La hora de las clases virtuales y las comidas reales
Miércoles 25 de marzo, Medellín
Hoy ha sido, como en época de normalidad, el día más apretado de mi semana. Salvo una anomalía, todo lo he realizado desde casa. Aunque amo mi hogar y soy feliz cada vez que puedo pasar días enteros aquí, aún no me cuadra la idea de realizar las actividades que requieren, para mí, un movimiento diferente.


Me levanto, para clase de 6:00 a. m., a las 5:55 a. m. ¡Una maravilla! Ojalá siempre fuese así. ¡Cuándo será que se hace algo para que esa hora de clase no exista más en la historia de la humanidad!

Hoy he decidido no ver noticias durante el día: parece que en este país no pasa nada diferente al Covid-19. Por eso, pongo en mi sonido los colores alegres de J. Balvin, para hacer las labores del hogar.
Comiendo en clase
Se aproximan las 3 de la tarde, hora de iniciar una nueva clase, pero no termino de cocinar la comida a mis cachorros. Entonces decido hacer lo que en tiempos de normalidad es inusual y estar en un aula (virtual) mientras pico verduras y pollo.

La jornada académica empata con mi trabajo que, inéditamente, se realiza a través de una reunión en Skype. No es lo mismo, nos hacen falta unos 2000 metros cúbicos de agua. Es que soy profesor de clavados en las piscinas olímpicas, en la unidad deportiva Atanasio Girardot.

Entonces aprovecho esa también inusual clase de clavados para niños, a través de un celular, para activar el cuerpo y realizar una hora de ejercicio.

Ya para las 7 de la noche llega la hora de caminar y saco a la calle, durante unos 20 minutos, a mis perros Tyson y Samantha, un pitbull y una criolla. Yo también aprovecho para tener algún contacto con el mundo exterior.
Tsunami de muerte
La noche es el momento para saber qué pasa con la evolución actual de esta pandemia y, al sentarme a consumir información, siento un tsunami que se aproxima. Una ola gigante que hasta el día de hoy ha quitado la vida a 3.434 personas en España. Esa es una cifra que supera la cantidad de fallecidos en China por el Covid-19.

En America, Estados Unidos se perfila para superar estas cifras y convertirse en el epicentro del maremoto. El presidente de ese país sigue preocupado por otras cifras: se prevee que la tasa de desempleo allí esté alrededor del 30 %, sumado a la caída del producto interno bruto (PIB).

Las cifras tampoco son alentadoras para Colombia: un informe de Corficolombiana revela que el pronóstico de crecimiento económico del país para este año pasó de 3,1 % a 0 %. Es decir, nuestra economía se quedará estancada.

Por el contrario, lo más probable es que enfrentemos una fuerte recesión económica. Eso significa que tendremos un aumento en la tasa de desempleo y bajo consumo. Como dicen por ahí, llegarán las “vacas flacas”.
Esta es mi clase virtual de natación en la que enseño clavados a niños.
Sigo aislado
Lo mejor que puedo hacer, por ahora, es continuar apoyando las mediddas preventivas tomadas por los expertos en Colombia, un país que decidió aislarse, digamos que a tiempo, si se compara con las tardías decisiones tomadas en Italia y España.

Una decisión que, en mi opinión, es mejor que enfrentar a este virus con un sistema de salud decadente, sobre todo para los menos favorecidos económicamente.

Sin embargo, por más preparación o aislamiento que tengamos como país, este vichito no distingue si eres pobre, rico o heredero del trono inglés.
Este contenido hace parte del especial
Diario de la pandemia

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