, incluso hasta el momento sigo sorprendiéndome más, ya que digo, “bueno, lo hago porque me gusta”, y luego resulta que nos ganamos algo o superamos algún reto, entonces es como ¡guau! De verdad puedo seguirme superando.

Revisa aquí un documental realizado por la Federación Colombiana de Natación sobre la participación de Estefanía Álvarez en los Juegos Olímpicos de Río 2016, lo cual significó para Colombia su primera clasificación de nado sincronizado en unas olimpiadas https://www.youtube.com/watch?v=IF27CoqKLeY

 

¿Cómo ha sido su papel como mujer en el mundo deportivo?

Lo dije en el congreso de EnFemenino en EAFIT, mi punto de vista es muy diferente, porque yo vengo de un deporte en el que en Colombia ha sido femenino. En el que de pronto han llegado hombres que han querido participar en el deporte unos años atrás y se les ha negado la oportunidad. Entonces digamos que ahorita que ya hay competencias oficiales con hombres es un reto para mí. Uno vive como mujer ciertas dificultades en otros ámbitos, por ejemplo, en mi caso en el ámbito laboral, ya más externo en el deporte, pero en general en la natación artística no he sentido la desigualdad, ya que como dije anteriormente en Colombia ha sido un deporte principalmente femenino, pero que ahorita que los hombres están entrando, eso me ha ayudado mucho a tratar de comprender cómo hacerlo bien.

 

Al ser un deporte practicado en su mayoría por mujeres, ¿cómo ha sido para los hombres entrar a la natación artística? 

Ellos también se han visto afectados. Conozco de muchos a quienes se les negó la oportunidad durante muchos años. Incluso ahora hay competencias que no se les permite entrar a los hombres, por no poder hacerlo en las mismas condiciones que tenemos las mujeres. Entonces es un reto, que ahora lo veo mediante ese punto de vista en el que sí, yo ahorita estoy en esa condición de mujer en el que en algunos ámbitos me ha tocado más difícil, pero no quiero eso mismo para los hombres en la natación artística.

 

¿Cuáles fueron los mayores retos que se presentaron a la hora de representar al país en un evento tan importante como las olimpiadas? 

En este caso en específico, para llegar a Tokio hubo un reto muy grande para todos los atletas; primero que la pandemia llegara y que estuviéramos aislados tanto tiempo del entrenamiento en el que venimos acostumbrados, ya que nosotras estuvimos alejadas 6 meses de la piscina. Pero más que eso creo que fue el reto mental al tú saber que tenías que entrenar un año más, que llegáramos a junio y que dijeran: “Los Juegos Olímpicos no se van a hacer en el 2020, sino que se van hacer en el 2021”. Fue un punto de quiebre increíble para mí, porque la preparación es muy fuerte no solo física, sino también mentalmente. Tantas horas de entreno y también la convivencia; en la parte física todo llega a un punto de desgaste, donde tú estás programado para entrenar cuatro años y de un momento a otro simplemente se convierte en cinco, pero ya cuando uno lo ve desde esta perspectiva de haber pasado por los Juegos Olímpicos, uno dice: “Es increíble lo que uno aprende después de pasar por esas circunstancias”.

 

¿Cómo influenció la pandemia en la preparación para las olimpiadas?

Veníamos de un punto en el que estábamos muy agotadas. Mentalmente, sobre todo. Y llega la pandemia y hay que entrenar, pero desde la casa. Nuestra entrenadora hacía de todo para reinventarse día a día y ver cómo podíamos entrenar. Nos reuníamos por Zoom para que ella nos revisara y en tierra buscábamos la manera de hacer cosas que ella pudiera corregirnos y en el momento en el que dieran la apertura nosotros pudiéramos entrar al agua y fuera como, bueno, vamos a tener que recuperar, pero vamos a tener algún avance en algún otro trabajo en el que tendríamos que invertir tiempo. Entonces eso fue lo que hicimos.

 

¿Cómo se reinventaron para seguir practicando en plena pandemia? 

Hicimos clases de baile, salsa, aprender a contar ese ritmo. Invertimos en todo lo que podíamos hacer en tierra para que cuando llegara el momento nos enfocáramos en el trabajo que es específico en agua, así teníamos un poco avanzado en lo que nos iba a gastar el tiempo en tierra. Estuvimos seis meses fuera de una piscina, pero llegamos y no les miento que en tres semanas sentíamos como si no hubiéramos salido de vacaciones sino dos semanas.

 

¿De qué manera la ha apoyado el gobierno?

El gobierno me ha apoyado mucho. Nosotros desde que entramos a cierto nivel recibimos un apoyo mensual y, aparte de eso, nos apoyan en todos los campeonatos, pero es totalmente cierto el hecho de que hay otros deportes que son más apoyados. 

 

¿Por qué no hay tanto apoyo para el nado sincronizado?

Pienso que va muy de la mano del desconocimiento. Muchas personas ni siquiera conocen mi deporte, ni siquiera saben qué es lo que hacemos. Entonces, ¿cómo podemos buscar más apoyo si las personas ni siquiera saben que existen? Es uno de los retos que tenemos ahora.

 

¿De qué otro medio recibe apoyo?

Todos los atletas hemos tratado de vincular la empresa privada, pues los recursos del gobierno no alcanzan. El deporte necesita mucha inversión. Entonces, cómo hacer para tener más posibilidades es vincular a la empresa privad, pues haciendo que las personas conozcan el resto de los deportes, que entiendan cómo se hace, cómo se entrena. Ha sido un proceso muy grande desde Río, que fue la primera vez que clasificamos a unos olímpicos. Mucha gente ha conocido más de la natación artística, pero aun así el porcentaje de gente que no sabe lo que nosotros hacemos es muy grande.

 

¿Cuál es la reacción de las personas cuando saben que es una deportista olímpica?

Les cuento una anécdota: estaba yo con un conductor que me recogió en las piscinas, entonces obviamente vinculó el ser deportista y empezamos a hablar de los Juegos Olímpicos y él me dice: “No, es que me pareció muy mediocre la participación de los deportistas de en Tokio, porque la cantidad de medallas que trajeron no son las mismas que traían antes”. Y yo, como, qué haces tú como para venir a sacar ese comentario. Entonces siento que todavía hay mucha ignorancia, y también es trabajo de nosotros. Tenemos una ayuda increíble que son los periodistas, que nos ayudan a llegar a mucha gente, pero es un trabajo que requiere de años. Y creo que no es solo en la parte deportiva, en muchos campos la gente habla sin tener el conocimiento.

 

¿En algún momento pensó en renunciar a su pasión?

La gente en realidad nunca se imagina lo que en la mente de un deportista le pasa y la verdad es que uno muchas veces piensa en renunciar. Cada vez que estoy cansadísima, que estoy en la piscina haciendo una resistencia y que me falta el aire y siento que me voy a desmayar digo: “¿Por qué estoy en esto? Pues, me quiero salir” O no sé, “estoy muy cansada, quiero estudiar, quiero viajar, quiero hacer otras cosas”. Uno no toma la decisión por ese compromiso que uno ya tiene de cumplir una meta. En esta ocasión que dijeron que iban a aplazar los Juegos Olímpicos, dije; “N no aguanto más. En serio, me quiero salir, no lo soporto”. Pero el equipo de trabajo ayuda a que esos momentos se hagan más pasajeros y que pasen más rápido. 

 

¿Cómo es el proceso creativo detrás de las rutinas?

