Un cadáver exquisito. La pandemia en 100 palabras

Selección y edición: Alfonso Buitrago Londoño

Textos: curso de Expresión Escrita

Ilustración: Jossi Esteban Barbosa

Este ejercicio de escritura colectiva surgió en el curso de Expresión Escrita, del primer semestre de Comunicación Social de Eafit, como una forma de propiciar un acercamiento entre un grupo de estudiantes que recién inicia su vida universitaria y, por causa del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, no puede disfrutar del campus ni del encuentro físico con las aulas, los profesores y, especialmente, con sus compañeros. Una situación que les dificulta la creación de lazos afectivos y compartir sus propias experiencias en tiempos inéditos y cargados de incertidumbre para todos.

Inició con la lectura de una selección de textos pertenecientes a la iniciativa Medellín en 100 palabras, que cada año realiza un conocido concurso en la ciudad. De dicho ejercicio surgió la propuesta de escribir 100 palabras sobre alguna situación o vivencia, propia o ajena, sucedida en estos cinco meses de pandemia.

Luego se propuso hacerlo a la manera del juego del cadáver exquisito, utilizando una herramienta digital gratuita y de acceso libre desarrollada por Etherpad-lite. Las únicas condiciones fueron no sobrepasar el límite de palabras y que el relato debía ser real. Y aquí está nuestra pandemia en 100 palabras.

Lugar sagrado por Manuela Ospina

Mi habitación, o también conocida como cueva, era mi lugar sagrado, en donde me deshacía de mis preocupaciones del “mundo real”, donde planeaba mi futuro e, incluso, inventaba realidades paralelas a lo que estaba viviendo. Ahora, gracias a la cuarentena, lo veo como un cuarto vacío, un lugar donde paso 20 horas de las 24 del día. Se acabó la magia, tal y como la perdió diciembre al enterarme de que mis padres eran el niño Dios. Me tumbo en el suelo de mi habitación, me siento feliz, yo misma provoco esa sensación, ahora mi lugar sagrado, soy yo.

Al límite por Danna Cassas

Fue entonces cuando paré de sonreír, la soledad me invadía, estaba al borde del colapso, desesperada y con miedo; sí, miedo, una palabra tan pequeña pero destrozadora, una palabra que abunda en las casas desde hace unos meses, y es tan desesperante pensar cómo en un abrir y cerrar de ojos una pandemia nos cambió la vida, cómo en cuestión de días las salas de los hospitales colapsaron como nunca, cómo la humanidad teme verse, teme tocarse. Increíble ver cómo un abrazo pasó de ser un símbolo de tranquilidad y calma, a un acto de temor y pena.

El amor por Nicolás Prats G.

Hoy me pregunto ¿qué sería de mí si todo esto no hubiera pasado? Cuarentena, una palabra que se ha vuelto un asco a la hora de pronunciarla. Pero trato de mirar hacia adelante, y de repetirme una frase para no perder la fe: “de todo esto va a salir algo hermoso”, y de ahí en adelante paso los días con una sonrisa, a veces contra mi propia voluntad, pero siempre confiando en el amor de Dios y ayudando a esas personas que hoy sufren por falta de él. Pero me pregunto ¿qué sería de esta cuarentena si no existiera el amor?

Un dulce Tequila por Laura Osorno Vélez

A mí lo que me ha quitado la ansiedad en cuarentena es Tequila. Sí, como escucharon, mucho Tequila, locura y felicidad. Y no piensen que soy una alcohólica o que incumplo las medidas de aislamiento, pues Tequila es mi cachorra, una border collie que llegó a mi vida por una maravillosa casualidad. El criadero donde nació, al ver lo que se aproximaba con la pandemia, decidió no vender los cachorros, sino darlos en adopción. Y así fue como, el 31 de marzo, un tequila para nada amargo, sino dulce, convirtió mis días de cuarentena en mucha ternura, diversión y amor.

