La niña y el viejo: la utopía de la gran pantalla

Por Manuela Jaramillo Jiménez y

María José Gaviria Toro

Ficha técnica: Se busca papá, 103 minutos, comedia/drama, Corazón films, Pocket pictures distribuida por Netflix. Con un puntaje de 3.8/10 en FilmAffinity.

Reseña crítica de la película “Se busca papá”, dirigida por Javier Colinas y estrenada el 11 de septiembre de 2020 en la plataforma de streaming Netflix.

“No hables con extraños”, “no te acerques a desconocidos” y “no recibas nada de nadie” son algunas de las frases con las que la mayoría de las mujeres hemos sido educadas. La lista de avisos, que no solo nos previenen cada vez que salimos de nuestras casas, sino que nos pautan una conducta diaria, desde la forma de vestirnos hasta lo que decimos, podría extenderse varias páginas. Sin embargo, en este pequeño análisis nos centraremos en el tan renombrado miedo de nuestras madres, en “los viejos verdes”, en los hombres mayores y su abuso de poder normalizado, incluso en la pantalla grande.

El pasado mes de septiembre se estrenó en Netflix la película Se busca papá, dirigida por el cineasta Javier Colinas, quien a sus 42 años ha materializado siete películas destacadas, tanto en su país natal, México, como en Latinoamérica. En esta producción participan reconocidos actores como Juan Pablo Medina, Silvia Navarro y Natalia Coronado, quienes se envuelven en una trama supuestamente cómica que gira alrededor de la amistad entre Blanca, una pequeña de 12 años, y Alberto, un hombre adentrado en los cincuenta y soltero.

Blanca es una niña rebelde y llevada de su parecer, ausente de padre, carente del cariño de su madre y llena de vacíos emocionales, quien encuentra en su bicicleta el sentido de felicidad y libertad que una niña de 12 años pide a gritos. Quizás, este puede ser el retrato de muchas preadolescentes hoy en día, pero la diferencia radica en que Blanca escuda su tristeza en una falsa figura paterna, Alberto, el actor, alcohólico y depresivo, que ella misma contrató para hacerse pasar por su padre para participar en la competencia de BMX con la que soñaba día y noche.

Clasificación familiar y para mayores de 13 años, decía la película en Netflix, pero ¿qué pensará una familia al ver tan normalizada la relación entre una menor y un hombre desconocido? En nuestras casas las respuestas no fueron para nada positivas. “¿En cabeza de quién cabe esto?” y “¡Qué ofensa de película!”, fueron algunas de las expresiones que usaron nuestras madres indignadas tras ver las escenas en las que Alberto y Blanca se abrazan “cariñosa y paternalmente”, siendo dos completos extraños.

Se busca papá no peca en la elección del tema, pues las tramas sobre la relación de padre e hija son un clásico que todos estamos acostumbrados a ver en películas de Disney, como Papá por sorpresa, en la que a La Roca su hija perdida le toca la puerta de su apartamento y se convierte en su mayor fan, o Juego de gemelas, en la que Annie se reencuentra con su padre. 

Escena de la película. Fotografía por Netflix.

Mientras en todas estas películas vemos el papel de un padre genuino, en Se busca papá tiende a confundirse, a los ojos de los espectadores, lo amistoso y lo paternal con lo abusivo e irreal. Resulta inevitable pensar en lo diferente que hubiese sido si Alberto llegase a la vida de Blanca mediante Fernanda, su madre y una reconocida productora de películas mexicanas, con quien él ya se había cruzado una que otra vez en su carrera, de seguro si este hubiese sido el escenario no se hubieran constituido tantas críticas alrededor de la trama del largometraje.

En su intento por hacer reír y entretener, es cuestionable el mensaje que indirectamente esta película puede transmitir, pues normaliza la amistad, catalogada de inmoral e inapropiada en nuestra sociedad, entre una niña menor de edad y un hombre mayor. Como críticas de esta producción pudimos ir más allá de las risas, que en ciertos momentos fueron incómodas e incoherentes, para cuestionarnos sobre la relación que aquí se plantea: reflexionar sobre el papel de los padres de familia y, sobre todo, analizar cómo la moraleja de esta película, si es que así se puede llamar, es ambigua y se debate en un contexto perjudicado por lo que en ella misma se muestra.

Pese a que en Se busca papá no hay muestra de ningún tipo de abuso por parte de Alberto a Blanca, no se puede dejar de lado el hecho de que Latinoamérica tiene una de las tasas de abuso infantil más altas del mundo, tanto físicos como sexuales y verbales. Es por lo anterior, que la verosimilitud de esta historia es prácticamente nula, pues son pocas o ninguna las niñas que encuentran esta historia cercana, por el simple hecho de que en nuestro contexto ¡Algo así no pasa ni debe pasar! Y, si existe dicha relación, está lejos de ser tan transparente e inocente como la de Alberto y Blanca, por el contrario, es extraño llegar a pensar en algo así… “Viejo verde, retorcido”, como dijo una de nuestras mamás.

En contraste con la historia de Alberto y Blanca, los espectadores sí se identifican con la relación de Blanca, ya sea con su propia historia o la de personas cercanas, pues es el claro ejemplo de cómo el vacío de una madre desemboca en inseguridades y problemas emocionales de sus hijos. Así como Blanca recurre a Alberto para saciar su soledad, pues su madre nunca está para ella, y cuando está, el amor no es precisamente lo primero que demuestra, muchos jóvenes de hoy en día buscan fuera de sus casas el afecto y protección que no tienen o, por lo menos, no sienten. Probablemente, este sea el detalle más rescatable de la producción, es una invitación para que los padres reflexionen sobre qué tipo de papá o mamá quiere ser y cómo lograrlo.

Como todo en la vida, esta película depende de la interpretación que se le dé, pero lo cierto es que su mensaje puede ser ambiguo. Sí, la enseñanza inicial es quizás que el amor lleva a cumplir los sueños o que el apoyo familiar es lo más importante para el desarrollo de cada persona, pero… una de sus enseñanzas puede ser también “es normal que tú, con 12 años, seas amiga inseparable de un viejo de 50”, y esta sí que es errónea. No se puede dejar a un lado que el público infantil suele anhelar todo aquello que se muestra en las películas, por lo tanto pueden llegar a querer este tipo de “compañía”, la cual para los adultos es imposible y, como ya lo hemos mencionado, retorcido. Es así, entonces, como se torna preocupante la enseñanza que esta película les deje a las niñas y niños que la vean, pues no sería de extrañar que en su imaginario normalicen hablar y charlar con el primer extraño que se les cruce en el camino.

A manera de conclusión, es importante destacar el trabajo de todos los actores y el equipo de producción, pues la película es “bien jalada”, como se dice coloquialmente, maneja bien el cambio de escenas, cuenta con un elenco de primera y sus locaciones son ideales. La problemática simplemente radica en lo irreal que puede ser y las falsas esperanzas que les puede generar a los menores. Si bien es cierto, entonces, que la película se sale del contexto que nos rodea, también es cierto que nos invita, consciente o inconscientemente, entre risas y crispetas, a reflexionar sobre algunos patrones que socialmente no percibimos y son de carácter fundamental en el desarrollo tanto de los niños, como de la sociedad en general.

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