La rutina que llevó cuatro años para organizar fue la rutina que llevamos a Río, mapalé. Para Tokio dijimos cambiemos la rutina libre, llevemos algo colombiano, algo que motive, así como hicimos en Río y hagamos bailar a la gente. En ese momento sale la idea de bailar salsa, lo cual nos parecía imposible. Hace 4 años practicamos mapalé y ahora tenemos un año para practicar la salsa. De ahí empezamos a tener clases de baile con nuestra profesora de salsa, nos enseñó a contar, a bailar. Incluso ella nos enseñó esa entrada en la piscina, que es de muy pocos segundos. Fue un proceso lindo, pero que valió la pena totalmente, no solo por el hecho de hacer la rutina en sí, sino de hacer algo colombiano, para mostrar lo bueno que tiene Colombia, somos campeones mundiales de salsa, entonces ¿Por qué no hacerlo nosotras? 

¿Cuáles cree que son las bases de un buen trabajo en equipo?

Con Mónica estoy andando junta desde 2012. Son muchos años y realmente es como una relación, creo que es mi relación más estable. Lo que ha llevado a que nosotras tengamos éxito, aparte del profesionalismo, es que somos demasiadas diferentes, emocional y físicamente, nadando nos dicen que somos hermanitas, pero físicamente somos diferentes: Mónica es mona, con ojos azules, y yo soy súper morena, súper india y es aprovechar eso, hasta las habilidades de agua de Mónica son diferentes a las mías. Mónica y yo no es que seamos las mejores amigas, pero somos muy profesionales y aprovechamos lo que tenemos de bueno para compartírselo a la otra y para que el momento para mostrarlo sea un equipo que muestre esas potencialidades.

 

Si no se dedicara a la natación sincronizada, ¿qué otro deporte le gustaría practicar?

A principios de este año descubrí el kitesurfing, otro deporte de agua, para el lago o en el mar, con una cometa, estuve tres días intentando aprender y me enamoré mal de él. En Medellín no hay, en Guatapé no se puede hacer porque no hay suficiente viento, pero creo me dedicaría a eso, me enamoré de lo que uno puede sentir, te estás desplazando simplemente con el viento y eso fue lo que me gustó de él.

 

¿Cómo se siente representar al país en los Juegos Olímpicos?

Mucha gente tenía los ojos encima, mucha presión. Nosotros somos muy realistas con los resultados que podemos tener, porque somos un deporte de apreciación, uno no escala 10 puestos de un campeonato a otro. Son mis segundos Juegos Olímpicos, y con los primeros creo que aprendí demasiado, fui la más primípara. En los dos sentí el mismo susto, pero de maneras diferentes, eran situaciones diferentes, pero en este sí dije, me lo voy a gozar de principio a fin, disfruté la competencia, disfruté estar en una villa olímpica. Miré a qué otras competencias de colombianos podía ir a hacer barra, aunque era prohibido, me colé. No sé ni siquiera si van a ser mis últimos olímpicos, pero me los voy a gozar de principio a fin, porque ha sido mucho lo que se ha entrenado para llegar acá.

Revisa aquí cómo fue el proceso de Estefanía Álvarez y Mónica Arango para alcanzar su sueño olímpico https://cnnespanol.cnn.com/video/tokio-2020-juegos-olimpicos-natacion-artistica-estefania-alvarez-monica-arango-colombia-deportes-cnn-pkg/

 

¿Cómo ha sido balancear el estudio y el deporte?

Bueno, fue súper difícil, para mí el pregrado fue una época muy dura, porque los entrenamientos eran muy fuertes, la universidad es muy dura, y listo, tú eres capaz de estudiar, pero uno después de un entreno de cuatro horas, llegar a sentarte dos horas a ver álgebra lineal, uno es como lo único que quiero es dormir, se me cierran los ojos. Uno trata de no entrar en esa comparación, pero es imposible. Mis compañeros pueden estar acá, estudiar. No he tenido tiempo, no he podido. Empiezan las calificaciones y uno es como ¿qué hago? En mi mente nunca estuvo la posibilidad de dejar de estudiar. Sea como sea, viendo una materia, viendo dos materias, tengo que seguir estudiando, ese fue un reto que me puse, no les voy a negar, fue súper duro. Tengo mi diploma y digo ¿cómo lo hice? Ahorita estoy estudiando en EAFIT una especialización. Son dos días a la semana, que aún me desgasto horrible, pero el entreno lo he bajado un montón, porque ya no estoy preparándome, ya pasaron los Juegos Olímpicos. Es difícil porque lleva mucha responsabilidad, disciplina, pero sobre todo ese compromiso mental que uno tiene, hay que recordarlo siempre, porque es muy complicado hacer las dos cosas al mismo tiempo.

 

¿Cuáles son los retos de bailar bajo el agua?

Son ciertas habilidades entre equilibrio, técnica y fuerza que uno hace, que uno tiene desde pequeño, porque les digo, uno para una semana y ya se siente tieso. Las rodillas no me estiran, el empeine no me dobla, empiezan los calambres, pero digamos que sí, son ciertas habilidades que uno va cogiendo, incluso mucha gente no sabe qué nosotros incluso nunca podemos tocar el piso, todo lo hacemos con los brazos. Nosotros giramos con los brazos, nos sostenemos con los brazos. Cuando estamos arriba estamos haciendo una patada, la llamamos batidora. Porque mucha gente dice, no pues se están pegando del piso. No, nunca podemos tocar el piso, porque nos da penalización. Uno siempre está desarrollando esa habilidad de estoy mamada, me falta el aire, estoy ahogada y tengo salir a sonreír, a tomar aire rápido y mostrar lo feliz que me siento. Es un deporte que requiere muchas horas de entreno, más que otros. Al ser un deporte que se necesita sincronizar requiere de muchas horas al día. 

 

¿Cuáles son sus planes a futuro? 

Ahora que ya pasó el estrés de Tokio, empezó el de París, porque todo el mundo es, ¿y entonces para París qué? Estoy muy enfocada en mi estudio, en mi trabajo y quiero darle prioridad a eso en estos momentos y creo que el resto de los años que tengo en el futuro. Estoy muy contenta estudiando en EAFIT, haciendo mi maestría, en mi trabajo y siento que toda mi vida le he dado esa prioridad al deporte y que ahora quiero dársela a eso otro. He vivido lo que he querido, han sido mis decisiones, y estoy contenta y orgullosa y no me arrepiento de nada de lo que he hecho en el deporte. Tengo de meta cercana seguir en la especialización, graduarme el próximo año de especialización y de maestría y ver cómo puedo ayudar tanto con mi carrera profesional como con mi carrera como atleta a los próximos atletas y aportar al deporte colombiano.

Hablando de equidad de género con Carolina Soto Losada

Hablando de equidad de género con Carolina Soto Losada

Texto por Sofía Cardona, Ana Isabel Marroquín, Carolina Arango, Alejandro Bravo. 

El pasado 7 de octubre se llevó a cabo el panel de En Femenino, en la Universidad EAFIT, un espacio de conversación entre mujeres que se han destacado en diferentes ámbitos. Allí, las invitadas hablaron de los retos, las historias y los obstáculos que han tenido mujeres que ahora son muy exitosas.

 En el panel de Liderazgo Femenino participó Carolina Soto Losada, economista de la Universidad de los Andes, con máster en Economía de la misma institución y otro en Administración y Políticas Públicas de la Universidad de Columbia. Soto fue co-directora del Banco de la República, viceministra general de Hacienda, vicepresidenta ejecutiva de Fasecolda, economista de la Corporación Andina de Fomento (CAF), directora general del Presupuesto Público Nacional y, además, se destacó como Alta Consejera para la Competitividad y el Sector Privado del presidente Juan Manuel Santos.

