“Mi método es disruptivo, me empeliculo con mis responsabilidades”, Claudia Restrepo Montoya

Texto por

Isabella Saldarriaga 

Valeria Aristizábal 

Juan Pablo Rodríguez 

Daniela Toro 

A punto de terminar su primer semestre como rectora de la Universidad Eafit, Claudia Restrepo Montoya abrió las puertas de su hogar y de su vida para permitirle a Bitácora un acercamiento a su vida personal y profesional, a sus diferentes y fascinantes vivencias, que la han llevado no solo a viajar a través de varios continentes, sino al mundo de la educación y a un conocimiento profundo de sí misma.

Desde querer ser abogada, comunicadora, bailarina y administradora hasta ser la rectora de nuestra Universidad, hay un largo trayecto, camino que recorremos a través de sus relatos sobre lo que fue su niñez, la educación que recibió en su hogar, sus distintos estudios y hobbies, enfrentarse a la enfermedad y lo que significa ser mujer en la actualidad.

Asimismo, los llevaremos a ustedes, lectores, a lo más profundo de su vida, a aquello que la hace humana y de lo que muy poco se sabe. Entre café, risas y anécdotas, Claudia Restrepo demuestra ser la mujer sencilla y académica que vemos todos los días, pero deja ver sus tintes más divertidos y únicos; su humor y gustos; sus distintas facetas y sus momentos más retadores. En esta entrevista embargada de emociones, aprendizajes y lecciones de vida, podrán maravillarse de la gran mente, personalidad y espíritu de la rectora de la Universidad Eafit. Así que empecemos este recorrido, desde el principio, su niñez.

¿Qué quería ser de pequeña?

Creo que alguna vez quise ser bailarina, pero nunca me visualicé siendo una bailarina profesional. De igual forma, desde pequeña me gustaba mucho enseñares a mis compañeritos, después ya más grande quise ser abogada y, a veces, jugaba a ser espía. Lo que quiero decir es que había un mundo de posibilidades en mi vida. Lo más serio que tuve de todas las vocaciones fue el ser abogada penalista, gracias a un programa que daban antes que se llamaba “La Ley de Los Ángeles”, me gustaba mucho esa serie. Además, me llamaba la atención ser abogada en Estados Unidos, ya que me gustaba como funcionaba el sistema allá.

¿Qué tipo de educación recibió en su hogar y qué tipo de estudiante fue en el colegio?

Mis padres inicialmente no pudieron estudiar; es decir, no terminaron el colegio, mi mamá estudió hasta quinto de primaria y mi papá solo hizo primero de primaria, debido a que ellos vivieron en el Suroeste de Antioquia en el tiempo de la violencia entre conservadores y liberales. Como mis papás no tuvieron acceso al estudio, esto se convirtió en una obsesión y se volvió algo obligado, o sea, cero novios, nada de paseos, si quería realizar alguna actividad tenía que ser productiva. Esto me volvió una persona juiciosa, aplicada y autodidacta, desde muy pequeña siempre he sido así. En el colegio era aplicada y súper buena estudiante, tanto así que siempre me ganaba la medalla de aplicación.

¿Cómo describiría la relación que tiene con su familia en cinco palabras?

Amorosa, independiente, solidaria, diversa y cuidadosa, en el sentido de cómo cuidar el uno del otro y de cada uno.

¿Qué consejo le daría a su yo de doce años?

Le daría un consejo, aunque sé que podría ser inútil, ya que no lo entendería, y sería que se amara en su condición única, que no tratara de parecerse a nadie, pero sé que no lo habría entendido, debido a que es un aprendizaje que toma tiempo descubrir. Cuando era pequeña odiaba ser diferente y quería ser igual, por ejemplo, no tener el pelo crespo, sino que lo quería tener como el de mi hermana, que era mono, largo y liso. Cada vez que acompañaba a mi hermana a la peluquería entraba en llanto profundo por no quedar igual a ella. El consejo sería inútil, porque esa es la tarea vital que todos tenemos; es decir, es muy difícil descubrir la voz interior y esta es la gran búsqueda de la vida.

