El ‘Qi’ que arruinó a Mulán

Nicole Rubinstein Ángel

Nuestra heroína se volvió lo que en el mundo literario y cinematográfico se conoce como una ‘Mary Sue’: un personaje poco realístico sin debilidades ni profundidad.

Hoy en día, no cabe duda de lo importante que es la representación cultural y étnica en el cine, en especial para los niños. La infancia es una época crucial y memorable, pues es la etapa de la vida donde se construye el carácter y la personalidad de cada uno a partir de influencias claves. Una de estas influencias viene de nuestros personajes favoritos de diversas historias ficticias las cuales, en una mayoría de casos, son películas de Disney.

Más allá de su película animada de 1998, Mulan ha sido una de las leyendas más importantes e inspiradoras a lo largo de la historia de China. Es el cuento de una mujer que se disfrazó de soldado para tomar el lugar de su padre en la guerra contra los hunos, un relato de sacrificio y autosuperación. Por generaciones esta historia ha inspirado a personas chinas y de otras nacionalidades, en particular a mujeres y niñas. Desafortunadamente, Disney falló en hacerle justicia a Mulan con su nueva película del 2020, arruinando por completo su esencia y su mensaje principal.

Desde un inicio se vaticinó que Mulan tendría problemas para recibir el apoyo del público. Una vez se supo que los productores decidieron eliminar personajes icónicos, como Mushu el dragón y el capitán Li Shang, la película comenzó a recibir muchas críticas sin ni siquiera haber salido. Por otro lado, se tomó la decisión de no incluir ninguna de las canciones originales debido a que la idea era ser fiel a la leyenda original basada en el poema ‘La Balada de Mulan’. Esta declaración por parte de los productores redujo substancialmente la ola de críticas, pero una vez la película salió, las quejas del público se volvieron aún más fuertes que antes.

Una tarde reciente, después de terminar mis clases de la mañana, decidí aprovechar mi tiempo libre para ver la película. Tenía que ver por mi propia cuenta si las opiniones negativas que había visto en internet eran ciertas. Para mi decepción, esas reseñas de una y dos estrellas no eran para nada exageradas: Mulan me defraudó. La heroína que interpretó la actriz Liu Yifei no tenía punto de comparación con la Mulan animada; eran dos personas completamente diferentes.

Para empezar, quiero recalcar lo que hacía a la versión animada tan especial para mí y cientos de fans alrededor del mundo: Mulan era una joven mujer común y corriente que jamás había vivido la violencia de la guerra. Al llegar al campo de batalla tenía una obvia desventaja, pues no poseía la misma fuerza física que sus compañeros. A pesar de esto, Mulan nunca se rindió y al final logró buscarles provecho a sus desventajas físicas para estar al par con los demás soldados. Esto daba el mensaje de que el hecho de ser mujer no fue un obstáculo para Mulan; ella era tan capaz como sus compañeros. Sin embargo, en esta nueva versión, los productores decidieron que Mulan tendría poderes mágicos.

Efectivamente, la nueva película comienza con su padre explicando cómo su hija tiene acceso al ‘Qi’, la fuerza de la vida. Supuestamente el ‘Qi’ es exclusivo para los hombres, por lo cual es un tabú que una mujer lo tenga. De hecho, una mujer con esta habilidad era considerada una bruja en la película. El ‘Qi’ le dio a Mulan habilidades dignas de un ninja desde que era niña: podía escalar paredes, hacer piruetas y usar espadas sin dificultad alguna. Claramente se puede ver cómo esta idea del ‘Qi’ destruye por completo el mensaje original de esta historia: Mulan ya no es una persona normal que debe trabajar duro y evolucionar, si no que tiene un poder mágico que la hace una guerrera desde su nacimiento. En otras palabras, una mujer no podría sobresalir de ninguna manera a menos que tenga el ‘Qi’, lo cual es una terrible lección para mandarle a una niña que tenga a Mulan como heroína.

Por otro lado, este aspecto del ‘Qi’ no me permitió ver ningún tipo de desarrollo en el personaje de Mulan. En la película animada se podía reír, llorar y sobre todo sentir afinidad con una joven obstinada pero algo torpe que aprende a vencer sus miedos con pura fuerza de voluntad. No sentí nada parecido con la  interpretada por Liu Yifei: solo vi a un personaje plano y aburrido cuyo único defecto era que no estaba usando sus poderes mágicos al máximo. No me importaba para nada esta nueva Mulán; no sentí empatía ni por ella ni por los personajes inútiles con los que reemplazaron a los originales. Es más, estos últimos me causaron tan poco impacto que ni si quiera recuerdo sus nombres.

Aún más frustrante, no podemos ver el momento icónico donde Mulan corta su pelo con la espada de su padre, su punto de no retorno y el momento más simbólico de su sacrificio. Tal vez los productores pensaron que se vería más ‘atractiva’ si su pelo largo flotara majestuosamente en el viento mientras aniquilaba a sus enemigos con su ridículo ‘Qi’ en el campo de batalla. No hay nada realístico en la nueva Mulan, ningún tipo de crecimiento ni aprendizaje. Nuestra heroína se volvió lo que en el mundo literario y cinematográfico se conoce como una ‘Mary Sue’: un personaje poco realístico sin debilidades ni profundidad.

Así es como Disney degradó a Mulan: reemplazaron el sacrificio y el esfuerzo con magia y hechizos, como si en la vida real una niña pudiera acceder a un poder sobrenatural para conseguir lo que quiere. La manera en la que se alejaron del mensaje original deja muy claro que su prioridad no era respetar la historia si no usar el anzuelo de la nostalgia para poder vender una película más, la cual ni siquiera fue basada en una idea nueva. Solo queda la pregunta de dónde quedó la creatividad de Disney y hasta cuándo seguirán arruinando tantas historias del gran genio que nos enseñó a soñar.

Dicho esto, no recomiendo a Mulan del 2020 a ningún tipo de público, mucho menos a niñas y jóvenes. Una película que tuvo la oportunidad de renovar el mensaje de empoderamiento de la historia original se desvió por completo. Es preferible quedarse con la versión animada de 1998 pues, aunque sea demasiado fantasiosa comparada con el poema en el cual está basada, la lección que debe mandar es más fuerte y convincente que el nuevo ‘re-make’ de Disney. Se ve claramente el amor y el esfuerzo con la que fue hecha la Mulan animada, mientras que la nueva queda como un perezoso y muy aburrido intento de ganar dinero para el estudio ante la falta de nuevas ideas.

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