Un México inadvertido en los ojos de una outsider

Texto por

Diana Fernanda Moreno

Sofía Villada

Natalia Ángel  

Daniel Morales

Ana Bermúdez, autora del blog “Crónicas para enfrentar la Ciudad de México”, editora a cargo del sello editorial Conecta de Penguin Random House México, estuvo conversando en la decimocuarta edición de la Fiesta del Libro y la Cultura sobre cómo hacer literatura con la vida cotidiana.

Bermúdez estudió Literatura en la Universidad Autónoma de Puebla en México, donde realizó, junto con unas compañeras en la editorial de la Universidad, su primera publicación (una antología de cuentos). Más adelante, decidió dedicarse a la edición y se desplazó a la Ciudad de México, donde encontró un gran atractivo en los relatos cotidianos que tenía por contar de esta gran ciudad.

La mirada del extranjero y el prestar atención a los detalles son dos cosas que hacen a un buen cronista, dice la escritora Ana Bermúdez en entrevista con Bitácora.

¿Cómo descubrió ese interés por la escritura?

Desde los once años descubrí el gusto por la literatura, y fue en la escuela cuando mi profesora de Español descubrió en mí y en otros compañeros más cierto talento. Y aparte el gran gusto que he tenido desde siempre por la lectura me sumergieron en el universo literario. Desde chiquita me devoraba los libros, y ya en la primaria comencé a escribir, y así continué hasta llegar a la universidad. Luego decidí dedicarme a la edición y me mudé a Ciudad de México, donde comencé a escribir un nuevo género: las crónicas.

 ¿Qué fue lo que más la inspiró a escribir crónicas?

Tal vez no son crónicas como tal, pues ese es un nombre que le han dado los lectores a eso que escribo, pero yo diría que no es una crónica periodística, creo que mi contenido está más cercano hacia la crónica literaria o los relatos, la verdad es que es un terreno difícil de delimitar. Y en ellas escribo sobre lo que me sucede y me parece interesante de contar, sobre todo de lo que se vive en la gran capital mexicana, así decidí tomar mi experiencia y contarla a través de redes sociales, donde abrí mi propio blog en Facebook y comencé a tener algunos seguidores. Luego apliqué para una beca de creación literaria, por lo que todo esto me sirvió de estímulo para la creación.

 ¿Cómo fue ese inicio como escritora de crónicas de la Ciudad de México?

La primera crónica que escribí se llama “Cenicienta urbana”, es sobre una experiencia que me sucedió en el metro de la ‘gran Ciudad de México’, en la hora pico, donde de repente una chica gritó: “¿Alguien ha visto mi zapato?”, y ese hecho tan gracioso me llevó a pensar cómo alguien recuperaría su zapato en ese momento tan complicado, donde hay que hacer transbordo y hay una multitud de gente. Fue entonces cuando relacioné lo sucedido con la historia de la cenicienta, que tal vez es la versión más cercana que podamos tener con el cuento. Esta era una situación inusual, entonces decidí publicarla en Facebook y a mucha gente le gustó.

¿Qué es lo que has encontrado en el entorno que te ha llevado a escribir crónicas?

Lo que he escrito han sido mayormente situaciones “chuscas” o divertidas, pero también se trata de que estas situaciones te lleven a pensar en algo más, por ejemplo, aunque yo hablo de la chica del zapato  del metro, narro además cómo sería una cenicienta urbana: su palacio sería el corporativo donde trabaja, qué es ese ambiente de “godín” como llamamos en México a los oficinistas; el contacto con el príncipe sería una conversación por WhatsApp; no hay un vestido porque está en el metro y lleva ropa de trabajar, además llevaría pantalones porque la cuestión del abuso es muy fuerte acá. Y de eso se trata, tomar el hecho o la anécdota y llevarlo más allá, hacia la reflexión. 

 ¿Cuál cree que es el gran atractivo que los lectores han encontrado en las crónicas?

Como me lo han dicho mis lectores, la gente que vive en Ciudad de México ha dejado de ver lo que les rodea, y eso es lo que pasa con todo el mundo: cuando uno se encuentra en la cotidianidad la percepción de los objetos y de lo que sucede comienza a ser mucho menor; cuando se está inmerso en esta cotidianidad entras al metro y sales y no pasa nada inusual, entonces es ahí donde se pierden los detalles. En cambio, no es lo mismo cuando llegas a un lugar por primera vez y todos los estímulos te llaman la atención, y cualquier situación que acontece puede ser excepcional para ti. En mi caso, el ser nueva en la ciudad me permitía prestar más atención a esas cositas que no ven los demás, y creo que eso es lo que les ha llamado la atención a mis lectores. Diría que el escritor debe mantener esa mirada del outsider o del extranjero.

¿Cuál ha sido ese autor colombiano que alguna vez la llegó a inspirar con su estilo literario?

He tenido como referencia, por supuesto, a Gabriel García Márquez, y a Jorge Isaacs con La María.  

¿Cómo se puede lograr que las publicaciones lleguen a tener un mayor alcance fuera del lugar de donde se publicaron, por ejemplo, a otros países?