Aparte de ser rectora de la Universidad Eafit, sabemos que tiene muchas pasiones y una muy importante en su vida es el yoga, ¿cuál fue el motivo por el que empezó a hacer yoga?

La primera vez que hice yoga fue por mi divorcio, yo me casé a los 23 y a los 25 me separé de mi pareja, pensé: “Esto no es para mí”, me dio una crisis, entré en depresión. Gracias a mis amigos del alma, que me ayudaron a salir de esta situación de diferentes formas, uno me metió a yoga, la otra me sacó a viajar y todo esto lo hicieron para que volviera a coger la luz y la chispa de mi vida. Pasados los años, me excedí en mi trabajo y sufrí una crisis llamada fatiga crónica, causada por el exceso de trabajo, y que causa insomnio, esto desencadenó en mí una disautonomía generada por un daño en el sistema nervioso. Un día me metí a Google, pensé en realizar un retiro de yoga y llegué a uno en La Pintada, cuando ingresé entré como un trapo y al culminar me sentía divina y luminosa. Desde ahí hago retiros de yoga y de silencio.

¿Por qué es importante el yoga en su vida?

Me fui para la India para ser instructora de yoga y, a partir de ahí, hago una o dos veces al año retiros de yoga, de silencio y meditación. Considero que es importante tener una disciplina y encontrar el impulso y el motor, ya sea yoga, deporte, o algo que te saque de tu labor. El yoga puede ayudar tanto en tu salud mental como física, y así poder recargar las energías. La disciplina no se activa a menos que uno encuentre la necesidad, yo, por ejemplo, dejo de hacer yoga y siento que ya no soy la misma persona.

Caminar es uno de sus hobbies, ¿cuál diría usted que es el mejor lugar para salir a caminar?

Me gustan mucho las peregrinaciones. El camino más bacano que he hecho es el de Compostela, sin duda, porque es muy largo y cuando ya estás mamada o ya estás con ampollas, es como si te desconectaras. Creo que a mí lo que me gusta de las caminadas es esa desconexión, es como que tu cabeza se queda en blanco, no es ni siquiera como “ay, como son de lindos los pájaros”, a veces ni siquiera me doy cuenta del paisaje. El caminar es una experiencia de silencio.

¿Qué otros hobbies ha tenido a lo largo de tu vida?

Soy una aprendiz, me gusta estar aprendiendo cosas; es decir, me gusta ir cultivando cosas que se quedan; por ejemplo, el yoga y la cerámica, pero hay otras que uno hace y no se quedan; por ejemplo, alguna vez quise aprender fotografía, me encantó y saqué todas las fotos del mundo, pero pasó simplemente a ser una experiencia chévere. Con los hobbies soy una persona muy desapegada, soy muy flexible, entonces no es como “esto yo nunca lo haría”, es más “ah, listo, pues miremos a ver qué y lo hacemos”, pero en general es más una búsqueda constante.

Tiene varias mascotas que son las protagonistas de su Instagram, ¿cómo es la vida a lado de ellas?

Tengo cuatro gatos y una perra, soy de personalidad gatuna; o sea, no soy de perros, pero el año pasado me dio la loquera y un día dije: “Traigamos a Giraluna”, la golden retriever, y de ahí hasta ahora ha sido toda una experiencia exótica aprender a cuidarla. De hecho, estoy en la escuela para saber qué es lo que tengo que hacer con ella. Y los gatos es que, por ejemplo, tengo dos más grandes, Gaia, una chiquitolina que llegó a mi casa y después nos llegó un hermanito por un accidente, entonces ahora tengo cuatro, porque uno murió. El problema cuando uno tiene gatos es que uno no sabe parar, uno tiene uno y luego tiene otro. Entonces son Gaia, Yoda, Rada y un chiquitolín.

¿Qué tipo de entretenimiento disfruta más?

