Polo en caballitos de acero
Juanita Donato García
No solo el fútbol o el ciclismo merecen el respeto de los aficionados; aunque no todos los deportes pueden ser populares, surgen opciones como el bicipolo, que nos invitan a vivir nuevas experiencias.

Unos 20 minutos después de subirme al carro comenzó a llover, todavía estaba lejos de mi destino, así que traté de pensar positivamente acerca del clima. Cuando llegué a Bicirolling, ubicado en Laureles, cerca de la avenida San Juan, me encontré con Andrés Bustamante, con quien ya había hablado unos días atrás.

Para mi sorpresa no estaba solo, se encontraba con Erika, una joven de aproximadamente 25 años. Estaba allí porque también quería hablar conmigo sobre el bicipolo.

El bicipolo es una variación del polo que todos conocemos, solo que en lugar de utilizar caballos para movilizarse, se utilizan bicicletas. Fue inventado en 1891 en Irlanda y desde eso se ha ido extendiendo paulatinamente hacia el resto del mundo.
Al país llegó en 2009, cuando empezó a practicarse en la localidad de Usaquén, en la capital. Cinco años después, en el 2014, Bogotá fue la sede del Primer Latinoamericano de BikePolo “Polota”, en el que participaron ocho países y más de 38 equipos.

Por esa época, el bicipolo o bikepolo se dio a conocer en Medellín, gracias a unos deportistas de Bogotá que quisieron expandir el deporte por el territorio nacional. En 2015 se realizó en la capital antioqueña el torneo nacional más importante, que contó con la presencia de equipos de Bogotá, Buga y Cali.

Antes de mostrarme dónde se practicaba el deporte, Andrés estaba emocionado porque viera su taller de bicicletas: Bicirolling. Entré y lo primero que vi fue un montón de bicicletas colgadas de todos lados, me imaginé que para él eso era el paraíso.

Seguimos caminando alrededor del lugar y pude ver las distintas estaciones por las que pasaban las bicicletas hasta la finalización del proceso: dónde se pintan, se ensamblan y se personalizan. Había un olor a pintura extraño, que no era fuerte, por el contrario, complementaba el ambiente.

Estaba un poco perdida, porque Andrés me había dejado prácticamente sola en la calle, sin decirme nada. Luego de unos pocos minutos lo vi arrastrando una bicicleta color naranja chillón. Nunca había visto una así, tenía el manubrio muy bajo, comparado con otras que estaban en el taller.
“¿Qué tiene esta bicicleta de diferente comparada al resto?”., pregunté. Andrés respondió: “Bueno, son muchas cosas, el marco es especial, lo mandé a hacer en Bogotá y me costó, hace 3 años, 180 mil pesos.

Además, esta bicicleta solo tiene el freno delantero, porque el trasero produce un derrape que es algo que molesta cuando se está jugando. El espacio entre los ejes es más corto y la silla está encima de la llanta de atrás”.

El bicipolo, como cualquier deporte, tiene reglas básicas que los jugadores deben seguir. Normalmente los equipos son de tres jugadores, aunque existe una nueva modalidad que incluye cinco (tres en el campo jugando y dos para una constante rotación).

Es muy importante que no exista, en la bicicleta, ningún borde puntiagudo o saliente peligrosa, por lo tanto, los manubrios deben tener tapones, como también se deben recortar tornillos que pudieran estar salidos.

Se practica usualmente en canchas de hockey con superficie de pavimento, sin embargo, también es posible jugar sobre baldosa. Los arcos o canchas también pueden ser de hockey o es viable utilizar los de microfútbol. El uso de casco es obligatorio.

Las llantas, son por lo regular son más delgadas, ya que esto les da un mayor rango de movimiento. Las pelotas que se utilizan las venden según el clima, siendo las de clima frío más blandas que las de clima caliente. Para mover la pelota a través del campo se utiliza un mallet o taco, el cual está fabricado a base de plástico.
Luego de todas las explicaciones acerca del deporte, quería ver la cancha de Conquistadores, donde ellos me dijeron que practicaban. Lamentablemente estaba empezando a llover otra vez y tenía miedo de que no parara, puesto que arruinaría todos los planes que habíamos hecho.

