El inusual origen de Mafalda, la niña de cabellos con libertad de expresión

Melissa Zuluaga Jaramillo

Amante de la democracia y los Beatles, pero enemiga de la sopa, esa es Mafalda, un personaje de 57 años con cuerpo de niña y mentalidad de adulto. Sus ideales, actitud frente al mundo, preocupación por la humanidad y paz mundial siguen hoy más válidos que nunca. Su origen, sin embargo, parece contrario a ella misma.

Su padre y creador es Joaquín Salvador Lavado Tejón (Quino), quien le dio vida de una manera más peculiar de lo que todos creen: Mafalda fue creada para promocionar una marca de lavadoras. Esa misma niña que reflexiona sobre el orden mundial y cuestiona la vida del Siglo XX, es producto de la sociedad del consumo.

La historia es la siguiente: a Quino le ofrecieron diseñar una familia de personajes para publicitar los aparatos eléctricos en Mansfield, la firma Siam Di Tella, en un periódico argentino, pero a pesar de todo el proceso y creación del famoso diseño la campaña nunca vio la luz.

Quino guardó a su niña muchos meses hasta el día en que le pidieron publicar una tira en el semanario. Mafalda se convirtió entonces en papel prensa y comenzó su camino a la fama y el reconocimiento.

Todos en ese entonces veían en ella una forma de entender el mundo y sus problemáticas, pues le abría los ojos a cualquiera. Así fue como en 1964 se publicó su primera tira para durar nueve años de vida, con temas de su propio interés como la hambruna de África, el furor con los Beatles y la situación política de Argentina.

Gustos y disgustos

Mafalda es una niña con una actitud comprometida ante el mundo, de mente abierta, crítica ante las convenciones sociales y propensa a filosofar a partir de cualquier hecho que se presente en su país y en el mundo.

Por eso vive preocupada por la humanidad, constantemente actualizándose a través de la radio y los periódicos. Sus comentarios son el reflejo de problemas e inquietudes políticas y sociales de la época de los años 60.

Lo que más le apasiona son los derechos humanos, la paz y la democracia; de la misma manera, tiene su respectiva lista de odios como la injusticia, las armas, el racismo, la guerra, las incoherencias de los adultos y la sopa, que utiliza como metáfora sobre el militarismo y la imposición política del momento.

Cuenta con sus propias frases célebres sobre su alimento enemigo: “¿La sopa es a la niñez lo que el comunismo a la democracia?” Evidentemente la odia y cada vez que la hacen en su casa arma protesta con su madre, a la que todo el tiempo critica duramente por ser ama de casa y no haber seguido una carrera universitaria.

 

Datos poco conocidos

La popular niña no tiene apellido, pero se dice que empieza por la letra M. Lo que sí es real es que su creador sacó el nombre de un personaje de una novela de David Viñas y le gustó por el simple hecho de que le sonaba alegre. Así se originó su resonante nombre.

Quino asegura que se basó en su abuela para su personalidad, ya que era una mujer que discutía constantemente sobre lo que sucedía en el mundo y, a la vez, tenía gran sentido del humor.

La caricatura favorita de esta argentina de cuatro dedos y seis años es el Pájaro Loco: puede pasar horas pegada al televisor hasta que se enoja porque no le dan nunca el Óscar que, para ella, tanto merece.

Asegura que se imagina estudiando idiomas y trabajando en las Naciones Unidas para contribuir a la paz mundial. Tanto es su encanto y afición con los temas políticos y sociales mundiales que tiene una tortuga que se llama Burocracia y la razón de su nombre es lo más divertidoy exacto: porque camina muy lento.

Familia cooperativa sin jefes

La mamá es una típica señora preocupada por las cosas que suceden dentro de su hogar y sufre por los constantes juicios de su hija que le demuestran la fragilidad de su compacto mundo.

Su papá es un trabajador de clase media que llega a su hogar sin otra intención que olvidarse del mundo exterior y, para su desdicha, siempre estan los comentarios problemáticos de Mafalda, recordándole todo aquello que desea dejar a un lado.

Guille, su hermano pequeño, siempre con su ingenuidad, le hace preguntas a su hermana y responde las mismas que ella hacía a su edad, intentando ser su ejemplo y comprender las cuestiones filosóficas que le plantean.

Viven en un piso 10, en un apartamento muy alto y angosto situado en el número 371 de la calle Chile. Lo cierto es que era la dirección real de Quino en alguna parte de su vida. Ahí mismo existe, hoy en día, la placa identificadora que asegura que en ese lugar reside la famosa niña.

Popularidad a la vista

De la misma forma, a medida que ganaba popularidad y sus pensamientos retumbaban en toda la sociedad, fueron recreando su imagen en esculturas y espacios significativos de varios países.

Actualmente está en todas partes y no solo porque sus libros han sido traducidos a más de 30 idiomas: su imagen es un referente de la cultura y se encuentra desde en un cuaderno hasta en barrios colegiales en Buenos Aires donde está una plaza Mafalda en el barrio de San Telmo en la que hay una escultura de tamaño real. Pero está también en España en el parque San Francisco, en el subterráneo de Perú y en el metro de París.

No bastó con sus esculturas y presencia en calles, también tiene dos series animadas, una de 104 episodios producida por una empresa española y la otra de 52 producida por una empresa argentina.

Y así, publicada en más de 30 países, el 25 de julio de 1973 sale la última tira de la reiterada figura irónica, referente de patriotismo y generosidad. Al mismo tiempo, y a pesar de toda su fama, ha sido censurada.

La siempre chiquilla crítica no cayó muy bien en otros países, como España, donde la censura franquista obligó a los editores a poner una franja en la portada del primer libro de Mafalda con la que se declaraba como una obra para adultos. También tuvo que enfrentarse a la censura en países como Bolivia, Chile y Brasil.

Pensamiento célebre

La inquieta niña argentina representa su idealismo y decepción con ingeniosas frases que incitan a la reflexión de distintas realidades globales: “¿Por dónde hay que empujar este país para llevarlo adelante?” Le preocupa todo y más, ama su país y cada inconformidad que se le ocurre la expresa.

Siempre analizando todo, plantea juicios sobre su rol en la comunidad y se pregunta sobre su futuro, expresa la necesidad de tener garantías para el mañana y un desarrollo fijo hacia la adultez.

En ese orden de ideas, dice que “la vida no debiera echarlo a uno de la niñez sin antes conseguirle un buen puesto en la juventud”.

Y como invita Mafalda, “¡sonríe!, es gratis y alivia el dolor de cabeza”, siempre incentivando a ser felices.

Sarcástica, opinante y de fama mundial, Mafalda sigue planteando reflexiones que conservan una increíble vigencia y veracidad en la incierta y cuestionable humanidad de la que hacemos parte.

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