 En su intervención habló de cómo había superado los obstáculos que el machismo le había puesto, ya que, además de ser madre y esposa, es una mujer con muchos reconocimientos a lo largo de su vida profesional. Bitácora la entrevistó por Zoom para profundizar sobre estos asuntos y nos encontramos con una mujer dispuesta, capaz y consciente de su valor en la sociedad. Nos dio “tips” para lograr una equidad de género, también nos reveló cosas de su vida personal y cómo no permite que el machismo entre a su hogar.

¿Cuáles son las cualidades de una mujer empoderada y con cuáles se identifica?

 Lo primero, es que ella misma tenga consciencia de sus capacidades y de su potencial. Es reconocernos a nosotras, mujeres, como iguales, como capaces y como líderes en muchos de nuestros frentes como en nuestros hogares o comunidades. Lo segundo, es contar con oportunidades de capacitación, educación, formación, y que en caso de no tenerlas, nos sobre la participación para que nuestra voz sea escuchada, que seamos un referente, que no nos quedemos minimizadas y seamos conscientes de nuestro papel y participar. Formarnos en la medida de lo posible y aprovechar todas las oportunidades, ser una voz tan válida como la del hombre, pero sobre todo sentirnos y saber que somos pares a ellos.

 ¿Ha experimentado algún tipo de discriminación de género en su trabajo? ¿Cómo ha abordado la situación?

 Honestamente siempre me creí igual, no había sentido discriminación por fortuna. Crecí en un hogar donde mis dos papás trabajaban, donde había mucha igualdad en general entre hijos e hijas, excepto, cuando mi hermanito menor empezó a ser adolescente, ahí me di cuenta de que mi papá empezó a ser mucho más permisivo con él que con mi hermana y conmigo. Empecé a notar que en el resto de los temas siempre fuimos tratados igual, mis papás siempre nos consideraron iguales y nunca nos encasillaron en ese rol de género. Pero hoy en día que tengo un hijo de 12 años me cuestiono si él fuera mujer si siguiese siendo igual de permisiva con él o no, de pronto no, porque tengo esos sesgos.

 ¿Cuál fue el detonante para luchar por el feminismo?

 Crecí muy tranquila, sin mucha conciencia de esas inequidades, y en el colegio también veía a mis compañeros como pares. Luego trabajé muchos años en el sector público y siempre me dieron la oportunidad de trabajar a la par y sin notar algún tipo de discriminación o, más bien, sin ser consciente de ella. Después, cuando estaba en la presidencia de la República, me tocaba relacionarme mucho con el sector privado y ahí me di cuenta de que casi todas las reuniones eran con hombres, por lo general las cabezas de las empresas eran hombres, cuando veía mujeres notaba una particularidad y era que normalmente estaban ahí porque esas empresas eran de sus familiares, de igual forma cuando había una vacante la lista de nombres era de hombres.

 ¿Cree que se vive más la discriminación a la mujer en el trabajo en el sector privado o en sector público?

 

En el sector privado no he tenido tanta experiencia, la verdad nunca he trabajado en una empresa. Trabajé en Fasecolda, que es una agremiación de compañías de seguros, se puede decir que sí es privada, pero es un gremio. Viendo las estadísticas, el sector público lleva la delantera con la participación del 50 % de las mujeres, quitando el sector militar, mientras en el sector privado había un sesgo hacia los hombres, así que es un tema más de nuestra sociedad y cultura que en el sector público ha venido ganando, tal vez por la regulación, pero hoy en día en el sector privado han entendido que dentro de su objeto social no puede dejar de lado el aporte a su comunidad.

 ¿Cómo hizo para tomar la decisión de renunciar a Fasecolda?

 A mí me parecía muy difícil limitar mi tarea, entonces fue una consideración personal, y soy de pronto un poco radical en eso, pero sí considero que es mejor actuar sin conflictos de interés, porque como saben, renuncié a este cargo por el nombramiento de mi esposo como ministro de Salud.

 Ahora, después estuvo en el Banco de la República y también renunció, ¿cómo tomó esta decisión?

 Fue una decisión muy difícil, porque para un economista es un sueño hacer parte de la junta del Banco, con su autoridad monetaria, en este pequeño grupo, y ser la tercera mujer en haber llegado a esa posición. Legalmente habría podido quedarme, esto implicaba que no podía acompañar a mi esposo a ningún acto, porque lo que sí prohíbe la ley a los miembros de la junta directiva del Banco es participar en proselitismo electoral o político, entonces yo podría haberme quedado, pero no participar es prácticamente aislarme, todo podía ser interpretado como proselitismo. Entonces, eso era demasiado difícil, también veía que, para el Banco de la República, que es una entidad que ha construido una credibilidad de las más altas en las instituciones del Estado, podía ser un riesgo que yo estuviera adentro, porque podía poner en entredicho sus decisiones, algo como “entonces la codirectora está votando, así porque le conviene para el próximo gobierno”.

 ¿Recibió comentarios negativos cuando decidió dejar algún cargo importante?

 

No, por el contrario, en los dos casos sentí mucho respaldo en general. Primero, cuando me fui de Fasecolda, más bien los comentarios fueron como “qué exagerada”, “eso se podía manejar”, “no había necesidad”, pero ninguno referente al género, tipo refiriéndose a que le toca seguir al esposo, no. Ahora, cuando tomó la decisión de renunciar a la junta del Banco de la República, más bien los comentarios fueron muy positivos, mucho respaldo, mucha comprensión de la gente. Creo que las dos fueron bien recibidas, en serio, todos los comentarios fueron de apoyo y casi de admiración.

 ¿Qué factores cree que influyen en que algunas mujeres no luchen por la igualdad de condiciones en ámbitos laborales?

 Primero, es uno ser consciente de que no me están dando la misma oportunidad, de que mi voz no está siendo escuchada y, segundo, también está en cuáles son las consecuencias de pronunciarse. Muchas veces hay temor, qué tal que yo levante mi voz, me queje y pierda mi trabajo. Ese temor sigue siendo un factor determinante en la limitación de las mujeres y esto va ligado con la autonomía que la mujer tenga en distintos frentes, sobre todo el económico. Si la mujer tuviera solucionado su tema de ingresos, no tendría problema en levantar la mano, pero muchas veces cuando esta posibilidad de generar ingresos se ve en riesgo, también se limita esa participación de la mujer, de ahí la importancia de contar con espacios de interacción para las mujeres, al interior de las empresas, donde las mujeres puedan encontrar un respaldo a sus situaciones.

 ¿Cuáles son esas actividades o acciones que realiza a diario en las que pone en práctica y demuestra ese empoderamiento femenino del que se habló en la charla?

 Asumir una actitud distinta, tanto en las decisiones técnicas sobre la conducta monetaria o crediticia, como al notar las actitudes de discriminación, siempre manifestarlo. Por ejemplo, si tú, siendo mujer, dices una idea nadie le presta atención, pero si un hombre dice la misma idea, ahí sí es brillante. Entonces lo que he venido haciendo últimamente es entender esas problemáticas, esas diferencias, la heterogeneidad y la complejidad de nuestro país para así posicionarlo y visibilizarlo cada vez más. El término de la equidad de género es un ganar ganar, ganan los dos géneros, gana el país, gana la comunidad y la sociedad que lo entienda y lo implemente.  

Ahora, ¿cuáles son las actividades o acciones concretas que realiza o ha realizado en los trabajos que ha desempeñado?

 A nivel de organización y de administración, hace mes y medio que todavía estaba en el Banco de la República, tuve la oportunidad de jalonar el tema de igualdad de género, de visibilizarlo, de cuantificarlo y de apoyarlo. Pude contar con un comité de equidad de género al interior del Banco, impulsar la medición de una posible discriminación en los cargos, las oportunidades de ascenso y los salarios, para tomar acciones. Ahora que estoy haciendo la recolección de firmas para la posible presidencia de mi esposo, he estado también muy metida con colectivos de mujeres y ha sido fascinante. He compartido con muchas mujeres líderes y muy diversas en todo sentido y he enriquecido también mi visión de la importancia del rol de la mujer en el desarrollo social y productivo del país. 

