Sobrevivir a la pandemia lejos de casa

Miércoles 8 de abril, Santiago de Cali
Sofía solo vino a caer en cuenta de la irresponsabilidad que había cometido días después, ya que un día antes de que el gobierno de República Checa hubiera decretado que en un lugar no podían estar más de 100 personas, ella y sus amigos decidieron salir de fiesta como si fuera un día normal.

Las resoluciones que el gobierno estaba tomando eran por la situación del covid-19 en ese país de Europa Oriental y en el continente en ese momento.

Intercambio universitario convertido en cuarentena

Pensando que esto no los afectaría, tomaron la decisión de salir a rumbear porque muchos amigos estaban devolviéndose a sus países de residencia. Esa fiesta sería su despedida, ya que todas las clases eran virtuales y muchos países estaban cerrando fronteras.

En ese momento no habían tomado la medida de cuarentena nacional en República Checa, solo había pequeñas restricciones puesto que el virus no había tomado mucha fuerza en el país. Las medidas eran más para evitar contagios de otros estados.

Esa nación es pequeña, tiene 10 millones de habitantes y en la primera semana tuvo un menor numero de casos que en el resto de países de Europa.

“Caí en cuenta de la dimensión de este virus cuando dijeron que todo estaría cerrado por tres semanas y que solo podíamos salir a mercar”, comentó Sofía.

Sofía Arango.

Ella es de Medellín, está haciendo su intercambio académico en Praga desde enero de este año y nunca se le pasó por la mente que algo de esta magnitud fuera a suceder. Tenía muchos planes, pues varias amigas la visitarían, haría un viaje a esquiar con sus compañeros e, incluso, pronto iba para Budapest.

En ese momento pensé mucho en ella, pues me acuerdo lo feliz que estaba de irse a Europa a estudiar y poder viajar, pero ahora no podría hacerlo.

“Lau, por ejemplo, Adelaida iba a venir en Semana Santa a visitarme. Ya tenía los tiquetes y todo comprado, y los papás la mandaron para Medellín de la nada”, explicó Sofía.

Una sociedad disciplinada

Le pregunté cómo eran las personas allá siguiendo las reglas, pues con tantas fotos circulando de los supermercados del mundo estaba un poco intrigada. Sofía me decía que las personas en ese país son muy cultas y respetan a la autoridad.

Cada que sale a mercar siempre hay de todo en los estantes, las personas mantienen sus distancias y esperan sus turnos con mucha paciencia. Se me pasa por la cabeza como hay personas aquí en Colombia y otros países del mundo que se abastecen con cosas exageradamente y dejan a otros sin ningún recurso.

Esta es la habitación de Sofía Arango en Praga una mañana. Al despertar puede ver como se plasmaron los copos de nieve en su ventana, eso le da una alegría para su día.

En Praga es obligación salir a la calle con un tapabocas, para evitar una propagación más rápida. Sofía me contó que para el momento en que ella fue a buscarlos estaban agotados, así que adaptó una camisa que le quedaba un poco grande como tapabocas, para poder salir a hacer sus compras.

Cuando yo iba a viajar a Cali por el cambio de clases presenciales a virtuales, un primo me entregó un par de tapabocas para viajar. Conseguí unos guantes para estar un poco más protegida e, incluso con esas prevenciones, me sentía vulnerable porque el vuelo era en un avión que hacía conexión en Medellín desde Nueva York hasta Cali.

Ahora Sofía pasa sus días en su habitación en la residencia, ya que todavía estudia y hace sus trabajos porque la universidad continúa de manera virtual. Vive en el último piso del edificio y tiene una ventana donde entra un poco de luz, aunque últimamente ha estado cubierta de nieve.

 

Los fines de semana trata de salir a los parques a tomar un poco de aire, ya que estar entre cuatro paredes la agobia un poco. Siempre está conectada con su familia y amigos a través de las redes sociales, pues está muy sola y sus amigas más cercanas se fueron a sus países de residencia.

