Los tramadores: muchas palabras, pocos actos

Texto por Sara Isabel Sánchez Balvin

Ilustración por Isabela Muñoz

Los tramadores no tienen ningún objetivo y, sin ser claros con su comunicación, ilusionan a las perezosas con falso interés solo por “querer pasar el tiempo”

Ellos están en todos lados, les gusta observar y asechar como grandes depredadores, su parla exquisita será su mayor arma, y sin importar cómo o dónde, recordarán hasta el más mínimo detalle que les puedas brindar. Sin duda, así sea que estés casada o soltera debes tener cuidado con los tramadores.

Este juicio de valor lo confirmé nada más y nada menos aquel día en el que decidí terminar o dejar las cosas con un muchacho que llevaba meses saliendo, y como si una película de Disney se tratara, me expresó que “lo estaba cambiando” para evitar que acabara las cosas; o como en otra ocasión, aquel muchacho con sus verbo me estaba prometiendo el cielo y la tierra, pero que al fin y al cabo resultó diciendo el mismo discurso a una de mis mejores amigas.

La palabra tramador es un adjetivo que, según la RAE significa persona que trama o prepara algo, pero que si lo ponemos en el contexto colombiano seguramente significaría persona pícara que no concreta nada porque no quiere. Sin embargo, a pesar de que este término es muy utilizado en el país, especialmente en los jóvenes, este tipo de persona siempre ha existido en la sociedad como Don juan. Además, con la llegada del aislamiento debido al Covid-19 este fenómeno se propagó gracias al confinamiento.

Durante estos meses de aislamiento es claro que todos hemos necesitado relacionarnos con otras personas y amigos por fuera de nuestra casa dando como producto a los famosos tramadores o también en otras palabras casquilleros. ¿Cuál fue mi caso en esta cuarentena? Luego de ir en un vaivén con el chico de las palabras clichés de Disney, decidí analizar a los jóvenes de mi edad y saber cómo actuaban frente a estas situaciones del amor y al compromiso y, puede encontrar situaciones propias de los tramadores como: el ghosting, desaparecer de la vida de una persona; los de los regalos misteriosos, enviar un postre o comida en la casa de la persona a tramar sin decir quien es; los casquilikes, táctica utilizada en redes sociales para hacerle saber a una persona que le interesas; el verbo de camionero que no puede faltar en este contexto y entre muchas otras más.

Y sí, cuando hablo de este adjetivo no solo me refiero a los hombres sino también a las mujeres porque, en el siglo XXI este adjetivo es independiente del género ya que es una situación que nos abarca a todos. Pero durante este tiempo mi salud mental se ha visto afectada enormemente por este tipo de hombres que con palabras dulces y caballerosos al final, como muchos dicen, solo dicen muchas palabras y pocos actos.

Y creo que ahí va el dilema, ¿Cuál es la necesidad de realizar estas tácticas cuando no hay intención? Porque yo sé que cuando se trata del amor todo se vale y todo se puede, pero puedo decir que es de las peores tácticas que han surgido para conquistar a alguien en todos los tiempos.

Los tramadores no tienen ningún objetivo y, sin ser claros con su comunicación, ilusionan a las perezosas con falso interés solo por “querer pasar el tiempo”. Estoy segura que somos muchas más las personas que buscamos un amor sincero con acciones reales; vivimos en un mundo lleno de virtualidad y de lo superficial que prefiero, en lo que respecta a los sentimientos, algo que pueda ser tangible y real.

Por otro lado, hablemos de la intención puesto que es un factor muy importante dentro de la ecuación cuando una persona le interesa a otra. Cuando me pregunté acerca de esta situación quise preguntarles a varios de mis amigos qué opinaban al respecto y el 50% concordamos que el tramador o tramadora persuade con sus palabras, pero al fin de cuenta no tiene las mejores intenciones y quiere sacar un provecho propio. La intención para mí, es una de los factores más importantes, pero gracias a este tipo de personas, mi incredulidad y rechazo frente a los detalles ha hecho que me una a la población que ya no cree en verdad cuando alguien se presenta con sentimientos.

Es por eso que una de las grandes lecciones que me ha dejado el 2020 es saber y conocer las verdaderas intenciones, ya que los tramadores de hoy en día muchas veces abusan de aquellas personas que están dispuestas a entregar todo su empeño sin que, como ya había dicho anteriormente, sea recíproco.

Para aquellos Don Juanes que andan por ahí haciendo perder el tiempo de las personas, creo que cada persona debería hacer una introspección de las actitudes que asume ya que a veces son, incluso, inconscientes. Que no se nos vuelva una costumbre ser una generación que todo lo que decimos y prometemos, se vuelva en palabras vacías de pocas acciones. Más bien, la invitación es a que seamos una generación que expresa y dice lo que siente y, claro, que tengan muchas acciones que retumben en nuestro entorno.

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