 Teniendo en cuenta toda la trayectoria profesional tan exitosa que ha logrado con su voz femenina, ¿cómo cree que lo ve su hijo?

 

Creo que un primer paso muy importante es el ejemplo y el modelo que vea en su casa y en su familia. Al igual que como me ocurrió a mí, mi hijo ve que sus papás son pares, como equipo, más que una relación jerárquica o de dependencia. Creo que esto primero es importante para que él vea que es un modelo posible, que es normal tener a los papás con las tareas repartidas, con sus vidas profesionales o personales desarrolladas según sus intereses y con ese balance al interior de la casa. Es un tema que cada vez coge más importancia, más visibilidad, más peso en los distintos ámbitos, por ejemplo, en el colegio de mi hijo también tienen con frecuencias charlas sobre los distintos roles, sobre el respeto y la equidad de género en general. Tanto por el lado de la casa, como por el lado de la educación y social, es muy importante que se vaya dando ese cambio en el comportamiento y, en el caso personal de mi hijo, creo que él es consciente de que a las mujeres nos toca más duro en muchos casos y que no tiene por qué ser así, que hay mucho todavía por trabajar y por cambiar y que él tiene que ser parte de ese cambio.

 ¿Cuál fue el proceso que sufrió en el tiempo de lactancia y qué le recomienda a las mujeres que están pasando por esta situación?

 

Por un lado, perder el temor a exigir, si uno ve que en su sitio de trabajo no hay un lugar de lactancia, es hablar y decir, “mire, necesito las condiciones para garantizar una lactancia segura a mi hijo”. Hoy está normado, es una obligación de las empresas grandes, por lo menos, tener estos espacios de lactancia. Entonces es fantástico, porque como les comentaba, lo que noté es que a las pobres mujeres les tocaba estar en el baño, no es el sitio ideal ni tiene los protocolos adecuados. Ya las empresas deben tener un sitio o están en proceso de construir sitios donde puedan hacer la extracción segura e higiénica de la leche. Debemos seguir creando conciencia de la importancia de implementar estos espacios y de que es un derecho.

 ¿Cómo se encuentra un equilibrio entre la vida profesional y la vida personal de una mujer líder que quiere hacer cambio en la sociedad?

 

En mi caso debo reconocer que es gracias a la valiosísima ayuda que he tenido de la persona que ha estado con mi hijo desde que nació. Tuve la fortuna de contar con una mano derecha fantástica, que se hizo cargo de mi hijo en esas jornadas iniciales. Cuando nació Tomás, yo estaba en el Ministerio de Hacienda, era la directora de este puesto y las jornadas eran desde muy temprano en la mañana hasta muy tarde en la noche muchas veces, pero tuve la ventaja de estar acompañada de una pareja con quien contar. Es encontrar ese balance, entre qué hace cada uno, qué podemos hacer y cuándo necesitamos pedir ayuda. La clave en las parejas es trabajar en equipo, ver que los proyectos y las responsabilidades son comunes y se distribuyen. Tenemos un proyecto de vida que compartimos, un hijo es un proyecto en común, entonces es pensar, cómo lo sacamos adelante, cuál es la mejor forma, cómo nos organizamos y todo con sus limitaciones.  

 ¿Le ha pasado alguna situación en la que se cuestionen su posición en el hogar?

 Por ejemplo, cuando llegan los del DANE a hacer el censo preguntan por el jefe de hogar, siempre me molesta, me molesta esa misma concepción que debamos tener un jefe de hogar, ¿por qué?, no sé, y puede que esté bien, pero a veces me pregunto: “¿Por qué jefe de hogar?”. Aquí somos una familia, una pareja, un equipo que comparte la responsabilidad, entonces jefe no, no siento que mi esposo sea mi jefe ni yo su jefe. Normalmente el encuestador le dice a uno “no, pues, el que genere ingresos”, no, los dos generamos ingresos, “no, pues, el que gane más”. Piensen que desde nuestra misma medición, concepción y estadística nacional ya estamos con ese cuento, con el jefe de hogar, ¿por qué tiene que haber un jefe de hogar?, ¿por qué tiene que ser por defecto el hombre?

 ¿Qué es lo que más se le ha dificultado tanto en el trabajo como en su familia? ¿Tiene alguna anécdota que lo pueda ilustrar?

 Creo que he logrado estar en los momentos más importantes para mi hijo, como sus presentaciones, entregas de notas, ya que puedo organizar el día para ir. Es en los momentos cotidianos donde siento más ese choque entre ser mamá y profesional, ya que las jornadas de trabajo a veces se extienden y no puedo tener momentos en la noche con mi hijo, por ejemplo, acostarlo, consentirlo.

 ¿Cómo cree que se le puede hacer entender a los hombres que nosotros también podemos ayudar para erradicar el machismo en la sociedad actual?

 Visibilizando el tema, que la equidad de género esté en el día a día de cada uno, que sea un tema que se hable y se estudie, así se capta la atención de ambos géneros, el siguiente paso es identificar el problema, ver cómo se presenta en nuestro día a día y generar acciones que ayuden a superarlo.

¿Pueden las mujeres realmente “ser lo que quieren ser” en Colombia?

¿Pueden las mujeres realmente “ser lo que quieren ser” en Colombia?

Texto por Estefanía Montes Ciro, Isabella Rodríguez Vélez, Lorena Castaño Morales, Valeria López Pinilla

“Tú puedes ser lo quieras ser”, nos dice la efusiva Barbie cocinera, doctora, constructora, veterinaria, peluquera, astronauta… la Barbie mil usos, la Barbie mil profesiones que puede salvar al mundo al tiempo que tiene su peinado intacto en sus famosos comerciales. Sin embargo, en el campo de la educación, y especialmente en el campo de la ciencia, históricamente las mujeres no han podido ser “lo que quieren ser”, y así lo demuestran los datos: según la Pontificia Universidad Javeriana, “hace 86 años accedió por primera vez una mujer a la universidad en Colombia. Para ese entonces, ya llevaban más de tres siglos funcionando las primeras universidades en el país”; según el Ministerio de Ciencias, “menos del 30 % de los investigadores científicos en el mundo son mujeres. En Colombia, para el año 2019 se tiene que, de 16.796 investigadores, 6.411 son mujeres, lo que se traduce en que son solo el 38 %”, y según la ONU Mujeres, “solo 3 % de los Premios Nobel en ciencias han sido otorgados a mujeres”. Según todos estos datos, ¿han podido las mujeres ser realmente “lo que quieren ser”? ¿Qué obstáculos han tenido y tienen que sobrepasar para acceder a la educación y al campo de la ciencia?  

Lee el artículo completo del Ministerio de Ciencias aquí: https://minciencias.gov.co/sala_de_prensa/en-colombia-solo-el-38-los-investigadores-son-mujeres-minciencias

Para hablar del papel de las mujeres en la educación, la ciencia y la sociedad, Bitácora ha hablado con una de estas escasas investigadoras en Colombia: Paola Andrea Arias Gómez, ingeniera civil y Magister en Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia, M.Sc en Ciencias de la Tierra y de la Atmósfera de Georgia Tech y Ph.D en Ciencias Geológicas de The University of Texas at Austin. 

Además, Paola —o Polita, como su abuela la llama— se ha destacado principalmente por sus trabajos investigativos en “el nicho en el que se siente totalmente realizada: las áreas del clima y las ciencias atmosféricas”, entre otras, y por ser docente en diversas universidades.