Me gusta mucho leer o hacer cerámica, porque la verdad, no veo televisión, no porque no me guste, sino porque no tengo una relación sana con ella. Pues si me pongo a ver una serie, arrancó el sábado a las 2:00 p.m. y terminó el domingo a las 11:00 p.m. y me acosté a las 4:00 a.m.; es decir, soy adicta, por eso no lo hago, porque no soy capaz de parar. Llego a tal nivel de adicción que a las dos o tres de la mañana empiezo a adelantar las películas o la serie. Es decir, no puedo ver una serie como la gente normal. Por eso prefiero otros entretenimientos que considero más constructivos.

Actualmente, ¿cuál es su canción, género o su artista favorito musical?

Yo cojo un cantante, lo escucho demasiado y lo quemo, pero en general no soy fiel a un cantante o género específico. Me gusta la música muy alegre o triste; o sea, me gusta la salsa, los ritmos del Chocó, la música cubana o Chabela y su “Llorona”, como esas canciones de tango que te generan depresión, me gustan que me depriman o que me generen mucha alegría. Por ejemplo, me gusta mucho Macaco, es música festiva, pero a la vez es triste, que uno dice “cortemonos las venas” o  Calle 13 que tiene la de “Sexo”, que uno dice wow y otras que uno dice “¿que estoy viviendo?” Son esos dos tipos de música; en general, me gusta de todo y me lo bailo, pero como que estos me hacen sentir.

¿Cuáles son sus gustos en cuanto a lectura?

Tengo tres líneas de lectura: la filosofía; las novelas, porque me gustan los personajes; y la poesía. Me gustan esos textos cortos que te llevan a una reflexión. En filosofía me encanta Ortega y Gasset, también amo a Martha Nussbaum, porque es parte de mi doctorado. Y hay otro tipo de literatura que me gusta que es la budista, la literatura de religiones y la espiritual, pero más bien como de historia de las religiones. Eso sí, tengo dos tipos de libros que no me gustan: los de autoayuda y los de administración.

Si pudiera leerse un solo libro por el resto de su vida, ¿cual sería?

El Tao Te Ching, porque es muy sencillo, es una mezcla de poesía, filosofía, es un cuento corto, lo puedes leer de a pedazos o de corrido. Y cada vez que lo lees tienes una nueva interpretación. Además, es un libro sorprendente sobre el poder. Si pudiera leerme un solo libro, ese sería el más entretenido.

¿Cuál ha sido el viaje que más le ha gustado de los que ha hecho?

Me gusta mucho viajar, pero no viajo por destino, sino por un propósito; es decir, quiero ir a hacer un recorrido por el Amazonas, quiero ir a hacer un curso de yoga a la India, a vivir un retiro de silencio y de yoga en Villa de Leiva. Hablando más de lugares, he viajado a Londres y Madrid, las que considero unas de mis ciudades favoritas. Digo que hay dos tipos de personas, la de Madrid o Barcelona, y yo soy de las de Madrid, o la de Nueva York y Londres, y yo soy de las de Londres. India, por otro lado, fue un viaje espiritual, llegué con nombre espiritual y me cambió la vida por completo. Este tipo de viajes son para lograr cambios y transformaciones que se quedan para toda la vida.

¿Qué busca experimentar en sus viajes?

Tengo dos pilares o dos palabras que me podrían definir. Por un lado, soy buscadora y, por el otro, soy como un monje, porque soy muy interiorizada. Por ejemplo, si me voy de viaje con mis amigos, ellos se quieren ir a conocer, digamos, Berlín. Yo no, me siento en un café en Berlín a tomar un cafecito con un libro y me dicen: “Viniste hasta Berlín a tomar un café y leerte un libro, eso lo podrías hacer en tu casa”, y yo les digo: “No es lo mismo, no es el mismo café, no es la misma gente que está pasando por la calle, el lugar, el barrio”. A mí me gusta es eso, la introversión. Tener la experiencia íntima, ir al barrio que no conoce nadie, el cafecito donde uno se sienta, tratar de pasar por alguien que vive allá. No soy la que anda con la cámara yendo a los sitios turísticos, ¿para qué? O sea, es como ir al Taj Mahal, uno dice qué cosa tan linda, no me acuerdo haber estado en un lugar tan bonito, pero aprecio más otras cosas que no son turísticas. Ir a un lugar y decir: “Uy, sentí una conexión con eso”. Me gusta la intimidad de los lugares.