El efecto del virus en la juventud por Sara Ospina

Estamos viviendo un huracán llamado COVID-19. Laura, una joven de 23 años de edad, con 6 meses de embarazo, llegó al hospital buscando ayuda, sus pulmones estaban colapsando. Era una paciente de alto riesgo, por lo tanto, había que hacerle muchos exámenes. Uno de ellos dio positivo para COVID-19, estaba muy delicada. Duró una semana luchando para que no la intubaran, buscaba proteger al bebé. Su hijo estaba en peligro, no estaba listo para nacer. Laura empeoró y fue necesario intubarla, los gases se transmitieron al bebé y lo alteraron. Pasaron semanas y lamentablemente ninguno resistió.

Barcos por Valeria Aristizábal Mosquera

Las personas pasan de mí, me miran por encima del hombro o me ignoran. Cada día siento el sufrimiento y desesperanza de no tener nada qué comer ni un lugar donde dormir. Comienzo mi día a las 7:00 a.m., implorando a los residentes de los hermosos apartamentos del sur que se apiaden de mí. Se excusan en que todos estamos en el mismo “barco” y pasamos las mismas situaciones; mis gritos ahuyentan y espantan a aquellos ajenos a mi sufrimiento. Ninguno escucha. Me devuelvo con el estómago vacío y el corazón lleno de dolor al “barco” que construí de cartón. 

El hijo del dueño por Maria Antonia Tamayo A.

Juan Camilo es un joven privilegiado a punto de cumplir diecinueve años. No ha querido ingresar a la universidad, pues, aunque sus padres se lo insisten, no está seguro de qué quiere hacer con su vida. Su madre está cansada de que no haga nada, y debido a la pandemia está trabajando en la empresa de su padre con horarios flexibles, que aprovecha para salir con sus amigos y su novia. Debido a su vida social ininterrumpida, Juan Camilo se contagia y es asintomático de COVID-19, infecta a un trabajador de la empresa y este, al resto. La empresa debe cerrar.

Te odio por Amalia González Orozco

Y entonces lo escuchamos en la radio. Este desgraciado había llegado a Colombia y era solo cuestión de semanas para que nuestras vidas cambiaran por completo. Así fue. Aprendimos a vivir con miedo y constante preocupación. ¿Acaso estoy metida dentro de una película? En las noticias se escucha sobre muertes, desesperación y, aún peor, sobre un periodo de tiempo indefinido en esta situación. No volví al colegio ni a ver a mis amigas ni a mis abuelos; no volví a salir ni a tener vida. Te odio, te odio, te odio, miserable coronavirus.

Viviendo con otra Juliana por Paulina Paffen L.

Pocas cosas tengo claras en la vida, dos de ellas es son: que mi hermana es mi polo opuesto y que nunca podré mantener una relación fraternal con ella. Aunque la primera afirmación sigue siendo verdadera, la segunda puede ser desmentida. Con la llegada de la cuarentena, aseguraba que todo iba a ser un caos y claramente me equivoqué. Encontré en ella apoyo y compañía, tanto así, que la sentía como una amada desconocida. ¿Cómo iba yo a saber que la guerra puede convertirse en paz cuando esta es crucial? ¿En qué momento se derrumbó ese muro que nos separaba?

Una enfermedad más mortal por Cindy Vanessa Torres C.

Don Efraín frecuentaba la carrera 81, en búsqueda de Soledad. Pero no la buscaba por sus servicios; él únicamente quería compañía, especialmente en esos tiempos donde ninguno se acercaba a nadie. Soledad aceptaba el trato, siempre que pagara la cuota que cobraba a sus clientes del prostíbulo. Efraín la encontró recostada en un poste, fumando un cigarrillo, y ella abordó el auto. Además de buñuelos y torta, él le ofreció un poco de antibacterial para prevenir la enfermedad acechante. Ella solo rio: “Mijo, si no me ha matado la vida, mucho menos lo hará el coronavirus”.