Por esta razón, ha sido una de las invitadas del evento En Femenino —realizado el pasado 7 de octubre—, donde habló acerca del papel de las mujeres en la ciencia. Bitácora la contactó para que, desde su enriquecedora experiencia como docente, investigadora, científica y mujer, relatara con mayor profundidad cómo vive ella el lado femenino de la educación, la ciencia y la sociedad. Estas fueron sus respuestas:

¿Cuáles cree usted que deberían ser las acciones que como sociedad debemos implementar para dejar de masculinizar la ciencia, las carreras y las profesiones en general? 

La educación es indispensable para no creer que la ciencia es algo lejano que se hace en unos súper laboratorios a los que nadie tiene acceso: hay muchas formas de hacer ciencia. Esta área se incentiva desde pequeños, con la exploración del mundo, la curiosidad y las preguntas que hacemos. Hay que irnos acercando a la ciencia de manera más orgánica. Aunque ya estemos grandes y tengamos una formación, es importante seguir promoviendo ese cambio y concientizarnos. Yo creo que la vida de cada una de nosotras va mostrando un camino y vamos viendo cosas que no nos imaginábamos cuando éramos niñas. Necesitamos romper esas brechas de género no solo en la ciencia, sino en todos los aspectos de la vida.

¿Cree que la educación actual va por buen camino? ¿Sí cumple con el propósito de incentivar el interés científico? 

Creo que hay cosas que han cambiado: tenemos cada vez más modalidades de educación, no solo la educación clásica, sino que van surgiendo otras formas. Hay personas incluso que toman la decisión de educar en casa, algo que antes no se veía y ahora es algo más, pero creo que sistemáticamente sigue habiendo un sesgo muy grande, porque tenemos una educación en la que muchas veces no se contextualiza el conocimiento que se adquiere

Usted que es docente universitaria, ¿ve esto en sus estudiantes? 

Sí. Me doy cuenta de que, por ejemplo, los estudiantes de los colegios llegan con falencias en cosas tan fundamentales como la comprensión lectora y creo que es porque nos educan de manera segmentada. Y así es en las distintas áreas del conocimiento, que nunca nos integran y por eso es que en las profesiones también somos segmentados. Por ejemplo, a los ingenieros no nos enseñan a meternos en otros temas sabiendo que hay conexión con lo ecosistémico, lo humano, lo social y con otras disciplinas. En este aspecto, hay mucho trabajo por hacer. Los enfoques de género son relativamente incipientes de forma estructural en la educación.

En el evento usted habló acerca del impacto que tuvo en su crianza la figura de su abuela. Por lo tanto, ¿cree que hay algún cambio generacional en qué tan accesible es ingresar a la educación para las mujeres? ¿Cómo ve que esto afecta especialmente el campo de la educación superior y de la ciencia? 

Sí veo cambios: al ver la realidad que vivió mi abuela, sus hermanas, su madre y cuando veo a mi alrededor, veo que hay oportunidades que van surgiendo. Veo en las jóvenes una mentalidad distinta a la que yo tenía alrededor de muchas cosas. Cuestionar muchas cosas del patriarcado, hablar de la menstruación que era el tabú, por ejemplo. Hay muchos asuntos en los que veo que hay más tranquilidad, más libertad y mucha más conciencia. Aún hay poca participación femenina, tanto en docentes como en estudiantes en algunos programas, así como hay otras áreas que se conciben como si fueran femeninas, por lo que creo que todavía hay brechas enormes y hay muchos imaginarios por resolver.

¿Qué cree que podemos hacer las mujeres, más allá de estudiar, para cerrar cada vez más la brecha generacional?

Muchas cosas. Es que no se trata solo de que las mujeres estudiemos más ciertos temas. Por ejemplo, la Facultad de Minas de la Universidad Nacional tiene la primera mujer decana en más de 100 años de historia, la Facultad de Ingeniería de mi universidad no ha tenido una mujer decana, la Universidad de Antioquia nunca ha tenido una rectora mujer, no hemos tenido una presidenta… No se trata solo de que estudiemos. Eso es uno de los indicadores, pero hay que aprender mucho más y es porque hay algo que es sistémico: no somos parte de los organismos tomadores de decisiones. Necesitamos equilibrarnos y tener opiniones distintas, mejorar nuestra participación en estos espacios.

Descubre todos los datos expuestos por la Pontificia Universidad Javeriana: https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/tag/mujeres-en-la-ciencia/

¿Cómo podemos tener una ciencia más “democrática” en nuestro país? 

La educación es muy importante y, por otro lado, está el generar “discriminación positiva”, es decir, que deba haber cierto porcentaje de mujeres por defecto. Debemos generar un cambio y una manera en la que podemos empezar a normalizar la participación femenina es con la discriminación positiva. Debemos pensar en convocatorias para financiar investigación en universidades o colegios en donde se exija la participación de niñas o mujeres jóvenes. Proyectos o propuestas dirigidas a mujeres son necesarias, ya que todavía estamos lejos de que esto sea parte de la conciencia colectiva. Esta discriminación es necesaria, pero llegará un momento en que naturalmente haya más mujeres interesadas en otras áreas.

¿Qué piensa usted de la distinción que hay dentro de las propias ciencias sobre cuáles son más “fáciles” o “difíciles”? ¿Cómo podemos cambiarlo? 

Creo que eso es un error enorme y que es parte de la segmentación que tenemos en la educación. Tendemos a valorar unas áreas sobre otras, en parte porque creemos que esas áreas son más importantes o porque el sistema que tenemos ha promovido que se tenga mayor acceso a recursos económicos desde algunas áreas. Por ejemplo, en algunos contextos estudiar filosofía o arte no es bien percibido, mientras que estudiar derecho, medicina, ingeniería o programas que tienen la visión de tener “futuro” o tener “campo laboral” son mejor percibidas, cuando existe campo laboral para todo, pero no lo tenemos igualmente valorado.

¿Se crea esta valoración desbalanceada solo cuando llegamos a la educación superior?

No. Este es el error que arrastramos desde que somos pequeños, porque desde esas edades vamos creando unos imaginarios donde hay unas disciplinas más importantes que otras, y en las mismas universidades se siguen promulgando cuando caemos en esos egos disciplinarios. Incluso dentro de las mismas disciplinas hay clases, como en el mundo de las ciencias exactas e ingenierías. Tenemos que exponernos a discursos distintos. Hay que entender que eso está inserto en una sociedad en la que hay diferentes tipos de enfoques, en donde hay distintos complementos. Hay que entendernos como complementos, y no debería haber barreras para la elección de lo que queramos hacer.

Conoce la participación de Paola Arias en el Panel Intergubernamental de Cambio Climático: https://www.udea.edu.co/wps/portal/udea/web/generales/interna/!ut/p/z0/fU-7bgIxEPwVKK60bC4RgfJ0ipAQVSJF4AYNtjk2GK-xTRTl62MuVRq6ndl5aKSWW6kDvmhAIQ7wFe_0fL9Y9u2se1ab1du6V928715f3j827aKVa6kfC2oCfV6vupPacCjuu8ht5FTgb9ahUcj_0Ykv7u–BbKwLk9gYKfmaYrlhQxyoygMLpBLI2lH25hdDVzfnnKB5UbFxEeXOUFEsIdAImQx1IYfce-odCpkKLJwHocqNHW2oGiMjGe9-wUqNPGF/

¿Cómo podemos proyectar la pasión individual por la ciencia y colectivizarla en la transformación de cada realidad comunitaria? 

