¿Hay más artistas que público en Medellín?

Pilar Chacón  &  Salomé López 


El segundo semestre del año siempre ha tenido una agenda cultural activa en la ciudad. Desde la Feria de las Flores hasta la Fiesta del libro mueven cifras que se incrementan anualmente.

Pero, ¿ese aumento en la oferta se corresponde con la asistencia masiva a los eventos?

Conciertos, obras de teatro, proyección de películas y visita a exposiciones son solo algunas de las actividades que se ofrecen en la agenda cultural cotidiana de Medellín. Y cada vez son más los artistas que se vinculan al círculo cultural de la ciudad para exponer sus trabajos y hacer uso de sus escenarios: espacios dispuestos para la cultura que, a su vez, acercan el arte a la comunidad.

Pero, según cifras de Medellín Cómo Vamos, el incremento en el número de personas que reconoció no haber realizado ninguna actividad cultural pasó de 33,3% a 41,3%, dejando a la ciudad como el territorio del país donde menos personas accedieron a actividades culturales.

Colombia es el segundo exportador de bienes artísticos de Suramérica, con un 10.4 % de participación, según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (Untacd). Sin embargo, de las principales ciudades del país, Medellín es una de las que menos participación ciudadana tiene en eventos culturales.

Así lo afirma la Gestora Cultural y Pedagoga Carolina Castro, quien afirma que la ciudad necesita fortalecer sus públicos para oferta que cada vez se amplía más.

La situación es contradictoria: después de Bogotá, Medellín es la ciudad con mayor inversión per cápita en cultura, con un 2,8% del presupuesto destinado a la mejora en la oferta y en el apoyo a artistas locales.

“La inversión es evidente”, dice Castro. Desde los sectores públicos y privados surgen cada vez más iniciativas y convocatorias que promueven la labor artística y el ejercicio cultural como una industria que le aporta de manera activa a la ciudad.

Incluso parques y espacios al aire libre se han adaptado a las experiencias propuestas para llevar el arte a cada rincón de la ciudad. Muestra de ello son eventos como la Parada Juvenil de la Lectura o los conciertos de ciudad de la Orquesta Filarmónica de Medellín o la Orquesta Sinfónica de Antioquia.

El violinista John Brainer García explica que, como artista, el hecho de expandir los públicos en Medellín es fundamental, sobre todo si se trata de un tipo de música que la mayoría de gente percibe tan ajena.

“Pero no solo pasa con la música clásica. El teatro o las exposiciones de pintura y fotografía también son formas de arte que aquí parecen muy lejanas. Hay que buscar la manera de llevarlas a diversos públicos y mostrarles que son una realidad cercana”, explica García.

Desde la Alcaldía, a través de las acciones de Secretarías como las de Cultura, Participación o Juventud se hacen esfuerzos considerables en cuanto a la formulación de políticas culturales que propicien una amplia participación comunitaria. Y lo que se ha logrado ha demostrado resultados positivos.

Según Nathaly Ossa, gestora cultural, la gente en Medellín es receptiva cuando tiene propuestas que logran sensibilizarlos frente al arte:

“Nadie pasa desapercibido cuando le muestras el entretenimiento, pero también el aprendizaje que es estar en contacto con eso que llamamos cultura”.
Ossa considera que programas como la Red de Escuelas de Música de Medellín –con más de 4.500 niños beneficiados–, el proyecto de formación públicos –que permite a los ciudadanos de estratos 1,2 y 3 acceder a eventos de manera gratuita– o los Miércoles de Teatro –en los que no hay que pagar la boleta en taquilla para las obras que ofrecen pequeños y grandes teatros– son formas responsables de generar arte y cultura en una ciudad que necesita hacer pedagogía de ello.

“Es democratizar el consumo cultural”, dice, “aquí la gente todavía no busca esos espacios como lo hacen en Estados Unidos o Europa, pero creo que las instituciones lo hacen bien cuando se preocupan por acercar lo que producen a la comunidad”.
Años para construir
Desde los años 80 Medellín ha utilizado el arte y la cultura para hacerle frente a sus problemáticas de violencia. “En la ciudad se ha privilegiado la inversión en arte y cultura, sobre todo como un medio de transformación social”, dice Juan Guillermo Ocampo, fundador de la Red de Escuelas de Música.

“Incluso durante los años de violencia que atravesó la ciudad, cuando en los barrios había escuelas de sicarios y asesinatos cada tanto, de pronto aparecían iniciativas que lograban rescatar a muchos niños y jóvenes de ahí; la Red de Escuelas fue uno de ellos».

Y aunque hay expertos que aseguran que la alcaldía no se preocupa como debería por ello, Ocampo afirma que, aunque existen intereses particulares y jugadas no tan transparentes –al igual que en todo el país–, sí hay un sector responsable con las políticas públicas dedicadas al fortalecimiento del arte y la cultura en Medellín.

Por eso ha sido fundamental transformar los planes de desarrollo y las políticas culturales en hechos. No en vano hoy existen centros construidos explícitamente para promover el desarrollo de las habilidades artísticas y para sensibilizar a personas de todas las edades frente a la apropiación cultural de la música, el cine y el arte que se hace y se exhibe en Medellín.
"Entre públicos y privados, suman numerosas posibilidades para alimentar la curiosidad de los espectadores."
El Mamm tiene cine al aire libre y noches extendidas; el Museo de Antioquia ofrece entrada libre para los ciudadanos; y las Bibliotecas Públicas reciben a personas de todas la edades con actividades culturales de manera gratuita.

En los barrios hay colectivos culturales que sensibilizan a sus comunidades cercanas y los mismos artistas se han preocupado por encontrar la manera de que más personas accedan al difrute y el conocimiento que otorga la cultura.

Y es que la educación y el poder adquisitivo determinan el consumo cultural en la ciudad. Así lo reveló un estudio realizado por Andrey David Ramos Ramírez, estudiante de la maestría en Ciencias Económicas de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia.

Por eso es importante hacer a un lado el pensamiento excluyente que por décadas se ha tenido sobre el arte, para democratizar el consumo cultural y lograr la apropiación ciudadana que, como dice Ossa, “en Medellín tiene buenas bases pero necesita fortalecerse aún más”.

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