Dolorosa incertidumbre por Isabella Galeano

El reloj marcaba las 7:43 de la noche, cuando mi sombra y yo cruzábamos la calle 10 para adentrarnos al concurrido Parque Lleras; sentí ganas de ver el bar al que apenas hace unos meses mis amigos y yo frecuentábamos cada fin de semana para tomar cerveza atendidos por su dueño, don Antonio. Al llegar, encontré un lugar fantasmal, no olía igual, limpio como pocas veces, los letreros de “se arrienda” o “se vende” rebotaron en mi cara, y fueron los únicos protagonistas en ese instante. La tristeza me invadió por completo… ¿Qué será de don Antonio y sus muchachos?

El universo musical de mis sueños por Juan Pablo Rodríguez Torres

Es una noche clara y estrellada, los grillos hacen su canto, empiezo a escuchar todo tipo de animales y trato de conciliar el sueño, pero ¿cómo voy a conciliar el sueño?, ¿por qué no puedo dormirme cuando quiero? Cuando me sucede esto y no puedo soñar, cojo el celular, me pongo audífonos y escucho música que me lleve a otro universo. A un universo donde pueda escapar de la realidad, donde mi mente se despeja y empiezo a encontrar sentimientos y emociones. Es ahí, en ese momento crucial y único, cuando siento una felicidad en mis sueños. Mi Utopía.

Y aprendí… por Andrea Rodríguez Lampión

Somos ajenos a la realidad, a un virus y, sí, es comprensible. Nunca nos había tocado, de hecho, apenas conocí la palabra “pandemia” cuando me tocó vivirla en carne propia, cuando llegó a mi familia; cuando a pesar de que no era yo, me llevó hasta una UCI y estuve al borde de la muerte. Sí, luchando para poder respirar, que los pulmones funcionen, salir del coma y volver a este mundo. Creemos que “eso no me pasa a mí”, somos indiferentes e incrédulos, ajenos a esto que es nuestra nueva realidad, y justo ahí fue donde aprendí la lección.

Amigos de pandemia por David Moreno

El computador nunca había sido tan cercano, hasta ahora hemos estudiado, dedicado tiempo en videojuegos, cantado un par de canciones y hasta borracheras me ha soportado. Él responde a mis necesidades y me lleva a encontrar lo que deseo por medio de clics. Es muy triste no sentirme tan cercano a él, pues, aunque me da momentos de felicidad, nunca ha sido una genuina alegría. Espero valorarlo algún día y, aunque no soy desagradecido, trato de que por medio de cuidados pueda estar siempre en buen estado, listo y preparado para que mis deseos siempre se hagan realidad.

Pandemia desatada por Alfonso Buitrago Londoño

Con la cuarentena, el pánico cundió por el barrio. John olvidó las amenazas de muerte. Al barrio Esfuerzos de Paz, aferrado al Pan de Azúcar, lo cercaba una tragedia. Sus habitantes necesitaban bajar al Centro para rebuscarse el sustento diario. John consiguió con qué comprar alimentos para repartir. La fila de necesitados se extendía varias cuadras. John calmaba el sufrimiento de sus vecinos con bolsas de mercado. Entrada la noche, agotado, John vio cómo tres hombres irrumpían en su casa. Le propinaron tres puñaladas. El coronavirus parecía lejano, pero en el barrio la epidemia de la violencia estaba desatada.

Una pandemia de recuerdos por Sara González Cano

Fueron 14 años de espera, anhelando ese 25 de junio, en el que ahora sola, frente a una pantalla, viviendo de recuerdos y sin mis compañeras de camino, estaba yo recibiendo mi diploma de bachiller. Habían ya pasado 3 meses en los que estas memorias trataban de aliviar el dolor de la ausencia, la culpa de mala suerte, desvaneciendo cada vez más el único sentimiento que guardamos, la esperanza. Sin embargo, la graduación se convirtió para mí en un tesoro, no lleno de sentimientos alegres como se acostumbra, pero de salud, tal fortuna que para muchos desapareció en los pasados meses.