Todo recae en la educación. No es solo desde el punto de vista de qué programa escoger, sino que la educación que muchas mujeres recibimos y hemos recibido nos va llevando a otras visiones: por ejemplo, ser madre y ser profesional son cosas que compiten. El entorno en el que estamos nos pide cosas: para muchas mujeres en Colombia casarse es la única manera de progresar. Muchas niñas nunca se imaginan nada más porque ese es el referente que tienen, se les apaga ese sueño. Más que forzarlas a escoger una carrera que estudian mayoritariamente los hombres, es que puedan escoger lo que quieran ser, que no haya barreras para ser lo que quieran ser. 

A partir de su experiencia como mujer, ¿en algún momento o espacio se ha sentido vulnerada por su condición femenina?

Sí, claro. Yo creo que esto es algo que se percibe en muchos ámbitos. Por ejemplo, tener o no tener novio es una presión enorme. Yo no soy casada, entonces aparecen comentarios como “ay, tan exitosa… pero bueno, ya llegará alguien”, siempre con la idea de que hay una incompletez por no tener pareja. Tampoco tengo hijos, por lo que recibo comentarios como “ay, ¿y los hijos para cuándo?”, y también desde el prejuicio de lo que hago y he logrado, con cosas como: “¿Tienes hijos? ¿No? Ah, con razón”.

¿Qué casos ha tenido en donde se haya sentido así? 

Una anécdota es cuando estuve hospitalizada y me sentí señalada por parte del cuerpo médico. No sé si es por las barreras mentales de las que todavía me tengo que liberar, pero eran muy insistentes en preguntarme si estaba casada o si tenía hijos. Esas son cosas que una misma debe confrontarse y una se pone unos pesos de los que se tiene que liberar, como “tener que seguir el camino de todas”. Cuando era estudiante nunca me cuestioné tampoco las pocas profesoras que tuve durante mi vida académica. Además, tuve una entrevista donde me preguntaron si tenía hijos, a lo que respondí que eso no era algo que tuviera que responder, ya que, si fuera hombre, no me estarían haciendo esa pregunta. 

¿Siempre ha sido consciente de este desbalance?

No, esa es una sensibilidad que he ido despertando con los años. Si recuerdo mis interacciones con mis compañeros hombres de universidad, me pongo a pensar que era algo fuerte, como las presiones alrededor de nuestro cuerpo, de un montón de cosas que no venían al caso y pienso “¿cómo, en su momento, acepté eso?”. Eso es parte de esa sensibilidad que tenemos que abrir, de esa conciencia que debemos abrir desde edades más tempranas. Pienso que tenemos un lavado cerebral muy grande que ya vamos poco a poco eliminando, pero creo que hay muchas cosas que aún nos tenemos que replantear. 

Revive la charla En Femenino: https://www.youtube.com/watch?v=I-jK17jQH3A

Me parece impactante lo que nos dice porque, ¿qué hacemos midiendo el éxito de la gente cuando tiene familia? Usted puede ganar un Nobel, puede ir a Marte y volver, pero… “ay, no tiene hijos, ¿qué está haciendo con su vida? ¡No la desperdicie!”.

¡Si!  Y eso pasa solo con las mujeres, porque en el hombre se valora diferente: él es el soltero, que “no se ha puesto todavía las pilas”, que tiene hasta los 50-60 para ponérselas y quiere tener familia, mientras que nosotras a los 50-60 no tenemos esa opción. Hay un montón de pesos que nosotras mismas nos los ponemos a veces. Yo ahora pienso cómo en el pasado dejé pasar muchas cosas. 

¿En qué aspectos de su vida siente estos “pesos”?

En muchas cosas. A veces cuesta, por ejemplo, responderle a un hombre en un cargo de autoridad con propiedad, porque te tildan de amargada, de histérica, de “brava”. No, no estoy brava, solo estoy diciendo lo que pienso. Nos cuesta, pensamos que no debemos incomodar, no hacer sentir mal, nos tenemos que portar bien, ser señoritas, ser damas que no dicen vulgaridades… Un montón de cosas que ahí están y que a veces nos damos cuenta cuando vemos a otra chica y la cuestionamos y criticamos. 

En ese aspecto, ¿siente que ahora usted es más consciente?

Sí. Me pregunto: ¿qué estoy cuestionando ahí? Siempre dando cuestionamientos de la otra, algo que también nos enseñan implícitamente: competir entre nosotras. Tenemos que llegar más lejos, porque muchas niñas nunca se les ha planteado la posibilidad de pensar algo distinto que el mundo en el que están, no se les permite siquiera considerar la posibilidad de que algo puede ser remotamente diferente. 

¿Siente que alguna vez se le ha tildado de tener “menor capacidad intelectual” en su ejercicio académico y profesional?

Por mi experiencia personal, nunca sentí que fuera cuestionada mi capacidad de hacer algo, precisamente por el ambiente familiar de apoyo que tuve, probablemente porque también pude estudiar con algunas mujeres, pero nunca sentí que se me viera en desventaja, pero soy consciente de que mi experiencia es una y creo que hay áreas en las que eso es algo común. También creo que tiene mucho que ver con los contextos, con los entornos académicos. De todas formas, sí he llegado a situaciones así, pero más que todo ahora es cuando he sentido que mi voz no es igualmente escuchada por ser mujer y latina, ya que la región también le pone peso a esta situación.

Se ha hecho muy común que por el hecho de ser científico no se crea en Dios o en algo religioso, ¿qué piensa de eso y cómo lo maneja usted? 

Creo que puede depender incluso de las áreas de la ciencia, aunque realmente no profeso ninguna religión. Por ejemplo, alguien que se proclame católico en ocasiones puede tender a mirar las cosas como científico. Nunca he sentido en mi entorno algo alrededor de alguna religión, siempre he estado en un contexto muy agnóstico, pero supongo que en caso tal, tendría cuestionamientos que terminan generando aceptación por las distintas visiones que existen.

Conoce el informe “Las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas en América Latina y el Caribe” de la ONU Mujeres: https://lac.unwomen.org/es/digiteca/publicaciones/2020/09/mujeres-en-ciencia-tecnologia-ingenieria-y-matematicas-en-america-latina-y-el-caribe

Hablando del campo laboral, que es algo que sufren muchos universitarios cada semestre, ¿usted como profesora cómo lo maneja con sus estudiantes?

Creo que a veces es complejo, porque no podemos dejar de reconocer los momentos coyunturales y la crisis que vivimos: la pandemia. En la Universidad de Antioquia se encuentran estudiantes de estratos 1 y 2 que viven en regiones alejadas, en donde al inicio de la pandemia había muchas dificultades para tener acceso a internet y que además muchos de ellos viven en zonas de conflicto. Ver eso y verlos a todos perfilándose es en parte también la oportunidad de motivarlos para que busquen formas de salirse del molde. 

¿Cómo cree usted que podemos mejorar esa situación de crisis?

Promoviendo esa actitud de lucha, de resistencia. Siempre lo tomo desde esa conciencia, de que tenemos que resistir y que parte de eso también es cómo nos vamos perfilando como profesionales. Hay que sacudirnos de los imaginarios que nos imponen: normalmente, el “le está yendo bien” tiene signo pesos. Replanteémonos cosas distintas e intentemos borrar ese imaginario que nos ha llevado a la crisis que tenemos actualmente.

En la charla, usted habló de una colectiva que tienen en la Universidad de Antioquia llamada “In Género”, ¿cuál es el propósito de este proyecto y cuál es el impacto que esperan tener? 

Es una colectiva que todavía es muy pequeña, y está conformada por unas profesoras de la Facultad de Ingeniería, por estudiantes y empleadas administrativas. Parte de buscar alianzas entre las ingenierías y busca cambiar esa brecha de género que hay, no solamente por el hecho de que haya pocas estudiantes en determinados programas que siguen estrategias para motivar e invitar a las niñas a que los estudien, sino también para mostrar las realidades de las mujeres en estas carreras. Puede haber ingenierías con mayoría de estudiantes femeninas, pero pueden seguir existiendo asuntos de género que hay que resolver. 

