El casto José Asunción, el poeta suicida
María Isabel Jiménez Ramos

Se suicidó. Se pegó un tiro en el pecho con un viejo revólver de su papá. El que es considerado por muchos como el más grande poeta colombiano terminó con su vida a los 30 años, sin un peso y sin encajar con sus contemporáneos. ¿Quién era? ¿Por qué era tan disonante en la sociedad bogotana de su época?

El personaje que aparece el billete de 5.000 pesos colombianos era refinado y de gustos elegantes. Se dice que luego de un viaje que realizó a París regresó con todas las costumbres de los parisinos a una Bogotá aldeana con la que de inmediato chocó. Rumores eran los que corrían sobre él. Le apodaban El casto José en Bogotá y La casta Susana en Caracas.

Como bien enuncia la escritora Remedio Mataix, parece toda una leyenda, un genio desde niño, tan inteligente que quienes le rodeaban eran incapaces de comprenderlo, hasta el bogotano aldeano que quería vivir como dandi europeo. Quizá era un poco afeminado y eso daba de qué hablar en pleno final del Siglo XIX.

José Asunción Silva fue una víctima de las circunstancias en las que le tocó vivir, pero también fue víctima de aquellas que decidió crear. Él quería ser exitoso, intentó por aquí y por allá y nunca lo logró. A pesar de eso, nunca renunció a una vida de lujos que no podía costear. Esto le salió caro, en especial por la sociedad en la que vivió.

Fragmento del programa Culturama, del año 2007, en Señal Memoria, archivo histórico de la radio y la televisón colombianas.

Muerte

En la madrugada del 24 de mayo de 1896, Silva se disparó en el corazón. La negra Mercedes, servidora de la casa, lo encuentra tumbado en la cama, a las 7 a. m., con una paz plasmada en el rostro, por lo que se dice que no sufrió en su muerte y que fue instantánea.

Tenía la cabeza ligeramente inclinada a la derecha (solo fue posible enderezarla cortándole un tendón) y en su mano derecha sujetaba el revólver viejo de su padre. Se estima que murió a eso de las 3 a. m. y que ahogó el ruido del disparo en sábanas.

El elegante poeta planeó cada detalle de su muerte. El día anterior visitó a Juan Evangelista Manrique, doctor y amigo suyo. Le pidió que le hiciera un examen completo y, entre conversaciones de amigos, le pidió que le dibujara el lugar exacto de su corazón; allí se dispararía.

Hernando Villa, su amigo y última persona en verle con vida, relata:

“Me invitó a tomar el té en su casa para leerme la novela, en la pieza en que murió pocas horas después […] La lectura terminó cerca de la una de la mañana, y José, con un candelabro de plata, en que había dos espermas, salió conmigo hasta la puerta y al despedirme le dije: ‘Te espero mañana a comer en casa’; a lo cual repuso: ‘esas comidas allí son complicadísimas y por estar delicado de salud no puedo aceptarte, pero sí voy por la noche a tomar el té’. Le repuse: ‘¡Déjate de esa vida, vive como vivimos todos, sin tantos refinamientos, pues si sigues así, acabas por darte un balazo!’. ‘Suicidado yo, ¡qué bonito!’, me dijo riéndose de mí.

Al otro día, a las 6 a. m., recibí recado de la casa de Silva, de que este había muerto. Como vivía yo tres cuadras abajo de la de Silva, junto a la de El Tiempo, en pocos minutos atendí la llamada y fui el primer extraño que llegó a llorar con el alma, la infausta muerte. El balazo […] se lo dio en el corazón, con un revólver viejo, que era de su padre, de fuego lateral y que poco antes lo arregló un armero para defensa del guardia de la fábrica”.

¡Se suicidó, José Asunción Silva se suicidó! ¿Por qué lo hizo? Por motivos económicos, incompatibilidad con la sociedad, por su desdicha amorosa o quizá por su amor incestuoso.

José Asunción Silva seguro sufrió en silencio durante años, en un dilema grandísimo, con la necesidad de verse perfecto ante una sociedad que no le descuidaba ni un momento, pero destruido por dentro.

Era un inadaptado, sin dinero, con la hermana muerta y cientos de miradas sobre él. No era una persona desequilibrada mental y tampoco mostró debilidad o tristeza a las personas cercanas.

El día anterior a su muerte compartió con muchos amigos suyos e incluso se comportó de manera “normal”. No dio indicios de sus planes, pero no porque se preocupara por sus allegados, sino más bien para que la sociedad no se le fuera encima. Tantos comentarios que evitó en vida y aún en muerte se le critica.

Silva inmortalizado en los billetes de cinco mil pesos colombianos.
¿Por qué se suicidó?

La razón más compartida es que por motivos económicos. Afirma el escritor Emilio Cuervo Márquez: “Hecho el balance sobre la misma libreta, descubrimos que el saldo disponible en el banco alcanzaba a pocos centavos”. El día de su muerte José Asunción Silva compró un ramo de flores que le costó casi el total de lo que atesoraba en su cuenta.