En tan solo cinco meses por Mariana Osorio Mejía

Hace cinco meses pensamos que solo serían tres días sin universidad. Hace cinco meses salimos de clase pensando que no iba a ser nada, sin darnos cuenta de todo lo que esto iba a traer consigo y no solo cosas malas, nos dimos cuenta de esos pequeños detalles que no valorábamos, la familia, los encuentros, los abrazos y los besos que son ahora un arma mortal, gracias a estos cinco meses empezamos a agradecer más. Hace cinco meses se fue esa libertad de hacer lo que quisiéramos, cinco meses viviendo de monotonía y recuerdos; sin dejar de lado la esperanza.

Sepulcro por Sebastián Mendoza Anaya

Las paredes se hacen más estrechas, las puertas más pequeñas y la cama cada día retiene más mi forma, mi silueta sumergida en el centro del colchón, como si de una tumba se tratase, una tumba que se hace más profunda cada día. Pasamos conviviendo con nuestra mente, soportando nuestras luchas internas y pensando en lo que pudo ser, pero no fue. El encierro nos ha puesto en la posición de tratar con nuestro yo interno, ese que cuando cierras la puerta de tu habitación, aparece, ese que a pesar de que la casa esté llena, se siente vacío.

Distantes... por Ana Valentina Ramos Ramos

Todo parecía demasiado perfecto para ser real. Estaban acostumbrados a la distancia, porque llevaban tres meses viviendo en países diferentes. Hablaban todos los días, como si los 4 000 kilómetros que los separaban fuesen unos pocos metros, e hicieron promesas que en el fondo de sus corazones sabían que no podrían cumplir. Una noche de abril, él le preguntó si todo había sido una “mala idea”, porque dejaron de sentir que la distancia era inexistente. Ella desapareció con el corazón roto, ni su orgullo ni su dolor le permitieron hablar. Ambos cometieron errores, y se convirtieron nuevamente en extraños.

Bienvenida sea por Maria Isabel Castaño

Parado en la penumbra de Campos de Paz está el joven Abraham, despidiendo a los muertos, con seis arreglos de narcisos diferentes entre sus manos, sollozando y a la vez retando con su tatuaje en el brazo, que le da la bienvenida a la muerte. Asustado con las múltiples ausencias que le ha traído este trágico año, pide con abrumo a los habitantes de mi edificio que se cuiden del enemigo invisible que todos enfrentamos, y a los más allegados nos cuenta su funesta historia para que, así, cojamos escarmiento.

No aprendemos por Sergio Suescún Silva

Como de costumbre, hice fila para solicitar un café. Estaba en tercer lugar, cerca de la puerta, acatando el distanciamiento social. Observé a mi alrededor y vi las sillas arrumadas. Mientras avanzaba al siguiente puesto, miré hacia atrás. Detrás mío había dos personas. La última en la fila no tenía tapabocas. Quedé sorprendido por la irresponsabilidad de esa persona. Por fortuna, el administrador del local se percató y le dijo que así no podía ingresar. Aplaudí la acción, pero me disgusté al momento, al ver que esa persona estornudó antes de retirarse, y no precisamente en el pliegue del codo.

Un paso fallido por José Miguel Orozco Echeverría

Este año iba a ser muy importante para mí, porque me iba a ir del país para cumplir un sueño: jugar fútbol en otra parte. Lamentablemente llegó la pandemia y tuve que aplazar todo, mi viaje, mi fútbol, mi estudio en otro país. Entonces, con todo esto de la pandemia, me tocó acomodarme con el estudio acá otra vez. El fútbol todavía está en proceso y sigue siendo un sueño. Y tengo planeado que cuando se acabé la pandemia me pueda ir del país para cumplir el sueño de jugar en otra parte del mundo.

