La belleza en las letras y en las fotografías

Texto por:

Diana Fernanda Moreno

Sofia Villada

Natalia ángel

Daniel Morales

Verónica Villa Agudelo nació y creció en Medellín. Estudió Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Pontifica Bolivariana. Como la recuerda su familia en aquellos años de infancia, Verónica era esa niña que vivía entre libros, devorándose grandes textos o creando sus propios universos literarios y, si no era eso, entonces era común verla por ahí con una “camarita”, fotografiando escenarios tan cotidianos y comunes que para ella estaban cargados de significados. Por lo que las letras y las fotografías han sido el refugio y la mejor compañía de Verónica en los momentos de inspiración y creación. Al parecer, estas formas de expresión han perdurado en ella durante toda su vida, le han permitido saber con claridad la carrera a la que se quería dedicar y le han cultivado cada vez más pasiones y propósitos personales. Pues como lo menciona su hermana y confidente, Luz Agudelo, profesora de la Universidad Eafit, “Verónica nació para crear y en cada una de sus creaciones está presente la esencia de ese espíritu libre y creativo que la caracteriza”.

Es introvertida y algo reservada, pero siempre está presta a fluir a través de la inspiración. Esas son otras de las cualidades que describen a Verónica. Y precisamente esa parte reservada de sí misma es la que aguarda la extroversión, el humor y la perspicacia con la que da cuenta de los detalles en sus obras, como en la serie Marina (que lleva dos entregas: Marina y un caso de Plata (2017) y Marina y un caso en el aire (2018), en la cual conjugó el estilo de la novela tradicional con el del guion cinematográfico y el humor con el género policiaco, por lo que Agudelo no solo es la mujer pionera en este género de la escritura en Colombia, sino que también resulta una novedad para lo que se acostumbra a leer en el país.

Sin embargo, a pesar de que la autora de Marina ama su país natal y le enorgullece poder transportar parte de la cultura colombiana en sus libros, Verónica Agudelo, la misma mujer de buen carisma, que ama los viajes y la comida mediterránea, siempre ha tenido una conexión especial y una gran atracción con Gran Bretaña, lugar al que se fue a estudiar Escritura audiovisual, después de terminar la universidad, y donde al llegar, esa conexión misteriosa con la música, las calles, los libros y la gente londinense, le hicieron sentir como en casa y le permitieron encontrar unos aires de familiaridad que solo puede explicar con las ganas que le quedaron de regresar al país de sus sueños.

¿Cómo se define a sí misma?

Me considero una persona introvertida, aunque tengo la capacidad de relacionarme muy fácilmente con la gente, puedo conversar, compartir, después necesito un momento en el que tengo que estar en soledad conmigo misma para recargar energías. Creo que esa es la introversión que me define, y así logro que todo eso que socialicé se asiente para empezar a escribir, dejando que todo fluya en soledad (ríe). También soy una persona creativa, para mí son importantes esos momentos de creatividad.

¿Qué momentos de la infancia fueron los que más influyeron en la elección de ser escritora?

Desde pequeña tuve un interés hacia contar historias, en el colegio me gustaba mucho escribir e hice parte del periódico escolar. Casi siempre lo que escribía eran cuentos, todo muy desde la ficción, pues la verdad nunca me ha llamado la atención escribir sobre mí o mis vivencias personales, como lo hacen muchos autores, lo que me gusta es crear personajes y micromundos. En mi niñez solía inventar desde mi propia realidad, en cosas tan cotidianas como estar en un parqueadero, desde esas situaciones creaba alguna otra cosa alocada. También me inspiró mucho comenzar a leer a Agatha Christie a tan temprana edad.

¿Cómo ha sido el apoyo familiar respecto a su carrera como escritora?