El lugar quedaba a unas seis cuadras, tomando un atajo en el que solo podían pasar las bicicletas.

Miré al cielo y estaba gris, además se sentía el frío en el ambiente. Antes de irnos, Andrés quería mostrarme cuál era la forma correcta de montar en esta bici tan diferente a las demás. Se subió con gran facilidad, claramente era algo que hacía a diario, y arrancó. Erika, por su parte, tenía una bicicleta aguamarina, más parecida a las que vemos con normalidad en las calles.

Quise intentar subirme a la bici naranja chillón de Andrés. Primero que nada pensé que me quedaba un poco grande y se lo manifesté, me respondió que me parara: si el marco no me lastimaba, era de mi talla.

Para aclarar, hace muchos años no montaba en bicicleta, así que estaba un poco ansiosa. Traté de pedalear después de sentarme en el asiento, obviamente perdí el equilibrio y estuve a punto de caerme, milagrosamente alguien alcanzó a agarrarme antes de que el desastre sucediera.

En el segundo intento, me indicaron que primero pedaleara y luego me sentara, porque lo estaba haciendo al revés; puse mi pie derecho y después el izquierdo, ya que soy diestra, así pude arrancar.

La bicicleta alcanzó gran velocidad en pocos segundos, y parar con solo el freno delantero era muy miedoso, así que duré 20 segundos en ella antes de bajarme por puro temor. Pensé que la tercera sería la vencida, además no me iba a rendir tan fácil, seguido de esto intenté hacerlo y por fin pude pedalear toda la cuadra, más allá de que todavía me costaba hacer los giros.

Ahora venía la parte más complicada: además de montar la bici, debía con la mano derecha sostener el mallet y con él llevaría la pelota. Debo agregar que estos mallets están hechos de distintos materiales y entre más profesionales sean, son más livianos. El que tenía él lo había comprado en una tienda especializada en este deporte en Bogotá, por 90 mil pesos.

Me mostró, además, unos caseros que ellos fabricaron al principio, antes de entusiasmarse realmente con el deporte, elaborados con barras de un acero mucho más pesado.

En el intento por practicar este deporte subestimé lo difícil y demandante que podía llegar a ser. No fue solo que al montarme la posición en la que quedaba en la bicicleta era algo incomoda, sino que sostener el mallet durante más de cinco minutos, aun siendo el profesional y el más liviano, se convirtió en una tarea casi imposible para mí.

Ahora ni hablar de mantener la pelota rodando sin que perdiera el control sobre esta, creo que estuvo más tiempo moviéndose sola que yo manejándola. Al fin, como muchos que quieren aprender este deporte, me rendí: dicen que el que persevera alcanza, pero en ciertos momentos es inaguantable seguir intentando.

Después de despedirme y de todo lo que había vivido, me fui sonriente, sabía que era una experiencia que muy pocos habían tenido.

El bicipolo es tan difícil, no solo porque no pueden apoyarse en el piso en ningún momento, sino que cuando lo hacen deben devolverse al centro de la cancha, dándole una ventaja de segundos al contrincante, que en este deporte es mucho, pues los partidos son apenas de escasos minutos.

Adicionalmente, deben pasar la pelota entre las llantas para poder llegar al arco y el tiro que hace el gol no puede ser arrastrado, tiene que ser un tiro directo y seco a la portería. Es imposible que todos los deportes sean populares, tal vez deberíamos abrir un poco más la mente a experiencias como estas, aún hay mucho por aprender y por conocer.

No todo en la vida es fútbol, ni es el único deporte que vale la pena ni el único que exige físicamente, estos nuevos deportes son una forma interesante de ver la vida.

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