Sangre rota por Isabella Saldarriaga Zuluaga

Se escucha en el techo el fuerte sonido de la lluvia, el cielo retumbando y las calles de San Rafael parecen estar solas, pero Carlos camina con el corazón acelerado, las pupilas dilatadas de tantas drogas que ha consumido y su tapabocas medio salido del bolsillo. Mientras Luis, su padre, lo espera sentado a que llegue para ayudarle a entrar. Lo que no sabía Luis era que Carlos estaba cargado de drogas y traía un revólver en la espalda… Al día siguiente, se reporta en las noticias la muerte de Luis Vargas por impactos de bala y Carlos es detenido.

Duro aprendizaje por Justin Ángel Morales

Han sido cinco meses de mucha desesperación. Desde que inició la cuarentena, he sentido un vacío en mi ser. Acostumbrado a la libertad de hacer lo que deseaba, ha sido un cambio muy duro para mí. Pero, aun así, le doy gracias a la vida de que tengo la fortuna de tener un techo sobre mi cabeza y el pan de cada día a disposición mía y de mi familia. Desafortunadamente, no todos tienen la misma suerte y eso lo puedo contemplar todos los días, al ver decenas de personas pidiendo una ayuda económica o alimentaria.   

Un silencio inquebrantable por Nicolás Álvarez Piedrahita

Entonces, ¿qué significa la violencia? El miedo de vivir crece cada vez más, todo por auge de la violencia intrafamiliar, que nunca para. Es así como comienza la historia de Juan, un joven brotado de lágrimas de dolor al enterarse de que la callada mujer de quien se había enamorado era un arma de doble filo. Días sin descanso y largas noches de insomnio perseguían a Juan, al no tener el carácter de quebrantar con ese duro silencio del maltrato. Para cuando Juan decidió romper su silencio, la muerte ya había tocado a su puerta.  

El gran reto de la pandemia por Valentina Mejía

Un día normal, como cualquier otro, llega un virus que cambia por completo nuestras vidas. Sin saber qué nos depararía y por el cuidado de mi familia, me tocó asumir la responsabilidad del negocio familiar. Tenía poco conocimiento acerca de esto, pero me arriesgué. Poco a poco me he ido adaptando a este gran reto. Al mismo tiempo, debo estudiar y trabajar, esto me ha ayudado a crecer tanto personal como laboralmente. Después de cinco meses, sigo asumiendo este compromiso y con toda la confianza de mi familia, he podido sobre pasar todos los límites y superar mis miedos.

Un gesto de resistencia por Nicole Stankov

En las manos de Jessica se encuentra una carta de amenaza que recogió de la puerta de su apartamento, la segunda de la semana. Con ojos llorosos se deja caer en el sofá. Es enfermera en estos tiempos de pandemia y está cansada de los largos turnos en el hospital, está triste de no ver a su hija, porque la dejó en casa de la abuela, y más que todo está decepcionada, porque es la enfermera que va todos los días al trabajo con una gran sonrisa en la cara, pero hoy le pagan con cartas de amenaza.

El cambio inesperado por Amaivis Telles

Estar solos en algunos momentos nos llena de paz. Pero estar solos por obligación es algo aterrador; sí, aterrador. Rosa, experimentando el aislamiento involuntario, se enfrenta a muchas puertas oscuras: ansiedad, tristeza y preocupación. La más desgarradora es no poder ver a su familia, que vive al otro lado de la ciudad. Hay un momento cuando cambia todo, nuestros planes, nuestros pensamientos, y aumentan nuestras ganas de retroceder el tiempo para no estar solos, sino con nuestros seres amados, con ganas de cambiar las miradas tristes por sonrisas de sanación y libertad.