¿Cómo ha cambiado su vida por la pandemia?

La verdad no sentí mayores cambios, pues no me afectó tanto, porque ya tenía entrenamiento. Para la gente fue horrible no poder salir o no ir al trabajo; sin embargo, yo ya tenía dominado el teletrabajo. La verdad, les puedo decir que lo único que extrañaba era ir a un bar, como vivir esa sensación de ponerse bonito, ponerse un vestido y unos tacones, me hacía falta sentir ese glamour. Otra cosa que he notado en este tiempo es que uno pierde perspectiva. El mundo se te “achiquita”, a veces crees que tu mundo es tu pantalla, porque lo que te muestran en redes sociales es un pedacito de una eternidad y un montón de cosas que están pasando en el momento. Trato de no meterme en esos micromundos a los nos somete el encierro.

¿Cómo logra administrar su tiempo?

No creo que tenga un buen método, pero creo que tengo una vida equilibrada. Una gran ventaja es que no tuve hijos, aunque tengo dos hijastros, que amo mucho, pero ya son grandes y me consideran más una amiga. Eso me permite tener más tiempo sola en el que leo, estudio y escribo. Algo que me ayuda es que mis hobbies, mis límites entre el trabajo y el placer, son muy pequeños; por ejemplo, amo escribir para el doctorado. Para mí la vida es una sola e intento que esa vida sea nutrida, rica y entretenida, porque soy muy mala con eso de tener que hacer lo mismo al otro día. Mucha gente dice que el éxito o la productividad está sometida al método, pero no pienso que siempre sea así, porque mi método es disruptivo, me empeliculo con mis responsabilidades y me las “sollo”. Lo último, es que vivo cada momento con intensidad, y cuando algo termina me desenchufo, entonces eso hace que me rinda más, porque me entrego totalmente a una cosa.

¿Cuál ha sido el reto más grande que ha tenido que superar en su vida profesional?

El reto más grande no ha sido profesional, ha sido más personal. Considero que el mayor reto es mantenerse centrado, tener el ego bien posicionado y el corazón bien puesto. Cuando uno tiene un reto, puede ser el egocéntrico que se cree mucho y cree que sabe cómo solucionar todo o el dramático que piensa que no hay solución. Y esto pasa porque uno no tiene el corazón ni la mente bien puestos. Uno está dependiendo de lo que otra gente le diga que está bien. Y cuando uno depende de lo que el otro piensa o de lo que le va a decir, tu emocionalidad hace que seas errático y que sufras. Entonces, creo que mi mayor reto ha sido aprender a tener una madurez que me genere no ser presa del reconocimiento ni para lo bueno ni para lo malo. Las cosas pueden salir bien o mal, pero lo importante es el esfuerzo que le metiste y el trabajo que hiciste. El mayor reto es uno, manejar su ego.

Partiendo del hecho de que estudió Administracion de Negocios ¿por qué decidió estudiar una maestría y un doctorado en Filosofía?

Amo ser administradora, porque me gusta resolver problemas, pero la filosofía tiene el mismo principio, poner un problema y resolverlo, solo que su resolución es teórica, es reflexiva, es sobre ser o no ser, ¿quien soy yo?, ¿qué es la vida?, ¿por qué? Ese problema lo explora desde la búsqueda filosófica. Entonces, no son tan diferentes, sobre todo a mí me gusta problematizar e indagar alrededor de los problemas, y los abordo desde perspectivas distintas, algunos desde la perspectiva práctica de la administración, porque es como una artesanía que vas moldeando o, por otro lado, desde la filosofía, donde es más la reflexión del imaginario “que pasaría si…”. Eso es lo que hace que no las sienta tan diferentes, las siento como parte de la misma pregunta, de la misma base.

¿Cómo ha cambiado su perspectiva de estudiar en Eafit a ser su rectora?

