Desenredando estereotipos

Texto por María Alejandra Villegas Botero

Ilustración por Laura Restrepo

Aspiro a que en algún momento de la historia podamos apreciar en los medios y en las redes sociales modelos de belleza más variados, y que los estereotipos sean cada vez menos.

 “¡Uy! pareces Higuita con ese pelo”, afirma entre risas Daniel, mi compañero de universidad.

“¿Desde cuándo tienes ese afro?”, complementa Jacobo, siguiéndole los malos chistes a su amigo, como siempre.

Realmente, no era la primera vez que recibía ese tipo de comentarios; al parecer, tener el cabello rizado en una ciudad como Medellín, donde lo normal es tener el pelo liso y hasta la cintura, es demasiado exótico y puede llegar a ser incómodo.

Acepto que me ofendí, y me sentí disgustada; apenas estoy en un proceso de aceptación; pero, ese día escuchando los comentarios de mis amigos de la universidad me di cuenta de que definitivamente había un gran problema con respecto a ello, y no en mí, sino en la sociedad.

Desde los 13 años, me sometí a fuertes tratamientos químicos que sirven para alisar el cabello; en ese momento, no entendía todo lo que implicaba ese tipo de cambios en mí, y mi mamá lo vio normal, puesto que el cabello rizado, en el fondo, la acomplejaba a ella también. Es difícil para una niña de esa edad que sus padres no le enseñen a aceptarse como es, sino que simplemente le muestren y brinden la salida fácil que nos ofrece la sociedad hoy en día de “solucionar” nuestros complejos con procedimientos estéticos; lastimosamente mis padres jamás lo vieron así.

Nunca van a ser suficientes los estereotipos impuestos por la sociedad, cada vez aparecerán más; pero quién diría que una simple textura capilar podía llegar a ser un tema tan complejo. Empecé a notar el problema cuando tuve la oportunidad de irme a Canadá por seis meses y no pude continuar haciéndome mis tratamientos de alisado, razón por la cual decidí empezar un proceso de descubrimiento de mis rizos; lo que no pensé fue que esto necesitaría mucho más que un impulso de curiosidad, requería de una gran valentía para embarcarme en esta travesía de contradecir estereotipos, y de un largo camino de amor propio.

Son muchísimas las mujeres que comparten esta lucha constante, desde aquellas con ondas sutiles, hasta las afrodescendientes con rizos apretados. Es impactante cómo la sociedad ha hecho parecer que estas mujeres con cabellos crespos son una minoría, y que son ellas las que deben cambiar, ya que se verán “despeinadas” o parecerán un jugador de fútbol poco agraciado físicamente. También es triste ver a las niñas en constante búsqueda de referentes, y que solo encuentren en la televisión mujeres perfectas y con una belleza estandarizada, haciéndoles creer que si no son como ellas, entonces algo está mal con su apariencia.

Sin embargo, no todo es negativo, así como existe contenido que promueve la perfección y la belleza inalcanzables, también se han creado blogs y perfiles de mujeres que quieren tomar la decisión de aceptarse como son verdaderamente. En Instagram se pueden ver diferentes cuentas promoviendo este movimiento de amar los rizos, en los que muestran peinados variados que se pueden lucir con este tipo de cabello; enseñan el famosos the curly hair method, que se basa en una rutina de hidratación completa para tener rizos perfectos y, finalmente, hablan sobre lo más importante: el proceso de transición.

La transición capilar se da cuando una mujer de cabello crespo decide dejar de utilizar máquinas de calor o tratamientos químicos permanentes para lisarse el pelo; y es un proceso muy difícil, ya que se presentan dos texturas capilares: la raíz con el cabello rizado nuevo y las puntas lisas y maltratadas, lo que le da un aspecto poco estético. A mí me tomó casi dos años recuperar mis rizos. Fue finalmente a principios de la cuarentena por el covid-19 cuando decidí cortarme los últimos rastros que me quedaban de cabello lacio. Pero en todo este proceso de transición, me di cuenta de que lo difícil no era el cambio físico, sino el cambio psicológico que ello implica.

Tal vez muchas personas se pregunten: ¿pero por qué le dan tanta importancia al cabello? La verdad es que este representa muchísimo más que un look estético, tiene una fuerte conexión con nuestra parte emocional, y hay múltiples estudios que comprueban cómo el cabello refleja nuestro sentir. La gente crea burlas al respecto, cuando ven que alguien se cortó el cabello le preguntan si estaba “cerrando ciclos”, refiriéndose a que eso es lo normal después de una ruptura amorosa; pero lo que no saben es que el cabello refleja cómo nos mostramos ante el mundo, y por eso afirmo que hace parte de nuestra personalidad: representa una completa libertad lucirlo como queramos.

Aspiro a que en algún momento de la historia podamos apreciar en los medios y en las redes sociales modelos de belleza más variados, y que los estereotipos sean cada vez menos.

Tengo claro que las modas y los estándares nunca van a dejar de existir, hacen parte de nuestra cultura y naturaleza social; no obstante, no pierdo la esperanza de que las personas se animen cada vez más a explorar su naturalidad y se atrevan a apostarle al amor propio.

Quiero aclarar que no hago una crítica a los procedimientos estéticos, soy partidaria de que la gente tenga la libertad de hacer lo que quiera con su cuerpo, de tomar decisiones y aceptar que somos cambiantes; por lo tanto, mi invitación es a amarse y a hacer las cosas por verdadera convicción y no por imposiciones externas.

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