Manifestaciones en la primera línea

Hoy en pleno paro, la estigmatización que viven las comunidades indígenas no es solo por parte del gobierno sino también del pueblo colombiano. Es importante resaltar el rol que juegan los medios de comunicación en el Paro Nacional y como muchos de ellos están promoviendo el racismo y la estigmatización indígena, incluyendo también a aquellos políticos que han usado sus redes sociales para denigrar la cultura indígena.

Es por esto que en esta charla hablaremos sobre la estigmatización indígena en el Paro Nacional y el rol que han tenido los medios de comunicación en la propagación de esta.

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Esta es Lupe, o lo que dicen de ella

Tomada del Facebok de Guadalupe
Esta es Lupe, o lo que dicen de ella
Se describe a sí misma como una chica problema, inquieta, autónoma e independiente; que nunca necesitó, ni pidió permiso para nada, ni siquiera para a los 9 años hacer su primer ‘rato’.

 

Desde muy joven, Yason se entregó al centro, el Parque de Bolívar se convirtió en su casa. Vendía chicles y reciclaba, y a los 9 años empezó a “hacer ratos”. Descubrió que la calle no era fácil; recibió su primera puñalada, un puntazo, y escuchó los gritos de su mamá cuando, a plena luz del día, la vio vestida como Guadalupe por primera vez.   

   

Son las 2:00 p.m. y el Parque Berrío, como todos los días, está en movimiento. Desde la entrada del Palacio de la Cultura hay unas rejas que encierran todo el Parque Botero y promueven títulos cómo “centro consentido” y “Medellín enamora”, buscando así que las personas sientan más seguridad.

 

Los policías rodean todo el lugar, y, aun así, los únicos que se atreven a caminar despreocupados y a sacar sus cámaras profesionales, son los extranjeros que en realidad no se percatan del peligro que habita siempre en esta zona. Los músicos de la Red de Escuelas de Música ambientan el lugar con su ensayo para el concierto que se dará en el Museo de Antioquia. Mientras, las trabajadoras sexuales, recostadas en las gordas de Botero, esperan pacientes, bajo un sol incandescente, a sus clientes.

   

A lo lejos se acerca una mujer de baja estatura, morena, y de cabello rizado. Lleva un vestido gris, corto, para evitar que la tela roce una quemadura que días antes se hizo con el mofle de una moto. Se acerca sonriente y dice: 

–¡Como estás de linda! Tiene una voz que es grave y dulce. Es Guadalupe. Mejor subamos al Parque de Bolívar, nos dice.

   

Del Parque Berrío al Parque de Bolívar hay siete minutos caminando por la Avenida Palacé, y ella recorre las calles con total seguridad, como si estuviese pasando de la sala a la cocina de su casa. No lleva tapabocas, dice que no cree en eso, lleva toda la pandemia de Covid-19 sin usarlo y no le ha dado nada. Tampoco se piensa vacunar, no confía en esas cosas.   

   

Al atravesar la Avenida Maracaibo, a una cuadra del Parque de Bolívar, se hace más evidente el calor y la sed, así que Guadalupe se acerca a una cigarrería para comprar una cerveza Pilsen de un litro y unos Choclitos, de los que se antoja en ese momento.    

   

Ya en el parque, en busca de sombra, se sienta en una banca desde la que se observa el pasaje de Junín. 

  

“A los 9, mucho antes de ser trans, llegué al centro y me mantenía aquí. En ese tiempo me le volaba a mi mamá, me le robaba la ropa a mi hermana y me vestía de mujer, y cuando me iba a ir para mi casa, me volvía a cambiar, ¿si me entiende?”, cuenta.  

 

Lupe recuerda que un día en la tarde, su mamá la vio vestida con blusa y falda corta desde la chaza en la que vendía tintos y cigarrillos. Ante esto, reaccionó de forma histérica y comenzó a gritarle.

  

“En mi casa nunca hubo rechazo hacia mí, porque desde muy polla tenía rasgos femeninos que no lograba entender. Sentía atracción por la ropa femenina, quería verme como una niña y jugar con juguetes de niña. Incluso llegué a un punto en que me daba piquitos con los niños de la guardería”, narra.  

  

Mientras termina de comerse los Cholitos y presiona una y otra vez la bolsa en sus manos, se describe a sí misma como una chica problema, inquieta, autónoma e independiente; que nunca necesitó, ni pidió permiso para nada, ni siquiera para a los 9 años hacer su primer ‘rato’.

 

Hacer ratos es prestar un servicio sexual, y la primera vez que lo hizo se dio cuenta que así ganaba más que vendiendo chicles. Desde entonces espera cada noche por un nuevo cliente; algunas veces cuenta con suerte, pero en ocasiones se encuentra con hombres que solo quieren hacerle daño.

    

Lupe recuerda, tranquilamente, cómo hace unas horas tuvo que correr de un hombre que la montó en su carro y la llevó a Rionegro, para luego bajarse a perseguirla con un machete, y eso, porque no fue capaz de sacar la escopeta recortada que también tenía preparada. Nadie la ayudó, ni siquiera cuando llegó corriendo y gritando que la querían matar, después de un trayecto largo hasta Marinilla.

  

“En estos días yo escuché las palabras de un man que decía que él estaba acostumbrado a matar a dos o tres diarias. También, ahora salen en grupitos en un taxi, uno se monta atrás y uno adelante, entre los dos van y le hacen el chanchullo a la pelada, la matan y por allá la dejan”, asegura.  

  

Guadalupe ya sabe discernir entre los hombres buenos y los malos. Cree en las energías y confía en que la calle la ha preparado para escoger a los clientes con buenas intenciones por encima de aquellos con caras pesadas, de psicópatas, hombres que quieren la chupada sin condón o que quieren tener sexo sin preservativo.

 

No solo desconfía de los hombres. La experiencia le ha enseñado que otras trans pueden violentarla si se dan cuenta de que ella está en su zona, que es más bonita o que consigue más clientes.

 

“Una amiguita me decía: ‘Parce entre trans deberían apoyarse, pero mor, yo veo que entre ustedes se hacen la guerra’. Es así, siempre ha sido así”, recuerda.

La chica problema, la autónoma, la inquieta, la independiente, la curiosa, la trans, la feminista, la drogadicta, la bonita, la vendedora de dulces, la de los ratos, la religiosa, la cualquiera, la morena, la peleonera, la de las energías, la puta, la del monte, la del Picacho, la incrédula, la espiritual, la antivacunas, la fiestera, la leal, la guarachera, la borracha, ‘la niño’, la loca, la indecente.

 

Esta es Lupe, o lo que dicen de ella.



En este espacio va el pide de foto / Foto por Bitácora

En la categoría Mejor Perfil el jurado fue Mario Alberto Duque Cardozo, periodista, magíster en Escrituras Creativas y profesor de Periodismo Narrativo en el pregrado de Comunicación Social de la Universidad EAFIT.



No es el tema marginal el que me parece destacable, sino la capacidad de las autoras para poner en escena, con mayor acierto, al personaje, retratándolo mejor, recreando los espacios por donde se mueve. Se atreven con los diálogos y las descripciones con atención a los detalles, eligiendo bien aquello que da pistas sobre cómo ve el mundo Guadalupe.

Mario Alberto Duque Cardozo