¿Qué tipo de temas abarca esta colectiva?

Desde acá se ha buscado abarcar los casos de violencia sexual acompañándose del bienestar universitario de la facultad. Buscamos algo más allá que solo obtener más estudiantes de género femenino. Recientemente se hizo una encuesta de qué tipo de asuntos de género perciben y nos sorprendió que, en muchos casos, de las carreras con poquitas mujeres, ellas sentían discriminación desde sus compañeros del género opuesto, y cómo esto las lleva a asumir actitudes distintas para sobrevivir, como tomar posiciones más agresivas y defensivas, precisamente para generar el respeto masculino.

¿Saben si esto sucede más allá de las ingenierías? 

Evidentemente esto no solo pasa en ingeniería, eso hay que tenerlo claro. También entendemos que hay que mezclarnos, estamos siendo binarias. Ha sido una iniciativa más que todo de mi facultad que ha tenido esas alianzas con las carreras y que yo, personalmente, quisiera extenderles la invitación para conocer esta colectiva y que podamos buscar el espacio para que Eafit y la U. de A. converjan para ver qué cosas podemos trabajar juntas.

¿Cómo se sintió en el evento En Femenino?

En Femenino me pareció un proyecto muy chévere, muy entre sus estudiantes y creo que se pueden lograr grandes cosas. De pronto intentar llegar a los colegios, aliarse con muchas más universidades para generar peso en la importancia de este evento. Creo que de esto pueden surgir cosas muy buenas. Y que, así como hay asociaciones de estudiantes de mil cosas, debería haber algo que sea con colectiva de género y que amplie la mirada del género, no solo hacia la mujer.

¿Cuál es el futuro ideal que le ve al papel de las mujeres en la ciencia, en la educación y en la sociedad? ¿Cómo cree que podemos avanzar hacia ese punto? 

Imagino un futuro en el que podamos estar trabajando en conjunto hombres y mujeres sin las barreras que tenemos actualmente, que no sea exclusiva de los hombres y las mujeres y que podamos estar investigando para resolver asuntos de nuestro país. Me gustaría tener un montón de visiones distintas, no únicamente sobre el área en la que me destaco, sino buscar una visión integral. También, me gustaría algo como un centro de excelencia o de investigación alrededor de todas las áreas de conocimiento y en donde no haya distinción entre hombres y mujeres, en donde podamos tener la posibilidad de elegir entre todos y trabajar juntos. Eso es lo que me imagino.

 

Yina Cartagena: De las escuelas del Inder a los grandes escenarios del ultimate femenino

Yina Cartagena: De las escuelas del Inder a los grandes escenarios del ultimate femenino

Texto por Julieta Ossaba, Tomás Betancourt y Pablo Orozco

 

El rol de la mujer no siempre ha sido el mismo, este cambia a medida que evoluciona la sociedad. Con el paso de los años, la figura femenina se ha valorado cada vez más, combatiendo el machismo que la ha privado de derechos básicos, como el derecho al voto, por nombrar alguno de ellos. Hoy en día, son muchas las que se destacan en distintos ámbitos y son una fuente de inspiración, tanto para otras mujeres como para muchos hombres. Es por esto que en Bitácora decidimos cubrir el panel Mujeres en el Deporte, el cual se llevó a cabo en el evento En Femenino, realizado por la Universidad Eafit.

 Durante la conversación, que tuvo como invitadas a Cecilia Baena (patinadora profesional), Mónica Sarai Arango y Estefanía Álvarez (ambas profesionales en natación artística), se desarrollaron diversos temas, como el poco reconocimiento hacia las mujeres deportistas, la importancia del estudio en la vida de un deportista de alto rendimiento, los valores que se deben de tener para llegar lejos en el deporte, entre otros.

Para profundizar más sobre estos temas entrevistamos a la reconocida jugadora profesional de ultimate, Yina Paola Cartagena, de 31 años de edad, licenciada en Educación Física de la Universidad de Antioquia y actual entrenadora del seleccionado de ultimate de Eafit. Después del Mundial en Japón, en 2012, fue nombrada como la mejor jugadora del mundo.

Instagram: @Yinacarta

¿Cómo conoció el deporte? 

Conocí el ultimate en el año 2006, en el barrio en San Javier, en la comuna 13. Lo conocí a través de una amiga que era vecina mía y practicaba porrismo con el Inder y me invitaba a ver sus coreografías, hasta que un día fui a verla practicar, aunque el porrismo nunca me hubiera llamado la atención. Al lado de donde ella practicaba estaban jugando ultimate, en ese entonces ni siquiera sabíamos que se llamaba así. Cuando mi amiga terminó le dije que fuéramos a que nos prestaran un disco y cuando fuimos, el entrenador me echó todo el cuento y me dijo que me enseñaba a lanzar. Algo que pasaba es que como también entrenaba vóley, entonces muchas veces se me olvidaba ir, pero empecé a ir. 

¿Y así ingresó en las escuelas del Inder?

Ese mismo año salió un proyecto del Inder que lo llamaron “desarrollo deportivo”, y en ese entonces el ultimate no lo practicaba mucha gente y prácticamente yo era la única niña que lo entrenaba. El proyecto consistía que cada escuela tenía que llevar a un niño y a una niña por cada deporte y ahí fue cuando se me abrió el mundo. En ese proyecto nos hicieron unas pruebas físicas, psicológicas, técnicas, de todo, y al final decían quiénes habían sido los ganadores. En Medellín había 15 escuelas de ultimate entre las cuales gané y desde ahí me cambió la vida. Sin mi familia saber que yo practicaba, nos anunciaron que nos iban a llevar a Cuba, que el Inder nos pagaba todo, y yo nunca había salido de la ciudad. Desde ese momento le metí toda la ficha. 

¿Qué fue lo que más le llamó la atención?

El ultimate me mostró que es un deporte de oportunidades de salir, de viajar, de conocer gente de afuera, de todos los países, y ahí me quedé más que todo por las muchas oportunidades.

Instagram: @Yinacarta

¿Cuándo entró en este mundo qué tan reconocidos eran los clubes femeninos de ultimate?

Cuando inicié, prácticamente era la única niña, pero poco a poco fue creciendo, pero como ultimate no tenía liga en ese entonces, me metieron a un equipo llamado Revolution, el cual es el equipo en el que sigo jugando hoy en día. Revolution existe desde 2004. Cuando ingresé a este equipo competitivo fue que empecé a vivir el ultimate en forma. Que yo conozca, había como ocho equipos femeninos, y en hombres siempre ha habido mayor cantidad. También me tocó ver como varios equipos dejaban de existir por que la gente dejaba de entrenar.

¿En qué momento se dio cuenta de que quería ser una profesional del ultimate y vivir de ello?

En 2007, porque la competitividad aumentó bastante, entonces nos llevaron a varias ciudades, y ese mismo año nos llevaron a Estados Unidos, nos dieron la visa y ahí fue cuando lo vi como una oportunidad. 

https://www.youtube.com/watch?v=HsMadT2kQ0A 

¿Es más factible sobresalir en el ultimate si se sale del país?

Desde que yo he estado hay dos ramas, una muy recreativa y una más competitiva, que toma el deporte en serio y busca que se practique formalmente. Para mí es súper importante salir, desde que estoy en Revolution hasta ahora cada año hacemos un viaje internacional y esa ha sido la manera de llamar la atención de empresas privadas, del Estado, de que nos hagan una nota o nos pongan en el periódico, porque si uno no muestra resultados es difícil llamar la atención. Entonces todo depende de cuál sea tu objetivo.

¿Cómo ha sido el apoyo por parte del Estado?

