Todos deberíamos aprender a contar historias

Texto por Andrea Herrera.

Juana Hernández.

Manuela Vahos.

Lucy Ortega.

Isabel Vásquez

La oralidad, la actuación y la creación de personajes requieren de procesos de aprendizaje arduos. Muchos de los artistas que conocemos han tenido un recorrido largo para llegar a donde están, pasando por diversas pruebas de ensayo y error. Hoy en día, un recurso muy utilizado por actores, cuentistas y humoristas es la creación de personajes, estos les facilitan expresarse y llegar de mejor manera a su público, pero para lograr esto hay que tener conocimientos previos, tales como el manejo de la audiencia, qué mensaje quieren dar y, uno de los más importarte, que este tipo de interpretaciones es un cercamiento a la cultura. A todo esto, es necesario sumarle la pasión por este arte. La oralidad va mucho más allá de las palabras.

Para aprender más de la oralidad, la actuación y la creación de personajes, el licenciado en Artes Representativas de la Universidad de Antioquia, Carlos Mario Martínez Mejía, quien también cuenta con un magister en Gestión Cultual y el actual director de Sinfín Teatro CES, nos dio una entrevista en donde a través de sus conocimientos y experiencias nos explicó cómo son estos procesos y de qué manera llegan los intérpretes a sus personajes.

Sacado del Instagram de @soybienestarces

¿Cuál es la mejor manera de contar una historia?

Pienso que como hay historias, hay narradores. Me explico: cuando uno como artista, narrador oral, decide entrar en ese mundo de la narración tiene que empezar a encontrar, lo primero, su esencia va a encontrar la mejor manera de contar una historia. Con la esencia me refiero a que para contar se necesita una herramienta fundamental, en este caso es el cuerpo del narrador y la voz del narrador, cuando ya el narrador ha descubierto cuál es su estilacho, su forma. Para contar una historia el narrador encuentra su identidad y ya luego la pone al servicio de la historia.

 ¿Cree que eso puede llegar a cansar? Encontrar una línea de cómo contar las historias, ¿puede llegar a aburrir?

Sí, lo que pasa es que eso implica que el artista tiene que estar, de cierto modo, autoevaluándose y mirando las posibilidades que lo van llevando a transformarse y a modificar su discurso. Saber ganarse los diferentes públicos, entonces la narrativa es diferente. Ir cambiando, mientras algo te funciona le vas a trabajar a algo nuevo, la posibilidad de estarse todo el tiempo actualizando es fundamental.

¿Qué elementos tiene que tener la esencia del narrador para que logre atrapar al público?

Primero, tiene que estudiar mucho, todos los elementos prosódicos. Casarse con la historia, si yo no creo en esa historia que voy a contar, entonces nadie me va a creer, ya luego de que yo amo la historia que voy a contar, entonces la empiezo a entrenar, a ensayar y ahí ya entran todos los elementos paralingüísticos, dónde voy a poner la palabra acento, la palabra imagen, que son aquellas palabras a las que les pongo fuerza, volumen, intensidad, ritmo, ya con esos elementos empiezo a repetir y repetir la historia.

¿Cómo se crea un personaje?

Se trata decidir con quién voy a contar, la labor del narrador y del contador de historias, ahí tiene que ser una labor muy tesa, una búsqueda muy interesante y es puro ensayo y error. En ese orden de ideas, acá no hay que tenerle miedo al fracaso. Empezar, ver si le gusta a la gente, darle características físicas y estéticas a mi personaje. La forma de encontrar el personaje es puro ensayo y error.

¿Cómo preparar esa atmósfera que lo atrapa y lo mete en el personaje?

Hay que contársela veinte mil veces al espejo, hay que ensayarla, mirar si la pausa que uno hace tiene sentido o no. Es importante también saber cuál es el objetivo que quiero expresar.

¿Cuáles considera que son los filtros para tratar historias con temas más delicados?, ¿cree que de verdad existan?

La pregunta es muy tesa en este país, porque acá díganlo como lo diga tienes que tomar el riesgo. El personaje puede decir lo que le dé la gana, porque nosotros comprendemos que en la ficción ese personaje, mientras esté vestido y esté hablando, vive. Lastimosamente en este país no aceptan el humor, así sea tan duro, matan al actor, al que lo creó. Uno como actor, como narrador de historias, asume su posición política, su posición en el mundo, qué piensa de lo que sucede en el mundo y si lo quiere usar para el arte, maravilloso. Por ejemplo, yo conté una historia en un evento de la Universidad CES, en el que quería contar un cuento corto que escribí, el cuento es más o menos así, es sencillito:

 

La llamaron la Bella Durmiente, mientras los gases no permitían respirar, el bullicio de la gente no permitía oír y la algarabía y los gritos no permitían más. Alguien dijo: ¡Despiertenla! Pero ya no era posible, el gallardo príncipe le había puesto un beso en medio del pecho. La llamaron la Bella Durmiente, pero su nombre era Lizeth Martínez, asesinada el 10 de septiembre, en Bogotá.

Hablando de la dualidad de la persona y el personaje, ¿cómo se maneja ese límite?

En la teoría del teatro moderno se dice que uno tiene que meterse en a psicología del personaje hasta el fondo, hasta el límite. Como actor, el público cuando me ve actuando acepta la ficción, acepta que en ese momento le estamos contando una mentira, eso sí, bien contada; por otro lado, llega una contradicción que dice que los actores deben distanciarse del personaje, tengo que tener la capacidad, pensemos que el personaje es la unión del cuerpo del autor con la invención del dramaturgo, esas dos cosas se juntan en un tercero emergente, el personaje, el momento en el que este personaje está actuando está vivo, pero en el momento que se detiene, el actor se separa de esa historia.

¿Qué tanto afecta el personaje a usted como persona?

El actor tiene que estar completamente comprometido con la realidad y la realidad es su oficio de actor, de intérprete, que cuando está encarnando ese personaje, sea actuando o narrando, esa voz que estaba escrita la está volviendo realidad y en ese momento hay una historia, la intensión y el ritmo la dejo para cuando estoy contando la historia, de resto soy yo.

 ¿Cómo logró adaptar el modo de hablar? ¿Qué proceso debe hacerse para adaptar la voz y así contar diferentes historias?

Lo primero que tengo que reconocer es que tengo de aparato, hasta dónde tengo, por ejemplo, la capacidad de hacer agudos. Yo juego con mi voz para saber cuáles son mis mas graves y mis más agudos, cuando ya conozco eso, sé qué puedo interpretar, luego empiezo a jugar con formas, con acentos. Tengo una gama de posibilidades con las que puedo trabajar. Otra cosa muy importante, es que quién trabaje la oralidad debe tener buena memoria.

¿Qué consejo le daría a alguien que va a dedicar su vida a contar cuentos, narrar historias o crear un personaje?

Todos deberíamos ser contadores de historias, no todos tienen que hacerlo profesionalmente, pero qué tan bonito cuando uno se sienta con alguien que sea buen conversador y, si lo es, es porque sabe contar historias; ojalá todos supiéramos contar historias. Para alguien que se dedica a eso, que se enamore, que sea una cosa de pasión, enamorarse de las historias, dejarse sorprender de cualquier historia, porque en cualquier historia hay un montón de cosas maravillosas y cuando uno se deja sorprender es capaz de sorprender al otro.

 

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