Como dice un autor conocido, “hay que escribir de lo que uno conoce”, y creo que la familia se ve reflejada en los personajes. Me encanta basarme en ciertas características de mis familiares para construir mis personajes, y eso me ayuda a hacer un personaje cercano y conocido y también es atractivo para el público. En el caso de mi libro Marina y el caso de plata, yo quería resaltar los matices de las mujeres y su lado humano, y para eso me inspiré en mis amigas, ex jefas conocidas y en mi hermana, porque la familia siempre me acompaña.

¿Por qué Londres?

Desde muy chiquita sentía una cercanía con ese país, recuerdo que tenía un soldadito de plomo parecido a los de la guardia real; hasta conectaba con la música y por alguna razón el idioma se me facilitaba, luego, cuando leí a Agatha Christie, esos paisajes que describía despertaron mi interés, ¡yo quería conocer Inglaterra! Cuando llegué allá, a esa ciudad tan bella, todo fue tan cómodo y natural que sentí era mi lugar; además, es curioso, mi fisionomía no parece colombiana, pues mido 1,80 metros y yo aquí casi no encuentro mi talla de zapato, cosa que allá sí, es más, yo a veces me sentía muy extranjera en Colombia y una de las razones por las que escribí Marina fue para conectarme con Medellín, con mi país. Pero realmente me adapté, me sentí en casa estando allá, por primera vez reconecté con quien era yo.

¿Cómo fue la experiencia estando en Inglaterra?

Yo me fui con mis ahorros a Inglaterra, pero se me acabaron pronto, porque allá todo es muy costoso, sin embargo, teníamos la opción de ayudar a limpiar el colegio para tener media matricula paga, y yo le dije al director que limpiaba toda la institución si me dejaba la matrícula entera, y así fue. También trabajé limpiando una casa de una señora judía, en donde me bromeaban que si yo era una periodista infiltrada al estar limpiando la casa siendo estudiante de comunicación. Fue una experiencia muy bonita, limpié lo que nunca limpié acá, y estas son vivencias que te dan material para escribir, por ejemplo, tengo iniciada una novela que trata de una persona de la limpieza en Inglaterra, porque cuando eres escritor todo se convierte en una experiencia literaria.

Su feed de Instagram está lleno de fotos y paisajes que usted ha capturado, ¿qué representa la fotografía en su vida?

Siempre me ha gustado la fotografía, desde pequeña, junto a mi hermana llevábamos la cámara para tomar fotos de los paseos familiares, y llegábamos con fotos de paisajes y de todo lo demás, menos de la familia. Es interesante ver cómo esa dinámica del día a día es bella y eso es lo que me gusta resaltar, tanto en la fotografía como en la escritura. Y más que foto turismo lo que me gusta es documentar la cotidianidad, incluso, antes les tenía miedo a esos bichos y arañas que hay en mi Instagram, pero el lente me ayudó a perderles el miedo, a ver de cerca su estructura bella y su naturaleza. Entonces para mí, la fotografía es ese medio para acercarme a la realidad y verla de una manera estética.

¿Cómo surgió el nuevo hobby que incorporó a su vida, el de la cocina, y cuál es su especialidad?

Este gusto por la cocina nació en un momento crucial en mi vida, cuando en el 2015 me diagnosticaron prediabetes, estaba pesando 120 kilos y realmente debía darle un giro a mi vida, así que empecé a incorporar recetas saludables a mi día a día y, sin saberlo, nació un amor por cocinar y por experimentar nuevos platos y sabores. Tengo una página de Instagram llamada ‘El Especiero’, en donde comparto todas mis creaciones, es un lugar donde sabores, ingredientes y la creatividad se mezclan para motivarnos a aportar hábitos alimenticios saludables. En cuanto a mi especialidad, me gustan mucho los postres, pero lastimosamente no puedo hacerlos muy seguido (ríe).

¿Es verdad que tiene una conexión espiritual con la magia? Nos dijeron que lee el Tarot y ha estudiado angelología.

