Necoclí a paso de tortuga

Cuatro de las especies de tortugas marinas que existen en el mundo llegan cada año a Necoclí para poner sus huevos —desovar—; su cuidado es una responsabilidad asumida por sus pobladores y por los turistas. Dos estudiantes reporteras de Comunicación Social de la Universidad EAFIT, Ana Isabel y Karla, hicieron parte del Primer Campamento Científico Tortuguero, en Playa Bobalito

Continuar leyendo

Aumentan feminicidios en Antioquia con respecto al 2020

Aumentan feminicidios en Antioquia con respecto al 2020

El confinamiento por la pandemia de Covid-19 pudo contribuir a que cayera el número de feminicidios sexuales perpetrados por agresores desconocidos para las víctimas, a la vez que aumentaban los feminicidios íntimos, en los que el agresor es un miembro de la familia o la pareja sentimental.

Antioquia encabeza la lista de los departamentos del país con mayor número de casos de feminicidios. Entre enero y agosto de este año (los datos corresponden al año 2021), la Policía Nacional reportó 116 asesinatos de mujeres en Antioquia. Esto representa un aumento del 18% con respecto al mismo periodo de 2020, según el Observatorio de Asuntos de Mujer y Género de la Secretaría de Mujeres de la Gobernación de Antioquia.

 Este incremento es superior al de los homicidios en general, que ha sido del 6%. Del total de asesinatos a mujeres este año, la Policía registró 18 como feminicidios. Las cifras de septiembre no habían sido publicadas al momento de escribir esta noticia.

 Los datos oficiales no coinciden con los de organizaciones no gubernamentales que se encargan de velar por los derechos de las mujeres, como la Red Feminista Antimilitarista, que ha registrado 39 feminicidios en lo corrido del año solamente en el Valle de Aburrá.

 Valeria Acosta Isaza, profesional social del Observatorio de Asuntos de Mujer y Género, reconoce que existe un subregistro importante y que “la impunidad en los casos de feminicidios es absurda”. Explica que no hay suficiente rigurosidad en el estudio de los casos de homicidios a mujeres, lo que impide que muchos de estos puedan ser tipificados como feminicidios. 

 La Ley Rosa Elvira Cely establece las circunstancias que pueden determinar que un delito sea clasificado como feminicidio. Entre ellas están: haber tenido una relación familiar o de convivencia con la víctima en la que se hayan dado casos de violencia; aprovechar relaciones de poder; agredir sexualmente a la víctima, o cometer el delito para causar terror o humillación a quien se considere enemigo.

 Acosta dice que “si las personas encargadas de llegar al lugar de los hechos no hacen un análisis riguroso de contexto, sobre cómo encontraron el cuerpo, qué había alrededor, qué relación había entre el agresor y la víctima, cómo la abordó, la mayoría de los casos se van a quedar sin tipificar”.

No todas las mujeres pueden denunciar

No solo hay subregistro en los casos de feminicidio, sino también en los de violencia contra la mujer. Omaira López Vélez, coordinadora del proyecto “Sororas y empoderadas tejemos paz territorial con otros y otras” de la organización Vamos Mujer, atribuye esto a la dificultad de las víctimas para denunciar, especialmente en zonas rurales o de conflicto armado.

 Hay veredas que no tienen comisarías de familia, inspecciones de policía o CAIVAS. “El acceso a estos lugares no siempre les es fácil a las mujeres”, dice López. Añade que incluso cuando llegan a estos sitios, a veces les dicen que vayan a otros porque ahí no cuentan con las condiciones para realizar la denuncia. 

 López reconoce que en el departamento existe una notable oferta institucional y que Medellín es pionera en políticas públicas, pero señala que, con frecuencia, las mujeres que viven lejos de los centros urbanos no se ven beneficiadas. 

 Valeria Acosta también expresa preocupación por la falta de estas instituciones en varios municipios y la dificultad de las mujeres rurales para acceder a las rutas de atención. Además, dice que en la mayoría de los municipios de Antioquia no existen programas dirigidos para proteger específicamente a la mujer. Todo esto, según la analista, contribuye a que las mujeres no reciban ayuda oportunamente y permanezcan en contacto con su agresor. De esta manera corren más riesgo de ser víctimas de un feminicidio.

