Esperar un hijo en medio de una pandemia mundial
Pocos momentos en la vida se detienen por completo. Podemos afirmarlo desde la magnitud física del tiempo. Todo tiene un curso y un flujo de acontecimientos. Todo, excepto aquel donde todos tus sentidos están de cara a la noticia de ser padre.

Es un instante donde la onda acústica única es tu propio corazón. En mi caso, nunca sabré cuánto duró aquel instante que solo se interrumpió con la frase “contémosle a mi mamá”, dicha por Melissa, mi sorprendida novia y desde aquel momento futura madre.

Muchos tienen la vocación paterna a flor de piel. Muchos han soñado o al menos se han ilusionado en las faenas de convertir al hijo en hincha de su equipo, en fan de sus películas, en lector de sus libros.

Mi caso, en cambio, es el típico caso del que piensa en todas las razones por las cuales no habría que traer más niños al mundo. Y digo “piensa” porque en esta, la semana 36 de gestación, sigo pensando lo mismo y más aún cuando Emilio viene en medio de una pandemia mundial.
Las dos eternidades
Mucho antes de haber extremado las asepsias para darle la bienvenida, de cumplir con rigor el cóctel de vitaminas y complementos recetados a la madre, del ritual de comprar lo necesario y lo innecesario, éramos una pareja con manías de limpieza y desinfección.

En cierto modo, la noticia de un virus no nos tomó por fuera de las costumbres de los detergentes y los hipocloritos. Asumimos tan solo los cambios relativos al encierro, pero la espera de Emilio la habíamos acondicionado de tal forma que la gripa importada del Oriente no nos tomaba por sorpresa.

Creo que ahí estaba el riesgo de la otra salud que debíamos cuidar, la mental y la espiritual. Ser una pareja que hoy espera a su hijo en medio de drásticas medidas de contención, nos llena de sensaciones solo vividas aquella noche que supimos que seríamos padres: ansiedad, miedo e ilusión.

Todas mezcladas, de forma que cada una aparece en un zig zag determinado por el vaivén de las noticias.

Para completar el cuadro, la especialista que ha llevado el curso rutinario de controles, y que se encargará del parto, nos ha contado que está en sus primeras semanas de embarazo. Es como presentir que dos eternidades juntas se atienden y acompañan.
El mejor contacto con el mundo exterior.
La divinidad de la mujer
La crianza que tuve, en medio de cinco hermanas mayores, me ha dado una ventaja para darle dimensiones a la fuerza de la mujer. Este embarazo solo me ha servido para reafirmarme en una sola cosa: hacemos muy poco por la divinidad de la mujer.

Su fuerza no es una fuerza construida a partir de criterios culturales y lógica históricas. Observar día a día en medio del coronavirus a la mujer que hoy lleva en su cuerpo a Emilio, me ha dado las respuestas que de otro modo no hubiera obtenido.

La mujer, más que vida, le da magia a la supervivencia humana, le da luz. Amanecerá y veremos, a Emilio, espero.
Este contenido hace parte del especial
Diario de la Pandemia

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