Instrucciones para estar triste

Texto por Jimena Delgado

Ilustración por Jossi Barbosa

La tristeza es egoísta porque es causada por la sensación de extrañar eso que éramos y que por algún motivo dejamos de ser.

La puerta de mi habitación estaba cerrada, quería pararme y salir corriendo, a pesar de que mis extremidades no se movían. No sabía qué pasaba afuera y los gritos de mi madre solo me atemorizaban cada vez más, ya era hora de bañarme para ir al colegio y sabía que debía hacer algo, pero tenía miedo.

Cuando por fin me llené de valentía para poder afrontar la realidad, abrí con lentitud ese trozo de madera maciza y, con el rabillo del ojo, ella me vio. Mi madre, que no encontraba las palabras adecuadas en medio de su dolor, me susurró al oído que ahora mi abuela estaba en el cielo, que me cuidaría desde un lugar mejor. No sé si me sentí mal por la hija que quedaba huérfana o porque mi ser favorito en este mundo ya no me acompañaría en cada navidad.

Candelaria era celestial y el momento en que la perdí ha sido uno de los más dolorosos en mi vida, porque con ella se fue un poco de la felicidad que caracterizaba a la familia Díaz Gómez.

Para hacer este manual recordé esa desgarradora mañana, traje al presente el momento en que mis lágrimas empezaron a derramarse en mitad de una clase porque la melancolía ya no me cabía en el cuerpo; vi los noticieros plagados de muerte y de dolor causados por masacres, incluso escuché música de Carla Morrison para entender qué dicen las palabras a través del dolor.

Le hablé a una amiga para discutir el tema y sin pensarlo dos veces relató uno de los días más tristes de su vida. En una tarde calurosa, después de la jornada escolar, se dedicaba a descansar en su cama, tal vez estaba chateando con sus amigas o tal vez estaba viendo televisión, no recordaba con exactitud; de pronto sonó el teléfono de su casa y al contestar, su profesora le comentó, con calma y frialdad, que debía ir al día siguiente con su traje de gala porque María Paula, esa amiga con la que había compartido la semana pasada, había fallecido.

Con todo lo anterior, comprendí que la tristeza es un choque, un estrellón que tenemos los humanos contra la realidad; una realidad que abruma, que nos deja un vacío en el cuerpo; también entendí que en la vida hay fuertes motivos para desplomarse y negarse a continuar, pero que igualmente hay motivos ligeros e incluso ridículos para estar triste; sin embargo, ambos polos son válidos e igual de importantes. Concluí que la tristeza es egoísta porque es causada por la sensación de extrañar eso que éramos y que por algún motivo dejamos de ser.

No te quiero decir que lo evites, tampoco deseo que dejes a un lado la valentía que hay que tener para vivir esta emoción; por el contrario, mi mensaje es que sientas a flor de piel cada gota cayendo de tus ojos, que rompas platos si es necesario, pues la tristeza es tan bella que sin ella nunca sabríamos que es estar tan felices que duelen las mejillas de tanto sonreír.

Por eso amiga mía, te presento las instrucciones para estar triste y no morir en el intento:

  1. Tira a la basura todos esos comentarios que te fuerzan a sonreír en medio de la catástrofe que llevas dentro. Eso es minimizar lo que sientes y hasta el uñero de un pie puede ser llorado, si así lo deseas.
  2. Date el gusto de hacer lo que te pegue en gana; llora, grita, patalea, duerme, ve 100 capítulos de Grey’s Anatomy. Esta puede ser una forma de reconectar contigo misma y entender el motivo de tus pesares.
  3. No te sientas culpable; es válido equivocarse, fracasar y que lo hagas una vez, no significa que todo en tu vida de ahora en adelante será negativo. No te castigues por ser humana.
  4. Pon un plazo en el que te permitas evacuar tantos sentimientos encontrados, el tiempo que consideres necesario. Si prefieres darte un año, una semana o un día para vivir con tristeza, hazlo. Pero cuando este culmine, proponte retomar tu cotidianidad desde otra perspectiva.
  5. Recuerda que siempre habrá alguien que quiera escuchar todo lo que tengas por decir, o que te acompañe en los momentos en que calles. Busca ayuda profesional si sientes que el peso sobre tus hombros te supera o una mano amiga con la que te sientas cómoda.

Discúlpame por entregarte un manual que explica algo que sabes y que olvidas a cada rato, pero creo que si es cliché es porque algo de cierto tendrán estas teorías populares sobre cómo sobrellevar dolores pasajeros o eternos.

Ahora te pido a ti que me ayudes a hacer un manual de tristezas ajenas que me sirva para comprender por qué me parte el alma ver en la televisión cómo matan a personas que no conozco, pero que aun así me importan. No he podido encontrar tranquilidad pensando que esas personas víctimas de masacres, de abusos de autoridad o del virus con el que batallamos hoy, son una figura importante en la vida de alguien más. No encuentro consuelo alguno ya que a mis penas se le suman los pesares de una sociedad maltratada y durmiente durante tantas décadas.

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