Gobernación mejoró rutas de atención en pandemia

Durante la pandemia de Covid-19, las dificultades para denunciar se agudizaron. Varias mujeres quedaron confinadas con sus agresores. A pesar de esto, en 2020 hubo una disminución del 12% en los homicidios a mujeres en comparación con 2019, menor que la reducción en los homicidios en general, que fue del 17%, según el Observatorio de Mujer y Género. 

 Acosta explica que el confinamiento pudo contribuir a que cayera el número de feminicidios sexuales perpetrados por agresores desconocidos para las víctimas, a la vez que aumentaban los feminicidios íntimos, en los que el agresor es un miembro de la familia o la pareja sentimental.

 Dice que las llamadas a la Policía para denunciar casos de violencia intrafamiliar se incrementaron, lo que impulsó a la Gobernación de Antioquia a crear la línea 123 Mujer Metropolitana, que permite activar alertas inmediatas y prevenir feminicidios. Sin embargo, este servicio tampoco llega al 100% de la población de mujeres rurales, pues solo funciona dentro del área metropolitana del Valle de Aburrá.

 Otra estrategia usada por el gobierno departamental para combatir la violencia de género durante la pandemia fue la creación de hogares de protección para mujeres sin redes de apoyo cuya vida estuviera en riesgo. Este programa funciona en todos los municipios y permite que las mujeres se muden temporalmente con su núcleo familiar a una casa ofrecida voluntariamente por otra familia, donde reciben apoyo psicológico, social y jurídico. 

 A pesar de que este programa funciona en todo el territorio antioqueño, tampoco tiene una cobertura para todas las mujeres. Para cuidar a las familias que prestan su casa para el programa, no se aceptan mujeres que sean víctimas de actores armados. 

 Las mujeres afectadas por el conflicto son atendidas por las oficinas de víctimas de cada municipio, por lo que, dice Acosta, la Secretaría de Mujeres ha buscado articular con ellas programas que se enfoquen en este grupo poblacional.

Lo que hay detrás de un feminicidio

Acerca de la violencia contra la mujer en el conflicto armado, la Corporación Vamos Mujer dice lo siguiente en su segundo boletín de 2019: “En contextos de disputa de territorios, es frecuente que las mujeres se vuelvan un territorio más en disputa, y su asesinato es una forma de atacar las posesiones de hombres rivales y de amenazarlos”.

 Omaira López dice que esta metáfora aplica también en otros contextos y habla del cuerpo como el primer territorio en el que la mujer puede ejercer autonomía. Para ella, es necesario explicar el feminicidio como la última consecuencia de un sistema de pensamiento que cosifica a la mujer y que la ve como un objeto del que un hombre se puede apropiar.

 De la misma manera, Vamos Mujer rechaza la descripción que se suele encontrar en medios de comunicación sobre los feminicidios catalogados como crímenes pasionales, así como el atenuante de la ira e intenso dolor. López explica que en la mayoría de los casos existe una historia de violencia y se evidencia un plan previo. 

 Un ejemplo de esto es el testimonio de Carmen*, que cuenta que su cuñada fue víctima de feminicidio hace 20 años.  “A Nelly la mató el esposo porque ella se iba a separar. Él la invitó a tomarse unos tragos, luego se fueron a la casa y ahí fue donde la mató. La degolló. Le echó seguro a la puerta y se escapó con las joyas y el carro. Ella murió desangrada en las escaleras, nunca pudo salir. Él fue capturado después de haber estado un tiempo prófugo. Solamente pagó siete años en la cárcel. Argumentó ante la justicia que había cometido el crimen bajo mucho dolor. Por eso, y contando el buen comportamiento, al final salió libre mucho antes de lo esperado”.

 Hoy en día, la ley brinda más garantías jurídicas a las potenciales víctimas de feminicidio o sus familias para actuar en contra de los agresores y hay más reconocimiento de otras formas de violencia de género. Aun así, falta mucho para que se garantice el derecho a la vida y a la autonomía corporal de las mujeres en el departamento.

 *Nombre cambiado para proteger la identidad de la fuente

En este espacio va el pide de foto / Foto por Bitácora

En la categoría Mejor Noticia el jurado fue Alejandro Gómez Valencia, periodista de la Universidad de Antioquia, editor de la Agencia de Noticias de la Universidad EAFIT y profesor de Periodismo informativo en el pregrado en Comunicación social de la misma institución.

