“Calladita te ves más bonita”

Texto por Sara Isabel Sánchez Balvin

Ilustración por Marianna Sigalotti

En la actualidad, y pese a las grandes libertades conseguidas por las heroínas, estamos condicionadas en todos los ámbitos, en especial en lo que respecta a la expresión y opinión.

Estas palabras me recuerdan cuando una vez quise expresar mi opinión frente a un tema y en medio del debate un hombre usó esta frase para silenciarme, con un tono despectivo solo porque era mujer. ¿Por qué me tiene que callar? ¿Acaso a aquel hombre no le enseñaron a respetar a los demás? Claro, a lo mejor si le enseñaron a respetar a los demás, pero no le enseñaron a respetar a una mujer. Triste y ridiculizada en aquel momento quise, por un segundo, contestarle sulfurada porque aunque era la única de mi género aquel día, este sujeto no tenía derecho de callarme.

Al preguntarle a varias mujeres sobre cuáles expresiones de este tipo recuerdan alguna vez, aparecen frases como “Ah, pero qué puedes esperar si es una mujer”, “Eso le pasa por vestirse así”, “Deberías estar ayudando en la casa”, “No tienes que opinar sobre este tema, eres una mujer”, “Muéstrele la billetera y se le pasa”, “Eso se le pasa con una trapiadita”; y así, infinidad de expresiones que se suman a la lista. Esto nos muestra que el mismo lenguaje somete los comportamientos de las mujeres por medio de estereotipos creados en la cultura.

Una vez, antes de salir, mi mamá me abrazó y me echó la bendición, seguida de las siguientes palabras expresadas con preocupación: “Ten cuidado por favor. Uno nunca sabe cuáles males hay en la calle y mucho menos cuando se trata de las mujeres”. Sé que su intención era protegerme, pero ese día salí pensando en las mil posibilidades de que pudiera ocurrirme algo por el simple hecho de ser mujer. ¿Alguna vez han tenido miedo de salir a la calle? Yo sí y mucho.

¿Cómo el lenguaje nos vulnera y establece estereotipos a las mujeres? Desde que tengo uso de razón, he visto un panorama social en el cual las mujeres somos la referencia del hogar y de los hijos, aunque afortunadamente en mi casa no ocurre esta situación. Por otro lado, desde que nacemos la sociedad nos repite “Calladita te ves más bonita”, y cuando decidimos hablar y sentar nuestro puntos de vista, el entorno se encarga de dictar el juicio.

La sociedad insinúa, a través de medios como la publicidad, la religión y la familia, que la mujer sigue siendo más débil que el hombre y que le cuesta escalar y ocupar otros lugares en la sociedad. Por tanto, hemos tenido que luchar para obtener las garantías a las cuales los hombres siempre han tenido derecho.

No podemos hablar de autonomía cuando miles de personas opinan sobre nuestras acciones, pensamientos, preferencias e incluso de nuestro cuerpo. Estar en el ojo del huracán me provoca muchas veces sentirme aislada y sola, porque incluso entre nosotras mismas degradamos y criticamos nuestras acciones.

Pertenecer a este género conlleva a estar expuestas a peligros día a día. Solo en el 2020, hasta septiembre, se tenía el registro 99 feminicidios en Colombia, según lo referenció el periódico El Tiempo; todo porque un hombre decidió tomar sus “garantías y libertades”. El hecho de solo pensar e imaginarse que esa situación se repite diariamente sin mayor respaldo del Estado hace que se despierte en mí un sentimiento indescriptible en el que prima la angustia y el terror.

En la actualidad, y pese a las grandes libertades conseguidas por las heroínas, estamos condicionadas en todos los ámbitos, en especial en lo que respecta a la expresión y opinión.

Ser mujer implica ser vulnerable dentro de una sociedad en que todas nuestras acciones son objeto de juicio para denigrar nuestra dignidad. Solo imaginar que algún día al salir de casa alguna de nosotras puede resultar víctima de un sinfín de atrocidades, me causa escozor.

Por ello pretendo que mi voz por medio de este artículo sea un grito de auxilio que no quede en el olvido. Callarnos no nos hace más bonitas, ni hace que no corramos riesgo, pues los destinos crueles nos acechan. Si aquellos hombres que diariamente deciden creerse “superiores” solo por pertenecer al género masculino, mi invitación es a que tomen consciencia sobre sus acciones porque estamos en el siglo XX1, un siglo en el cual ya no aceptamos que nos sometan por nuestras acciones y pensamientos. Es importante aclarar que, de la misma manera, debemos revaluar nuestro lenguaje debido a que si seguimos con el mismo marco comunicativo tampoco podremos transformar el entorno si no cambiamos nuestra propia cultura.

Calladitas no nos vemos más bonitas. Debemos alzar nuestra voz y no tener miedo a cambiar los prejuicios que tiene el mundo. ¿Qué estamos esperando para transformar a nuestra sociedad? Somos seres humanos únicos y libres.

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