En cuanto a la Universidad ha cambiado muchísimo, el mayor capital de Eafit es la capacidad de transformación y de reinventarse. Por ejemplo, antes tenía dos escuelas, hoy tiene seis; antes la deliberación y la opinión era muy bajitas, hoy es muy diversa y rica en opiniones, miradas y posturas; tiene un toque mucho más de vanguardia y me gusta que está abierta al cambio y a la transformación. Respecto a ser rectora, jamás me imaginé siéndolo, ni quise ser rectora, sin embargo, me acuerdo que cuando me gradué de la Universidad, dije: «Yo quiero trabajar en proyectos de impacto social» y eso lo he realizado. Me siento orgullosa y feliz por ser rectora, además, tengo una experiencia previa en gerencia de proyectos educativos, lo que lo complementa muy bien.

¿Qué mensaje le puede dar a las mujeres que la ven como un ejemplo a seguir?

Tenemos que tener conciencia de género y de nuestro contexto. A veces nos pasa a las mujeres que pensamos que no hemos llegado a cierto lugar por culpa de nuestros méritos y no por el hecho de ser mujeres, cuando esto no es real del todo. Claro que nuestros méritos son muy importantes, pero tenemos que entender que los contextos no están preparados ni diseñados para las mujeres, no porque sea mal intencionado, sino porque históricamente nuestros contextos son muy masculinizados, diseñados para blancos, heterosexuales, entonces todo lo que se sale del contexto “hombre, blanco, heterosexual” en un entorno como el nuestro no es sencillo de entender. Necesitamos ayudar a diseñar contextos que abran espacios a las mujeres. Hacer conciencia de que hay brechas. Para mí eso fue un encuentro posterior, tuve que hacer la reflexion, me hice feminista sobre todo para mí, porque me di cuenta de que estaba llena de sesgos machistas, que yo misma hacía chistes machistas, que me daba un tratamiento distinto en un escenario de puros hombres, pero no era consiciente de eso.

¿Que cree que significa su posicion en Eafit para el movimiento feminista?

Es una responsabilidad, porque los mensajes que doy también dicen cosas, la manera como lo digo, los lugares en los que estoy, las defensas que empredo, la conciencia que hago de ellas, dice cosas, y les manda mensajes a las mujeres o de empoderamiento o de desempoderamiento. Es un ejercicio de pensar que puedo inspirar o puedo llenar de temores a otras personas que puedan tener sus propias voces en los contextos, porque creo que la gran causa de diversidad, sea de género o raza, es permitirnos la diversidad de voces. Para ser gerente no tengo que parecerme a un hombre, no tengo que actuar como un hombre. No. Puedo gerenciar desde el lugar que soy, desde la mujer, desde mi diferencia, desde mi especificidad y eso es lo que uno tiene que resaltar.

¿Qué considera que una universidad debe ofrecer a sus estudiantes?

Lo que tú necesitas de una universidad es que te desarrolle todas tus capacidades y competencias para tomar decisiones, para encontrar soluciones, para desarrollar preguntas, para saber cuáles son las preguntas claves para desatar los procesos, que te enseñe a innovar, que te permita ser creativo para que, cuando mañana estemos trabajando por un holograma para ti no sea una disrupción, porque aprendiste a manejar la relación con el cambio que hay en la sociedad.

¿Como sueña ver a Eafit desde el corto hasta el largo plazo?

Me sueño una universidad flexible, rápida, adaptable, que vaya a la vanguardia, que no solo se ajuste a lo que el mercado necesite, sino que conduzca el mercado, es decir, que vaya mostrándole al otro para dónde va el mundo. Una universidad que haga parte de las soluciones concretas de la realidad que se está viviendo, que contribuya con soluciones, que nuestros estudiantes y profesores tengan visibilidad para expresarse y decir aquí estoy y esto pienso. Me imagino esa universidad en esa línea en la que, efectivamente, la innovación y el liderazgo sean el punto central. Ese es mi gran sueño, lograr ese ambiente de aprendizaje flexible, rápido y pertinente a lo que viene pasando en el mundo, porque el futuro ya está aquí y tenemos que aprender a irlo adaptando.

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