No era lo que esperaba por Daniela Toro Navarro

¿Una graduación en cuarentena? Algunos dirán “¡qué pesar!”, y la verdad pensaba lo mismo. Trece años de mi vida estudiando duro ¿para que me manden el diploma en PDF?, era mi mayor pesadilla. Pero no fue como esperaba. Se logró hacer de una manera peculiar, me gradué en un carro. Por la seguridad de todos, el colegio decidió hacerlo tipo auto cine, cada familia esperaba en su carro mientras cada estudiante salía con tapabocas y tremendo protocolo a coger su diploma. Mis amigos, asomados por las ventanas, gritaban como locos, pitando, aplaudiendo. Era mi momento, y fue realmente perfecto.

La triste realidad de Colombia en tiempos de pandemia por Sofía Bernal Álzate

El coronavirus ha afectado el rumbo de la economía colombiana, las tensiones crecen y el escenario monetario se nubla. Por ahora, los colombianos no tienen claridad en el asunto, la pandemia sigue extendiéndose por todo el país, y si la producción sigue detenida, se adquirirán menos bienes y se disfrutará menor demanda de las materias primas, lo que generará mayores consecuencias para la economía local y para América Latina. Cabe destacar que en estos momentos la bolsa bursátil se encuentra en alerta por los comportamientos monetarios que alarman al mercado, como la inflación y las tasas de cambios.

Nuevos proyectos por Sara Niño Pérez

El 2020, era el año soñado para muchos, nuevos proyectos, ideas, expectativas. Resultó ser algo inesperado para todo el mundo, el fin de muchos sueños y proyectos. Un día cualquiera nos cambió la vida, entramos en pánico y desesperación. Lo que teníamos planeado se aplazó. En medio de la marea financiera desatada, empezamos a sacar nuestra creatividad y talentos que no sabíamos que teníamos. Saqué mis ganas de salir adelante y aproveché lo bueno de esta situación y, así, nació mi marca Lisschocolat.

Recuerdos en la virtualidad por Juan Diego Hurtado

El ritmo cardiaco incrementando por llegar tarde a la clásica lectura de los miércoles, de 3 horas, de una diapositiva de un profesor; ventana abierta, celular y computador en la silla del copiloto; debo hacerme en la primera fila, porque dejé las gafas en casa; los 3 carriles de la Regional se ven como uno solo; finalmente, llego al desfile de carros a la entrada de la universidad y me reciben con la pregunta de que si quiero lavar mi carro por una “módica” cuota de 25 mil pesos… Recuerdos que llegan a mi cabeza una linda mañana de miércoles, mientras veo Teams. 

Me fui sin decir adiós por Samuel Pérez Chadid

Todo aparentaba ser muy normal, mi esposa y yo estuvimos cumpliendo con las medidas preventivas, aunque el contacto físico con otras personas era inevitable, porque vivíamos solos y alguien tenía que ir a hacer las vueltas. Empezando esos días de pánico tuve que ir al cajero, sin llegar a pensar que estaba completamente contaminado. De ahí en adelante mi fin era cada vez más una realidad, pues mi respiración empezó a fallar y, una vez en la clínica, me intubaron y mis días empezaron a ser contados, todo fue tan rápido, me dio un paro y sin saberlo morí ahogado.

En la comodidad de mi melancolía por Juan Pablo Silva

Mi sueño se hizo realidad; no tengo responsabilidades, puedo ver todas las películas que quiera, dormir a cualquier hora, escuchar música todo el día, malgastar todo el tiempo posible. Es la vida perfecta para un vago como yo. Pero no entiendo por qué no me siento feliz. ¿Acaso esto era lo que quería? No, esto no era. No puedo terminar de ver una película, no disfruto de la música como antes, no puedo dormir bien, me siento solo, la ansiedad se hace cada día más grande. Nada de esto tiene sentido para mí. Simplemente no lo entiendo.

Opine sobre este artículo

Posts Recomendados