La noticia va más allá de hablar del crecimiento de los feminicidios en el departamento y, con una amplia y diversa selección de fuentes y datos, muestra las brechas que existen en este tema en cuanto a lo rural y lo urbano, así como la necesidad de afinar conceptos que permitan saber qué pasa en realidad en cuanto al asesinato de mujeres en la región

Alejandro Gómez Valencia

“Hay que hacer cambios, pero no una revolución”

“Hay que hacer cambios, pero no una revolución”

Colombia ha vivido varios momentos de agitación social en los que los jóvenes han sido protagonistas. Las manifestaciones de 2019 y 2021, así como las protestas de las décadas de los sesenta y setenta y el surgimiento de grupos guerrilleros, son algunos ejemplos. Dos hermanos que han presenciado las dos épocas hablan de sus experiencias y hacen paralelos, desde diferentes perspectivas, entre el pasado y el presente.

Sergio Alonso (izquierda) y Carlos Eduardo Mejía Tobón (derecha), dos hermanos que hicieron parte de los movimientos sociales juveniles de los años sesenta y setenta en Colombia.

Sergio Alonso Mejía Tobón y su hermano, Carlos Eduardo, pasaron su juventud en la Medellín de los años sesenta y setenta, en el barrio Miranda. Vivieron una época de descontento social en la que gran parte de los estudiantes se lanzó a las calles a protestar, como ocurre actualmente, mientras que otros jóvenes se unieron a grupos guerrilleros. Ambos tuvieron relación, de distinta manera, con los movimientos que estaban surgiendo.

El primero estudió en el Politécnico Grancolombiano, pero se mudó a Boyacá para terminar su carrera en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), donde se graduó como ingeniero de minas; el segundo trabajó en Enka de Colombia luego de hacer una tecnología de máquinas y herramientas en el Pascual Bravo.

Durante el tiempo que estudió en Medellín, Sergio se reunió con militantes de la JUCO (Juventud Comunista de Colombia), del MRL (Movimiento Revolucionario Liberal) y del MOIR (Movimiento Obrero Independiente Revolucionario).

Discutían acerca de literatura, psicoanálisis y las cuestiones políticas más importantes del momento. Entre los asistentes a las reuniones se hallaban Marcelo Torres, a quien recuerda como un gran orador, y Amylkar Acosta, que fue ministro de Minas y Energía durante el gobierno de Juan Manuel Santos.

No solo se sentaban a conversar; también salían a protestar a las calles. Sergio dice que él prefería enfocarse en el aspecto ideológico, aunque reconoce que participó en algunas manifestaciones que se tornaron violentas. “Recuerdo que tiré piedras dos veces, no más, al frente de la Universidad de Antioquia, en la Avenida del Ferrocarril”.

 Otros miembros del grupo eran más activos en las manifestaciones. “Amylkar Acosta y Marcelo Torres eran los duros para impulsar la protesta y llamar a la gente.


Sergio Alonso Mejía en Sogamoso, Boyacá, 1974. Foto cortesía del entrevistado.

Carlos Eduardo, en cambio, nunca protestó. “Uno no salía, pero sí apoyaba las manifestaciones”. Él hacía parte de un sindicato de trabajadores que era patrocinado por el movimiento guerrillero M-19. “Nos daban papelería de los proyectos que tenía el M-19 y teníamos un grupo donde los estudiábamos. Nos entregaron todo lo que tenían de Jaime Bateman, que era el cerebro de la reforma agraria que proponían. Eso fue en el año 1976”.

Hacer parte del sindicato lo exponía a ser perseguido por la fuerza pública, aunque siempre logró eludir ese riesgo. “En una ocasión, yo tenía toda esa papelería y el Ejército venía requisando las casas del barrio. Yo la piqué y mi señora me ayudó a tirarla por el sanitario. Llegaron dos puertas antes de la mía y ahí dejaron de requisar”.

Eduardo aclara que, aunque eran afines a sus ideas, ninguno de los miembros del sindicato con los que él se reunía era miembro de la guerrilla ni de ningún grupo violento.

Carlos Eduardo Mejía (derecha) en la primera comunión de una de sus hermanas menores (izquierda), 1972. Al día siguiente madrugaría para trabajar en Enka. Foto cortesía del entrevistado.