Lo primero es pensar en la vía tradicional, y es que el texto lo publiquen en una editorial internacional, aunque no es tan fácil, pues no suele ser tan sencillo que un autor latinoamericano cruce sus propias fronteras, para ello se necesita que el escritor pueda justificar la venta de ejemplares en el extranjero y que tenga su público en otros países. Otro camino es la publicación digital y es mucho más accesible, puesto que no implica una inversión tan fuerte por parte de la editorial como lo sería con una publicación impresa, por ejemplo, un libro digital se puede subir a varias plataformas de e-books y con ello se puede alcanzar mayor territorio y, así, si a alguien en China le interesa mi contenido lo puede leer. Otra opción sería publicar en la web, algo así como lo que yo hago, donde los textos quedan disponibles para quien llegue a leerlos.

 ¿Considera que se le ha dado el suficiente reconocimiento al trabajo de los editores y qué es lo más difícil que tienen que enfrentar en su profesión?

Un libro pasa por muchas etapas, por eso es probable que nadie se acuerde del impresor, sin embargo, en cuanto al editor, es la figura más prestigiosa dentro de toda la cadena del libro. El editor es el que le da la estructura y cohesión al texto, y el que le agrega los detalles que lo convierten en un libro. Aun así, hemos recibido textos en distintos estados, hay algunos que solo requieren de una pulida y ya están listos para publicase, y otros que requieren de un mayor trabajo, trabajo que prácticamente tenemos que hacer. Por eso, creo que los editores deberían funcionar, a veces, casi como un autor. En el caso del crédito no está en la página legal, es decir, hay reconocimiento solo de parte de quien sabe que se es editor de ese sello editorial. Y la parte más difícil de la profesión es gestionar a los autores, porque, aunque hay algunos que son los rock stars de la escritura, hay otros a los que les haces grandes aportaciones a sus textos y las rechazan.

 ¿Cuáles han sido esos obstáculos que como mujer ha encontrado en la industria literaria?

Aunque este medio todavía es bastante machista, creo que ha venido evolucionando y hoy en día hay un fuerte movimiento por darles voz a las mujeres en la literatura. Por la misma razón, ya es muy difícil que alguien diga que no publicará a alguien por cuestiones de género. Como tal, no me ha tocado ser víctima de algún sesgo de género, aunque a veces uno no se da cuenta porque el machismo está normalizado en la sociedad, como cuando alguien te dice que debes hacer ejercicio para estar en mejor forma, y es eso, ese comentario conlleva el estigma machista de cómo debe ser el cuerpo de la mujer, por lo tanto, sí creo que esa barrera sigue existiendo, aunque no explícitamente.

 ¿A qué se han tenido que enfrentar los escritores con el auge de las redes sociales?

Considero que algo que se publique en redes sociales va a tener un impacto más allá de las fronteras físicas y culturales, por ejemplo, me ha llegado gente que me lee desde Brasil, a pesar del idioma. Aquí está el principal reto, habrá gente a la que no le guste o le agrade mi contenido, o tal vez lo que publiqué choca contra su propio contexto (y eso hablando de contenido mucho más polémico). También sucede que algo que no tiene mucho impacto en mi entorno inmediato puede que al otro lado del mundo si lo tenga. Otro reto de las redes sociales es que no hay un filtro de contenido allí, cosa que sí hay en las editoriales. Por otra parte, las nuevas plataformas y formatos se han convertido en ese vehículo para generar más lectores, en el caso de los jóvenes, han aumentado las tendencias de lectura a través de plataformas como Wattpad.

¿Considera que la literatura juega un papel importante en la construcción de la cultura ciudadana?

Sí, es una función básica de la literatura, y quizá el autor no lo piense conscientemente, pero su obra genera un impacto en la cultura ciudadana. La literatura es una mirada hacia lo que nos rodea porque los relatos no los podemos inventar de la nada, tomamos lo que nos rodea y lo usamos para hacer literatura, ya sea ficción o no ficción. Por ende, sí creo que la literatura cambia y le intenta dar al lector una visión diferente que lo haga reflexionar, porque a partir de la reflexión es que las sociedades cambian y se transforman.

¿Qué recomendaciones les daría a los interesados en escribir sobre las vivencias cotidianas?

Para empezar, lo básico es leer, leer y leer. De esta manera se mejora la escritura. Lo otro es crear experiencia escribiendo, por ejemplo, hay muchos cursos de creación literaria útiles para esto, y creo que son un buen pretexto para asignarle tiempo a la escritura, en cuanto uno más escribe, más va mejorando. Algo que también recomiendo es el permitirse explorar, no meterse del todo en las cajitas de los géneros porque así es más difícil que la escritura fluya; mi recomendación es que uno escoja sobre lo que va a escribir, lo escriba, y luego la crítica se encargará de acomodarlo en el género que tiene que ir. Por último, a través de la escritura se pueden generar muchas cosas en el lector, y cuando uno escribe trata de emocionar al otro, por eso es bueno dejarlas actuar.

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