Tomó la decisión quedarse en Praga para no estar más expuesta a contagiarse, toda vez que tendría que coger varios aviones y estar en bastantes aeropuertos.

Atardecer en Praga durante la cuarentena en el mes de marzo. Imagen tomada desde la habitación de Sofía Arango en el último piso del dormitorio.
Siempre firmes a sus reglas

Mientras tanto, mi mejor amiga está en Bremen, Alemania. Se llama Natalia, es de Cali y desde que nos graduamos del colegio está estudiando en Jacobs University.

Ella siempre ha sido muy aplicada y juiciosa. Es un poco introvertida, pero en estos tres años ha conocido personas de todo el mundo porque su universidad es muy internacional.

Con ella hablo la mayoría del tiempo por WhatsApp, tenemos que contarnos todo lo que nos pasa. Bremen es una pequeña ciudad, su población es de 500,000 habitantes y la mayoría son estudiantes.

“Algunos de mis amigos comenzaron a irse a sus países para pasar estos momentos con sus familias”, me dijo Natalia.

Hasta ahora en su universidad han tomado diferentes medidas, una de ellas es que tienen clases virtuales hasta el 14 de abril. En mi universidad, EAFIT, también tomaron esa decisión, pero el gobierno ha dicho que las clases en línea seguirán hasta el 30 de mayo.

Luego de unos días, su universidad se volvió más estricta con los estudiantes, ya que como viven en dormitorios estaban en constante contacto. Ya no podían estar más de dos personas en una habitación, pero para ese momento no existía una cuarentena oficial en el país.

Llegó hasta tal punto que en la cafetería de la universidad había seguridad porque solo podían entrar pocas personas o si no serían sancionadas. Ella sabe que cuando dicen esas cosas es muy en serio.

Medidas drásticas

“Decían: si no cumplen con las reglas los sancionamos, podemos suspenderlos, les quitamos beneficios o pueden no llegarse a graduar”, me explicó Natalia.

Cuando me contó quede impactada por como eran de estrictos, pues de esa manera pueden mantener a los estudiantes seguros. Mi amiga se gradúa en junio de este año, pero por una pequeña sanción se podría quedar sin su grado.

Los casos en Alemania se incrementaron en pocos días y por esa razón la Policía comenzó a tomar medidas más drásticas en la universidad, como cerrar completamente la cafetería: ya no podían comer ahí y tenían que llevarles la comida a las habitaciones. Uffff…

En ese momento me di cuenta de que mi cuarentena era diferente a la de mi amiga porque yo puedo comer en la mesa comida hecha en casa con toda mi familia. A veces somos ciegos a ciertas cosas en las que somos tan afortunados, como estar al lado de nuestras familias en estos momentos difíciles.

Y sí, Natalia se va a quedar en toda esta situación allá, pues un tiquete estaba a casi 10 millones de pesos antes de que cerraran fronteras.

Ella se queda tranquila, sabe que Alemania es un país muy correcto y las personas son conscientes de que hay que seguir las reglas y que el coronavirus allí, como en el resto del mundo, es una realidad.

Una realidad a solas

Portugal, al ser vecino de España, es otro de los países afectados por la pandemia. Allí tomaron medidas lo más rápido posible.

En la capital, Lisboa, donde residí seis meses de mi vida, vive una de mis amigas de la infancia. En un apartamento familiar, vive sola Sofía. Ella es de la ciudad colombiana de Armenia y se fue a este país hace tres años a estudiar (su hermano vivía allá hacía más de 5 años).

Ahora el apartamento que compartimos los tres hace un tiempo solo estaba siendo usado por Sofía, ya que su hermano está viviendo con su prometida.

Según ella, todo comenzó el 9 de marzo cuando los profesores empezaron a tomar medidas separando las clases a diferentes horas, para que así no estuvieran tan llenas de alumnos.

Sofía Botero.