Sergio Alonso nunca tuvo relación con el M-19. Cuando ellos se alzaron en armas, en 1974, él vivía en Boyacá y se había alejado de la política. Los manifestantes con los que él estuvo en contacto eran afines al maoísmo y al ELN, pero eran críticos de las Farc. Sin embargo, no le consta que hubiera presencia guerrillera. “Decían que Marcelo Torres era guerrillero, pero nunca se le comprobó nada. Era chisme, como ocurre ahora”.

La protesta no ha cambiado

Para Alonso, las acusaciones sin fundamento acerca de la presencia guerrillera en las manifestaciones no son la única cosa que tiene en común la situación actual con la que él vivió en su juventud. Dice que, así como pasa hoy en día, la fuerza pública era la que iniciaba la violencia. “Los primeros que empezaban a tirar la piedra, desde esa época, eran los policías a los manifestantes. Los policías eran los que iniciaban la confrontación”.

También hace alusión a un hecho que recuerda lo sucedido el 28 de abril de 2021: el ingreso del Ejército a la Universidad Nacional en 1966 para reprimir una manifestación contra el presidente electo, Carlos Lleras Restrepo. “A raíz de que invadieron la Universidad Nacional en Bogotá, había un malestar duro de los estudiantes”. Según Sergio Alonso, los excesos de la fuerza pública intensificaron las protestas.

El Frente Nacional y el presunto robo de las elecciones de 1970 también eran motivos para salir a marchar, pero había otras razones para hacerlo, que Sergio considera que siguen vigentes hoy en día. Dice que la gente en Colombia históricamente se ha manifestado por la desigualdad, la pobreza, la falta de vivienda y el precio de los alimentos.

Señala al hambre como uno de los principales problemas que tiene el país. “Hermano, el hambre nubla pensamientos y nubla lo que sea. Con hambre usted mata. Uno no está de acuerdo con eso, pero el hambre lo nubla todo. El hambre y la droga. De un muchacho joven, con hambre y drogado no se puede esperar nada bueno”.

Según Sergio Alonso, la popularidad de la que gozaban las guerrillas en ese entonces se debía a ese mismo problema. “Por falta de educación y por hambre más de un manifestante salió a tirar piedra y a hacer saqueos. El M-19 hacía lo de Robin Hood. La gente con hambre lo veía bien”. Dice que a raíz de la consciencia que creaba la gente que se manifestaba con argumentos “mucha parte de la sociedad buena de Colombia los apoyaba”.

Carlos Eduardo está de acuerdo. Cuenta cómo el M-19 distribuía entre los pobres las mercancías robadas. Habla de cómo repartieron en Moravia lo que sacaron de un camión de Imusa. “Les llevaron todas esas ollas a la gente que vivía en el basurero. En ese entonces yo veía eso como algo bueno”.

Sergio Alonso dice que no pensaba de la misma manera. “Yo nunca he visto como algo bueno quitarle las cosas a los demás”.

La admiración de Eduardo hacia la guerrilla llegó a su fin cuando descubrió los negocios que tenían en secreto. “Yo apoyé al M-19 hasta que vi que cambiaban armas por droga. Había un amigo que me decía: ‘No coma de ese cuento, que vea, nosotros hacemos este negocio. Venga yo le muestro’, y yo fui y vi que era cierto. No volví a hacerle fuerza al M-19”

Sin grandes logros para celebrar

Sin embargo, cuando hablan de lo que se logró con las protestas, plantean ideas similares y sus rostros expresan la misma decepción. “Ahí no se consiguió nada. Solo se logró crear más violencia. Con lo que creíamos que hacíamos bien, solo se consiguieron cosas negativas”, dice Eduardo, que luego hace una corrección: “Para la sociedad no se logró nada. Personalmente sí consiguieron. Hasta uno que fue miembro del MOIR consiguió puesto político, Amylkar Acosta”.

“No se logró nada. La desigualdad ha seguido desde esos años hasta hoy”, dice Alonso, aunque después se muestra más optimista: “Algo consiguieron, al menos los buenos, pero no hubo un cambio. Dejaron consciencia en algunas personas”.