(Actúa sorprendida) Sí, en eso influye mucho la infancia, en mi casa leían el Tarot, hasta un día una señora me leyó la mano por lo que siempre me ha parecido muy natural. Ya es cuando uno se enfrenta con otras personas, como los amigos, que se da cuenta de que no es tan normal y que no pasa en todos. Pero sí, en casa hemos tenido una conexión especial con los ángeles, somos muy espirituales, yo tengo muchos rituales para cuando escribo, inclusive a veces creo que ellos le dictan a uno qué escribir. Creo mucho en los propósitos que vienes a hacer y que seres superiores te acompañan, y eso hace sagrado todo lo que haces en la vida. Pero no le leo el Tarot a otra gente, lo hago como oráculo, por eso lo llevé al libro con doña Leíto (que es mi hermana en realidad); así que en mis escritos también trato de pasar un poquito de luz, aunque suene muy loco, siento que se puede hacer.

¿Qué manifestaciones o revelaciones poco comunes ha tenido debido a esa conexión espiritual de la que hablaba?

No recuerdo mucho de la infancia, pero mi familia me cuenta que, de niña, en la casa donde vivíamos tuve visiones de una familia fantasma. Hasta una tía quería romper las escalas de la casa, porque decía que ahí había una huaca y nos íbamos a volver millonarios. Pero no recuerdo muy bien eso, aun así, lo recreé en una historia de novela negra que recopila ese ambiente de una niña que veía fantasmas. Entonces sí, tengo dones de “médium”, pero para mí es raro, me da como miedo, entonces no los desarrollo mucho, o puede ser locura también (bromea), un escritor necesita alguito de locura…

¿Cómo asumió el reto de mezclar en Marina el formato de novela tradicional con el guion cinematográfico? ¿Y cómo fue el hecho de presentarse como mujer pionera en el género policiaco en Colombia, en una industria tan machista?

Realmente es un machismo más oculto, no te lo hacen sentir directamente, o simplemente a mí no me ha sucedido, pues he tenido la fortuna de tener un grupo que es generoso, admiro a mi equipo. Pero el reto directo diría que está en la industria del autor antioqueño, que sus creaciones son vistas como algo provincial, es un nicho en donde debes irte abriendo paso. Sin embargo, he tenido la oportunidad de pasar muchas veces por el evento “Medellín negro”, pues soy de las pocas autoras antioqueñas que escribe novela negra y creo que por este motivo nos ayudamos mutuamente entre autoras. Por otro lado, siento que mi novela fue muy exitosa, porque fue escrita en forma de guion cinematográfico, lo cual es algo diferente y fácil de entender.

¿Cuáles fueron los desafíos que tuvo que enfrentar para cumplir sus sueños?

El autosabotaje y el miedo. Al estar trabajando a término indefinido en la universidad como profesora me sentía amarrada, porque a mí lo que realmente me gustaba era escribir, y en el 2015 hice un curso de escritura con Memo Ángel sobre novela negra, básicamente lo hice como un hobby, porque no me tenía fe al inicio como escritora, ya que la creación literaria es algo que respeto mucho. Y claro, al principio sentía miedo, pero me fui llenando de energía al recibir retroalimentación positiva ante mis textos, así que lo duro es enfrentarse a un mundo lleno de escritores que te van a juzgar, pero lo importante es que creas en tus habilidades

¿Cuándo saldrá a la luz la tercera entrega de Marina?

Hace poco, antecitos de la pandemia, estuve a punto de vender los derechos de Marina para una producción muy importante, fue como un sueño hecho realidad. Pero, por una serie de errores de la editorial, el proyecto fracasó y eso a mí me dio muy duro. Entonces, en la pandemia estuve muy triste y pensativa por lo que había pasado, entonces dejé a Marina atrás. Sin embargo, ya que acabo de terminar la traducción que estaba haciendo, la obra se encuentra en proceso, por lo que sí o sí la seguiré escribiendo, es más, creería que para la mitad del próximo año estará lista, aunque la publicación si depende de la pandemia y de que las editoriales ahorita están en crisis, pero sé que Marina tiene un público que la está esperando.

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