Ya Fernando Vallejo lo describió en su libro Almas en pena chapolas negras: “Cuando a Silva le entraba un peso ya debía dos […] Sacaba grandes anuncios de su almacén en primera plana, en El Telegrama, todos pensaban que le iba muy bien y le prestaban cuatro. Y cuatro y cuatro son ocho y ocho dieciséis. Así vivió. Así murió”.

No sería raro que una persona como Silva, con sueños de negocios exitosos y una buena vida, se matase al ver sus finanzas decaídas.

También se rumoró que se suicidó a causa de la muerte de su hermana Elvira quien, de manera aparente, era la única persona que en realidad quería sobre la Tierra, quizá tanto como para sostener una relación amorosa con ella.

Elvira murió a los 18 años, luego de que se le diagnosticara pulmonía. El casto José, con amorío o sin amorío, no pudo con la muerte de su amada hermana, decidiendo ponerle fin a su vida.

Nocturno III, uno de los poemas más conocidos de José Asunción Silva. Video del canal Fenete, en Youtube.

Siguiendo la línea de los despechos amorosos, hay quienes afirman que José Asunción Silva sostenía una relación con una de las “flores de su jardín bogotano”, como les llama Ernesto Santos. La señorita se casó con otro hombre. Tuvieron un hijo, tan parecido a Silva que corría el runrún de que era suyo: “Está que silva”, decían. Dicen las malas lenguas que la pareja nunca se dejó de ver, incluso luego del suicidio. La misteriosa mujer estuvo llevándole flores a su tumba hasta el día de su muerte.

Unas cuantas teorías más sobre su muerte corren por ahí, como enuncia Ernesto Santos en la investigación que hizo para escribir la biografía de José Asunción Silva: que si se suicidó por la sociedad en la que vivía, que porque era un desconocido, que un impulso por llevar consigo el libro El triunfo de la muerte. Incluso, luego de aquella investigación de más de dos décadas y descartar el suicidio del poeta, se pregunta: ¿quién mató a Silva?

¡No faltaba más!, le jodían la vida y ahora la muerte. Además de hacer esta pregunta en tono acusador, Ernesto Santos dijo: “Aunque identifiqué a los autores del asesinato de José Asunción Silva, me fue imposible reunir las pruebas concretas, contundentes, que me permitieran mencionarlos y acusarlos”. ¿Cómo los habrá encontrado entonces?

Frente al suicidio de José Asunción Silva existen dos tipos de personas: quienes apoyan el suicidio y quienes sospechan de él (o dicen directamente que lo mataron).

La versión oficial dice que se suicidó, pero Ernesto Santos desmiente cada una de las razones con argumentos bastante convincentes y presenta contradicciones dadas en testimonios de cercanos al poeta. La pregunta aquí es: ¿qué tienen por esconder sus amigos allegados?

Almas en pena chapolas negras, una de las grandes biografías de José Asunción Silva, escrita por Fernando Vallejo.
El naufragio

El 2 de febrero de 1895, el barco que llevaba a José Asunción Silva de Venezuela a Colombia naufragó y con él una significativa parte de su obra. Durante tres días el poeta vio como sus pianos y sus versos se perdían para siempre y sabía que cuando llegara a Bogotá sería objeto de burla por el fracaso que esto significaba.

Pedro Emilio Coll afirma: “Conocí gran parte de su obra desaparecida. Los doce Cuentos negros, los Cuentos de razas, meditaciones filosóficas, artículos de crítica, y las poesías”. Intentó reescribir su obra, recolectó todos los poemas publicados y con lo que recuperó armó su libro De sobremesa.

No es una de las razones que los estudiosos tienen en cuenta, pero tendría sentido que, ante esta tragedia sobre su obra ocurrida tan solo un año antes de su muerte, fuera uno o el motivo por el cual Silva se quitó la vida.

No debe ser fácil ver toda tu obra y algunas de tus pertenencias más preciadas naufragar. Y sumarle a eso el hecho de que sería la burla de Bogotá al llegar sin nada (en especial por el tipo de actitudes arrogantes que tenía).

Haría falta que José Asunción Silva reviviera para explicarnos un poco sobre él, aclararnos todos los misterios en torno a su vida y a su muerte, las leyendas que rondan sobre él, las perversiones que de él se dicen. Se necesita a un José Asunción Silva que reescriba su obra, aquella que descansa en las profundidades del océano.

Haya sido malaclase, engreído, desubicado o todo un genio, José Asunción Silva es uno de los más grandes representantes de la poesía colombiana. En palabras de Ernesto Santos: a Silva hay que leerlo y releerlo, pues se trata de un poeta nacido para todas las épocas.

Desadaptado o no, su poesía sigue vigente, como si no hubiera escrito sus versos para sus contemporáneos, como si le comunicara más a las personas de ahora.

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