Tampoco tiene grandes esperanzas para la juventud de hoy. “Tanto de la izquierda como de la derecha, los que se meten en la política están en busca de contratos y de cosas turbias. Eso es por falta de educación. Ni de derecha ni de izquierda ni de centro”, dice. Piensa que eso es un obstáculo para lograr cualquier mejora en el país.

A Alonso le parece que las manifestaciones de hoy son muy similares a las de su época de estudiante. Dice que la Policía es la misma, aunque ahora tienen mejores armas, y que los manifestantes están mejor equipados para combatirla. “En eso ambos han progresado, pero para mal”.

Eduardo, en cambio, es más crítico con los manifestantes actuales. “Yo no veo similitud. Estos buscan el cambio incluso con más violencia. A pesar de lo violenta que fue esa época, algunos manifestantes actuales son más violentos. Lo que están buscando es desestabilización y bronca, no más”.

Las críticas de Eduardo hacia los manifestantes continúan: “Los estudiantes tienen todas las armas para hacer los cambios, pero a ellos no les interesa eso. Les interesa la bronca y joder. La revolución de ahora es una moda. Eso no es un proyecto de cambio; es una moda”.

Al hablar de las diferencias entre aquella época y esta, los dos hermanos parecen tener más ideas en común. Ambos dicen que la magnitud de la protesta es mayor ahora gracias a que hay más estudiantes y a que las redes sociales permiten difundir mensajes con más libertad que los demás medios de comunicación.

Alonso expresa que los manifestantes de antes creían más en sus ideales y eran más honestos, pero Eduardo profundiza: “Usted ve a los que están ahora en una protesta y la mitad no sabe por qué están protestando. Se dejan llevar. En esa época eran más poquitos, pero entendían mejor lo que querían, a pesar de que estábamos todos equivocados en la forma de protestar”.

Alonso dice que eso no es un fenómeno nuevo. Al dedicarse al aspecto ideológico de la movilización, se dio cuenta de que muchos manifestantes no sabían lo que hacían. “Había manifestación y ellos eran felices. Había gente que salía, pero ni sabía por qué estaba saliendo a luchar. Lo mismo pasa ahora. Hay mucho joven que no sabe por qué lucha”.

Visiones opuestas de la actualidad

A diferencia de Eduardo, Alonso ve las protestas actuales con ojos positivos, aunque también plantea algunas críticas. “Hay grandes pensamientos de jóvenes estudiantes. Hay otros que engañan, siguen con la violencia y quieren destruir las cosas, como los de la primera línea. Puede que ahí haya gente buena, pero hay otros mentirosos que lo que quieren es destruir y no construir. Uno no puede destruir lo que uno necesita. Eso es una cuestión de sentido común”.

Así como rechaza el vandalismo de la primera línea, Sergio Alonso resalta las acciones de los demás manifestantes. “Uno ve jóvenes que no han estado en esas manifestaciones duras, pero sí han hablado. Y si han estado en la manifestación, han estado en forma pacífica. Yo ahí reconozco cosas importantes y positivas”.

Para él, las ideas más importantes de la juventud de ahora son las relacionadas con la educación. “Dele a un niño educación, salud y buen alimento, que es la base para que una sociedad llegue a ser grande. Muchos estudiantes tienen ese pensamiento”.

 “Yo creo que la protesta se debe hacer con más cultura”, dice su hermano, firme en su oposición a las protestas de hoy. Alonso no se queda callado. “¿Qué cultura van a tener si nacieron en los gamonales?”, le pregunta.

“Para mí la cultura no la dan los libros. Yo conozco gente muy culta que no ha pasado por la primaria”, le contesta Eduardo.

“Hay que hacer cambios, pero no una revolución”, dice él. “Ellos tienen todas las armas para discutir las cosas dentro de ciertos escenarios, pero no por allá cogiendo a piedra un edificio. Lo poquito que se ha hecho, déjelo ahí. ¿Para qué va a tumbar eso? ¿Para darle más contratos a los corruptos, para que cojan el contrato de lo que tumbaron?”.

Las visiones de ambos hermanos han evolucionado con los años. Alonso se ha decepcionado de la política, y Eduardo ya no cree en la revolución que predicaba el M-19. Sus esperanzas de cambiar el país fueron similares a las de la juventud de hoy, pero ninguno de los dos las conserva ahora.