Al principio era nulo, el deporte ha sido catalogado para gente de estrato alto, porque es costoso a nivel competitivo, ya que implica viajar a distintas partes y en Colombia es más lo que gastamos nosotros los jugadores a lo que recibimos. Al principio no teníamos mucho apoyo, porque el deporte no estaba legalizado, no había liga o federación, como era un deporte que no entraba todavía en el sistema nacional o regional no recibíamos mucho apoyo. Teníamos contactos con empresas privadas, pero más que todo era que un papá de una niña que juega tiene una súper empresa y nos dio 50 millones o algo así o Fabricato que estaba mirando donde poner sus donaciones y nos dio plata. Así es como poco a poco hemos recibido apoyo. Ahora que el deporte es más conocido y se ha oficializado más, hemos recibido apoyo

¿Qué estrategias cree que podría implementar la Universidad Eafit para ayudar en la academia a los y las estudiantes que son deportistas de alto rendimiento?

Ya hay estrategias como la matrícula preferencial y uno tener la oportunidad de escoger el horario para poder entrenar bien. Creo que la Universidad puede resaltar más a los que la representan deportivamente, para evitar problemas con los profesores y los permisos. Informarles a los estudiantes de las posibilidades de realizar actividades a lo largo del semestre.

¿Por qué hoy en día es fundamental encontrar un balance entre el estudio y el deporte?

Es como todo, uno debe educarse en lo académico, pero también hay que tener otras actividades por fuera del estudio. Es una forma de encontrarse a sí mismos y a otras personas. Es muy importante este balance.

A raíz de su reconocimiento como la mejor jugadora de ultimate del mundo, tras el mundial de Japón, ¿qué cambios evidenció en su carrera deportiva?

Me ha servido para que la gente me pueda identificar más fácilmente, gracias a ese reconocimiento tuve ofertas de trabajo por parte del Inder, estando tan solo en segundo semestre de universidad. Por fuera del reconocimiento, me toca ser un humano más, porque por esas razones no es que me den de comer, no me dan plata y me toca trabajar y luchar. Además, ese reconocimiento me da continuidad para que pueda seguir siendo deportista. Renuncié al Inder, porque no me estaban dando suficientes permisos, pero acá en la universidad me apoyan completamente para todo, en este momento siento que estoy viviendo la vida que quiero.

¿Los logros que ha cosechado han tenido el suficiente reconocimiento?

En este momento tengo buen reconocimiento, si yo quisiera ir a un equipo por fuera solo por vivir la experiencia, cualquier equipo me recibiría. Pero no hay apoyo económico, es solo imagen. Es más, este año decidí jugar con un equipo de Estados Unidos, de Nueva York, gracias a mi gestión, el equipo me paga el tiquete, el hospedaje lo tengo, porque mi novio vive allá, me colaboran con esas cosas, pero sin ganar un sueldo, todavía lo hago como hobbie.

¿En algún momento el ultimate puede llegar a ser considerado un deporte olímpico?

 Sí, por ahora el deporte se encuentra en el ciclo de los World Games, que es el que le sigue a nivel de importancia a los Juegos Olímpicos. Se tiene previsto que para los juegos de 2024 la disciplina entre como exhibición y ya dependiendo de cómo le vaya, lo dejan o no como deporte olímpico. Lo qué pasa es que el ultimate, al ser un deporte que se rige por la filosofía del espíritu de juego, es difícil su juzgamiento. Probablemente cuando entre como exhibición se le hagan algunos cambios, como se hizo para realizar la liga profesional masculina. Estos ajustes son necesarios al haber público y temas tan importantes como medallas olímpicas.

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¿Cómo mujer pudo notar ventajas o desventajas en su proceso deportivo?

La verdad es que he sido una mujer afortunada y tengo una fuerte personalidad, también por haber crecido alrededor de hombres. No sé si he sido afortunada, o lo que dice la gente que uno crea el camino que merece, pero la verdad no me he sentido como tal en desventaja. De pronto en lo físico, cuando uno juega con los hombres, porque físicamente son mejores. Por el otro lado, he sido muy afortunada porque apenas entré al deporte participé en “Mujeres jóvenes talento” y, al ser una de las únicas mujeres en ese deporte y porque me fue súper bien en el torneo, me dieron mayor importancia.

¿Qué ventaja aporta ser mujer a la hora de jugar ultimate?

 Las mujeres tendemos a fortalecer nuestras fortalezas, es decir, supongamos que vamos a jugar contra Estados Unidos, donde ellas físicamente son superiores a nosotras, es ahí cuando nos preguntamos ¿en qué somos buenas?, si somos buenas jugando en corto, entonces es es así como vamos a jugar durante el partido. Por otro lado, los hombres son más competitivos con el ego. Quieren ganar de la manera en como juega el adversario, sin mirar sus fortalezas y usarlas a su favor. En resumidas cuentas, nosotras somos más analíticas y estratégicas a la hora de jugar, siempre enfocadas en nuestro juego en vez de estar pensando en el rival.

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¿Cómo cree que su carrera ha influido e inspirado a las niñas y jóvenes que hoy en día se adentran en el mundo del ultimate?

He sido un ejemplo a seguir, más que todo por la continuidad; llevo 15 años jugando y desde que tengo memoria he sido una deportista destacada. Creo que la gente ve en mí que es posible, porque solo se necesita disciplina y ganas. Y creo que como ya se ven los frutos, eso va a motivar más a la gente.

¿Qué figura en el deporte la inspiró para llegar a donde estás y la ayudó a seguir avanzando?

Más que haberme inspirado, me han guiado. He pasado por varios entrenadores hasta mi entrenador actual, ha sido la persona que básicamente ha acompañado todo mi proceso y se ha vuelto como un papá, él me trata como una hija, me ha guiado tanto en lo deportivo como en lo personal, me ha enseñado su manera de ver el mundo. Él me impulsa a seguir por el buen camino.

¿Qué tiene el ultimate para enseñarles a los demás deportes y a la sociedad?

Primero, que a pesar de que es una competencia y que pueden pasar tantas cosas, nosotros tenemos un poco más de conciencia y autocontrol. Cuando inicié a jugar, uno se toma las cosas más personales y a uno le duele perder, o piensa que el rival es el enemigo, entonces un equipo no saluda a otro, porque nos veíamos como rivales, pero no, uno aprende y la cultura lo absorbe. Uno a veces quiere que al rival le vaya bien, uno felicita al otro por una muy buena jugada, es un trabajo colectivo, no es ir a ayudarle al rival, pero ver que el otro progresa es satisfactorio. Nunca hacer las cosas con la intención de dañar al otro, antes valorar que gracias a que ese equipo está ahí, estoy teniendo un buen partido. 

¿Qué rol juegan las mujeres en el deporte y en especial en el ultimate?

El rol más importante es que las mujeres deportistas son un ejemplo para las que no son o tienen ese sueño frustrado. Somos ese ejemplo de que podemos hacerlo y podemos hacer más. Además, he escuchado que nosotras embellecemos el momento. La gente dice que nosotras nos vemos hasta bonitas jugando. Digamos que es la energía femenina y también se vuelve un complemento para los hombres, como que todo sea más completo, porque nosotras tenemos mucho poder de hacer lo que queramos.

¿Qué proyectos se vienen para Yina en el futuro?

Espero seguir entrenando fuerte para mantener el nivel. Esta próxima semana el ultimate entró a unos torneos de mar y playa y, gracias a que el deporte entró en ese circuito, ya sacaron a los mejores de Antioquia y nos van a brindar apoyo prácticamente completo, nos van a pagar el viaje, implementación deportiva, médico, nutricionista, odontólogo, terapeutas, entre otras cosas más.