Ser mujer

Texto por Ana M. Bozón Velásquez

Ilustración por Jossi Barbosa

No existen reglas si eres un hombre, si eres una mujer, tienes que seguir la corriente, pero ¿qué significa eso?

Ser mujer es todo un reto. No hemos nacido y ya tenemos un montón de expectativas que llenar por parte de nuestros padres, hermanos, familiares, desconocidos y la sociedad en que vivimos. Se nos enseña cómo comportarnos como una “señorita”, cómo sentarnos, hablar, reír, comer, pensar, reaccionar, caminar, mover, respirar, vivir…

El que dijo que la mujer era el sexo débil, definitivamente no era alguien fuerte. 90-60-90 son tres números que una mujer escucha una infinidad de veces a lo largo de su vida. Desde pequeñas se nos impone en la cabeza que la belleza tiene cara y es de cierta manera; ¿alguna vez se ha puesto a detallar una barbie? ¿Cuántas barbies negras recuerda?¿Ha visto alguna barbie gorda?

Usted pensará que estoy exagerando, pero no por nada las cirugías estéticas se han disparado en los últimos 20 años. Mantenerse delgada, pero con las caderas anchas y busto prominente. Estar arreglada 24/7 pero sin ser plástica y conservando la belleza natural. Ser inteligente, pero no mucho porque después quién se la aguanta con sus comentarios. Saber cocinar pero que coma poquito… Puedo llenar tres páginas y no acabar con las “características propias de una mujer”.

Como dijo Madonna en su discurso de aceptación a la mujer del año en los Billboard Music Awards 2016, no existen reglas si eres un hombre, si eres una mujer, tienes que seguir la corriente, pero ¿qué significa eso? Como mujer tienes permitido ser linda, tierna y sexy, pero no puedes actuar muy inteligente, no puedes tener tu propia opinión, o al menos no una que vaya contra al status quo. Tienes permitido ser tratada como un objeto por los hombres o vestirte como una puta, pero tú no eres dueña de tu “putería”.

Debes ser lo que los hombres quieren que seas, pero más importante aún, ser con lo que las mujeres se sienten cómodas cuando están alrededor de hombres. No puedes envejecer, porque envejecer es un pecado y serás criticada, atacada y definitivamente saldrás del mercado. ¿Acaso Prince no se pasea por ahí con tacones, labial, ropa brillante y mostrando el culo? Sí, lo hace. La diferencia es que él es un hombre y que él lo haga es revolucionario, pero que lo haga yo, una mujer, es escandaloso. Esa fue la primera vez que ella entendió que las mujeres no tienen la misma libertad que un hombre.

Encontrar a una mujer que en ningún momento de su vida se haya sentido mal por su cuerpo, rechazada o recibido malos comentarios por este, tenido una mala relación con la comida o que se haya sentido insuficiente por no ser de cierta manera, es como encontrar una aguja en un pajar. No estoy diciendo que sea imposible, pero si una tarea bastante tediosa.

Pero ¿por qué? ¿Por qué se dice que todo esto son imposiciones sociales? ¿Se vive en serio en una sociedad que le exige a la mujer ser algo que no es? ¿Acaso son tan “imposibles” los estándares de belleza? Lo invito a buscarle respuesta a estas preguntas, mi querido lector. Reflexione su respuesta mientras recuerda el haberse reído de aquella niña gordita en la primaria, o el haber repetido la frase “las mujeres tienen que ser…” Lo invito incluso a completarla.

Arme su propio argumento mientras ve un comercial de Gillette en el que una modelo con piernas kilométricas y piel tersa cual seda, se depila sus piernas que carecen de vello. Recuerde cuando tenía 15, 16, 17 o incluso 20 años y todas sus amigas estaban locas por seguir cierta moda, por entrar en los últimos jeans de tendencia. Cada vez que decían “que envidia” al ver la foto photoshopeada de alguna modelo en traje de baño, cuando a todo el mundo se le dio por empezarse a alizar, cuando era la época de los 15s y todas las niñas hacían ciertos “truquitos” para estar bien lindas para ese día, cuando sacar una toalla higiénica en público era vergonzoso porque qué pena que se den cuenta que estoy en el periodo; cuando la palabra “dieta” se volvió parte de su día a día.

Por último, arme su propia conclusión imaginando el siguiente escenario: usted tiene una boda en un clima caluroso el próximo mes, va toda la gente a la que usted aprecia y los novios son gente muy importante para usted. Si usted, mi querido lector, es hombre, muy posiblemente no se acuerde hasta un par de días antes que tiene que conseguir traje y cortarse el pelo, pero pregúntele a la novia o a una amiga de confianza desde cuándo y cómo se está preparando para tan esperado evento.

Si usted, mi querida lectora, es mujer y considera que mis palabras no tienen fundamento y por el contrario las encuentra desesperadas, que la tal presión social no existe y que nada de esto le aplica. Usted, amiga mía, considérese afortunada.

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