 

En este espacio va el pide de foto / Foto por Bitácora

En la categoría Mejor Entrevista o Testimonio, el jurado fue Juan Carlos Luján Sáenz, comunicador social – periodista de la Universidad de Antioquia, Magíster en Comunicación Transmedia de la Universidad EAFIT, y profesor de Periodismo Informativo de la misma institución.

La entrevista tiene una estructura definida, va del pasado al presente, además de un contexto y unos datos que permiten una lectura amena y acertada de la realidad. Cada parte del texto tiene un sentido, lo que permite entender mejor el contraste. Es una excelente nota, con una prosa limpia y unas preguntas muy bien formuladas.

Juan Carlos Luján Sáenz

Balance 2021-1

Balance semestral
2021-1
Consolidación de un laboratorio digital de
experimentación e investigación periodística

ÍNDICE

En el doble sentido original de la palabra Bitácora, de ser el mueble que salvaguarda la brújula de una embarcación y el cuaderno de registro sistemático de la experiencia del viaje, nos concebimos como un laboratorio para identificar, alojar y experimentar con nuevos contenidos, formatos y formas de comunicación periodística, con la curiosidad y el deslumbramiento del viajero que descubre mundos desconocidos.

El estudiante de periodismo tiene medios de comunicación en los que experimenta con los lenguajes periodísticos para narrar la realidad, igual a como los estudiantes de medicina, química, biología y otras ciencias exactas ponen a prueba en un laboratorio las teorías aprendidas en clase.

Ver más Ocultar
Funcionamiento
Este semestre establecimos una nueva forma de trabajo colectivo a través de la plataforma Discord, en la cual establecimos los canales que hacen parte de la estructura de Bitácora: Coordinación, Redacción, Redes y Diseño.

Los integrantes de Bitácora y del Semillero de Investigación y Creación en Narrativas Periodísticas se reúnen semanalmente por equipos y tareas específicas los lunes y miércoles, respectivamente; los viernes se realiza una reunión general colectiva.
0
Reuniones
Quiénes somos
Profesores
Coordinación y monitorias
Estudiantes voluntarios

Diseño

Jossi Esteban Barbosa
Laura Restrepo
Simón Felipe Barrera
Santiago Gordon
Isabela Muñoz
Marianna Sigalotti

Redes

Sofía Castellanos
Andrea Rodriguez
Natalia Andrea Martínez

Redacción

Camila Bettin
Juanita Donato
Eloisa Barriga
María Victoria Avendaño

Destacados del semestre
Destacados sitio y redes
La mirada en el impacto en las audiencias
2019-1
0
Pág. vistas
0
Seguidores en Instagram
0
Seguidores en Twitter
0
Seguidores en Facebook
2021-1
0
Pág. vistas
0
Seguidores en Instagram
0
Seguidores en Twitter
0
Seguidores en Facebook
Contenidos
Publicación y expresión artística

La publicación multiplica el talento, el aprendizaje y la experiencia profesional.

Uno de los principales objetivos de Bitácora es dar a conocer el trabajo de los estudiantes, adelantados en sus clases o de forma voluntaria, individual o colectivamente.

Así mismo, hemos propiciado y potenciado la producción de ilustraciones digitales como una forma de generar contenido propio y de estimular el talento artístico y el sentido estético de los estudiantes.

0
Contenidos publicados
0
Tuits
0
Ilustraciones
0
Post IG
Experimentación, trabajo en
equipo e innovación

Aportamos por la producción colectiva y colaborativa de especiales periodísticos, que experimenten con formatos multimedia y estrategias transmedia.

Adicionalmente, hemos abierto una sección de laboratorio, integrada con las asignaturas del Énfasis en Periodismo Digital, que permite la concepción y el desarrollo de experiencias periodísticas innovadoras, como productos de un aprendizaje basado en proyectos a través de un proyecto integrador.

0
Especiales
0
Lanzamiento de evento
0
Experiencias
periodísticas
innovadoras
Autores
Formación de autores

En Bitácora entendemos la publicación y la formación de autores con una manera de combinar el aprendizaje académico con la experiencia práctica; y potenciar así la vocación, la formación y las carreras profesionales de nuestros estudiantes.