Ella dice que en ese momento no había tantos casos, pero existían las prevenciones. El miércoles 11 de marzo fue la última vez que mi amiga salió a la calle: tomó la decisión de quedarse en casa antes de que decretaran la cuarentena. Todas sus clases se convirtieron virtuales y son por medio de la aplicación llamada Zoom.

Mientras lleva a cabo sus estudios tiene que ir buscando trabajo, pues se gradúa en junio.

“En este momento está demasiado difícil buscar trabajo, pues todos estamos viviendo algo nuevo. Pero estoy segura de que antes de junio lo podré haber conseguido”, me comentó con determinación.

El abastecimiento
Una salida de Sofia Botero en Lisboa al supermercado. En las filas hay dos metros de distancia entre cada persona respetando las reglas de distanciamiento social.

Cuando ya llevaba una semana en aislamiento fue a mercar con todas las prevenciones: tapabocas, gel antibacterial y muy consciente de la situación. A una cuadra de su apartamento hay un supermercado, entonces no tuvo que hacer mayor desplazamiento.

“Cuando llegué a la esquina me di cuenta la fila que había, también que cada uno tenía que tener una distancia del otro mínimo de 2 metros”, dijo Sofía.

Adentro solo podían estar 10 personas, mientras afuera había policías verificando que se cumplieran los reglamentos. Compró cosas como para 15 días: mucha proteína, verduras, frutas, algunos paquetes para matar la ansiedad…

Regresó a su casa y limpió todo lo que compró para evitar el contagio por si alguien lo había tocado. Mientras tanto, acá en Cali, ni yo ni mi familia hemos salido y cuando se van acabando ciertas cosas pedimos un Rappi con el mercado.

Aunque ella está sola en su apartamento, ha tomado de la mejor manera el aislamiento. Buscando la manera siempre de estar entretenida, creó una agenda diaria para así mantenerse activa. Dice que a veces se eleva un poco y no sabe qué día de la semana es porque todos hace casi lo mismo.

Hace tantas cosas que el día se le pasa muy rápido, ya que ha estado haciendo ejercicio, un poco de yoga… se ha dedicado mucho a ella. Incluso descubrió que muchos cantantes colombianos están dando conciertos en vivo, como Carlos Vives y Fonseca, lo que le fascinó porque coge una copa de vino, pone los “en vivo” en el televisor y canta sus canciones favoritas.

En las noches llama a su familia en Colombia, también en cuarentena, y conversan un par de horas.

“Así es un día en mi vida de cuarentena, la cual no estoy pasando mal sino muy bien. He sonreído muchísimo porque justo este semestre me había dado muy duro estar sin mi familia y ahora los veo más por video-llamada. Aunque es una situación difícil para todos, debemos buscarle el lado positivo para no desanimarse porque apenas estamos comenzando la cuarentena. Hay muchas actividades que se pueden hacer en internet, no es sino cuestión de buscarlas y ponerle ganas”, dice Sofía.

Lo que Sofía ve cuando se asoma a su ventana en Lisboa: un sol radiante, el cielo despejado, pero debe quedarse en su apartamento para mantenerse alejada del covid-19.
Aprendizajes

Hablando con mis amigas que están lejos de casa, me doy cuenta de lo afortunada que soy: por ejemplo, en este momento estoy con mi familia (mi papá, mamá y hermano), también vivo en una casa de dos pisos lo que me brinda la posibilidad de sentirme un poco más abierta.

Tengo la ventaja de tener una nevera llena y alguien que nos ayuda con la comida y el aseo del hogar. También tengo dos mascotas con las que me puedo entretener y la posibilidad de sacarlas a pasear.

Pienso que lo más importante es aprender, pues todos estamos pasando por lo mismo: aunque en diferentes escenarios es idéntica situación. Invito a todos a que salgamos de esta cuarentena con un talento nuevo o un hobbie nuevo, pero también con una consciencia diferente hacia el cuidado del planeta y hacia nuestra propia salud. A que salgamos de esta siendo muchísimo mejores.

Este contenido hace parte del especial
Diario de la pandemia

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