0
Estudiantes autores
0
Autoras
0
Ilustradoras
0
Autores
0
Ilustradores
Charlas Bitácora
Periodismo como conversación

Más allá de la elaboración y publicación de contenidos periodísticos, en Bitácora hemos apostado por la realización periódica de charlas con invitados expertos que acerquen a los estudiantes a experiencias innovadoras de mundo profesional del periodismo y a temas de interés de la actualidad nacional. 

Las charlas se transmiten en vivo a través del canal de YouTube y en ocasiones se dan también en el formato de cátedra abierta vinculadas al curso de Edición Periodística del Énfasis en Periodismo Digital.

0
Charlas
0
Invitados
Laboratorio

Nos concebimos como un laboratorio para identificar, alojar y experimentar con nuevos contenidos, formatos y formas de comunicación periodística, con la curiosidad y el deslumbramiento del viajero que descubre mundos desconocidos.

Guía del oro verde

Un paseo por el mundo del cannabis, sus beneficios, cómo funciona su industria y cómo se consume.

Voces olvidadas

Proyecto periodístico universitario que trata el tema de feminicidio íntimo en la ciudad de Medellín y el área metropolitana

Surcos de la montaña

Una mirada a la escena electrónica en Medellín, sus actores y razones sociales.

Estadísticas

Manifestaciones en la primera línea

Hoy en pleno paro, la estigmatización que viven las comunidades indígenas no es solo por parte del gobierno sino también del pueblo colombiano. Es importante resaltar el rol que juegan los medios de comunicación en el Paro Nacional y como muchos de ellos están promoviendo el racismo y la estigmatización indígena, incluyendo también a aquellos políticos que han usado sus redes sociales para denigrar la cultura indígena.

Es por esto que en esta charla hablaremos sobre la estigmatización indígena en el Paro Nacional y el rol que han tenido los medios de comunicación en la propagación de esta.

Continuar leyendo

Esta es Lupe, o lo que dicen de ella

Tomada del Facebok de Guadalupe
Esta es Lupe, o lo que dicen de ella
Se describe a sí misma como una chica problema, inquieta, autónoma e independiente; que nunca necesitó, ni pidió permiso para nada, ni siquiera para a los 9 años hacer su primer ‘rato’.

 

Desde muy joven, Yason se entregó al centro, el Parque de Bolívar se convirtió en su casa. Vendía chicles y reciclaba, y a los 9 años empezó a “hacer ratos”. Descubrió que la calle no era fácil; recibió su primera puñalada, un puntazo, y escuchó los gritos de su mamá cuando, a plena luz del día, la vio vestida como Guadalupe por primera vez.   

   

Son las 2:00 p.m. y el Parque Berrío, como todos los días, está en movimiento. Desde la entrada del Palacio de la Cultura hay unas rejas que encierran todo el Parque Botero y promueven títulos cómo “centro consentido” y “Medellín enamora”, buscando así que las personas sientan más seguridad.

 

Los policías rodean todo el lugar, y, aun así, los únicos que se atreven a caminar despreocupados y a sacar sus cámaras profesionales, son los extranjeros que en realidad no se percatan del peligro que habita siempre en esta zona. Los músicos de la Red de Escuelas de Música ambientan el lugar con su ensayo para el concierto que se dará en el Museo de Antioquia. Mientras, las trabajadoras sexuales, recostadas en las gordas de Botero, esperan pacientes, bajo un sol incandescente, a sus clientes.

   

A lo lejos se acerca una mujer de baja estatura, morena, y de cabello rizado. Lleva un vestido gris, corto, para evitar que la tela roce una quemadura que días antes se hizo con el mofle de una moto. Se acerca sonriente y dice: 

–¡Como estás de linda! Tiene una voz que es grave y dulce. Es Guadalupe. Mejor subamos al Parque de Bolívar, nos dice.

   

Del Parque Berrío al Parque de Bolívar hay siete minutos caminando por la Avenida Palacé, y ella recorre las calles con total seguridad, como si estuviese pasando de la sala a la cocina de su casa. No lleva tapabocas, dice que no cree en eso, lleva toda la pandemia de Covid-19 sin usarlo y no le ha dado nada. Tampoco se piensa vacunar, no confía en esas cosas.   

   

Al atravesar la Avenida Maracaibo, a una cuadra del Parque de Bolívar, se hace más evidente el calor y la sed, así que Guadalupe se acerca a una cigarrería para comprar una cerveza Pilsen de un litro y unos Choclitos, de los que se antoja en ese momento.    

   

Ya en el parque, en busca de sombra, se sienta en una banca desde la que se observa el pasaje de Junín. 

  

“A los 9, mucho antes de ser trans, llegué al centro y me mantenía aquí. En ese tiempo me le volaba a mi mamá, me le robaba la ropa a mi hermana y me vestía de mujer, y cuando me iba a ir para mi casa, me volvía a cambiar, ¿si me entiende?”, cuenta.  

 

Lupe recuerda que un día en la tarde, su mamá la vio vestida con blusa y falda corta desde la chaza en la que vendía tintos y cigarrillos. Ante esto, reaccionó de forma histérica y comenzó a gritarle.

  

“En mi casa nunca hubo rechazo hacia mí, porque desde muy polla tenía rasgos femeninos que no lograba entender. Sentía atracción por la ropa femenina, quería verme como una niña y jugar con juguetes de niña. Incluso llegué a un punto en que me daba piquitos con los niños de la guardería”, narra.  

  

Mientras termina de comerse los Cholitos y presiona una y otra vez la bolsa en sus manos, se describe a sí misma como una chica problema, inquieta, autónoma e independiente; que nunca necesitó, ni pidió permiso para nada, ni siquiera para a los 9 años hacer su primer ‘rato’.

 

Hacer ratos es prestar un servicio sexual, y la primera vez que lo hizo se dio cuenta que así ganaba más que vendiendo chicles. Desde entonces espera cada noche por un nuevo cliente; algunas veces cuenta con suerte, pero en ocasiones se encuentra con hombres que solo quieren hacerle daño.

    

Lupe recuerda, tranquilamente, cómo hace unas horas tuvo que correr de un hombre que la montó en su carro y la llevó a Rionegro, para luego bajarse a perseguirla con un machete, y eso, porque no fue capaz de sacar la escopeta recortada que también tenía preparada. Nadie la ayudó, ni siquiera cuando llegó corriendo y gritando que la querían matar, después de un trayecto largo hasta Marinilla.

  

“En estos días yo escuché las palabras de un man que decía que él estaba acostumbrado a matar a dos o tres diarias. También, ahora salen en grupitos en un taxi, uno se monta atrás y uno adelante, entre los dos van y le hacen el chanchullo a la pelada, la matan y por allá la dejan”, asegura.  

  

Guadalupe ya sabe discernir entre los hombres buenos y los malos. Cree en las energías y confía en que la calle la ha preparado para escoger a los clientes con buenas intenciones por encima de aquellos con caras pesadas, de psicópatas, hombres que quieren la chupada sin condón o que quieren tener sexo sin preservativo.

 

No solo desconfía de los hombres. La experiencia le ha enseñado que otras trans pueden violentarla si se dan cuenta de que ella está en su zona, que es más bonita o que consigue más clientes.

 

“Una amiguita me decía: ‘Parce entre trans deberían apoyarse, pero mor, yo veo que entre ustedes se hacen la guerra’. Es así, siempre ha sido así”, recuerda.

La chica problema, la autónoma, la inquieta, la independiente, la curiosa, la trans, la feminista, la drogadicta, la bonita, la vendedora de dulces, la de los ratos, la religiosa, la cualquiera, la morena, la peleonera, la de las energías, la puta, la del monte, la del Picacho, la incrédula, la espiritual, la antivacunas, la fiestera, la leal, la guarachera, la borracha, ‘la niño’, la loca, la indecente.

 

Esta es Lupe, o lo que dicen de ella.



En este espacio va el pide de foto / Foto por Bitácora

En la categoría Mejor Perfil el jurado fue Mario Alberto Duque Cardozo, periodista, magíster en Escrituras Creativas y profesor de Periodismo Narrativo en el pregrado de Comunicación Social de la Universidad EAFIT.



No es el tema marginal el que me parece destacable, sino la capacidad de las autoras para poner en escena, con mayor acierto, al personaje, retratándolo mejor, recreando los espacios por donde se mueve. Se atreven con los diálogos y las descripciones con atención a los detalles, eligiendo bien aquello que da pistas sobre cómo ve el mundo Guadalupe.

Mario Alberto Duque Cardozo